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Qué es POSYTIVE (POSYTIVE Project)

Cuando me preguntan qué es el POSYTIVE Project acostumbro a plantear al inquiriente una cuestión: Imagina que te preguntan hace unos 20 años qué es Google. La respuesta es sencilla: un buscador. Una respuesta que vale perfectamente para un elevator pitch exprés incluso si añadimos que la razón de su éxito es que su page rank era el más eficiente. Vale, pues ahora que coja el más listo, el mejor en estas lides, y explique a un inversor con la misma mentalidad y conocimiento de entonces y en un minuto o dos, o cinco, lo que es hoy en día, en el año 2014, Google. Imposible, ni en diez minutos, ni en una tarde, y si crees que tú serías capaz, es que no comprendes todo lo que es Google y sus ramificaciones.

POSYTIVE no se puede explicar en un elevator pitch, primero porque es demasiado grande y requiere un mínimo de precisión en la explicación de sus detalles. Empezando por el final, la ausencia de referencias válidas previas lo dificulta enormemente, porque explicar todos sus componentes nos llevaría días. Volviendo al ejemplo de Mountain View, ellos tenían a Altavista para facilitar la comprensión de la novedad por comparación con lo antiguo, pero imaginemos que Altavista no hubiera existido, ¿cómo le explicas en el año 1998 al prototípico inversor que invierte donde va la gente, como Vicente, pero en este caso sin nadie a quien imitar, sin referencias previas, lo que es Google y todos sus detalles, incluyendo los que se han ido quedando por el camino? Para explicar POSYTIVE con precisión habría que comprender, y mejor aún experimentar, sus dimensiones neurocientíficas de frontera, de entrenamiento de alto rendimiento deportivo, de rehabilitación física y psíquica, de terapia (odio este palabro), de lingüística computacional, de big data, de inteligencia artificial… y actualmente no hay ninguna referencia comparativa válida.

También es un proyecto demasiado grande, como Google actualmente con las salvedades obvias, como para explicarlo en lo que dura el trayecto del ascensor, porque está compuesto por varios componentes complejos, relativamente dependientes unos de otros, pero diferentes. Al final POSYTIVE  no es una web, ni una wiki, ni una red social, ni una colección de apps o de juegos; es un ecosistema, y no un ecosistema como hay otros, sino uno que reúne los anteriores en un entorno diseñado para algo tan trascendental como relanzar la evolución humana, persona a persona, ayudar a desarrollar supermentes a quien lo necesite y a mejorar problemas neuropsicológicos o psicosociales. Pero obviamente, esto es demasiado inconcreto excepto para los que conocemos en profundidad de qué se trata. También se puede tirar de marketing y destacar que, en contraste con la tenebrosa darknet, será una whitenet dentro de la red de redes, pero para la mayoría estos buzzwords tampoco dirán mucho.

La mejor forma que he utilizado hasta ahora para explicarlo rápidamente aunque induciendo al error es asimilarlo a un CAR, un Centro de Alto Rendimiento para la mente, donde entrena y se relaciona la élite deportiva, pero las connotaciones de gimnasio y local llevan a desencadenar asociaciones con el Brain Training y similares, y, sinceramente, comparar el cacharrillo de Nintendo o aplicaciones parecidas con POSYTIVE es como comparar un triciclo con un Porsche Panamera. Y además, la comparación con un CAR se queda corta porque le faltan otras patas esenciales para sostener el ecosistema sobre la world wide web.

Aún así es la única forma que hemos encontrado para centrar un  poco la cuestión dada la ausencia de referencias previas para dejar claro que es un ecosistema donde las personas mejorarán su mente, sus vidas, las de los demás, particularmente los suyos; y se relacionarán con personas igualmente excelentes en un entorno cognitivamente competitivo y restringido, al que sólo se accede y en el que sólo se progresa por méritos cognitivos propios, exceptuando todos los demás. Así, POSYTIVE está compuesto básicamente de tres componentes-semilla que irán conformando el complejo ecosistema, tres sólidas patas: un más que revolucionario sistema de análisis del pensamiento propio y ajeno inédito en el mundo hasta hoy, un igualmente inédito y revolucionario CAR para optimizar la mente, y un club/red social restringido y categorizado con criterios deportivos y científicos. ¿Locualo? Vayamos por partes, dijo Jack el Destripador.

 

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El futuro del e-Learning

Sálvame de Luxe - Más Allá de la FormaciónDecía un tipo con barbas allá por el año 0 de nuestra era que quien no conoce la historia –del e-Learning en este caso– está condenado a repetirla. Y más si la niega.

Y en eso estamos en este paradójico momento de la historia en el que no se estila buscar la verdad sino tener razón, y en el que cualquiera dice sin arrobo –al contrario– que todas las opiniones son respetables, lo que nos deja en la más pura animalidad, la ley del más fuerte, de quien los tiene mejor puestos, más influencia, dinero, y/o –que es lo más frecuente– menos capacidad de sonrojo. No les explique que la asertividad y la autoestima no correlacionan con nada, no lo van a comprender.

Nos encontramos con un gran sector productivo –es un decir– casi extinguido, prácticamente sólo sostenido por regulaciones gubernamentales que ya sabemos, desde los tiempos del FORCEM, que han servido fundamentalmente para financiar algunos partidos políticos y sindicatos –sin equidistancias– que ejercen de intermediarios entre los fabricantes o expendedores de soluciones formativas y el paganini ciudadano de turno.

No, no es que España padezca un problema de economía sumergida, sino que a ésta salvífica lacra –en tiempos de crisis, economía de guerra– se le suma un cuantitativamente gran sector que, con el pretexto de lo social y del buen rollito, ha vivido del cuento chino a costa de los de siempre, usted y yo, los que pagamos sí o sí nuestra cuota de formación para que a cambio nos den gato por liebre. A la mayoría de españoles se les ha convencido de que eso de quitarles un trozo de salario para financiar la formación es algo bueno para ellos mientras los que reparten las estampitas del timo se parten de la risa –de nosotros– trasegando gintonic connaiseur. La solución es difícil, porque como en el fondo seguimos pensando que el dinero público no es de nadie, centenares, miles de curritos y parados han estado firmando más horas de formación de las que han realizado o cursos que ni han visto, mientras tildan de casta corrupta a todo hijo de vecino… que le caiga gordo.

Es el caso del corruptillo corto de inteligencia de manual, que hace mal sin siquiera beneficiarse, en contraste con el corrupto listo que se lo lleva crudo. Todo por La Causa. Y un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. A pesar de los pesares albergo la esperanza de que los escandalosos escándalos –discúlpeseme la justa redundancia– que se están desvelando contribuyan a limpiar toda la basura que hemos ido acumulando para estabilizar el sistema a base de tener calladitos a más de dos, mariscadas y cruceros de lujo mediante, mientras mantienen en ebullición el caldo de la Guerra (Civil) Fría, otra vez de hermanos contra hermanos, para beneficio a corto plazo de los mismos y perjuicio a medio y largo de todos. Y para el fin de ganarla, el ejército de estultos que hiperpuebla la piel de toro no repara en medios, incluso el de la propia destrucción. Y es entonces cuando uno se pregunta: siendo tan guays ¿por qué no se les ha ocurrido un curso de formación de reconciliación nacional? ¿De tolerante empatía por encima de diferencias ideológicas? ¿De aplicar maravillosa la inteligencia emocional al odio ya pocho, más que rancio? ¿De sumar en lugar de dividir? ¿De ver más similitudes que diferencias? ¿Porque se les acabaría el chollo? Como dijo aquél cuyas vísceras dictaban sus pensamientos: Nos conviene que haya tensión.

Pero no piensen que esta entrada de este tan modesto como molesto blog, casualmente –aunque yo preferiría decir que causualmente me lo dieron bautizado– de nombre Más Allá de la Formación, es un panfleto ideológico, tranquilos. Lo que precede es importante para entender por ¿odiosa? comparación los cambios que se avecinan inexorablemente en el sector de la formación, presencial y online –u blended– y cómo este flagrante despropósito dejará paso a una nueva etapa de la humanidad, más sensata y justa, mucho menos desorientada. Lo que hemos sufrido ya no podrá ocurrir nunca más, al menos en España y en otros países de medio civilizados como el nuestro para arriba. Tampoco crean que es grandilocuencia el arriesgarme al vaticinio; piensen, por ejemplo, si hace 30 años alguien nos hubiera dicho –y había quien lo hacía– que llevaríamos un smartphone en el bolsillo con toda la inmensidad de posibilidades que ello implica. Le hubiéramos recomendado un psiquiatra, por flipao, aunque tuviera más razón que un santo. Así que me arriesgo gustoso a que me aticen el mismo calificativo y arrieritos somos; porque, señores expertos, el futuro de la formación está más allá de la formación, inevitablemente, y si me hacen caso un rato más, les explicaré los porqués y los cómos.

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La historia del e-Learning en España

Les aliviará saber que en la crítica de hoy no me voy a referir a la pandemia de la Inteligencia Memocional, una de cuyas dramáticas consecuencias describe Pérez Reverte brillantemente y cuya carga viral transversal también ha impregnado la formación online o e-learning. Eso si no son el mismo perro con distinto collar. Tampoco es que tenga cualidades proféticas, porque no hay que ser un genio para haberse dado cuenta de que esto iba a terminar así necesariamente, si se miraba desde fuera del bosque, con la suficiente objetividad. Pero ¿a quién le importa la objetividad si se está haciendo rico y famoso, aunque sea pan para hoy y hambre para mañana?

El caso es que ya hace casi diez años advertía contrariado que las tendencias del sector de la formación online eran como pegarse tiros en los pies, y que lo terminarían pagando cuando el sector se derrumbara y dejara a muchos sin poder seguir pagando las letras del Cayenne y el chalé en Pozuelo. Y creo que hasta soy capaz de recordar los primeros movimientos, y los siguientes. Voy a enunciarlos para recordar a más de dos qué es lo que han estado haciendo, la nula o negativa utilidad de su trabajo. Advierto que me refiero sólo a las soft skills, a lo psicosocial. Empezaremos por la parte tecnológica.

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El mayor problema del mundo

Acabo de leer que el Primer Ministro británico ha decidido poner a prueba la iniciativa privada con un suculento premio: 12,2 millones de euros para quien resuelva "el mayor problema del mundo".

El encargado de elegir los seis temas que se podrán votar en un espacio televisivo que se creará a propósito ha sido el Astrónomo Real Martin Rees, por quien profeso una notable admiración aunque discrepe con algunas de sus ideas. Si hubiesen preguntado a otro insigne Sir, probablemente hubiera elegido otros, lo que invalida en gran medida la elección del verdadero mayor problema del mundo, pero el caso es que es a él a quien se lo han pedido y eso es lo que tenemos. Las opciones que Rees ha seleccionado para competir son:

 

1ª – ¿Cómo podemos viajar sin dañar el medio ambiente?

2ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan alimentos nutritivos sostenibles?

3ª- ¿Cómo podemos prevenir la aparición de resistencia a los antibióticos?

4ª- ¿Cómo podemos recuperar el movimiento de las personas con parálisis?

5ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan acceso a agua segura y limpia?

6ª- ¿Cómo podemos ayudar a las personas con demencia para que vivan de forma independiente por más tiempo?

 

Y como cada uno tenemos nuestra atención selectiva particular –afortunadamente– y yo tengo la mía, me he dado cuenta de que todos los problemas que se postulan a erigirse con el premio tienen un elemento común, un problema nuclear compartido cuyo afrontamiento y solución ejercerían irremediablemente un positivo influjo en el resto. Es decir, actuando sobre un sólo factor, podría desencadenarse la caída del resto de piezas del dominó sistémico, el aleteo de la caótica mariposa, solucionándose el resto de problemas sin que las instituciones necesitaran prestarles atención.

 

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Google compra DeepMind para construir robots que piensen como personas

Después de Boston Robotics, acaba de surgir la noticia de que Google ha comprado la empresa DeepMind, especializada en Inteligencia Artificial, y lógicamente ya ha empezado a producir reacciones, especulaciones y análisis. En algunos foros de buen nivel como Xataka aparecen comentarios de personas que imaginan ya, a la vuelta de la esquina, un mundo inundado de robots inteligentes, y los temores se han disparado hasta el punto de que alguno sugiere ir comprando escopetas para defenderse de los androides, un miedo que ya tiene nombre: “Valle Inquietante”. Sin embargo, me gustaría tranquilizar a aquellos a quienes surgen dilemas sociales, morales, incluso los directamente relativos a la supervivencia física. Miedos normales, como la entomofobia (fobia a los insectos), o las más controvertidas xenofobia y homofobia… que surgen cuando algo que no es estadísticamente normal irrumpe en nuestra vida diaria en una proporción diferente a lo que estamos acostumbrados. O incluso miedo a que en el futuro un robot nos levante a la novia.

Hay otras interpretaciones, desde luego, por ejemplo a mí me encantaría tener un robot que supiera planchar y limpiar la casa; y a los soldados robots que se jugaran los circuitos en lugar de ellos la piel, pero a pesar de que estas posibilidades inocuas son probables y deseables, parece que la mayor parte de las sensaciones que suscitan noticias así son displacenteras.

Por lo tanto creo que es importante tranquilizar al personal, porque desde mi punto de vista, Google y DeepMind están recorriendo un camino equivocado, precisamente por la ausencia –aún– de referencias diferentes, con planteamientos radicalmente diferentes. Un  camino equivocado que retrasará –seguramente por fortuna– la llegada de estos nuevos pseudohumanos durante mucho tiempo, el suficiente para resolver los dilemas morales que suscita el asunto de la inexorable presencia de robots –tontorrones– en nuestras vidas en el futuro.

Se retrasará porque la IA necesita bases de datos, unas BBDD estructuradas de una forma diferente a como se está haciendo. El proceso de desarrollar IA básica es muy sencillo, y de hecho ya se está haciendo desde hace tiempo, pero imitar la capacidad de razonamiento humano es otro cantar, en este campo el proceso de entrenamiento de las BBDD es muy diferente.

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Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

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