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Universitarios emocionalmente inteligentes

Allá por el año 1992 me dedicaba profesionalmente a la preparación física y psicológica de deportistas de élite. Acababa de salir del master en Psicología Deportiva de la UAM y me encontraba realizando el curso de Especialista en Técnicas y Aplicaciones de la Hipnosis en la Facultad de Psicología de la UCM. Como aún no se conocía el fenómeno Coaching, parecía que esto de la psicología del alto rendimiento deportivo tenía futuro, por lo que una amiga psicóloga a la sazón co-directora del curso y yo nos decidimos a importar el muy mejorable Inner Mental Training del psicólogo del exitoso equipo olímpico sueco, Lars Eric Unestahl. Nos animó especialmente que en esos momentos un psicólogo español se introdujo en el Real Madrid, nada menos, lo que nos permitía hipotetizar un buen futuro a pesar de que la crisis que atravesaba España había provocado una huída de esponsors del deporte nacional.

Pero no fue la crisis la que apagó nuestros entusiasmos, sino uno de los nuestros. A los pocos meses saltó un escandalillo a los medios de comunicación; al parecer el psicólogo del Madrid había estado haciendo salivar a la plantilla imaginando un limón en una sesión de demostración de hipnosis. Aquello supuso el final para esta emergente práctica, y de potencialmente famosos preparadores psicológicos pasamos a ser objeto del cachondeo general.

Dieciocho años después, me encuentro al personaje, Emilio Cidad, en un sitio donde además de visitar unas cuantas utopías, ucronías y otras ues como la empatía y las neuronas especulares (es que llamarlas espejo queda más cutre) y demostrar que no entiende lo que es una emoción, afirma que existen evidencias de que la Inteligencia Emocional mejora las competencias sociolaborales de un grupo experimental de estudiantes universitarios. Como no soy un integrista anti nada sino un crítico inmisericorde, me decido a analizar el artículo; es entonces cuando me encuentro con el nombre del autor y con la sorpresa de que un estudio para demostrar la maravilla de la aplicación de la Inteligencia Emocional a la mejora de las competencias sociolaborales… ¡No mejora los resultados en el trabajo en equipo!

Y sin embargo, por arte de birlibirloque, el estudio se considera extitoso; es decir, que la hipótesis de partida del investigador se ve confirmada por los resultados. Ya lo dijo Marx el bueno: "Tengo estos principios, pero si no le gustan, tengo otros."

Me queda la esperanza de que esta nueva ciscada de Emilio Cidad tenga el mismo efecto que la solemne primera y lleve a los inteligentes emocionales al mismo ridículo al que nos condujo a los psicólogos deportivos; aunque no lo creo, paradójicamente, excepto yo, ya nadie le hace caso.

Lo siento, Emilio, te la debía.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 16/12/2010 en 00:08
  2. 09/07/2014 en 09:05

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