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Los varones vienen de Marte, las mujeres de Venus.

igualdad hombre-mujer Vaya por delante que generalizo, por lo que ofrezco mis sinceras disculpas a las honrosas excepciones que, como todas las reglas, tiene esta. Aunque les supongo suficiente inteligencia para no sentirse aludidos.

El caso es que desde hace ya unos buenos años, se ha manifestado una diabólica estrategia de destrucción de algunas de las características propias del sexo masculino. ¿Quién se acuerda ya del macho ibérico de pelo en pecho marcando paquete cortejando a las rubias suecas en las costas españolas? ¿Y del célebre: El hombre como el oso, cuanto más feo, más hermoso? Solo pensarlo produce sarpullido hoy en día.

Mientras muchos homosexuales defienden que ser así constituye un orgullo y los más osados se pavonean desafiantes por las calles sabiéndose protegidos por el grupo y sociedad, asediando a los varones, éstos hacen como que no se enteran, impedidos de mala gana de reaccionar por temor a ser tachados de homófobos. La intimidación llega a su paroxismo en los vestuarios de los gimnasios, donde uno –no se rían– no puede agacharse tranquilo. A este paso tendrán que duplicarlos para dar cabida a todas las tendencias, o como alguno preferiría, hacer uno solo para todo quisque, tal que en Alemania.

Pero si en estos entornos la presión sobre el varón puede resultar hastiante para algunos, en el de la formación empresarial soft la presión no es menor. Se trata de aprovechar subrepticiamente el impulso del movimiento que trata de ensalzar las emociones, para debilitar la racionalidad –o se prima una cosa o la otra– y tratar de socavar el ancestral carácter masculino.

Obviamente, tal empeño constituye simplemente un imposible evolutivo, una batalla perdida generadora de fricciones innecesarias. Se necesitan mucho más que un par –o diez–  de décadas para revertir lo que la evolución ha ido esculpiendo milenio a milenio.

¿Están pensando ya en dejar de leer este panfleto machista reaccionario? Les ruego que permanezcan conmigo mientras describo una investigación científica reciente al respecto que apoya mis abominables tesis. Al final les adjunto el vínculo.

 

Diferencias ante el estrés

Por mucho que se empeñe quien se empeñe, los varones y las mujeres reaccionamos de diferente forma ante el estrés: mientras que hace a la mujer más sociable y colaborativa, contribuye al aislamiento del individuo masculino. Salvo excepciones, como ya he advertido, es así y punto pelota, en absoluto cuestión de modas o ideologías.

Como era de prever, esta tendencia pervive desde –dicho coloquialmente– el pleistoceno,  cuando la hembra se refugiaba en el grupo frente a las amenazas exteriores, mientras el macho se separaba del mismo a combatir la amenaza, alejándola a la vez de los miembros más débiles del grupo. También en la caza el macho debía adentrarse solo o en pequeños grupos, mientras las hembras permanecían en el poblado cuidandoyin-yang-mandala-doppelt de los hijos y de los mayores. Y así hasta hoy, ahí es nada, desde hace al menos 2.590.000 años.  

Incluso actualmente la sabiduría popular –por supuesto machista– asevera aquello de “Quien casa una hija, un hijo gana”, dando a entender que la hija tenderá a buscar el apoyo de los suyos debilitando la protección que el grupo de su marido brinda a éste. A tener en cuenta para evitar problemas conyugales, pero también laborales, pues las emociones pueden servir para lograr el apoyo de otros en la búsqueda de los propios objetivos vía empatía.

Y quien a estas alturas esté especulando sobre una hipotética intención mía de menospreciar a la mujer, o atribuyéndome un supuesto carácter machista, está poniéndome a su corta altura. Mujeres y varones somos tan distintos y complementarios como la noche y el día, como el invierno y el verano. Y tan necesarios como necesarias son nuestras diferencias. Los experimentos, con gaseosa.

Como es lógico –no caeré en la torpeza de afirmar, inconsciente de lo que digo, que todo es relativorelativamente todo es relativamente relativo, porque tanto esta investigación de la Universidad Southern California como este asunto dan para escribir un libro como el que titula esta entrada, pero en cualquier caso no estaría de más un  poco de consideración por la parte femenina y asimilados hacia las características neuropsicológicas masculinas, y una formación soft algo más respetuosa con la dual realidad. Y a los gurúes y gurúas, un poquito de esa tolerancia, esa empatía y esa inteligencia emocional que predican.

 

 

advertencia blog g

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