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El fin de la era de la tiranía bolchevique

viva España Quizá les resulte extraño leer un término tan desusado hoy en día, y más en un medio especializado en los Recursos Humanos. Seguramente más aún porque les suena a la olvidada revolución soviética de la que nosotros nos libramos -como decían las monedas antiguas de peseta, por la Gracia de Dios-; pero se darán cuenta de su trascendencia en el sector y en la sociedad en general si les explico la traducción del término: bolchevique significa mayoritario, aunque en realidad era un partido muy minoritario. La típica estrategia ingsoc, para variar.

Vale, gracias por la información, pero… ¿y?

Les advierto que este post no es para leer de corrido, sino para pensárselo, porque lo que voy a decirles está condicionando de una forma determinante su pensamiento y por tanto su vida; y como usted es parte de un sistema complejo abierto que comparte ese sesgo cognitivo, está contribuyendo como grano de arena a que se mantenga el statu quo actual.

Párese a pensar. ¿Qué es para usted la tolerancia? Vayámonos a las 2ª, 3ª, 4ª y 5ª acepciones que muestra wordreference. Descarto la primera por ser la más social, la más subjetiva, y me centro en las siguientes por ser las más científicas, las cuantificables matemáticamente.

Las actuales directrices de Atención a la Diversidad en la empresa, heredadas del nefasto sistema educativo roussoniano LOGSE que han contribuido a igualarnos por debajo enviando al carajo nuestra productividad y competividad pasada, presente y futura, están consolidando una tendencia que empuja al grueso de la población, a la mayoría -los mencheviques-, a la más ignominiosa marginalidad.

Quizá aún no entiendan del todo la trascendencia de lo que digo. Quizá no se hayan  percatado de que todo en la vida se basa en dos principios opuestos-complementarios, el código binario 1-0, el célebre yang-yin, o el +/-, lo que significa que si se prima uno, se relega el otro a una posición secundaria; o sea, que o lo uno, o lo otro. En nuestro caso, por razones ideológicas, se apoya lonormal estadísticamente anormal con el pretexto de la tolerancia, la igualdad y otras patrañas ad hoc produciendo justo el efecto opuesto: la intolerancia a la normalidad o normalofobia (no lo busquen, el término no está en ningún diccionario). Hoy en día usted puede ser anormal y tendrá garantizado por una ley no escrita el respeto obligatorio de los demás, y cualquiera que haga un chiste sobre usted podrá ser tachado de loqueseáfobo y expulsado inmediatamente del grupo de los buenos, si no desterrado de la vida social.

Ocurre en numerosos ámbitos de la vida -demasiados- y resulta extenuante. El raro se siente molesto no sólo si le afean su rareza, sino si simplemente uno manifiesta o defiende su propia normalidad. Digan a algún homosexual -de los sinmente– que realmente es sexualmente anormal y seguramente le aplicará algún malsonante epíteto; a un nacionalista que el español de mierda es él porque uno es español de pata negra, y le llamará de todo menos bonito; a una madre que quiere que le dejen trabajar la mitad cobrando lo mismo que tiene mucho morro y le acusará de machista recalcitrante (esto ahora mismo puede hasta decirse, hace un par de años me hubiera condenado al ostracismo); a un ateo que la inmensa mayoría de los españoles somos cristianos y le acusará de meapilas fundamentalista como poco; a una casquivana o un golfo de tres al cuarto televisivos que el único mérito que tienen es pregonar lo que hacemos casi todos varias veces por semana sin tanto aspaviento, y le acusará de mojigato, estrecho y reprimido.

¿Se han dado cuenta ya? Encima de cornudos apaleados, dice el refrán; porque si usted se atreve a declararse cristiano, normal en sus costumbres incluida la sexual, discreto, trabajador, responsable y patriota y se convertirá por arte de birlibirloque en un elemento marginal a eliminar de la sociedad como se extirpa una célula cancerígena de un organismo, aunque en nuestro caso al revés: lo que se extirpa es la parte sana.

Convirtiéndose usted gracias a las directrices obligatorias del sector de los RRHH en empático sin saber lo que significa e implica la empatía -nadie lo sabe-, en tolerante sin distinguir la tolerancia de otras actitudes, o en emocionalmente inteligente sin saber discernir la emocionalidad y la animalidad, lo que hace usted es aumentar el tamaño de sus tragaderas, permitiendo que se le anule socialmente, que se le apalee, que se le obligue a aceptar como normal aquello que es anormal, y se convenza de que lo anormal es aquello que es normal: usted mismo.

Afortunadamente, el Caos sabe lo que hace, y cuando observa un desequilibrio preocupante, pone en marcha los mecanismos de compensación. Hoy –el 11-J– se ha fortalecido el núcleo atractor que nos une a todos. Hoy todos somos españoles, en Barcelona y Albacete, en Madrid y Badajoz, en San Sebastián y en Sevilla, de derechas y de izquierdas, nativos e inmigrantes, creyentes y ateos, del Madrid o del Atleti, del Barça o de la Real. Hoy, por fin, el iniesta_gol_España término nación no es discutido ni discutible, porque puede palparse nítido en el ambiente. Hoy -afortunadamente, y todo apunta a que va a durar- ser normal no es algo de lo que avergonzarse.

Como dice ebrio de España el discreto héroe de Albacete con apellido originario de Cuenca, jugador del Barça, con corazón del Madrid, novia, nombre tradicional Santo Patrón de Éibar, titular de una Roja que es Rojigualda vestido de La Azul, el pequeño Andrés Iniesta: ni él ni sus compañeros saben aún la que han liado. De entrada, según un estudio realizado sobre los últimos veinte países ganadores del mundial, -con permiso de ZP y sus tensiones, que I-ni-está ni se le espera, y sin enseñar el culo- el PIB español puede crecer un 0,7 %. Y si lo consigue no habrá que agradecérselo al desgobierno, ni a la UE, ni a todos los coaches, líderes y gurus del planeta juntos, sino a algo que todos los españoles normales compartimos desde hace siglos: el orgullo de serlo.

 

 

 

advertencia blog g

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  1. wig
    15/07/2010 en 19:28

    Un post bastante esperanzador, supongo. Saludos

    • 16/07/2010 en 00:04

      Eso espero, wig. Hoy lo estaba comentando con mis compañeros al salir de entrenar: el impacto positivo que ha creado la victoria en las mentes de millones de personas ha servido como semilla de la unidad y el optimismo. Esperemos que sea cierto en nuestro caso que crecemos un 0,7%.

  2. 29/06/2012 en 23:48

    Dos años después de esta entrada, parece que somos más los que pensamos que se acabaron los complejos. Nuestros “héroes” normalizan el uso de los símbolos de España. http://goo.gl/q3Rtd

  1. 18/07/2010 en 00:13
  2. 31/08/2015 en 13:38

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