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El futuro del e-Learning

Sálvame de Luxe - Más Allá de la FormaciónDecía un tipo con barbas allá por el año 0 de nuestra era que quien no conoce la historia –del e-Learning en este caso– está condenado a repetirla. Y más si la niega.

Y en eso estamos en este paradójico momento de la historia en el que no se estila buscar la verdad sino tener razón, y en el que cualquiera dice sin arrobo –al contrario– que todas las opiniones son respetables, lo que nos deja en la más pura animalidad, la ley del más fuerte, de quien los tiene mejor puestos, más influencia, dinero, y/o –que es lo más frecuente– menos capacidad de sonrojo. No les explique que la asertividad y la autoestima no correlacionan con nada, no lo van a comprender.

Nos encontramos con un gran sector productivo –es un decir– casi extinguido, prácticamente sólo sostenido por regulaciones gubernamentales que ya sabemos, desde los tiempos del FORCEM, que han servido fundamentalmente para financiar algunos partidos políticos y sindicatos –sin equidistancias– que ejercen de intermediarios entre los fabricantes o expendedores de soluciones formativas y el paganini ciudadano de turno.

No, no es que España padezca un problema de economía sumergida, sino que a ésta salvífica lacra –en tiempos de crisis, economía de guerra– se le suma un cuantitativamente gran sector que, con el pretexto de lo social y del buen rollito, ha vivido del cuento chino a costa de los de siempre, usted y yo, los que pagamos sí o sí nuestra cuota de formación para que a cambio nos den gato por liebre. A la mayoría de españoles se les ha convencido de que eso de quitarles un trozo de salario para financiar la formación es algo bueno para ellos mientras los que reparten las estampitas del timo se parten de la risa –de nosotros– trasegando gintonic connaiseur. La solución es difícil, porque como en el fondo seguimos pensando que el dinero público no es de nadie, centenares, miles de curritos y parados han estado firmando más horas de formación de las que han realizado o cursos que ni han visto, mientras tildan de casta corrupta a todo hijo de vecino… que le caiga gordo.

Es el caso del corruptillo corto de inteligencia de manual, que hace mal sin siquiera beneficiarse, en contraste con el corrupto listo que se lo lleva crudo. Todo por La Causa. Y un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. A pesar de los pesares albergo la esperanza de que los escandalosos escándalos –discúlpeseme la justa redundancia– que se están desvelando contribuyan a limpiar toda la basura que hemos ido acumulando para estabilizar el sistema a base de tener calladitos a más de dos, mariscadas y cruceros de lujo mediante, mientras mantienen en ebullición el caldo de la Guerra (Civil) Fría, otra vez de hermanos contra hermanos, para beneficio a corto plazo de los mismos y perjuicio a medio y largo de todos. Y para el fin de ganarla, el ejército de estultos que hiperpuebla la piel de toro no repara en medios, incluso el de la propia destrucción. Y es entonces cuando uno se pregunta: siendo tan guays ¿por qué no se les ha ocurrido un curso de formación de reconciliación nacional? ¿De tolerante empatía por encima de diferencias ideológicas? ¿De aplicar maravillosa la inteligencia emocional al odio ya pocho, más que rancio? ¿De sumar en lugar de dividir? ¿De ver más similitudes que diferencias? ¿Porque se les acabaría el chollo? Como dijo aquél cuyas vísceras dictaban sus pensamientos: Nos conviene que haya tensión.

Pero no piensen que esta entrada de este tan modesto como molesto blog, casualmente –aunque yo preferiría decir que causualmente me lo dieron bautizado– de nombre Más Allá de la Formación, es un panfleto ideológico, tranquilos. Lo que precede es importante para entender por ¿odiosa? comparación los cambios que se avecinan inexorablemente en el sector de la formación, presencial y online –u blended– y cómo este flagrante despropósito dejará paso a una nueva etapa de la humanidad, más sensata y justa, mucho menos desorientada. Lo que hemos sufrido ya no podrá ocurrir nunca más, al menos en España y en otros países de medio civilizados como el nuestro para arriba. Tampoco crean que es grandilocuencia el arriesgarme al vaticinio; piensen, por ejemplo, si hace 30 años alguien nos hubiera dicho –y había quien lo hacía– que llevaríamos un smartphone en el bolsillo con toda la inmensidad de posibilidades que ello implica. Le hubiéramos recomendado un psiquiatra, por flipao, aunque tuviera más razón que un santo. Así que me arriesgo gustoso a que me aticen el mismo calificativo y arrieritos somos; porque, señores expertos, el futuro de la formación está más allá de la formación, inevitablemente, y si me hacen caso un rato más, les explicaré los porqués y los cómos.

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El ROI de la formación (psicosocial, preciso, no me refiero a la técnica)

ROI es el acrónimo de Retorno de la Inversión (Return On Investment), y se refiere al retorno que obtiene el empresario que paga –a pachas con el currante– un curso de formación, como ahora está de moda decir, como para distinguirlos de los de deformación, no vaya a ser que alguien se confunda. Están locos estos adultos, diría un crío si le interesara un pepino dedicar un minuto a este juego de mayores. Igual que en la entrada sobre la historia del e-Learning en España que precede a ésta y que tanto éxito de audiencia ha tenido –gracias a todos, aunque les haya dolido– ponía negro sobre blanco en qué nos hemos estado gastando el dinero al alimón empresarios y trabajadores para regocijo de los informáticos que no han dado abasto, coincidirán conmigo en que España es un país poco productivo, de lo que más o menos se puede deducir que la formación que hemos estado pagando durante los treinta últimos años ha servido para lo mismo que tener un tío en Alcalá: ni tienes tío ni tienes .

Como supongo que conocen este sector, seguro que habrán oído, leído y repetido el mantra: que sí, que sí, que por supuesto que la inversión en formación produce un retorno medible en términos de productividad, de ahorro de tiempo y dinero, de aumento de ingresos, de mejora del clima laboral, de satisfacción del profesional, y, por supuestísimo, aumenta la empatía y la inteligencia memocional de su equipo, las féminas se ponen más rotundas y a los varones hasta… ¡Por éstas, que son cruces!. Y como a base de repetir una mentira miles de veces, termina por convertirse en verdad, cualquiera lleva la contraria a un ejército de personajes cuya palabra va a misa, que salen en los papeles y en los digitales, que disertan solemnemente en Top Think (lol) Tanks y son capaces de generar opinión en un multitudinario rebaño de sumisas rémoras que se alimentan de las migajas que se les van cayendo de las fauces, y tan contentos, además, en sus blogs, twitters, linkedines y tal. ¡Y cualquiera decía lo contrario! Cualquiera se atrevía a decir públicamente que eran también, o bobos solemnes o solemnemente malvados. O quizá simplemente se la chuflaba el asunto, porque había que hacerlo, y como había dinero, se pagaba y listo. Todo el que supiera por dónde iban los tiros calladito, porque la osadía delatora significaría la inmediata expulsión del sistema, la estigmatización, y la frustración del hermoso sueño de llegar a ser gugú algún día.

Les voy a mostrar un botón del tamaño de los discos carbocerámicos del monoplaza de Alonso, como muestra de lo que les digo: Hace ya años, cuando trataba de convencer a un alto directivo de RRHH de uno de nuestros Campeones Nacionales, de que la formación que hacían no servía para aumentar la productividad, me soltó que ellos la habían aumentando un veintipico por ciento en el último año. Se pueden imaginar cómo me quedé, no sabía dónde meterme, me quería morir. Pero el caso es que a los pocos meses coincidí con una trabajadora de la citada transnacional, a la que conté la anécdota y mi contrariedad. ¡Pero qué cándido eres! –me espetó– Si hemos aumentado la productividad es porque antes estábamos dispersos en varios edificios por Madrid, y como no podían controlarnos, nos pasábamos la mañana en El Corte Inglés; pero ahora nos han encerrado en ese macrocomplejo que sólo tiene una entrada y salida y no nos podemos escaquear, porque se nos ve. Así que ya lo ven, ni con toda la potencia de fuego de uno de los uno de los Blue Chips del IBEX35 para gastarse dinero a espuertas en traer a Goleman para que se sacara fotos con los directivos o pagar el sueldo al magic asturiano, se puede justificar el ROI de la formación (psicosocial, insisto).

Pero además, afirmo de esta forma tan categórica y mordaz que la formación psicosocial no produce ningún ROI positivo por sentido común. No se puedeWalking Dead - Más Allá de la Formación desarrollar ninguna habilidad psicosocial compleja y menos un cambio en la personalidad o el carácter o una subcategoría de ellos mediante cursos esporádicos, online, presenciales, o combinados, con o sin ayuda de un coach. No, no se puede, es IMPOSIBLE. A no ser que sepan hacer milagros, claro. Para que se hagan una idea, en aviación no se considera experto a un piloto por tener equis horas de vuelo, sino por haber dedicado al menos cuatro horas al día, deliberadamente, y durante al menos diez años, a entrenar las habilidades requeridas (ni competencias ni gaitas). Pau Gasol sigue practicando a diario ejercicios de bote de balón igual que cuando empezó con el basket, igual que cualquier deportista de élite, y entrena varias horas todos los días. Y ahora viene cualquier iluso que ha creído en la tierra de promisión de Goleman o cualquier profeta vendedor de humo similar, se hace un par de cursos con cuatro que tal bailan, le dan el titulito de neurolíder coach del universo y ¡hala!, a extender la pandemia, que ya eres un experto executive business, life and death. Desde luego… no hay palabras para definir la macabra aberración que estamos viviendo.

Y no se crean que sólo lo digo yo, porque si para empezar a hipertrofiar el sentido crítico se leen el imprescindible  “Falacias de la Psicología” de Rolf Degen, entenderán uno de los manantiales de donde brota este despropósito generalizado. La mejor frase del libro dice más o menos que el tiempo de remisión de un síntoma es el mismo si el sujeto recibe psicoterapia que si no la recibe. Así que si lo que hace un psicólogo que ha estudiado cuatro o cinco años de carrera vale para bien poco, se podrán imaginar la fe ciega de meapilas modernete que hay que tener para creerse que un coach de treintaypico años va a ser capaz de ejercer mucho más efecto que el placebo o las charlas de un amigo sensato o con esa experiencia a sus espaldas. Y gratis. Cuatro horas al día durante diez años es lo que forja habilidades psicosociales y el carácter, y lo demás es Sálvame De Luxe formativo. Sazonado con alguna neurochorrada tipo Punset, y los palabros de moda, que hay que ser it.

Así que, despejando dudas acerca de mi criterio como única referencia para hacerlo, vuelvo a afirmar que el ROI de la formación psicosocial no existe, no hay retorno de la inversión. Y lo saben. Sí, lo saben. La formación psicosocial es un gasto, no una inversión, inútil si el destinatario viene con la sesera en condiciones de fábrica y pasa olímpicamente de los desvaríos new age, aunque francamente negativo si es un producto medio de la factoría de humanos low cost de la LOGSE.

¿O quizá es que yo, que me creo tan listo, no he caído que el truco está precisamente ahí, en hacer cosas que no sirven para nada o estropean netamente, para poder seguir vendiendo la siguiente zanahoria, como con los libros de autoayuda a autodestruirse el juicio? No les creo tan listos, sinceramente, sólo tienen una vanidad desmedida y ni asomo de vergüenza.

 

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La terminología

El mundo de las casposas pedagogía y psicología –casta en terminología actual, aunque realmente gerontocrática Nomenklatura– de las que se nutren estas tendencias, no sé si por confundir a propósito o porque ellos mismos no se aclaran y van tras su zanahoria, se dedica a instituir nuevos términos sobre conceptos que necesitan volúmenes enteros para ser explicados –evidencia palmaria de su incapacidad de hacérselo entender a sus abuelas–, para obligar a sus alumnos y seguidores a esforzarse –en vano– en desentrañar los insondables misterios de su excelsa sabiduría manteniendo así a la plebe unos escalones más abajo de su Olimpo intelectual, y que el resto del mundo cacarea –como si entendiera algo– porque les suena bonito. Ocurre con los conceptos motivación, formación, educación, enseñanza, instrucción, competencia, resiliencia, meme, halo… Por no hablar de empatía, emociones, inteligencia (m)emocional, mindfulness, creatividad, intuición, liderazgo… que ya rozan lo místico-paranormal digno de una serie entera de programas de Cuarto Milenio.

Si creen que me excedo piensen en la cantidad de universidades, de expertos, de profesores, de estudiantes, psicólogos, pedagogos, profesores, educadores, formadores, asesores, coaches, mentores… que han existido y existen desde la aparición del Homo aparentementis Sapiens Sapiens, pasando por Sócrates, Platón y Aristóteles, pariendo millones de licenciados y doctores… y pregúntense ¿es posible que a estas alturas, 100.000 años después, no haya un consenso en algo tan importante? ¿Es posible que no se hayan descubierto las claves idóneas en la tarea de hacer que una persona llegue a poseer determinadas habilidades como sí ha ocurrido, por ejemplo, en el deporte, en la ingeniería, la mecánica, las matemáticas, la física…? ¿Desde hace cuánto dos por dos son cuatro? ¡Por el amor de Dios! ¡Y aún pretenderán que la ciencia les tome en serio!

La ciencia se ocupa de analizar procesos que dan lugar a resultados similares para generar leyes naturales, físicas, y al menos desde el desafortunado lema Gnothi Seautón (Nosce Te Ipsum en latín), el célebre “Conócete a ti mismo” del Templo de Apolo en Delfos, que se ha tomado complacientemente como dogma divino, las mediociencias de la mente no han dado pie con bola. No han caído en que van justo en el sentido opuesto a la ciencia. Si ésta busca regularidades para llegar a conclusiones generales, el aforismo heleno pretende que se llegue a generalizar la mente humana a partir de la introspección de cada uno de los habitantes del mundo consigo mismo. Apañados vamos.   

Miles, millones de tuiteros y linkedineros compartiendo frases altisonantes que no entienden pero que suenan fantástico y le hacen a uno sentirse sabio por un rato, como críos siguiendo las seductoras melodías del inteligente flautista de Hamelín.

Cualquier deportista sabe que adquirir una habilidad no “suena bonito”. Sabe que tendrá que sudar cada día, esforzarse, hacer frente cada momento a los inevitables dolores físicos y las muchas frustraciones, a las ganas de tirar la toalla, de tumbarse a la bartola o irse de cañas con los amigos. No, no hay frases bonitas en el deporte. Hay triunfos y fracasos, experiencias extáticas cuando se consigue un rendimiento excepcional o simples bajadas desde las cumbres del sufrimiento y la tensión a la relajación al término del entrenamiento o tras la llegada a la meta si se es del montón, como una especie de dosis de ciclotimia: ahora me pongo a sufrir como un bellaco un rato para después disfrutar más y percibir más nítidamente la experiencia de la placidez como contraste, razón por la cual los deportistas acostumbran a ser blanditos de criterio, tan acostumbrados a las subidas y bajadas.

 

 

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Entrenamiento

Éste es el futuro. Más allá de la formación y del e-Learning está el e-Training, ni las google glass ni las tecnologías wearables ni las neuropastillas. Ayudarán algo, sin duda, pero sin cambiar el paradigma, aplicándose el cuento ése que tanto les gusta repetir de que hay que salir de la zona de comodidad y todas esas beldades (en castellano, no en chino) vacías, porque no sé quién se llevó el queso de no sé quién o vaya usted a saber qué cuento de críos para críos con hipoteca… no se conseguirá absolutamente nada de nada, o mejor, más de lo mismo. ¿O no han repetido ufanos eso de “Si pretendes obtener un resultado distinto no hagas lo mismo de siempre”? En casa del herrero, cuchillo de palo. Un deportista cualquiera sabe que para mejorar una habilidad tiene que entrenarla, y para ser el mejor, entrenarla más y mejor, y nosotros creemos que viendo una charla de TED Talks o un webinar vamos a convertirnos en genios. ¿Besarían un sapo a ver si se convierte en príncipe o princesa, así, por arte de encantamiento? Liderazgo, felicidad, empatía, inteligencia emocional, comunicación excelente… ¿Alguien ha oído alguna vez que hay que entrenar largo y tendido –y bien– para lograr cualquier cosa buena? No, todo es fácil, es sólo cuestión un par de trucos que te explicará gustosamente el vudú, digo gugú, previo pago de su importe económico y de cuota de sumisión. Que es de lo que va la historia.

Acostúmbrense y acostumbren a sus contactos al inexorable cambio de paradigma, será bueno para todos. Los gimnasios y centros de alto rendimiento deportivo no venden cursitos intensivos de una semana, y si lo hicieran estarían en la misma situación que este sector de los RRHH. Piensen en construir sistemas serios, científicos, y con resultados medibles, porque así se asegurarán mantenerles como clientes durante largos períodos de tiempo, quizá la mayor parte de sus vidas. Hagan un esfuerzo aunque les provoque agujetas neuronales durante dos semanas, muden a un criterio sensato, lógico, que tampoco hay que ser un iluminao para comprenderlo.

Sean egoístas; ustedes mismos están deseando encontrar un sistema que les ayude a sentirse mejor, a comprender mejor la vida, a saberse –que no sentirse, que un loco también puede hacerlo– útiles para la sociedad, a mejorar sus relaciones personales, a dormir tranquilos. A que se les tome en serio. Dejen de hacer cursitos de las cosas nuevas más hamelinianas cuando el chute de opiáceos endógenos que les procuró el anterior se les ha pasado. Sean como el Porsche 911, que nunca se revoluciona, sólo se evoluciona. Ya existe, gusta, tiene éxito ¿para qué tirarlo a la basura e inventarse otro concepto? Si ya se les ha pasado el entusiasmo por lo que aprendieron el año anterior, si el libro de autoayuda ya no les anima, dejen de hacer cursos, aprovechen las vacaciones para pensar, para cuestionarse a sí mismos y sus creencias. Pensar, pensar, pensar… no repetir, repetir, repetir; ni adornar, adornar, adornar… lo que no comprenden para mantener la esperanza de algún día alcanzar por fin la zanahoria que han colgado delante de sus narices.

Ya está, les he dado la clave para seguir ganándose el pan en el futuro y de paso contribuir a hacer una España y un mundo mejor. Pero no crean que es tan fácil, no. Si quieren hacer sistemas de e-Training psicosocial, lifelong training, que generen un ROI positivo al cliente tendrán que ingeniárselas para hacer que esos diez años a razón de cuatro horas diarias no resulten un tostón como lo anterior, porque en ese caso comerán, pero en Cáritas, a no ser que cambien de sector.

Lo advierto porque si se les ocurre fabricar cursos de entrenamiento online –avalados por ilustres neurocientíficos incluso, que con la crisis se venden a euro el cuarto y mitad– tipo brain training, ya saben dónde van a acabar. Eso de mover muñequitos, moneditas, piececitas de colores estilo Candy Crush, hacer multiplicaciones y tal, viene muy bien para cumplir con el regalo de cumpleaños o de Reyes de la abuela, pero saben como yo que terminará en un cajón como un trasto más.

La gran ventaja del entrenamiento es que no hay trampa ni cartón, porque al contrario de lo que conocemos, si es malo no da resultados, y si es bueno sí los da. Y si funciona la gente pagará por ello le quiten lo que le quiten de la nómina para una formación que no quiere hacer porque no sirve para nada, lo que permitirá ir separando el grano de la paja y llegar a esos consensos que ya han alcanzado las ciencias serias.

Lo que han soñado es posible, sólo tienen que hacer productos que, como la Coca o la Pepsi, la gente compre porque le dé la gana, porque satisface sus necesidades, no porque alguien le convenza de que las va a satisfacer. Aprendan de la historia y desengáñense, la Humo-Cola, como al palabra agua, no quita la sed.

El futuro del eLearning psicosocial, como de toda la ideología recesiva que nutre la tendencia, es su extinción. Disfracen ustedes de neuroloquesea cualquier cosa que beba de aquellos polvos, y se encontrarán inevitablemente con estos lodos.

 

Twitter: @rabiesan

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