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Archivo para la Categoría "Formación"

La mente es el resultado de un conjunto de procesos

¿Qué es la mente? Como ya vimos en entradas anteriores, la mente es una propiedad emergente de la interacción del individuo con el entorno, sistema nervioso mediante. En palabras llanas: la mente es lo que surge en el cerebro de cada uno a partir de su interacción con su vida.

Asumo que aun allanándola, es una definición complicada, y se le pueden dar muchas vueltas, porque el resto de aparatos y sistemas orgánicos también surgen de la interacción con la vida; pero si dejamos los demás aparte y pensamos que esa mente es lo que nos permite comunicarnos con los demás, con otras mentes, podemos entender su trascendencia. La mente es de donde surge la civilización: surge de la necesidad de facilitar la vida y el crecimiento a aquello que amamos –Erich Fromm dixit en su insuperado “El arte de amar”– . Es decir, amar a los demás, empezando por los más próximos, implica entender sus necesidades a través de la comunicación mente-mente mediada por otros sistemas como el aparato fonador y el oído, y la capacidad de desarrollar instrumentos que las satisfagan, algo en lo que los animales están mucho más limitados. Los seres humanos podemos construir edificios cada vez más altos y sofisticados, los animales pueden ofrecer a sus parejas y descendientes un nido de paja o o un laberinto de cuevas subterráneas elaborados sin instrumentos artificiales, pero no una lavadora o un ático con vistas al mar.

Pero podemos ir mucho más allá en la comprensión de lo que es la mente. Recurramos por ejemplo al caso de las matemáticas, ejemplo paradigmático de la superioridad evolutiva de la mente humana con respecto a la animal. Cuando aprendemos a sumar, utilizamos un proceso –basado en otros previos– que consiste en contar los objetos que queremos sumar. A base de repetición –entrenamiento– logramos llevar el proceso por debajo del umbral de la consciencia, lo hacemos subconsciente, lo automatizamos, ya no necesitamos ver animalitos. Por hacer un símil clarificador, en un ordenador hablaríamos de procesos en segundo plano: los que están operando por detrás de lo que se ve en la pantalla del monitor.

Quizá el niño necesite recurrir al proceso de contar con los dedos en el paso intermedio a la automatización del concepto número, pero al final, mediante la práctica y sólo mediante la práctica, mediante el proceso de ensayo-error-ensayo-acierto->salida, dejamos de necesitar imaginarnos leones o conejos y podemos pasar a procesar conceptos abstractos, el 1, el 2, el 3… Una maravillosa capacidad humana.

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Lección a lo Barrio Sésamo: La empatía no se siente, nadie siente ni puede sentir empatía.

No, señores, la empatía no se siente ni se puede sentir, igual que usted no puede sentir su digestión o su vista. Cualquiera de nosotros podemos sentir los ojos, que son el órgano de la vista, o los intestinos, el estómago y el duodeno, que son órganos de la digestión, pero no la digestión misma.

Esto viene a colación de un artículo que no pienso enlazar por tóxico, como la inmensa mayoría de los que hablan del asunto dichoso de la empatía. Digo inmensa mayoría porque hay excepciones, como la que representa la entrevista a Fernando R. Genovés autor del libro “La ilusión de la empatía”, un verdadero oasis en este insoportable desierto de la ignorancia.

Hace tiempo repetía la frase que leí por ahí: “Se venden tantos libros de autoayuda porque ninguno sirve para nada”, y hoy me he encontrado un par de artículos que alertan sobre la psiquiatrización de la sociedad, víctima de la misma pandemia new age, en los que puede comprobarse por medio de impactantes estadísticas que, en España:

 

“La prescripción de antidepresivos se ha incrementado en un 116% entre 1996 y 2001. El gasto farmacéutico en antidepresivos se ha incrementado en el mismo periodo en un 160%. El número de incapacidades laborales transitorias por cada 1.000 habitantes por causa psiquiátrica se ha incrementado en este periodo en un 187,5% y el número de días de incapacidad ha aumentado en un 197%”

 

No es de extrañar con el panorama que vivimos, con una significativa parte de la sociedad adicta al paping y otras monsergas similares que se aprovechan de la infelicidad causada únicamente por la desorientación en la mayor parte de los casos, desorientación a la que contribuyen decisivamente con esa manía de hacer de sacerdote new age de todo punsetillo que se precie.

El caso de la empatía, de la que tanto hemos hablado (haga clic en “Empatía” en la columna de la derecha, en ‘Secciones’), es un desorientador similar más, que algunos que poseen los mismos escrúpulos que idea de lo que hablan, se dedican a divulgar para cobrarles después a ustedes por sus guays e infalibles servicios restablecedores de la sana empatía, como es lógico y normal.

Veamos, explicado por Blas a Epi, cómo el asunto de la empatía ha conseguido también seguramente contaminar su mente.

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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

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El futuro de la inteligencia humana y Google Glass

Más Allá de la Formación Google GlassHay vida más allá de los destructivos –aunque estériles a largo plazo– intentos de imponer el desvarío de la Inteligencia (M)Emocional.

Pero no va por el camino que parece haber abierto Google con sus Glass. Me explicaré.

La realidad aumentada tiene mucha utilidad, fundamentalmente en el entorno profesional, aunque no faltará quien incursione en el terreno personal diseñando una app para ligar a través de un sistema de reconocimiento de patrones gestuales que indiquen apertura a la vez que da información sobre la persona abierta que posibilite iniciar un diálogo fundado más allá del “¿Estudias o trabajas?” de toda la vida.

O incluso en el íntimo, a través de un sistema que reconozca los patrones de excitación femeninos en aras de maximizar el goce sexual. Y en los ámbitos personal, familiar, paternofilial… la realidad aumentada podría dar pautas a los padres de la forma ideal en que deben interaccionar para mejorar sus relaciones, lo que obligaría a la Supernanny a apuntase a las listas del INEM o terminar sus días como tertuliana de Sálvame. Incluso César, el fantástico entrenador televisivo de chuchos, perdería su trabajo gracias a apps de adiestramiento canino para Google Glass (GG).

El problema inicial, desde luego, es la cantidad de basura que se encuentra diseminada en las entrañas de la world wide web, que conllevaría los mismos problemas que ahora padecemos los usuarios de buscadores: exceso de información en general e información basura en particular. Como decía antes, en el entorno controlado de la empresa, tendrá mucha utilidad y la tendrá más pronto de lo que imaginamos, pero ´de cara a la evolución de la inteligencia humana, las cosas serán muy diferentes. Ahí los de Mountain View todavía no han encontrado la clave.

 

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Mónica Esgueva, nueva fantasma cazada entre sus “tres pilares de la felicidad”

Esta condescendiente señorita @monicaesgueva que parece que acaba de ponerse de largo y ya va dando lecciones de vida a los demás no merece mucho más que les enlace la entrevista que le han hecho en periodistadigital.com con motivo de la publicación de su libro por la editorial Planeta y deje a su inteligencia descubrir la sarta de barbaridades que se atreve –la ignorancia es muy osada– a proferir.

Pero para que no piensen que me puede la pereza, que casi casi sí, les resumo las barbaridades de la criatura.

· Antes no sabíamos que existía la inteligencia emocional. No es que no lo supiéramos, niña, es que de hecho no existe. Y, siento desilusionarte, los Reyes Magos son los padres.

· Ahora sabemos que el 80 por ciento del éxito de las personas depende de nuestras acciones, capacidades y recursos emocionales. Ya, que te has aprendido de memorieta el manual del perfecto zoquete de Goleman está claro, pero de ahí a que lo que dices tenga la más mínima relación con la realidad, media un océano. Podrías dedicarte a escribir guiones de ciencia ficción, eso sí.

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Peter Senge y su "Quinta Disciplina". ¿Un Carlos Marx americano? (primera parte)

http://www.sintropia.com.mx/wp-content/uploads/2010/11/Peter-Senge.jpgLes doy mi palabra de honor que hasta hace un rato antes de empezar a escribir esta entrada no sabía quién era Peter Senge. ¡Vaya! -dirá alguno, ¿y te permites el lujo de presentarte como un experto en esto de los recursos humanos sin conocer a Senge? Pues sí, hasta ahora no me ha hecho falta, y creo que a la humanidad antes de su nacimiento tampoco le iba precisamente mal.

No acostumbro a fiarme de los personajes de moda, ya lo saben, ya bastante crédulo he sido en la vida como para no escarmentar a estas alturas; y menos si son de los que venden felicidad, poder, liderazgo, inteligencia (m)emocional, etc.

Hace unos días he empezado a leer La Rebelión de las Masas de Ortega y Gasset. Llevaba ya una decena de páginas del extensísimo prólogo de Julián Marías cuando me harté, salté también la interminable introducción de Ortega a los lectores franceses y me fui directamente al meollo, a sus propias palabras explicando qué es eso de Rebelión de Las Masas. ¿Por qué me salté todo eso? Porque me niego a que alguien me dé interpretadas las cosas si no he buscado esa interpretación ex profeso. Quiero llegar a mis propias conclusiones acerca de la obra de Ortega, no a las que me induzca Marías. Y como con esto, con todo. Ya leeré lo que dice Marías cuando termine de leer a Ortega. Si me apetece o necesito alguna aclaración a algo que no he entendido bien.

Traigo esto a colación porque, reitero, no sabía quién era Peter Senge, lo cual significa que no tenía ningún prejuicio expreso acerca de él. Si me preguntan por Goleman, por Robbins, por Punset… pues sí tengo mi opinión formada y no es nada positiva; pero de Senge, no, hasta hace un rato, no sabía ni de qué hablaba, ni por qué se había hecho relativamente famoso. Y me dirán ustedes ¿Y qué has hecho para tener una idea acerca de Senge? Pues lo primero que he hecho es darle al play en un vídeo que les enlazo aquí, que me ha llegado por mail procedente de WOBI (World Of Business Ideas). Y me he quedado de piedra.

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Identificación de carencias para la mejora. El feedback 360º y otros sistemas de evaluación de competencias.

Han pasado ya muchos años desde la irrupción de la metodología pomposamente denominada Feedback 360º, un buzzword de esos que consiguen que quien lo pronuncia se sienta importante, destacado sobre la masa como ocurre ahora con los conceptos competencias, inteligencia (m)emocional, empatía y neurociencia, a la vez que instan al ignorante a caer inerme en las redes de sus postulantes-vendedores. Así, muchos directivos de RRHH saludablemente impulsados por la competitividad, temerosos del descrédito que podría suponer entre sus iguales ―¡Buah, tío! hemos hecho un feedback 360º en la empresa y todo el mundo está encantado, nos ha ayudado a conocer nuestras debilidades y fortalezas, nuestras competencias y ámbitos de mejora… nos ha costado un pastón pero ¡es la caña!― igualmente ignorantes de lo que se cuece en las personas cráneo adentro, no contratar los servicios de una buena consultora de formación para optimizar el desempeño de sus directivos.

Y como el Feedback 360º, un ejército de (de)formadores, coaches, gugús y otros especímenes de este funesto sector vendedor de bálsamos de Fierabrás, de simples vendedores de humo si los gases que propalan no fueran tan caros como tóxicos, hicieron su agosto creando la recesiva burbuja de la (de)formación, el e-learning, la inteligencia (m)emocional ―qué se podía esperar de aquellos polvos― que detraía recursos mentales y económicos para iniciativas y proyectos realmente útiles al individuo y la sociedad, apestados marginales en un mundo de guays con visa platino.

¿Y cómo puede afirmarse que existen algunos útiles si no se conocen? me dirán con toda lógica. Pues es muy sencillo, aunque nada simple, como verán.

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Cómo NO funciona la mente (1): la idolatría de la neurona (2)

Hoy les voy a poner un ejemplo muy clarificador ―espero― para que entiendan cómo NO funciona el cerebro y cómo NO se puede comprender la mente humana si centramos la atención en las neuronas. Vaya por delante que muchos psicólogos y psiquiatras, incluso la mayoría de los neurocientíficos, me dirán que el concepto “mente” es algo que escapa a su ámbito, que no es científico y tal y tal. Entiendo por qué lo dicen: niegan el concepto mente porque no lo conocen.

¿Saben eso de que los árboles no te dejan ver el bosque?, pues aquí tenemos un ámbito estupendo para aplicar el aforismo. Los neurocientíficos (y voy a meter en este saco aunque en sentido estricto no pertenezcan a él, a los psicólogos) están tan superespecializados en determinados aspectos de cierta flora y fauna concretas de los bosques, que parece como si vivieran dentro de él, como los ermitaños. Y claro, ya no se acuerdan de cómo es un bosque visto desde un alto en la llanura. ¿Cómo puedes conocer España si no la ves desde fuera, desde el espacio, con ayuda de un satélite o lo que sea? Conocerás tu pueblo, tu ciudad o parte de ella, la autopista que une Madrid con Éibar (sí, la hay) y el paisaje cambiante desde la meseta castellana a las pequeñas y omnipresentes montañas vascongadas. Así conocerás partes de España ―partes del sistema nervioso―, pero no comprenderás qué es y qué ha representado y representa España en el mundo ―la mente en su conjunto― y lo que representará en el futuro. 

Nuestra posición en el mapamundi, además de mantenernos sometidos a la repulsiva recesiva masonería francesa que nos aísla ―nos convierte en isla siendo península― de Europa, lo que le permite perjudicarnos cuando le conviene ―por ejemplo dando cobijo a la ETA o cambiando el nombre que corresponde a los pueblos hijos de España en América, desde el correcto hispanoamericanos al tendencioso latinoamericanos―, nos ha servido de balcón, de mirador sobre el abismo del Finisterrae, generando esas ensoñaciones que se convirtieron en el descubrimiento y cristianización ―civilización― del Nuevo Mundo por obra y gracia de Dios, a través de Los Reyes Católicos y Cristóbal Colón o viceversa.

Es decir, que si usted no observa atentamente el mapamundi no puede comprender nítidamente la vida, no puede entender por qué la historia ha sido como ha sido y no de otra forma, a pesar de los denodados esfuerzos de ciertas religiones e ideologías recesivas por cambiarla. Observando el mapamundi ―y con más datos de la realidad fría y desnuda de ideologías, por supuesto―, uno puede entender, por ejemplo, el porqué de las invasiones bárbaras y musulmanas, el porqué de La Reconquista, La Ilustración, la revolución industrial y la tecnológica, el por qué Japón es uno de los principales aliados estratégicos de la civilización a pesar de su condición de país oriental, y un etcétera tan inmenso como la propia historia.

Y de igual modo, si un neurocientífico no es capaz de mirar el sistema nervioso desde fuera, sin enredarse en despolarizaciones de membrana, neurotransmisores y otros vericuetos fisiológicos o terminológicos ―como mi otrora admirado Antonio Damasio, por ejemplo―, sino viéndolo como conjunto, no entiende absolutamente nada del conjunto. Sólo entiende cómo funcionan algunas partes del conjunto y, a veces, ni eso: no tienen más que hipótesis sin posibilidad de confirmarse. Pero tente mientras cobro, ¿verdad?

Y eso sin mentar la basura cognitiva que las religiones recesivas, las ideologías recesivas, la psicología no científica, la pedagogía, la inteligencia (m)emocional y todos los demás virus que han generado una verdadera pandemia de estupidez global en el globalizado mundo. Pero vayamos al ejemplo del que les hablaba al principio.

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Otro fantasma cazado: Borja Vilaseca

Hace tiempo que no les mostraba el trofeo de algún fantasmón recién cazado, pero este fin de semana ha llegado a mis manos el suplemento dominical de El País, que cada día parece más el arma secreta de la masonería francesa para destruir España, y echándole una ojeada me encuentro con un tal Borja Vilaseca Martorell ―el fantasmón de hoy―, al que algunos definen como un cuentacuentos de otros, un Punset más para la colección de charlatanes de feria vendedores de humo.

Su web no tiene desperdicio, exhibe en ella tal cantidad de virtudes ―encantadísimo de conocerse― que si atendiéramos a lo que dice de sí mismo sería para nominarle para los Premios Príncipe de Asturias. Vamos, que con él al frente del gobierno no sólo íbamos a ganar la championslí de la economía, sino que España se convertiría en el principal consumidor de Ferraris del planeta. ¿Quieren saber cómo piensa de la vida y de sí mismo éste gafapasta revolucionario? Pásmense:

Me apasiona crear sistemas pedagógicos con el objetivo de inspirar un cambio de paradigma en la sociedad. Como emprendedor he fundado el Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo de la Universidad de Barcelona, la consultora Koerentia, el proyecto educativo La Akademia y el Executive and Self Development Institute.

¡Ahí es ! ¿Cuántos sistemas pedagógicos de esos habrá creado ya? Además dice crear, no diseñar, no se vayan a creer, porque queda más guay, como si pariese los sistemas ex novo, sin ninguna referencia anterior o contemporánea, listo que es él. Y además como churros, ¿verdad? A ver, hoy me apetece a crear un sistema pedagógico para los malos estudiantes y otro para los regulares, otro para los ejecutivos, otro para astronautas chiripitifláuticos, otro para escardar cebollinos eficientemente… Vamos, echando la vista atrás Pestalozzi, Dewey y Montesori parece que no se aplicaron la pedagogía a sí mismos para aumentar su eficiencia en la creación de métodos pedagógicos. Será que Borja los fabrica en cadena con su equipo, como Henry Ford: “Tú pon cien gramos de inteligencia emocional; tú cuarto y mitá de empatía ―que es la tía de la empa… nada (mental)―; tú tonelá y media de ñoñerías varias, pizca de Principito, dos sobres de nuronas liofilizás… Y le personalizamos el método pedagógico y todo: cambie las ñoñerías por memeces infantiles por el mismo precio. Y aprovéchese del pack Koa-Ching, que es como el Tao Te Ching pero en versión Corrá, que podrá encontrar a un precio irresistible en nuestro outlet”   

No voy a decir que a este niño de papá de la burguesía catalana se le acusa de plagio y de ser un generador de purrela intelectual ―entre otras lindezas― con ánimo de desprestigiarle, porque a mí seguro que me acusan de más cosas y yo fui tan lerdo como él a su edad, sino con el de advertir a la sociedad, como es mi deber, de los peligros que se ciernen sobre quien siga sus teorías o las del resto de comerciales metamorfoseados en gugus por obra y gracia de la pasta gansa de los chanchullos de los cursos de formación sindicales, empresariales, etc., advertir acerca de su desvarío, típico de inadaptados de corte marxista cheguevariano. Y menos mal que no llegan a ninguna parte, porque ¿se imaginan que éste indivíduo fuera ministro de educación? El Informe Pisa tendría que hacer una versión especial para España: El Informe Repta.

Pero dejémonos de chanzas y pasemos al análisis del panfleto del amigo Vilaseca, titulado “La hora del hemisferio derecho” (A ver cómo encajan esto los lectores de El País en la gracieta que dedican a sus oponentes ideológicos de “Jódete, facha, que tienes la sangre roja y el corazón a la izquierda“):

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La inteligencia. La emocional no, eso no es inteligencia.

Voy a serles sincero, aunque me contenga un poco. Ya se imaginarán que no les voy a soltar el rollo patatero de la teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner y sus seguidores, sobre todo ahora que se ha puesto sólidamente en cuestión, aunque este debate no es lo importante y al final les explicaré por qué; pero no voy a evitarlo porque yo esté enfadado con él porque haya posibilitado con sus opiniones el alumbramiento de ese retoño -de tal palo- llamado Inteligencia Emocional que tanto daño ha hecho al mundo y seguirá haciendo a menos que ustedes se unan a mi particular cruzada en la que, por cierto, me siento más solo que la una (a ver esa empatía). 

El caso es que el otro día estaba yo charlando con unos conocidos de lo que charla la gente normalmente, pero como no podía ser de otra forma, salió el temita de la IE. Siempre sale últimamente, la gente tiene una necesidad urgente de sentirse guay, hasta hablando de los rodamientos del cigüeñal sale el tema.

Y yo, ya se imaginarán, me dispuse a aclarar a la interfecta -suelen ser interfectas normalmente, pero cada vez más híbridos blanditos que también- que eso de la IE es un oxímoron, un imposible metafísico, igual que no puede haber un negro blanco (y no me refiero al asunto de Michael Jackson, aunque también tiene la cosa lo que tiene Michael en la mano izquierda), un frío caliente ni una luz completamente oscura. Y además, de puro imposible, la IE, coherentemente, no existe (aunque más de un listo se ha forrado vendiendo esa nada, yo me compré uno del Goleman hace años, pero no entendí absolutamente nada, lo que me hizo suponer que, o bien yo era rematadamente idiota, posibilidad desde luego no desdeñable, o es que aquello era una patraña sin pies ni cabeza; que por aquello de la supervivencia del ego fue la opción por la que me incliné, pensará más de uno aliviado).

Entonces, como suele ser habitual, mi interlocutora empezó a recular y me soltó el típico rollo de esos que dan en los cursos personajes que no entienden en absoluto de lo que hablan, que darían un brazo por figurar de gurus aunque fuera en Sálvame de Luxe o algún otro programa de ésos para genios, el hígado por que le escucharan y aplaudieran. Y como en los cursos hay buen rollito, lagrimitas, abrazos, catarsis, aplausos, oídos para escucharle a uno sus miserias… obligatoriamente, es parte del truco… la gente va y se lo pasa muy bien, es toda una experiencia: y vuelven con que si la IE es aprender a descubrir y aceptar tus emociones y el blablablá de siempre que nunca es algo con un mínimo de coherencia argumental sino una ensaladilla de esperanzadoras genialidades que uno desea incorporar a su ya de por sí marcado carisma. O talante. Y tan feliz ella de saberse y evidenciar que es emocionalmente inteligente.

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