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El corazón no tiene razones que la razón no entiende

Por la sencilla razón de que el corazón no razona, ni falta que nos hace, por mucho que le pese al autor de la frase, Pascal, matemático, físico, teólogo y filósofo del siglo XVII. El corazón es una maravillosa bomba hidráulica incomparablemente más eficiente hoy por hoy que ningún artefacto, y que se encarga en su circuito mayor de repartir oxígeno, nutrientes y otras substancias por todo el organismo, mientras que el menor se ocupa de oxigenar la sangre en los pulmones. Este solemne error pudocorazon artificial sostenerse con cierta lógica cuando no existían las modernas técnicas de análisis científico de que disfrutamos hoy en día, momento en que nadie, a no ser que sea un ignorante o inconsciente peón de la transnacional maquinaria aniquiladora del sentido común, o precisamente un interesado en manipular a los incautos a través de las emociones –es un negocio lucrativo– , puede darle el más mínimo crédito. Ocurre igual con cualquier razonamiento derivado de la idea de que la Tierra es el centro del universo. ¿Se lo creería usted?

Esta absurda idea llevada al clímax fue motivo de disputa entre un conocido mío, un lunático que se cree igual a Jesucristo, –y por supuesto ferozmente antivaticanista, que hay que estar a la moda– a colación de unos vídeos que andan por YouTube titulados The Living Matrix (pocas veces he visto una estupidez de semejante calibre). Vaya por delante que estoy sesgando la percepción de ustedes al hacer una introducción tan inmisericordemente crítica, pero no dudo de que ustedes mismos caerán en la cuenta del timo monumental que significa si se toman la molestia de verlos, porque no creo que sean tontos.

Obviamente –y podrían acusarme de omitir información relevante con malos propósitos si no lo mencionase– el corazón está íntima e inseparablemente unido al resto de su sistema, el organismo humano. Pero no más –ni menos– que los intestinos, las glándulas, los genitales o los pulmones. Y como tal reacciona con e influye en todo lo que vive la persona humana, acelerando o ralentizando su latido en función de la realidad que se experimente. Ahora bien, entre afirmar que el corazón vive sumido en una recíproca interacción con el resto de su sistema y asegurar que el corazón piensa, o que –el colmo del delirio– la mente está en esta víscera y no en el cerebro, hay una distancia sideral. De hecho, como habrán pensado, una persona con el corazón trasplantado sigue siendo la misma, y puede vivir siendo la misma durante un variable periodo de tiempo con un corazón artificial, incluso podemos vivir con un corazón externo durante una operación y en ningún momento dejamos de ser nosotros mismos.

Otra forma de verlo es posiblemente más aclaradora; podemos dividir el sistema humano en tres sistemas básicos:

  1. Sistema de dirección: compuesto básicamente por el sistema nervioso.
  2. Sistema de alimentación: formado fundamentalmente por el aparato digestivo, circulatorio y respiratorio.
  3. Sistema motriz: huesos, músculos, ligamentos, etc.

Igual que el sistema que compone el ordenador a través del que estás leyendo estas líneas:

  1. Sistema de dirección: Procesador, Disco Duro, memoria RAM
  2. Sistema de alimentación: Fuente de alimentación.
  3. Sistema motriz: no tiene a no ser que sea un autómata programable.

Si cambiamos la fuente de alimentación, como alguna vez habremos tenido que hacer por una  avería, podemos seguir trabajando con nuestro ordenador como siempre. Reconocemos su entorno de trabajo, sus funciones, las rutas para encontrar los archivos y aplicaciones con las que trabajamos habitualmente.

Ahora cambiemos el Disco Duro sin tocar nada más. ¿Quéel principito ocurre? Que el ordenador ya no es el mismo, aunque tenga la misma apariencia. A no ser que hayamos transferido toda la información a un disco duro externo mediante una copia de seguridad y la volvamos a copiar en el nuevo HD –cosa obviamente imposible en el caso de una persona– , el ordenador será totalmente diferente, lo que nos obligará a instalarle todos los programas y la información que existía en el antiguo para volver a sentirnos familiarizados con él.

No seamos incautos ni infantiles, aunque le fastidie a Antoine de Saint Exupery y su legión de seguidores, lo esencial no es invisible a los ojos en absoluto, a no ser que uno sea un crío, un ciego funcional o un ignorante.

Con el corazón no se ve ni bien ni mal por la simple razón de que el corazón ni oye, ni ve, ni falta que nos hace que lo haga.

Pero aún puede verse la cuestión desde otra perspectiva, hagan conmigo un ejercicio de re-encuadre: si en realidad el corazón viera y pensase, ¿qué dirían las petardas feminazis y demás acólitos (m)emocionales? Dirían que estamos engañados, que lo que piensa es el cerebro. El caso es ir en contra del sentido común.

 

 

advertencia blog

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  1. viejo castor
    07/10/2010 en 19:48

    Interesante articulo para mi poca instruccion .Es de una logica dificil de desmontar ,sobre todo en lo referente al corazon.
    No se si tendrà tiempo para este tipo de articulos pero ayudan a clarificar ideas ò discutir acerca de la mismas.Yo,no puedo discutirlas ,de momento aprendo,despues lo vere con mas perspectiva.

  1. 06/07/2014 en 22:38
  2. 07/08/2014 en 01:01

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