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Las redes sociales ¿”deber estar”, simple plataforma o utopía para solitarios?

Hay quien aún canta las virtudes de las archimentadas redes sociales como una especie de promesa de salvación para solitarios y empresas en crisis. Algunos plastas –así, con todas las letras: P-L-A-S-T-A-S– que buscan desesperadamente darse lustre o hacer negocios a costa de los sufridos receptores de sus actualizaciones que no damos abasto de eliminar mensajes sin leerlos, hacen pensar a más de uno si darse de baja de ese sinnúmero de grupos de altisonantes denominaciones –superlíderes megaguays de España y parte del universo– , aunque sólo pensar en lo laborioso de la tarea si, como yo, pertenecemos a más de veinte, se nos quitan las ganas.

 

“Yo quiero tener un millón de amigos”. Roberto Carlos.

 

Las redes sociales no son más que un medio de comunicación, y no aportan –aún– al usuario más que el medio; aumentan la visibilidad pero en la mayoría de las ocasiones eso sirve de poco, porque el ser humano tiene una capacidad limitada de atender amistades, y porque el que es desagradable o feo puede tener un millón de amigos en Facebook pero estar más solo que la una.

No es cuestión de culpabilizar a estos medios, porque el uso se lo damos nosotros, como a un chuchillo, que puede servirnos tanto para preparar la comida como para atracar, pero las promesas de éxito social y profesional que parecen garantizar para demasiados incautos necesitados, nos llevan del “deber estar” no vaya a ser que nos perdamos algo, a suponer que somos importantes para la mayoría de nuestros contactos, cuando en realidad les importamos un pimiento. Hay, no obstante, quien hace un buen uso de ellas, gente seria y profesional que no molesta a los demás con sus intentos de no perder el Cayenne, pero el fenómeno-burbuja de Facebook parece estar sostenido por un pequeño grupo de personas que hacen un uso racional de ellas y millones de usuarios-basura que lo mueven y lo llenan de actividad-ruido.

Mientras tanto, una mujer se ha suicidado ante la impasible mirada de sus más de mil “amigos”. Con amigos como éstos, ¿quién necesita enemigos?

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  1. viejo castor
    10/01/2011 en 23:25

    Pues pienso que tiene razon en su exposicion acerca de tanta comunicacion y en el fondo estamos mas solos que la una.Personalmente,llevo poco tiempo en este mundo y empiezo a notar que si no dosifica uno su tiempo se puede perder lo que merece la pena de verdad.
    Me estoy preguntando donde està el lìmite de la comunicacion.Tengo la sensacion que deberiamos tomarnos un respiro y ver si lo estamos haciendo bien y si vamos en la direccion correcta¿No nos pasarà como en esos bares llenos de gente y medio borrachos en los que todo el mundo habla pero nadie se entiende?

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