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Neurociencia del Team Building. Trucos económicos (pero buenos) para jefes.

Ya no es momento de gastar dinero en moderneces. Los tiempos cambian, las crisis permanecen y los departamentos de formación están presupuestariamente secos cual mojama como para andar gastando dinero en cosas superfluas, que valen mucho menos de lo que cuestan o que pueden ser sustituidas por otras con un precio más lógico. Así que toca echarle imaginación.

Esto viene a cuento de una investigación en la que se demuestra que las primeras impresiones son muy difíciles de cambiar si no se utilizan trucos de ingeniería neurocientífica  de andar por casa como éste que le regalo hoy:

Si usted es jefe esto no se lo dirán en un MBA famoso, pero debería irse de vez en cuando de cañas con sus subordinados, incluso si no le apetece. Pero con alcohol, no me sea moñas, que un poco de desinhibición es esencial para confraternizar (ahora cualquiera diría empatizar, pero ya saben los que me conocen que soy poco amigo de memeces) con su equipo.

Tenga en cuenta que sus subordinados le ven cada día en el mismo contexto, y que por más que usted se empeñe, más de uno creerá que no hay derecho a que él sea subordinado suyo y no al revés, que merecería un salario mayor, un reconocimiento mayor y… quién sabe si no un cursito de liderazgo, que es lo que le falta para llegar a ser un guru de esos de moda con multitudes rendidas a sus pies de serie, financiado por la empresa. Puede usted pasar de él como de comer porquerías, pero no querrá arriesgarse a alimentar el odio de un boicoteador.

Y si es posible no vaya siempre al mismo bar, porque de lo que se trata es de que usted cambie el contexto que le rodea para que la primera impresión negativa que puedan tener de usted se debilite. Tampoco es cuestión de pasarse, no vaya a ser que le falten al respecto, que terminen tomándole por el pito de un sereno, así que tampoco tiene que irse de cañas cada tarde al salir del trabajo. ´

Otra posibilidad, aunque más costosa, si usted es fan de IKEA, consiste en redecorar la república independiente de su despacho cada dos por tres a un precio seguramente inferior al de mandar a todo el equipo a tirarse bolas de pintura o colgarse de una tirolina para que los miedos ayuden a estrechar lazos estilo rito iniciático masón como el que se desarrollaba en el impresionante pozo de la Quinta da Regaleira. O también puede cambiar de gafas y peinado, de estilo de corbata (no es necesario caer en estridencias, obviamente, no se trata de cambiar de personalidad ni de hacer el rídículo), o algo semejante.

Si usted sólo tiene gente madura en su equipo (enhorabuena), no le será necesario, pero ¿es que sólo se puede confraternizar en la cena de fin de año?.

Pues eso, allá usted, de momento aquí está el artículo.

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  1. viejo castor
    03/03/2011 en 23:15

    Si el jefe es un buen jefe no necesita confraternizar con los currelas y ademas,si mi jefe me invita a confraternizar puedo pensar que me quiere sacar algo y los que me vean con èl,pueden pensar que estoy peloteando con el.Estas razones me llevan a la modesta pero firme conclusion que lo cortes no quita lo valiente pero cada uno en su casa y DIos en la de todos.No,no creo que sea necesario confraternizar con el jefe salvo que sea expontanea la susodicha.

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