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Moral a la fuerza en los MBA. ¿Para cuándo en RRHH?

Businessman with his hand over his heartUno podría pensar que pocos dudan hoy en día de que en el mundo civilizado se han confundido valores con antivalores, pero ya saben que haylos, y lamentablemente son legión.

La madurez, la seriedad, el rigor, la profesionalidad, el compromiso, la honestidad y otra serie de valores adaptativos que la humanidad en conjunto ha ido adquiriendo milenio a milenio se han ido pervirtiendo en los últimos tiempos hasta pintar un panorama sospechosamente similar al del final de los antiguos imperios egipcio y romano. Mismos síntomas, mismo diagnóstico.

Ya sé que piensan que estoy algo apocalíptico, pero no me negarán que el asunto no está para bromas, que estamos a punto de crear un futuro en el que más de dos crean que el corralito argentino era un accesorio de La Casita de Pin y Pon, mientras estudian en los libros de historia la peste española que asoló el planeta en los albores del siglo XXI. Y no debo ser el único que lo piensa, porque en la insigne Universidad de Harvard se ha puesto en marcha una iniciativa que pretender revertir este travestismo de lo recesivo en adaptativo. Ya, ya sé que servirá de no mucho, porque los haylos seguirán haciendo de las suyas, pero menos es nada, ¿no?, al menos aportará algo de equilibrio a este mundo tan escorado hacia lo recesivo.

La iniciativa de Harvard es universalizar un código deontológico, al estilo del Juramento Hipocrático de los médicos –que ya ven para lo que sirve a algunos– para que los MBA’s se comprometan a obedecer tanto la letra como el espíritu de las leyes, huir de la corrupción, oponerse a la discriminación y la explotación y proteger el derecho de las futuras generaciones para unirse a un planeta saludable, y se comprometen a no anteponer las ambiciones personales sobre los intereses de sus empleados o la sociedad.

Utilicen su capacidad de análisis de la realidad como sistema complejo, ¿no son los valorestablas los que generan las conductas humanas y sociales? Pues si estas conductas son las que nos están llevando a la catástrofe, parece recomendable el restablecimiento de un código deontológico en el ámbito de los RRHH, un código moral que comprometa a los trabajadores y directivos del sector a no anteponer mesiánicas ambiciones de dominio sobre los demás reflejo de vaya usted a saber qué carencia o desequilibrio –ya saben, hay quien afirma que la mayoría de los que estudian psicología y afines buscan precisamente una solución a su desorientación–, un juramento que comprometa a no propagar falso testimonio ni mentir: a ceñirse a divulgar lo certificado mediante investigaciones científicas publicadas en revistas serias y negarse a divulgar credos y doctrinas pseudocientíficas cualesquiera. No olvidemos que no somos vendedores de repuestos, ni programadores de ordenadores, sino de personas. Somos nosotros los encargados de inocular los valores o antivalores a enormes cantidades de personas.

 

Para empezar, ¿qué tal si iniciamos un debate sobre el cambio de denominación para que se considere a las personas como a tales y no como meros recursos humanos?

 

 advertencia blog g

 

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