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¿Cuáles son los criterios de compra de productos formativos?

Los responsables de compra de productos formativos tienen una difícil papeleta, hay que reconocerlo, a mí no me gustaría nada estar en su pellejo. Hace unos días le comentaba a uno de los directivos de una multinacional española que es imposible probar un producto del ámbito soft sin un conocimiento científico y criterio objetivo y un tiempo suficientemente dilatado.

¿Quizá no va usted a seguir leyendo el resto de esta entrada? Probablemente, el directivo de formación –desesperanzado– ya haya renunciado siquiera a intentar adquirir un producto con un mínimo de garantías, y destine los presupuestos formativos a productos de empresas con cierto caché de las que algún directivo es amigo de alguno de sus superiores; de modo que ante la manifiesta y necesaria ausencia de resultados, el comprador no recibirá una reprimenda, porque ella volvería como un boomerang contra el directivo superior. Al final todo queda entre amigos.

En un contexto de crisis económica como el actual es más comprensible la toma de decisiones condicionada por el apoyo mutuo; al fin y al cabo, uno tiende a favorecer a sus amistades dado que de ese modo les permite mantener o aumentar su tren de vida y el de sus compañeros y asalariados. Y si uno –pensará comprensiblemente más de uno– ayuda a los demás adquiriendo sus productos es más fácil que reciba el mismo pago en reciprocidad, ahora y en el incierto futuro. Lamentablemente en este caso el beneficio es sólo económico, cortoplacista, y en buen número de los casos el amiguismo intra e interempresa no es recompensado como uno desearía –siempre hay alguno que es más amigo–, dejándole a uno en la estacada y el ansiado Porsche Panamera en el concesionario a las primeras de cambio; pero lo peor es que uno ha estado infectando su empresa con productos no ya de nulo rigor científico y/o perfectamente inútiles, sino francamente contraproducentes para la evolución personal y profesional de los trabajadores, de sus matrimonios, sus hijos y de toda la sociedad. Al final, por tomar decisiones en base a criterios emocionales uno se encuentra atado de pies y manos en el futuro, pues está alentando –de buenas intenciones está asfaltado el camino al infierno– la pervivencia, el mantenimiento en el mercado de productos tan pseudocientíficos como las pulseras magnéticas y plataformas vibratorias, como hace unos años –huérfanos de criterio– millones de personas cayeron en la estafa de los aparatos de gimnasia pasiva, y ya nada podrá hacer por cambiar el curso de la corriente. Cuando la crisis acabe, el virus que ha diseminado seguirá haciendo estragos en la mente de las personas a su cargo, debilitando su madurez, su responsabilidad, y las de toda la sociedad, cerrando el círculo vicioso que, como advertía la premio Nobel Rita Lévi-Montalcini nos mantendrá, como hace 50.000 años, a merced de impulsos de bajo nivel, de nuestras emocionesusque in aeternum. 

Si en lugar de optar por productos improductivos o perjudiciales el directivo destinara los escasos recursos económicos con los que cuenta a productos formativos técnicos absteniéndose de hacerlo en los dirigidos a las soft skills, al menos no causaría un daño presente y futuro a su empresa y a la red de las demás víctimas del oportunismo formativo pero, ¿qué dirían de ellos sus colegas? ¿Se resentirían las relaciones entre los directivos cliente y proveedor ante la negativa de seguir envenenando la mente de sus trabajadores con vanas promesas de felicidad plena, omnisciencia y omnipotencia constructivistas?

Parece evidente que por aquí no vamos a ninguna parte, pero las barreras de entrada de productos formativos psicosociales basados en la neurociencia y no en la pseudociencia disfrazada de ciencia caerá más tarde o más temprano, aunque no haya hoy por hoy muchos dispuestos a arriesgarse por apostar por productos con garantías. Al fin y al cabo ¿cómo puede uno saber si su entrenador del gimnasio es bueno o malo sin pasar una temporada con uno arriesgándose a no obtener los resultados deseados perdiendo así su tiempo y su dinero? Uno termina dejándose convencer por alguien con capacidad de convicción pero con un criterio normalmente igual de formado que el suyo y santaspascuas. Que sea lo que Dios quiera.

La formación de los directivos de RRHH y formación obviamente no es neurocientífica en la abrumadora mayoría de los casos, y como parece demostrado que la mayoría no habrán llegado a leer hasta aquí, tampoco creo que en sus decisiones de compra influya mucho más que la habilidad comercial del vendedor o intereses de otra índole, porque es necesario un criterio muy formado no sólo para leer más allá de la segunda línea, sino para entender lo que explica un sesudo artículo científico. Es más fácil leer y dejarse afectar por unos lemas sugerentes compuestos por no más de tres palabras aunque no sean más que bonitos envoltorios vacíos.

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