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Entre bobos anda el juego

entre bobos anda el juego

Es curioso que esto de escribir un blog acabe culturizando a uno. Resulta que me ha venido a la cabeza la película “Entre pillos anda el juego” para titular esta entrada, pero como no estaba seguro del título he omitido el adjetivo en el buscador de imágenes, y resulta que en el siglo XVII el dramaturgo don Francisco de Rojas había ya publicado una obra con un título similar cuya representación teatral seguramente habré visto alguna vez, pero que sinceramente no recuerdo.

Cuando leí la noticia sobre el curioso evento que me ha sugerido este título, lo primero que vi fue a uno de los grandes bobos contemporáneos, el inefable Eduardo Punset.  ¿Es tonto el redactor de la noticia o es que los ponentes del evento se creen una especie de mesías redentores levitando sobre el común de los mortales? Porque calificar de mente brillante a una experta americana islámica que pretende que el velo musulmán conviva con las costumbres de los países cristianos mientras calla el asesinato sistemático de cristianos sacerdotes y laicos por el mero hecho de serlo en los tolerantes países musulmanes, es de traca valenciana.

Enseguida me di cuenta de que tendría algo interesante de que hablarles. Entre los  disparates del multiculturalismo unidireccional como los de la islamista Ingrid Mansson y la Alianza de las Civilizaciones, aparece Punset defendiendo la introducción de la Gestión de las (m)emociones en el currículo escolar. ¿No le parece que ya está bastante mal nuestro sistema educativo? Me da lástima el pobre hombre, pero… ¡el daño que hace con sus desvaríos!.

También José Antonio Marina, al que la fama parece haber producido su efecto envanecedor o quizá Obama_Godesté participando o promocionando algún negocio relacionado con el coaching me deja estupefacto, afirmando que "no se pueden tomar decisiones sin un apoyo emocional". Prepárense para la irrupción del paping y el maming en el mercado de la formación laboral. Menos mal que arregla el dislate advirtiendo que "no nos podemos fiar sólo de las emociones, porque entonces nuestros actos se basarían en instintos primarios". Si no hubiese leído y escuchado en vivo y en directo a Marina pensaría que el redactor de la noticia oye campanas y no sabe dónde, arrastrado por el mainstream dominante de la Inteligencia (M)Emocional, pero conociendo al personaje, sé que es capaz de semejante barbaridad y otras aún mayores, de confundir al personal con su propia confusión poniendo una vela a Dios y otra al diablo en el mismo discurso.

Apañados estaríamos si siguiéramos las recomendaciones de estos activistas de la destrucción de la civilización: ni una palabra acerca de la moral ni de la trascendencia, ni del sacrificio ni del esfuerzo, sólo vanidad personal y los lógicos desvaríos que se derivan de ella. ¿O es que quien ha llegado al éxito está capacitado para dar lecciones de vida a los demás? Porque entonces debiéramos tener como modelo a Michael Jackson, Elton John, Paris Hilton y otros insignes personajes.

 

 

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  1. viejo castor
    26/10/2010 en 21:47

    La palabra “exito” me parece vacia,es una palabra que no dice nada que merezca la pena de verdad en la vida.Para mi ,solo hay un profundo abismo,un abismo sin fin como el que nos ha colocado este descerebrado de j.l. rodriguez zpatero.

    • 27/10/2010 en 13:10

      Supongo que depende de la persona. En muchos casos el éxito -siempre incompleto- es una medida del logro de los objetivos, en otros del cumplimiento de la Misión o Propósito personal que uno cree que tiene en la vida, aquello por lo que uno es como es, aquella razón por la que posee los conocimientos y experiencias que posee.

      La cosa no es tan sencilla, porque en muchos casos somos inconscientes de nuestra fundamental aportación a la mejora de la humanidad, y porque no tenemos una única Misión ni en una sola época a lo largo de nuestra vida.

      Por ejemplo, tenemos una misión reproductiva, una productiva, una familiar, una educativa, una estrictamente personal… que varían durante las distintas etapas vitales.

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