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Vamos a contar mentiras

image¿Se imaginan que el departamento de programación de una empresa programara de mentira? El software resultante no serviría para lo que se planificó, probablemente para nada, pero en un producto crítico como el caso de un avión, causante seguro de una catástrofe. ¿Y un departamento financiero mentiroso? No, no piensen en el gobierno de España o de Grecia, aunque también han sido una buena demostración del poder destructor de la mentira. Sin embargo existen sectores, grandes sectores productivos en los que su práctica es un hábito. Incluso –como dicen por aquí, aunque también hay quien le enmienda– culturas enteras. Negarlo o mirar para otro lado es una forma de engañarse a sí mismo y las consecuencias de hacerlo son la continuación de la difusión de la mentira, la complicidad con ella. Ya sé que es más fácil hacerlo cuando de ello no dependen las habichuelas de la familia, pero es posible implicarse en el cambio necesario con nuevas propuestas desde dentro. El jefe lo agradecerá porque con la que está cayendo no creo que haya muchas empresas-cliente que se presten a gastar dinero en ponerse palos en las ruedas como hasta ahora, así que toca renovarse o morir. No es un aviso a navegantes, ya embarrancamos hace tiempo, es una lectura bastante poco discutible de la tozuda realidad.

 

 

Existen muchas formas de atentar contra la verdad, y una de las más frecuentes en el sector de la formación soft es la vanagloria o jactancia del propio dominio de la voluntad, el si quieres, puedes; de la capacidad de hacer felices a los demás, como si los jactanciosos docentes fueran personas perfectas y cuasi omnipotentes o con la varita mágica engrasada. La popularización de la psicología, una ciencia bastante cuestionable en la mayoría de sus presupuestos pero que parece más inofensiva que la neurocirugía popular, que a nadie en su sano juicio se le ocurriría practicar para mejorar nada, se ha colado como Pedro por su casa en los hogares ajenos y las empresas. Claro, es que la psicología no hace sangre. Al menos a corto plazo. Al menos aquí.

Porque la popularización de la psicología ha derribado los portones de la fortaleza del sentido común tan costosamente logrado, erigiéndose en explicadora del todo, desplazando con indiferencia a la base moral –el conocimiento de lo que es el Bien y el conocimiento de lo que es el Mal– de la civilización, la del cristianismo, para dejar el paso libre a la invasión de los catecismos orientales IKEA. El lío que se ha montado en la cabeza colectiva de este Gaia humano ha sido morrocotudo. Y su consecuencia más oculta, aunque también la más grave, es una visión distorsionada de la realidad, coreada frenéticamente a golpe de vil metal y tentemientrascobro de frustrados devenidos gurús por obra y gracia de los nuevos materiales súper resistentes como el compuesto carbocerámico con el que demasiados blindan sus sonrientes jetas. Y no me refiero sólo a los gugús, sino también a empresas fabricantes de mentiras embutidas en plataformas síncronas y asíncronas, dospuntocerizadas, twitterizadas, smartphonizadas y cualquieras otros cachivaches tecnológicos al uso, algunas de ellas conscientes de que lo que venden tiene tanta utilidad como una tisana de Pepsi-Cola. ¿Y de los clientes? Ya saben, presupuesto habemos… ríase la gente. Los experimentos con gaseosa, señores, que estamos enredando en las mentes de los demás.

Mírenlo así: ¿Cómo es que los grandes cerebros de las grandes empresas y profesionales del mundo de la formación soft no han caído en la cuenta de que si sus productos y servicios fueran de calidad los estaría comprando el gran público? ¿No se han parado a pensar que su clientela es una clientela cautiva, obligada en mayor o menor medida por las directrices de sus compañías, y que sin esa coacción revestida bajo la apariencia de planes de carrera u otros, no haría sus cursos ni el Tato? El cambio necesario implica generar productos y servicios útiles, serios, rigurosos, honestos… no, no piensen que estoy haciendo apología de Mariano Rajoy, de eso ya se han encargado unos cuantos millones de españoles. Piensen en que la situación lo demanda, y crisis aparte sería muy beneficioso para España que los valores que han visto tantas personas en él fueran el manual de estilo del sector. ¿Por qué no dejar de una vez de consumir y depender de las modas california dream y construir entre todos un sector útil, serio, riguroso y honesto, que se convierta en referencia en el mundo?

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