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La utilidad de la tristeza

Paradojas de la vida: cuando algo se pierde, algo se gana. El final de algo es el principio de otra cosa y el principio es el final. El trauma de nacer nos trae a la vida y el de morir a pasar de este mundo al Padre. Cuando escuchamos música alegre, terminamos poniéndonos tristes por el contraste con la realidad, de ahí que hay quien defiende la idea de que escuchar música triste nos ayuda a sentirnos mejor, a estar mejor. ¿Pero ese efecto es permanente o nos lleva en volandas de retorno a la pena como efecto boomerang?

En muchas empresas se acostumbra a escuchar música variada pensando en el beneficio para los trabajadores, lo que nos proporciona una mezcla de música que va desde lo triste a lo alegre pasando por lo  provocativo, lo romántico, lo histérico, lo destructivo, transgresor, sensual… cóctel cuyo producto es un deseable equilibrio. Pero si uno tiene tendencia a escuchar sólo o preferentemente música triste o ñoña estilo KissFm, debería preguntarse: ¿Me he dado cuenta de que utilizo ese tipo de música para sentirme mejor? ¿Porque no me siento bien? ¿Estoy reforzando con esta música la hipersensibilidad que me lleva como círculo vicioso a necesitarla como dosis de heroína?

En el multiverso en que vivimos todo parece tender al equilibrio, y cuando cualquier evento adquiere una potencia desequilibrante desencadena su opuesto para volver a la neutralidad, así, cuando uno escucha canciones tristes segrega prolactina, un neurotransmisor que hace de mamá, consolándonos, tranquilizándonos.

Atención pues con la música que escuchan nuestros hijos, porque no es una cuestión intrascendente, observar las costumbres musicales de los hijos nos dará pistas de cuáles son sus principales inquietudes y carencias. Cualquier dato o ayuda es importante para la labor de conducir a nuestros hijos por el buen camino, como la que proporciona la interesante utilidad de supervisión no intrusiva que han desarrollado mis amigos Aco, Alfonso y Luis de Danba.es

 

Prescribir el síntoma

 

Esta estrategia psicológica que consiste en aplicar justo la misma substancia que genera la enfermedad, el conocido similia similibus de la homeopatía, provoca en el caso de escuchar música triste una reacción hormonal opuesta, de búsqueda de equilibrio. Se inicia la secreción de esa prolactina que nos lleve a compensar la ruptura de la homeostasis que provoca la música triste mediante la generación de una sensación de protección y de seguridad.

Si usted tiene una reunión y se encuentra nervioso, puede probar a ponerse más nervioso en el trayecto que le lleva a la cita, de modo que su organismo responderá provocando la reacción opuesta: la tranquilidad. Entonces, ¿será una buena estrategia poner música triste en la oficina a primeras horas de la mañana y cada cierto tiempo (¿Coincidiendo con un descenso en los biorritmos? Habría que estudiarlo) para provocar la respuesta de ánimo que haga más llevadero el trabajo diario? 

 

La realidad

 

Sin embargo, puede ser peligroso frecuentar estas estrategias de manipulación hormonal de la realidad, porque como hemos visto, pueden crear adicción a lo negativo, como si uno se diese martillazos en los dedos para tapar la experimentación de la cruda realidad y acabara enganchado al martillo. Las estrategias de negación de la realidad no solucionan los problemas, sino que posponen su solución, generando un fondo de ansiedad permanente, por lo que se supone que este tipo de estrategias deben utilizarse ocasionalmente para aumentar el ánimo, no como recurso permanente para enfrentar la pena.

Habrá quien contradiga estos argumentos observando que los andaluces son muy aficionados al cante jondo, la copla y otros tipos de música triste y sin embargo son un pueblo muy alegre, lo que parecería corroborar la idoneidad de la estrategia de utilizar música triste; pero en este caso habría que definir con más precisión el concepto alegría. Porque aparte de sus innegables virtudes y de su maravillosa gente Andalucía es el campeón nacional de casi todo lo poco bueno, desde la productividad, el empleo, el fracaso escolar, la corrupción…

Yo, por si acaso, me quedo con la música clásica, pero no puedo negar que escuchar de vez en cuando a Conchita Piquer me encanta, aunque me ponga los pelos como escarpias.

 

 

 

Fuente: República.es

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  1. viejo castor
    17/03/2011 en 23:19

    Interesante tema.Uno se puede perder si no toma referencias.Siempre que damos una medida es con respecto a una unidad patron,pero…¿El sentir humano se puede medir?.-Diria que hoy por hoy no resulta probable.
    En cuanto a la musica triste¿Que es la tristeza ,el dolor,la alegria ,la salud,la enfermedad,la pena…No me puedo imaginar estar las veinticuatro horas en el mismo estado animico,de hecho y cuando hago ejercicio varia mi estado animico,si llevo un disgusto varia tambien.Acaso el dolor no nos puede proteger de una dolencia mucho mas grave? El miedo guarda la viña-hay un viejo dicho.
    Cuando estoy solo en la montaña y se cubre el cielo de negros nubarrones como presagio de una tormenta,y comienza a llover con violencia formandose riachuelos,me siento desamparado por la falta de proteccion y acepto el desamparo porque es una realidad fisica,un hecho como es el agua que me empapa.Si estaria en un desierto medio muerto de sed,probablemente saltaria de alegria pero,en el caso este ,me sobra el agua y lo que hago es aceptarlo,no como una falsa resignacion,sino como algo ineludible y puntual que hay que superar.Asi,la tristeza y otros estados de animo son respuestas a una realidad personal.Por eso me diferencio de vd y de los demas:Porque respondo diferente a como responde vd y los demas.Uno tiene tendencia a lo que le hace sentirse mejor,lo que resulta dificil de aceptar y no lo acepto es que algo que me hace daño disfrute con ello.

    • 18/03/2011 en 00:18

      Está usted en un estado envidiable, no sé los factores que le permiten vivir así, pero desde luego lo lleva muy bien o es que se ha quitado alguna pesada carga de encima, enhorabuena.

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