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Qué queremos decir cuando decimos empatía?

Epi y Blas - Más Allá de la FormaciónSupongo que con la lección de Epi y Blas y el resto de entradas de la sección “Empatía” se entiende bastante bien que en realidad nadie, nunca, en modo alguno, siente empatía, sino afectos a través de ella: sentimientos, emociones, pasiones e instintos. De modo que deberíamos borrar la palabra de nuestro diccionario del perfecto guay o, al menos, utilizarla conscientemente, cuando realmente procede, que es casi nunca.

¿Qué es entonces lo que queremos decir cuando utilizamos el concepto empatía, el verbo empatizar y los adjetivos empático e inempático?

La respuesta es sencilla. Cuando otra persona utiliza en una conversación esos términos, lo que nos está diciendo en primer lugar es que pertenece a una suerte de élite humana que entiende el fuzzword y posee esa habilidad. Es algo muy comùn en el mundo de la formación empresarial, el yoga, el coaching, el mindfulness, el zen, las artes marciales, y en general, cualquier partidario del tribalismo oriental. Lamentablemente también la neurociencia últimamente. Cualquiera se opone a la corriente ¡¡si lo dice hasta Punset, que es el tío que más sabe sobre la mente en el mundo!!

En segundo lugar, lo que nos quieren decir, cuando las conversaciones pasan al nivel de disputas, es que el interpelado sufre alguna carencia que le incapacita para poseer la razón. Y consecuentemente, el primero que dispara la perdigonada es el que gana. Además es tan sencillo que cualquier persona puede usarlo, independientemente de su nivel académico o si ha demostrado o no alguna habilidad especial en la vida, no es necesario que apuntar con miras láser ni nada, como con las armas de destrucción masiva de vidas humanas: se sueltan y listo. Victoria casi segura.

Pero hay más. En el tercer lugar hay algo muy importante.

 

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La depresión y la motivación. Adiós a Madrid 2020.

Eso llamado “depresión” es un excelente ejemplo para entender cómo funciona la mente humana. Y como ejemplo prototípico de depresión, la que estamos sufriendo hoy millones de españoles e hispanoamericanos, frustrados en nuestras expectativas de lograr que Madrid albergara los JJOO de 2020.

Durante todo este tiempo previo al fatal desenlace para nuestras aspiraciones habíamos estado imaginando el futuro, un futuro mejor. A cada uno de nosotros se nos pasarían miríadas de historias por la cabeza, desde el volver a situar a España en el centro del mundo, llenar nuestras calles y negocios de millones de turistas, de la alegría perdida, la ilusión, nuevas oportunidades de negocio, mantener o hacer crecer la plantilla del negocio, vender más, poder irse de vacaciones, el orgullo patrio y admiración ajena… En fin, cada uno tendrá su historia. Y de eso va la historia, valga la redundancia.

Eso llamado “depresión” no es una enfermedad, sino que es simple y llanamente un estado de ánimo deprimido, aunque la conceptualización de esa realidad vía psicología ha logrado convertir algo tan sencillo como tener el ánimo decaído o estar bajo de ánimos, como se ha dicho toda la vida de Dios, en una patología, término que tampoco es que nadie sepa muy bien qué demonios significa, pero que da la impresión de ser algo grave. Y como la conceptualización nos aleja de la comprensión de la realidad que define el concepto, cuando tenemos el ánimo deprimido no sabemos qué nos pasa, y los psicólogos parece que tampoco.

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Lección a lo Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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Mens sana in corpore sano. Cómo el ejercicio mejora las capacidades cognitivas.

Ya en el siglo I d. C., sin tanta tecnología, tanta ciencia y tanta gaita, Juvenal tenía una idea clara de la importancia de que el cuerpo, el templo del alma, estuviera en buenas condiciones para permitirnos una vida virtuosa y tranquila.

Además de los innegables efectos positivos que ejerce sobre el organismo, que nos permiten que el cuerpo, en lugar de ser un lastre para la vida, sea un facilitador de ella y nuestro propósito, el ejercicio moderado (depende para quién, obviamente, que cada uno tiene sus posibilidades y su background, y el jubilado de la foto tiene más que la mayoría) ejerce un beneficioso influjo en la mente. Tal como se señala en este estudio, practicar deporte diariamente ayuda a combatir la depresión del ánimo. Depresión del ánimo he dicho, sí, que el matiz es tan importante que dará para una futura entrada completa.

En lo que respecta a las capacidades intelectuales también se ha observado que el ejercicio las mejora, aunque como es habitual parece que los investigadores siguen sin entender cómo funciona la mente humana, lo que les lleva a contradecirse llamativamente. El caso de este artículo que enlazo es paradigmático. En él, se cita un estudio que utiliza tres grupos de personas para demostrar la efectividad del ejercicio físico en la memorización. Veamos:

- Un primer grupo de personas que permanecen sentadas 30 minutos antes de la prueba de memorización.

- Un segundo grupo, que practican ejercicio suave 30 minutos antes de la prueba de memorización.

- El tercer grupo practica ejercicio intenso 30 minutos antes de la prueba.

Para no enrollarnos, avanzaré que el segundo grupo es el que mejores resultados obtuvo.

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Qué es la mente y cómo funciona (1)

Para saber cómo funciona la mente, en principio necesitamos entender qué es la mente. Muchos psicólogos y expertos de este mundo, han abominado del término mente, como conjurando el riesgo de que este concepto holístico les arrojara en brazos de la charlatanería new age en pleno auge del intrusismo profesional que bien merecían, por su sumisión a dogmas como el psicoanálisis, aunque a renglón seguido caigan, más que sin precaución, encantados, en el de la recesiva inteligencia (m)emocional.

Otros, simplemente prudentes, estudiosos de aspectos concretos de su funcionamiento, no se atrevían a usar el término mente por pura honestidad. Simplemente no sabían qué demonios era porque, francamente, no lo sabían.

Ha tenido que llegar la ciencia dura, de la mano del emergentismo filosófico, hasta llegar a la moda de la Teoría del Caos (complejidad) y su Efecto Mariposa, para que los psicólogos académicos hayan, por fin, podido explicarse que la mente es la propiedad emergente de la interacción del ser humano con su entorno. Es así de sencillo pero igualmente complicado y peligroso, porque empezar a considerar la mente como emergencia –no en el sentido de urgencia, sino de algo que emerge del sistema nervioso y el resto del cuerpo– aboca a muchos a esforzarse en la distinción de los tipos de emergencia, su historia, su evolución, sus tipos… hasta volver a liarse la cabeza para acabar otra vez no entendiendo nada, como si lo que les gustara realmente es tener toda la vida la cabeza hecha cisco. Adictos a los problemas en lugar de a resolverlos. De los que en lugar de ir a la esencia para comprender la totalidad pretenden conocer la esencia observando cada parte, de las infinitas, que la forman. Ya, tiene que haber de todo, no digo que no, sólo digo que entender la mente no es tan difícil, sólo hay que recorrer el camino inverso: partir de lo obvio para entender lo complicado. O sea, que para resolver una complicada ecuación primero uno tiene que entender qué significan sumar, restar, multiplicar y dividir. Digo yo, vamos. Bueno, seguramente también Ockham lo diría.

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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

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El futuro de la inteligencia humana y Google Glass

Más Allá de la Formación Google GlassHay vida más allá de los destructivos –aunque estériles a largo plazo– intentos de imponer el desvarío de la Inteligencia (M)Emocional.

Pero no va por el camino que parece haber abierto Google con sus Glass. Me explicaré.

La realidad aumentada tiene mucha utilidad, fundamentalmente en el entorno profesional, aunque no faltará quien incursione en el terreno personal diseñando una app para ligar a través de un sistema de reconocimiento de patrones gestuales que indiquen apertura a la vez que da información sobre la persona abierta que posibilite iniciar un diálogo fundado más allá del “¿Estudias o trabajas?” de toda la vida.

O incluso en el íntimo, a través de un sistema que reconozca los patrones de excitación femeninos en aras de maximizar el goce sexual. Y en los ámbitos personal, familiar, paternofilial… la realidad aumentada podría dar pautas a los padres de la forma ideal en que deben interaccionar para mejorar sus relaciones, lo que obligaría a la Supernanny a apuntase a las listas del INEM o terminar sus días como tertuliana de Sálvame. Incluso César, el fantástico entrenador televisivo de chuchos, perdería su trabajo gracias a apps de adiestramiento canino para Google Glass (GG).

El problema inicial, desde luego, es la cantidad de basura que se encuentra diseminada en las entrañas de la world wide web, que conllevaría los mismos problemas que ahora padecemos los usuarios de buscadores: exceso de información en general e información basura en particular. Como decía antes, en el entorno controlado de la empresa, tendrá mucha utilidad y la tendrá más pronto de lo que imaginamos, pero ´de cara a la evolución de la inteligencia humana, las cosas serán muy diferentes. Ahí los de Mountain View todavía no han encontrado la clave.

 

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Mónica Esgueva, nueva fantasma cazada entre sus “tres pilares de la felicidad”

Esta condescendiente señorita @monicaesgueva que parece que acaba de ponerse de largo y ya va dando lecciones de vida a los demás no merece mucho más que les enlace la entrevista que le han hecho en periodistadigital.com con motivo de la publicación de su libro por la editorial Planeta y deje a su inteligencia descubrir la sarta de barbaridades que se atreve –la ignorancia es muy osada– a proferir.

Pero para que no piensen que me puede la pereza, que casi casi sí, les resumo las barbaridades de la criatura.

· Antes no sabíamos que existía la inteligencia emocional. No es que no lo supiéramos, niña, es que de hecho no existe. Y, siento desilusionarte, los Reyes Magos son los padres.

· Ahora sabemos que el 80 por ciento del éxito de las personas depende de nuestras acciones, capacidades y recursos emocionales. Ya, que te has aprendido de memorieta el manual del perfecto zoquete de Goleman está claro, pero de ahí a que lo que dices tenga la más mínima relación con la realidad, media un océano. Podrías dedicarte a escribir guiones de ciencia ficción, eso sí.

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Peter Senge y su "Quinta Disciplina". ¿Un Carlos Marx americano? (primera parte)

http://www.sintropia.com.mx/wp-content/uploads/2010/11/Peter-Senge.jpgLes doy mi palabra de honor que hasta hace un rato antes de empezar a escribir esta entrada no sabía quién era Peter Senge. ¡Vaya! -dirá alguno, ¿y te permites el lujo de presentarte como un experto en esto de los recursos humanos sin conocer a Senge? Pues sí, hasta ahora no me ha hecho falta, y creo que a la humanidad antes de su nacimiento tampoco le iba precisamente mal.

No acostumbro a fiarme de los personajes de moda, ya lo saben, ya bastante crédulo he sido en la vida como para no escarmentar a estas alturas; y menos si son de los que venden felicidad, poder, liderazgo, inteligencia (m)emocional, etc.

Hace unos días he empezado a leer La Rebelión de las Masas de Ortega y Gasset. Llevaba ya una decena de páginas del extensísimo prólogo de Julián Marías cuando me harté, salté también la interminable introducción de Ortega a los lectores franceses y me fui directamente al meollo, a sus propias palabras explicando qué es eso de Rebelión de Las Masas. ¿Por qué me salté todo eso? Porque me niego a que alguien me dé interpretadas las cosas si no he buscado esa interpretación ex profeso. Quiero llegar a mis propias conclusiones acerca de la obra de Ortega, no a las que me induzca Marías. Y como con esto, con todo. Ya leeré lo que dice Marías cuando termine de leer a Ortega. Si me apetece o necesito alguna aclaración a algo que no he entendido bien.

Traigo esto a colación porque, reitero, no sabía quién era Peter Senge, lo cual significa que no tenía ningún prejuicio expreso acerca de él. Si me preguntan por Goleman, por Robbins, por Punset… pues sí tengo mi opinión formada y no es nada positiva; pero de Senge, no, hasta hace un rato, no sabía ni de qué hablaba, ni por qué se había hecho relativamente famoso. Y me dirán ustedes ¿Y qué has hecho para tener una idea acerca de Senge? Pues lo primero que he hecho es darle al play en un vídeo que les enlazo aquí, que me ha llegado por mail procedente de WOBI (World Of Business Ideas). Y me he quedado de piedra.

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¡Más Allá de la Formación cumple tres añitos!

Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias…

 

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A todos, por haberme aguantado estos tres años, a las más de mil visitas que me halagan con su presencia cada mes en el último año y a los miles que me mantuvieron activo los dos anteriores. “Causualmente”, como veis en la foto, lo hemos celebrado en la facultad de psicología de la Complu, donde me han usado como sujeto de control (o eso me han dicho, jejeje). Como siempre, enredando con una de mis pasiones: la mente. Charlando con los profesores, haciendo amigos entre los que explican a los demás cómo funciona la sesera… ¿Será premonitorio? Algo bueno se acerca, lo huelo.

Hoy no os voy a dar el tostón, no hay “leer más…” Sólo deciros…

 

 

¡¡¡GRACIAS!!!!

 

 

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