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La empatía es de pobres

hermanos calatrava Esta semana un amigo me explicaba cómo puede uno llegar a convertirse en hincha del Atleti (no soy futbolero, a mí ni me va ni me viene). Los argumentos de mi amigo, si bien presentan fisuras obvias, son reveladores de una realidad que se extiende más allá del deporte: al trabajo, hasta llegar a la política y la weltanschauung personal cerrando el círculo. Me decía mi amigo: "Imagínate que desde pequeño tienes sentado a tu lado en el colegio a un compañero más guapo que tú, de esos guapísimos, bien lavado y peinado, con esa ropa que justo tú querrías llevar pero no puedes, o sea, normalmente de familia bien o mejor que la tuya. Imagina que además, el muy cabrón, saca sobresalientes en todo mientras tú no pasas del bien. Imagina además que se liga a todas, entre ellas justo esa que te gusta a ti y no te hace ni caso".

El guaperas se relaciona con poca gente, mientras que la estrategia del resto es sumar fuerzas opositoras a ver si la crítica y el desprecio consiguen convencer a alguna pobre empática  con propósitos pseudorreproductivos a base de memeces románticas: si nosotros no somos presidentes del mundo es porque existe una conspiración mundial de obscenos megamillonarios destinada a impedir que los demás se den cuenta de lo que valemos, como dice mamá. Mientras tanto, el pollopera va a lo que va, a relacionarse con la gente de su nivel socioeconómicocultural, el feo a ver si alguien que también se sienta Cruikshank_-_The_Radical's_Arms disminuido en la comparación quiere formar parte del club de los envidiosos.

El niño bien acaba siendo directivo de una empresa, mientras que el otro no pasa de ser un currito, pero aunque llegara a presidente del gobierno, cosa estadísticamente posible y según nuestra propia experiencia hasta bastante probable, seguiría marcado por esa humillación que vivió durante tantos años a causa de sus desventajas, y por la misma razón, preferirá convencer a los demás con sus artimañas (m)emocionales que enfrentarse en un duelo frío y racional con la evidencia. La Revolución Francesa.

El pobrecito intrascendente -nadie lo es, pero él no lo sabe-, ya convertido oficialmente en sociópata a fuerza de envidia, sigue buscando la forma de llegar a ser tan guapo como su antiguo compañero, y ser querido y valorado por sus propios méritos. Pero no hay manera, porque mientras que el guaperas vale lo que vale, el otro vale lo que siente que vale, y claro, tiende a dar más valor a lo que siente que a lo que vale. Y sobre todo, lo que siente él, lo que sientan los demás es irrelevante, lo que importa es que el otro sienta lo que yo siento. En esto y no en otra cosa, reside la cuestión de la empatía. Parece un galimatías, pero así es.

¿Dejaríamos en mitad de La Gran Vía el portátil encendido y sin contraseñas? No, ¿verdad?.muj2 Está repleto de información valiosísima para ti. De hecho no nos gusta que lo toque nadie. Al directivo le pasa igual, la información que hay en su cerebro es demasiado valiosa para que cualquiera -y cualquiera podemos ser nosotros- venga a toquetearla, a sembrarle dudas, a molestarle, por eso habitualmente sólo se relaciona con la gente de su nivel. No les gusta perder el tiempo. A veces ni saludan. Nosotros lo tomamos como una falta de educación o exceso de soberbia, cuando quizá es que ese día se estén jugando todo lo que ganaríamos nosotros en cien vidas que viviéramos y el porvenir de todos los que trabajamos allí.

Si los ricos no tienen empatía es porque no la necesitan, ellos pueden ser ellos mismos porque se lo pueden permitir, aunque sean más tontos que Mariana Nannis y caigan más gordos que Camilo José Cela. El recurso del pobre, de la que va de feminista aunque lo que quiere en realidad es que los caballeros les abran las puertas y les coloquen las sillas… de los consejos de administración porque siente que lo vale, es chantajearte emocionalmente para que, al menos, te sientas mal por ser como eres y haber llegado donde has llegado.

 

Por cierto, el estudio que revela que los ricos en dinero no lo son en empatía puede leerse aquí en inglés y aquí en español.

 

 

 

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  1. viejo castor
    26/11/2010 en 23:54

    ¡Uf! Puede ser cierto todo ello pero me quedo en mitad del camino y que tiren para arriba los que tengan interes en hacerlo.No necesito viajar mas,me apeo aqui.Ni tengo ganas de llegar a directivo ni nada parecido,me siento MUY a gusto en donde estoy .Cada uno tenemos una forma de ser con unos matices que son intrasferibles al resto.No tengo mas interes que mi propio interes .

  2. 31/07/2013 en 15:00

    Debería usted incluir un enlace a su anterior entrada sobre Inteligencia (M)emocional y “Empatía”, sería de provecho para el lector que llegue directamente a este artículo.
    Un saludo.

  1. 27/11/2010 en 21:26
  2. 16/12/2010 en 00:09

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