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Qué es y cómo funciona la mente (IV) Nivel funcional básico (I)

motivo - objetivo - Más Allá de la FormaciónAnte el superlativamente increíble desvarío que reina en el mundo de la neurociencia, y por extensión en todo lo que toca la mente –como la psicología, el coaching, la PNL, el eneagrama, la gestalt, el mindfulness, la inteligencia (m)emocional, el movimiento del liderazgo y la empatía… curiosamente hijos del mismo padre–, y en todos los que contaminan con su demencia, voy a tratar de contribuir al avance de su conocimiento y comprensión esbozando un prototipo de modelo funcional de la mente, una versión beta modificable con las aportaciones de quien lo desee, para entender sencillamente cómo funciona. De esta forma, será más fácil acertar con los métodos para su optimización y orientar entre todos a este desnortado sector.

Y para empezar hay que entender que, reduciendo al mínimo las opciones, a lo puramente esencial, podremos acordar que la mente humana existe para cumplir un objetivo. Uno o varios, pero objetivo al fin y al cabo. Y aquí nos tropezamos con el primer problema, la contaminación que la psicología y la pedagogía en sus versiones oficiales y new age han generado sobre el concepto motivación, del que hablaremos en profundidad en otro momento.

Si no me equivoco, el objetivo siempre es un motivo, impepinablemente. Del verbo latino movere, si no hay movimiento, acción, no hay objetivo. Podremos llamarlo de otra forma: fantasía, anhelo, deseo, onanismo mental… pero no objetivo. De modo que vamos a centrarnos en la acepción de objetivo como motivo suficiente para que nos apetezca pagar el coste de oportunidad de no hacer otra cosa. Ya sé que lo dejo un poco en el aire, pero como me conozco, no quiero hacer una entrada kilométrica, aunque seguro que al final me sale un tocho, así que repito que hablaremos más de eso llamado motivación en otra ocasión.

Y del motivo/objetivo, la principal razón de existir de la mente, surge el resto del sistema básico de la mente cuya definición sigue a continuación.

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El mayor problema del mundo

Acabo de leer que el Primer Ministro británico ha decidido poner a prueba la iniciativa privada con un suculento premio: 12,2 millones de euros para quien resuelva "el mayor problema del mundo".

El encargado de elegir los seis temas que se podrán votar en un espacio televisivo que se creará a propósito ha sido el Astrónomo Real Martin Rees, por quien profeso una notable admiración aunque discrepe con algunas de sus ideas. Si hubiesen preguntado a otro insigne Sir, probablemente hubiera elegido otros, lo que invalida en gran medida la elección del verdadero mayor problema del mundo, pero el caso es que es a él a quien se lo han pedido y eso es lo que tenemos. Las opciones que Rees ha seleccionado para competir son:

 

1ª – ¿Cómo podemos viajar sin dañar el medio ambiente?

2ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan alimentos nutritivos sostenibles?

3ª- ¿Cómo podemos prevenir la aparición de resistencia a los antibióticos?

4ª- ¿Cómo podemos recuperar el movimiento de las personas con parálisis?

5ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan acceso a agua segura y limpia?

6ª- ¿Cómo podemos ayudar a las personas con demencia para que vivan de forma independiente por más tiempo?

 

Y como cada uno tenemos nuestra atención selectiva particular –afortunadamente– y yo tengo la mía, me he dado cuenta de que todos los problemas que se postulan a erigirse con el premio tienen un elemento común, un problema nuclear compartido cuyo afrontamiento y solución ejercerían irremediablemente un positivo influjo en el resto. Es decir, actuando sobre un sólo factor, podría desencadenarse la caída del resto de piezas del dominó sistémico, el aleteo de la caótica mariposa, solucionándose el resto de problemas sin que las instituciones necesitaran prestarles atención.

 

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El falso caso del Boeing 737 caído y la neurociencia

737 caído - Más Allá de la Formación

Se pueden extraer conclusiones similares de infinidad de asuntos, pero el caso del falso Boeing 737 caído en el mar que alertó al 112 y a los servicios de emergencias de Canarias y de toda España es un perfecto ejemplo para comprender que los ordenadores y la mente humana individual y la mente colectiva tienen un funcionamiento similar.

Más de uno se habrá reído con la confirmación de que, efectivamente, no se trataba de un avión caído, sino de una grúa transportada por una gabarra, como si ellos mismos no hubiesen llegado a la misma conclusión de quienes dieron la voz de alarma si se hubiesen encontrado con el mismo fenómeno y tuviesen la responsabilidad del tráfico aéreo y de las vidas de pasajeros en un contexto como el actual.

Es obvio que era necesario reaccionar rápidamente para evitar una posible tragedia humana, sin ninguna demora, pero ¿cómo es posible que un experto profesional de AENA sea capaz de cometer un error semejante?

La respuesta está delante de usted, en su ordenador o en su smartphone. Se trata de la memoria caché.

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El gen REST no es la clave para evitar el Alzheimer

Eureka - Más Allá de la FormaciónAnte cualquier constatación científica de un hecho caben numerosas interpretaciones, unas más acertadas que otras, pero normalmente sesgadas por la visión particular de cada interpretador, unos más acertados que otros.

Traduttore, traditore, dice la sabiduría popular italiana, un refrán perfectamente aplicable en este caso, dado que el interpretador de una información cualquiera dispone de unas bases de datos memorísticas alojadas en sus indis (astrocitos) diferentes a las de cualquier otra persona, y que se activan automáticamente en respuesta a la interacción con el contexto en función de su individualidad única, produciendo una conclusión diferente a la que llegaría otra persona sin esa especialización.

El reciente hallazgo del gen REST activado en el estado fetal humano y en los ancianos cuya función cognitiva se encuentra en buen estado ha inducido a un equipo de neurobiólogos a concluir que la terapia más adecuada para frenar el desarrollo del Alzheimer llegará a través de fármacos que activen el gen en personas con riesgo de demencia. Casualmente patentables. La especialización, y más si a ella se añade la perspectiva del enriquecimiento, es perfectamente capaz de cegar otras perspectivas –casualmente no patentables– diferentes. Sin embargo, como sabemos, correlación no implica causalidad, y, por lo tanto, la presencia del gen REST activado en esas dos etapas de la vida humana no implica obligatoriamente que su ausencia sea la causa de la enfermedad, sino que puede ser –ni más, ni menos– una de las manifestaciones o síntomas de otra causa realmente generadora de la enfermedad.

Porque, ¿qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? Parece que hemos olvidado –paradójicamente en un contexto, el científico, tan darwinista– que el uso desarrolla el órgano y la falta de uso lo atrofia, circunstancia que no extraña en absoluto a un deportista pero que a demasiados neurocientíficos continúa sin encenderles la bombillita que les haga saltar de la bañera como a Arquímedes.

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Cómo funciona el cerebro. Qué es y cómo funciona la mente (II)

En esta continuación de la entrada anterior precisaré algo más mi hipótesis acerca de las áreas y regiones cerebrales, con el objetivo de aclarar el cómo del surgimiento de la mente.

Y para comenzar, qué mejor que la fotografía de un corte de un cerebro para verificar que, efectivamente, existen dos áreas bien diferenciadas a simple vista: lo que conocemos como materia (o substancia) gris, y la materia blanca. Ambas áreas presentan notables diferencias estructurales y funcionales.

En cuanto a lo puramente estructural, la materia blanca está formada por axones de neuronas, que es la parte larga, el cable que une ambos extremos de una neurona. Por su parte, la materia gris está formada básicamente por uno de los dos extremos: los cuerpos neuronales y sus dendritas. Pero además de las archimentadas neuronas, hay en esa área algo más en lo que pocos parecen fijarse. Y cuando digo “algo” me refiero a algo verdaderamente enorme, como veremos.

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Google compra DeepMind para construir robots que piensen como personas

Después de Boston Robotics, acaba de surgir la noticia de que Google ha comprado la empresa DeepMind, especializada en Inteligencia Artificial, y lógicamente ya ha empezado a producir reacciones, especulaciones y análisis. En algunos foros de buen nivel como Xataka aparecen comentarios de personas que imaginan ya, a la vuelta de la esquina, un mundo inundado de robots inteligentes, y los temores se han disparado hasta el punto de que alguno sugiere ir comprando escopetas para defenderse de los androides, un miedo que ya tiene nombre: “Valle Inquietante”. Sin embargo, me gustaría tranquilizar a aquellos a quienes surgen dilemas sociales, morales, incluso los directamente relativos a la supervivencia física. Miedos normales, como la entomofobia (fobia a los insectos), o las más controvertidas xenofobia y homofobia… que surgen cuando algo que no es estadísticamente normal irrumpe en nuestra vida diaria en una proporción diferente a lo que estamos acostumbrados. O incluso miedo a que en el futuro un robot nos levante a la novia.

Hay otras interpretaciones, desde luego, por ejemplo a mí me encantaría tener un robot que supiera planchar y limpiar la casa; y a los soldados robots que se jugaran los circuitos en lugar de ellos la piel, pero a pesar de que estas posibilidades inocuas son probables y deseables, parece que la mayor parte de las sensaciones que suscitan noticias así son displacenteras.

Por lo tanto creo que es importante tranquilizar al personal, porque desde mi punto de vista, Google y DeepMind están recorriendo un camino equivocado, precisamente por la ausencia –aún– de referencias diferentes, con planteamientos radicalmente diferentes. Un  camino equivocado que retrasará –seguramente por fortuna– la llegada de estos nuevos pseudohumanos durante mucho tiempo, el suficiente para resolver los dilemas morales que suscita el asunto de la inexorable presencia de robots –tontorrones– en nuestras vidas en el futuro.

Se retrasará porque la IA necesita bases de datos, unas BBDD estructuradas de una forma diferente a como se está haciendo. El proceso de desarrollar IA básica es muy sencillo, y de hecho ya se está haciendo desde hace tiempo, pero imitar la capacidad de razonamiento humano es otro cantar, en este campo el proceso de entrenamiento de las BBDD es muy diferente.

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Cómo funciona el cerebro. Qué es y cómo funciona la mente (I)

baterías del sistema - Más Allá de la FormaciónCon esta entrada pretendo inaugurar una serie que explique una nueva –o yo no la conozco– hipótesis acerca del funcionamiento del cerebro (del sistema nervioso en general, pero especialmente el encéfalo) y la mente. La cuestión no es en absoluto baladí, dado que el grueso del mundo de la neurociencia se encuentra –erróneamente, a mi juicio– enfocado en las neuronas, lo que distrae de la ruta correcta para llegar a buen puerto.

Y no es baladí porque, sin un conocimiento de la realidad de lo que ocurre dentro de nuestra caja craneana, con teorías basadas en revelaciones, intuiciones, sospechas a su vez basadas en otras semejantes, han surgido, se mantienen y continúan surgiendo teorías que se han mostrado recesivas, como la pedagogía roussoniana y sus secuelas, el psicoanálisis, la Gestalt, la PNL, la mayor parte de los postulados del coaching, la inteligencia (m)emocional y otras teorías newage, además de las religiones recesivas, que mantienen a miles de millones de personas en un estado primitivo –como dijo Rita Levi-Montalcini–, de persona animal; meras baterías del sistema carentes absolutamente de ese escaso margen de libre albedrío del que disfrutan en exclusiva las personas humanas, las que viven asentadas sobre la realidad.

Esta nueva hipótesis está fundamentada en algunas investigaciones neurocientíficas bastante recientes, y curiosamente en otras ramas de la ciencia, como la física cuántica, la teoría del Caos, el Principio Holográfico y las Ciencias de la Actividad Física, que se irán mencionando en lo sucesivo. Sí, aunque parezca paradójico, estoy seguro que resultará más fácil a estas especialidades de la ciencia comprender el funcionamiento del cerebro –encéfalo– que a un psicólogo o un neurocientífico convencional; no sólo por la resistencia de los más engreídos a reconocer que la Tierra es esférica y no bidimensional, sino por estar distraídos, convencidos de que la explicación clásica es la correcta aunque no lleve a ninguna parte.

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