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Cómo NO funciona la mente (1): la idolatría de la neurona

Para despedir el 2012, Año de la Neurociencia en España, qué mejor que una entrada clave para entender las causas que impiden su evolución, las que la mantienen en un incomprensible atraso con respecto a otras ciencias y técnicas.

Y el principal lastre que arrastra la neurociencia, paradójicamente, es la propia neurona. Verán, señores, no se puede entender la mente pensando en términos de neurona, ni siquiera de redes neuronales. Así es imposible. Como lo leen. Llevándolo al extremo de una mente conspiranoica parecería que la propia postulación de esta efemérides es la trampa de los poderes ocultos para que todo el mundo siga confundido, para que todo siga como está, pero si los postulantes están tan enmarañados como su propia estructura neural, no creo que la cabeza les dé para tanto.

Pretender que a través del estudio de las neuronas pueda llegar a conocerse el funcionamiento de la mente es tan estéril como pretender entender las enfermedades a través de sus síntomas, sin tener en cuenta sus causas, algo obvio para cualquier persona y más aún para un médico o un científico. En una próxima entrada les ofreceré más ejemplos comparativos.

Las razones de esta confusión que tiene desviada la atención de la mayoría de los investigadores del mundo hacia un callejón sin salida son varias. Además de que la la neurociencia todavía está muy teñida de la psicología más rancia y del movimiento new age claramente triunfadores en el asunto comercial -ya saben, todas esas cosas se venden porque ninguna funciona-, la primera razón consiste en que la vida tiene sus inercias, y la universidad, la investigación y las personas que las conforman no son invulnerables a esa ley; además existen infinidad de dotaciones presupuestarias para mantener el trabajo de muchos especialistas fundamentado en el estudio de las neuronas y sus conexiones, entre fondos privados, subvenciones y ayudas.

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Cartas a Paula. La muerte (1) y el bienestar con uno mismo.

Verás, hija, salvo raras excepciones, la gente tiene mucho miedo a la muerte, y normalmente quien no le tiene miedo es porque se niega a pensar que algún día se vaya a morir. Hasta que el momento ineludible se avecina implacable.

El caso es que muy poca gente acepta que se va a morir, y como te decía antes, la mayoría de los que afirman haberla aceptado mienten, simplemente sucede que no se atreven a ponerse a pensar más de cinco minutos sobre la mayor certeza del ser humano; si no la única. Como mucho preguntas sin respuesta fiable en alguna noche de esas en las que nos da por la melancolía o el terror en las que alguien saca a relucir el asunto de la chica de la curva.

Pero es que igual no es un cenagal, vaya usted a saber, y ellos nada, erre que erre, negando la fuente de su mente, de su pensamiento, de su personalidad, sus ideas… en lugar de acercarse a explicaciones que tranquilizan a la gente, a mucha gente. Los pobres vanidosos se hacen los listos, como si tuvieran remota idea de algo, y se lían a despotricar contra las bases de sus ideas, saliéndoseles el duodeno por la boca. ¡Cuánta visceralidad y qué poca racionalidad! Claro que, con la sociedad del bienestar, la inteligencia (m)emocional y estas cosas, a casi todo el mundo se le ha reblandecido el seso.

Nadie; nadie en el mundo sabe, a ciencia y cierta, qué hay después o si ni siquiera hay nada, si todo se acaba aquí y todas esas cosas que suelen decir los que muerden la mano que les da de comer, la que les protege, la que les ha hecho ser lo que son, personas que viven en el cómodo mundo civilizado y no, por ejemplo, muertos de hambre en la India, África o Corea del Norte. 

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El nacionalismo y la suspensión de mi cuenta en twitter

twitter-limites-innopro-advanced-posicionamiento-buscadores-sevilla Como es del dominio de los lectores de mis post y seguidores de mis tweets (que no seguidores míos, a ver si somos un poco más maduros y no caemos en el esperpento), el support de Twitter suspendió mi cuenta la noche anterior a las elecciones autonómicas catalanas del 25N. Las razones fueron estas: “Esta cuenta fue suspendida por el envío de múltiples mensajes no solicitados por medio de @respuestas y/o menciones. Estas funciones están pensadas para facilitar la comunicación entre personas en Twitter. Twitter monitoriza el uso de estas funciones para asegurarse de que están siendo usadas para este propósito, y no de forma abusiva. Usar cualquiera de estas funciones para enviar mensajes no solicitados a varios usuarios o de forma malintencionada, es considerado un abuso que resulta en la suspensión de la cuenta

Veamos, a día de hoy (27-11-2012), y desde mi primer tweet el 2-12-2011, hace casi un año, y hasta la suspensión temporal de mi cuenta el 24-11-2012, había publicado 1.331 tweets, lo que arroja una media aproximada de 3,65 tweets/día, incluyendo el día de autos.

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Cartas a Paula. La mente (temas menores). El "cerebro estomacal". La ciencia también está contaminada.

Hoy te voy a hablar de un tema menor, pero importante. Sí, hija, bajo la protección del elevado palio de La Ciencia se hacen y dicen muchas sandeces. Luego los científicos ponen el grito en el cielo porque no tienen fondos o porque les reducen las ayudas públicas -las que pagamos todos, queramos o no- para eso que llaman investigar, que, como el trabajo, normalmente no es más que un juego… de mayores, por el que te pagan. Lo que ocurre es que algunos jueguecitos producen cosas útiles, otros son sólo jueguecitos.

Como me has dado plantón -bien justificado- para comer juntos hoy, he estado en el Vips ojeando algunas revistas para hacerme compañía mientras comía en el restaurante habitual. Cada día me gusta más comer solo por ahí, algo que antes no podía soportar; es lo que tiene haber conseguido estar a gusto piel adentro, con uno mismo. Y hete aquí que, después de comprobar que en las de coches no había nada que me interesase -al final, mejor leer algo intrascendente que te guste y no sea dañino para mi ñoño duodeno que leer bobadas, como me pasa con el fútbol, las motos y la F1, que es casi lo único que veo en TV-, he cogido esperanzado una nueva de Mente y Cerebro, a la que en tiempos estuve gustosamente suscrito y que hoy no dice más que bobadas no ya inútiles, sino perjudiciales para el sentido común. ¡Qué bajón!. ¡Y yo que esperaba presumir de intelectual con pinta de sicario malote -como dicen tus amigos-paseando con la revista en la mano! El anterior número era igualmente un desperdicio de árboles, despiadadamente talados para nada, y tampoco lo compré. Mejor hubiese sido destinarlos a papel higiénico. Al final me he comprado el periódico que hoy estrenaba formato, a ver qué tal, y me ha gustado. Ya sabes, La Gaceta, que no voy a esconder que lo leo sino todo lo contrario, igual que no escondo sino todo lo contrario que me he pasado veinte años leyendo El País. Rectificar es de sabios, aunque mis limitaciones no me permitan llegar a tanto.

A lo que te iba: o la revista era un número atrasado reutilizado a causa de la crisis o disertaban otra vez de esa suerte de cerebro estomacal, intestinal o lo que sea, del que ya hemos hablado alguna vez tú y yo, como cuando te hablé del corazón. No daba crédito, Mente y Cerebro, filial de Investigación y Ciencia, se ha convertido en una Psychologies o una Redes cualesquiera. Vamos, como el Diez Minutos pero en intelectual. Fíjate, argumentaban en el artículo que eso que llaman cerebro visceral es sin ningún género de dudas una especie de extensión del cerebro. Sí, sí, del de la cabeza, y lo es porque resulta que tiene una salvajada de conexiones neurales, especie de cuerpo calloso que conecta cabeza y ombligo. Si no me lo hubiera esperado habría comprado en el mismo Vips un abrecartas para cortarme las venas allí mismo, pero como no era la primera vez que leía semejante disparate y temía que relacionasen mi inexplicable suicidio con el deshaucio de la que fue mi casa -que tampoco es para tanto pero urge una reforma legislativa en profundidad, y en ello están-, me he limitado a mirar las ilustraciones y sus pies de foto con la esperanza que siempre se cumple de encontrarme la inevitable sandez de manual con la que generar el suficiente ácido clorhídrico para destrozarme la mucosa gástrica. Masoca que es uno.

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Cartas a Paula. Las reglas adaptativas. La causa del universo, el ser humano y la civilización. El principio (I)

Con esta entrada inauguro una serie con la que pretendo explicarte condensadamente, querida hija, todo lo importante que he aprendido en mi vida, un periplo que transcurrirá desde el Principio de los Principios, la mente humana y todo lo que implica y la rodea -que es mi punto más fuerte-, pasando por eso que llamamos la muerte y lo que atomoahay después de la muerte, desde una perspectiva amplia, científica y-religiosa, concepto que sólo es un oxímoron para quien no está dispuesto a entender la realidad porque prefiere pensar en lo que otros le induzcan a pensar, porque es más guay, más cool, porque otras visiones son anatema hoy en día, o lo que sea. Sin olvidar la historia y la política, claro, porque exactamente, sin exagerar un ápice, las mismas reglas lo crean y gobiernan todo. Todo. Allá cada cual con su opinión, sus filias y sus fobias, pero si sirve a alguien más que a ti, a algún otro padre que quiere tener ideas para explicar a sus hijos el funcionamiento de todo lo que existe, me alegraré. Es muy tranquilizador. Como para relajarse y ponerse a hacer lo que cada uno tiene que hacer, rasgo distintivo de nuestra weltanschauung (cosmovisión, para los que desconozcan el término) civilizada y ausente en las demás, como bien sabes.

También sabes que hay que hacer las cosas más sencillas de entender, lo cual no implica simpleza, sino sumisión al espacio de escritura y al tiempo. Para explicar cómo hemos llegado hasta aquí es obligatorio sintetizar muchísimo, pero paradójicamente, no tanto, porque al final, como dicen los esotéricos, micro = macro. Es cuestión de tener las adecuadas información y experiencias que aporta la curiosidad del casi medio siglo de vida, con sus correspondientes alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, conocimientos y desconocimientos, aciertos y errores… Y capacidad de síntesis. Así que vamos a resumir mucho, pero tú ya tienes información suficiente con tus veinte años como para entenderme, y ya has soportado muchas de mis palizas. Los demás que pregunten, que les contestaré con mucho gusto si es que puedo.

 

  Todo cabe en lo breve.

Pequeño es el niño y encierra al hombre;

estrecho es el cerebro y cobija el pensamiento;

no es el ojo más que un punto y abarca leguas.

Alejandro Dumas

 

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La inteligencia. La emocional no, eso no es inteligencia.

Voy a serles sincero, aunque me contenga un poco. Ya se imaginarán que no les voy a soltar el rollo patatero de la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner y sus seguidores, sobre todo ahora que se ha puesto sólidamente en cuestión, aunque este debate no es lo importante y al final les explicaré por qué; pero no voy a evitarlo porque yo esté enfadado con él porque haya posibilitado con sus opiniones el alumbramiento de ese retoño -de tal palo- llamado Inteligencia Emocional que tanto daño ha hecho al mundo y seguirá haciendo a menos que ustedes se unan a mi particular cruzada en la que, por cierto, me siento más solo que la una (a ver esa empatía). 

El caso es que el otro día estaba yo charlando con unos conocidos de lo que charla la gente normalmente, pero como no podía ser de otra forma, salió el temita de la IE. Siempre sale últimamente, la gente tiene una necesidad urgente de sentirse guay, hasta hablando de los rodamientos del cigüeñal sale el tema.

Y yo, ya se imaginarán, me dispuse a aclarar a la interfecta -suelen ser interfectas normalmente, pero cada vez más híbridos blanditos que también- que eso de la IE es un oxímoron, un imposible metafísico, igual que no puede haber un negro blanco (y no me refiero al asunto de Michael Jackson, aunque también tiene la cosa lo que tiene Michael en la mano izquierda), un frío caliente ni una luz completamente oscura. Y además, de puro imposible, la IE, coherentemente, no existe (aunque más de un listo se ha forrado vendiendo esa nada, yo me compré uno del Goleman hace años, pero no entendí absolutamente nada, lo que me hizo suponer que, o bien yo era rematadamente idiota, posibilidad desde luego no desdeñable, o es que aquello era una patraña sin pies ni cabeza; que por aquello de la supervivencia del ego fue la opción por la que me incliné, pensará más de uno aliviado).

Entonces, como suele ser habitual, mi interlocutora empezó a recular y me soltó el típico rollo de esos que dan en los cursos personajes que no entienden en absoluto de lo que hablan, que darían un brazo por figurar de gurus aunque fuera en Sálvame de Luxe o algún otro programa de ésos para genios, el hígado por que le escucharan y aplaudieran. Y como en los cursos hay buen rollito, lagrimitas, abrazos, catarsis, aplausos, oídos para escucharle a uno sus miserias… obligatoriamente, es parte del truco… la gente va y se lo pasa muy bien, es toda una experiencia: y vuelven con que si la IE es aprender a descubrir y aceptar tus emociones y el blablablá de siempre que nunca es algo con un mínimo de coherencia argumental sino una ensaladilla de esperanzadoras genialidades que uno desea incorporar a su ya de por sí marcado carisma. O talante. Y tan feliz ella de saberse y evidenciar que es emocionalmente inteligente.

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La regla del 20%. Restaurar el sano equilibrio político en España.

Se ha dedicado toneladas de tinta y papel a ensalzar ciertos números, dotándolos de un cariz mágico, sobre todo en el ámbito esotérico o new age; que si el 1 porque es el principio, que si el 9 porque es el final, que si el 7 por los siete planetas del sistema solar y los siete días de la semana, que si el 8 porque es el infinito, que si 1,61 porque es la proporción áurea (belleza matemática para los más románticos)… que nos hemos olvidado de algo más cotidiano, algo dentro de lo que vivimos día a día sin darnos cuenta, la regla, aproximada, del 20%. Pero, ¿dónde podemos observar esta regla?

Pues por ejemplo, el 20% de los días de la vida uno no debería levantarse de la cama, son los días en los que nos ocurre alguna desgracia más o menos leve; sólo el 20% de los matrimonios tienen éxito; sólo el 20% de las personas tiran del mundo mientras el 80% restante, como diría Morfeo en Mátrix, no son sino baterías del sistema. Fíjense que, incluso, hasta Baltasar Gracián, ya en el siglo XVII había llegado a la misma conclusión aproximada: Tonto es el que lo parece y la mitad de los que no lo parecen, decía.

Echando números sobre la afirmación de forma ecuánime, podemos inferir que a la mitad del mundo le parece que la otra mitad es tonta de baba, así que estamos en el 50%, y si quitamos la mitad de la otra mitad, nos queda… aproximadamente el 25%.   

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Neurociencia del nacionalismo y el independentismo catalán (y los demás)

Ayer escuchaba decir a un tertuliano en un debate en TV, a propósito del órdago independentista del gobierno de Cataluña –que no de Cataluña ni de la mayoría de los catalanes–, que no entendía el nacionalismo, no se hacía a la idea de cómo una persona podía abrazar tan recesiva ideología. Esa misma duda la llevo oyendo desde que tenía menos de catorce años.

Me explicaré, porque mi posición para entender la cuestión nacionalista es un tanto privilegiada, en parte porque soy vasco de nacimiento –maketo a muchíiiisima honra pues la mezcla de ADN mejora la especie, lo que ha dado como resultado una hija preciosa y mucho más inteligente que yo– y habitante de San Sebastián hasta los 19 años, edad en la que, como consecuencia de la presión para aprender vascuence que se cernía ya sobre los estudios universitarios y a la que me negué a plegarme, decidí irme a estudiar al odiado Madrid –donde todos eran unos chulos, como en Bilbao, hace ya treinta años.

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Estoy hasta los cojones del rollo de la empatía

Me van a perdonar por el exabrupto, pero ya no puedo más con tanta memez, estoy harto. Tal es mi hartazgo que disertaré sobre la empatía al más puro estilo Pérez-Reverte, con pocos tapujos o ninguno. Después de que Juan Manuel de Prada cayera en la trampa que nos tiende el mainstream dominante de la recesiva inteligencia (m)emocional generada por los de siempre, de los del pensamiento único… muere triste y prematuramente mi amigo y maestro (A él no le gustaba que le llamaran profesor porque le recordaba a un político italiano, comunista, creo. A mí no me gusta llamar maestro a nadie pero con él hago una excepción) Horacio Vázquez Rial, y todo pichichi se lía a mencionar su empatía entre los rasgos a destacar de su personalidad. Mi admirada Cristina Losada cae también en el mismo cenagal Y para rematar la faena, mi también amiga María Blanco, tuitea que el primer ministro finlandés, Katainen, dice que siente empatía y simpatía por el gobierno español. Menos mal que me aclara que ella no ha dicho nada, que ella simplemente reproduce lo que ha dicho él. Ya estaba yo preparando el cuchillo para cortarme las venas.

 

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En el futuro el voto dejará de ser secreto y será vinculante. Lecturas reposadas de verano (II)

Llevo tiempo dando vueltas a este asunto durante el cual lo he comentado con familiares y amigos que me han dado razones en contra, suficientes como para mejorar mis argumentos con sus objeciones, también con activistas políticos actuales conductores de sendos blogs y con mi amiga y paisana Maleni San Vicente, ex cabeza de lista de UPyD por Guipúzcoa antes de que las jugosas expectativas electorales que cosechaban durante el recuento de votos decidieron que agradecer el trabajo sucio y mal pagado estaba muy bien, pero que si salía un diputado no sería el que se había pateado las batasunizadas calles y arriesgado la jeta o los sesos, sino alguien que estaba cómodamente sentado en su despacho esperando a recoger las nueces. Vaya, vaya, Rosita, lo entiendo, tienes que construir el partido y eso está por encima de los intereses de las personas individuales, pero no está nada bien.

La cuestión que me gustaría ofrecer a su reflexión es que estoy convencido de que, en el futuro, cuando el ser humano evolucione algo, el voto dejará de ser secreto y será vinculante. El asunto es ciertamente polémico, y por eso me gustaría que diese lugar a que más cerebros se ocuparan de pulir este esbozo que voy a pergeñar, hasta el punto de eliminar la mayor parte de sus inconvenientes y extender y aprovechar sus ventajas. Vayamos por partes.

 

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