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No somos cristianos

Ya sé que este título sorprenderá a más de dos, y sobre todo ahora que estamos en plena Cuaresma, casi en Semana Santa, pero a lo largo de este post me propongo demostrar que, pese a que lo sea nominalmente, España ya no es un país cristiano en general, ni católico en particular, ni siquiera ateo, laico o agnóstico, sino budista.

De padres gatos, hijos michines, dicen en Cantabria, como resumen popular del hecho de que todos tenemos rasgos de la anatomía y del carácter –y aún de la forma de andar y movernos– de nuestros padres. Tampoco escapa a nadie el hecho de que, en parte por lo anterior y en parte por el resto de personas relevantes en nuestra vida, aprendemos copiando los modelos que tenemos en el entorno en que vivimos. Y el modelo que hemos copiado –porque es el que manifestamos, el que reproducimos– no es el de Cristo y su Sagrada Familia, sino el de Siddharta Gautama, el Buda (si es que alguna vez existió, aunque que haya existido o no, es algo irrelevante).

Jesucristo, el modelo de los cristianos, nació pobre para ponerse en el lugar de los pobres, prescindiendo de cualquier privilegio que pudiera derivarse de ser Hijo de Dios, en el pesebre de un establo, junto a un buey y una mula. Su padre putativo, San José, era un humilde carpintero, y aunque su madre fuese Bendita entre todas las mujeres, no pasaba de ser una mujer económicamente pobre dedicada a sus tareas domésticas como cualquier otra: ora lavando pañales y tendiéndolos en el romero como reza el villancico, ora preparando la comida, limpiando… justo ese modelo de mujer que tanto admiran hoy en día una legión de feministas de diverso talante. Jesús vivió como cualquier otro niño pobre de su época, jugando en la calle, en el mundo real, rodeado de la gente real, pasando calor y frío, escasez, contemplando la juventud y la vejez, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, como cualquier otra persona.

Siddharta nació sin embargo rico. Príncipe hijo de reyes, fue criado entre los algodones de una corte opulenta, y apartado –según Hesse– de cualquier disturbio, de cualquier dolor, de cualquier pena… de cualquier contacto con el mundo real, hasta el punto de que en palacio –de donde el mimado no podía salir– no se permitía la presencia de personas mayores, pobres, feas o enfermas.

Pero como la realidad es muy tozuda, quiso mostrarse al joven príncipe en el primer descuido de sus vigilantes, lo que le sumió en una monumental depresión que le llevó a dejar plantados a sus padres –como ocurrirá a cualquiera que siga su modelo educativo– con excusas peregrinas, alejarse de su rico y muelle entorno primero para dedicarse a aprender las artes carnales con una sacerdotisa (vulgar y corriente búsqueda reproductiva del retorno al útero materno y del consiguiente chute de betaendorfinas) y, bipolar, incapaz de encontrar el equilibrio en el que nunca había vivido, pasó al extremo radicalmente opuesto de convertirse en asceta mendigo, atormentado comedor de excrementos de pájaro (alimentados de cañamones). Después de dar unos cuantos tumbos más, al final de su vida encontró por fin el equilibrio, la seguridad que nunca había vivido, y tan bien se debió sentir liberado de sus tensiones internas, de su depresión permanente, que, entrando en tromba en la fase maníaca, se erigió nada menos que en maestro de los demás, predicando y legándonos una de las mayores pandemias filosófico-religiosas que ha conocido el hombre: el camino medio.  Dicho en términos cotidianos: que la virtud está en el término medio.

Jesús, sin embargo, vivió pobre, sin dar al dinero más importancia de la que tiene –que la tiene, obviamente–, no sucumbió a ninguna tentación, ni siquiera a las elaboradas por el astuto diablo: riqueza absoluta y poder por encima de todo, justo lo que abundó en la vida de Siddharta. Devolvió la vista a los ciegos, multiplicó los panes y los peces y sanó a los leprosos. Nada para sí. Y como demostración máxima –y suprema pedagogía– de su amor por todos nosotros entregó voluntariamente –dentro de unos días, en el Viernes Santo– su vida para redimir a los hombres pasados, presentes y futuros, de todas las afrentas cometidas contra la virtud, contra la Ley Natural. Una virtud que, por supuesto, no está en el centro de nada, sino justo, justo, justo, en el extremo opuesto del vicio. Por eso se le llama virtud, si no, tendría otro nombre: relativismo o no-dualismo.

¿Y qué modelo seguimos en España, el de Jesucristo o el de el Buda? ¿Cómo saberlo? Es fácil, sólo hay que mirar dentro y a nuestro alrededor ¿Cómo son nuestros hijos? ¿Qué problemas nos acucian a padres y profesores? ¿Qué clase de trabajadores tenemos? ¿De qué principios alimentamos nuestras mentes? Hemos criado a nuestros hijos entre algodones, les hemos dado infinitamente más de lo que Siddharta el Buda hubiera soñado tener, hemos cuidado su autoestima por encima de la observancia del bien y rechazo del mal, les hemos sobreprotegido tanto que les hemos convertido en seres desequilibrados, desorientados, pusilánimes, tiranos, egoístas, desconsiderados… Hemos elegido el camino fácil, el ancho, el de los inmaduros que buscan la recompensa inmediata, sin pensar en el futuro de nuestros hijos sino en nuestro bienestar interior, en parte por nuestra propia pusilanimidad, porque nosotros mismos tenemos tal necesidad de aprobación ¡de nuestros propios hijos! en lugar de lo contrario, somos tan intolerantes al malestar que implica reñir y castigar a los hijos que les condenamos a la desgracia, a la insatisfacción. Como el epítome de la idiocia, el desnortado Tom Cruise prohibiendo a las niñeras pronunciar la palabra “no” a su desdichada hija, futura nueva buda. Eso si no se descerraja un tiro en la cabeza en cuanto se tope con la primera frustración, como una Cristina Onassis cualquiera o se arroja en brazos de otros derivados del cáñamo, alcohol o similares como Britney Spears y compañía. Al tiempo.

No, señores, no se engañen a sí mismos, nos llamamos cristianos porque vamos a misa los domingos, porque ponemos la cruz en la casilla de la Iglesia Católica, porque asistimos a las procesiones de Semana Santa, porque rezamos y damos limosna, pero nuestro modelo no es Jesucristo, sino Siddharta Superstar, el príncipe mimado. Así nos va y así nos irá.

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  1. viejo castor
    14/04/2011 en 19:17

    Somos unos primates en constante evolucion intelectual.Nuestra mente es una esponja que absorve TODO lo que se le acerca con unas ansias propias de los llamados drogadictos.Y por què? ¿Por què tenemos esas ansias de aprender lo que antes o despues dejaremos intacto en este hermoso y a la vez duro planeta?¿Tal vez porque tenemos trascendencia y la muerte no es sino un cambio de estado o mas aun,simplemente desprendernos de la “carroceria” con la que hemos caminado durante setenta o los años que nos depare la vida?
    La trascendencia de Jesus no es Èl sino su OBRA y los que la CONTINUARON.De no ser por ellos, hoy no seria recogida ni en los libros de la llamada historia.La personalidad de Jesus debia ser muy especial.No participo en la Fe de los creyentes pero la respeto profundamente.
    Jesus fue un maestro en lo SUYO y asi creo le llamaban.Sus clases llegaban a lo mas intimo del individuo y su tolerancia era tambien grande pero,no olvidemos que la ira aparecio en Èl cuando vio el templo lleno de mercaderes.Y la ira no es buena consejera ademas de que se cometen atrocidades cuando manda ELLA. Los seres humanos caminamos por la senda de la vida con unas referencias mas o menos limitadas que nos han sido legadas geneticamente y por el entorno,luego tenemos que aportar nuestro propio capital que consigamos por nuestra cuenta.Yo creo ver la vida como un gran libro gigantesco en donde voy escribiendo mi propia historia junto a los que la comparten conmigo,y es emocionante y a la vez dura .Tal vez,la dureza de la vida es la que nos moldea el espiritu,tal vez son las dificultades las que nos hacen mas libres y no asi los algodones de la vida còmoda y facil.Al fin y al cabo,buda fue un pobre desgraciado ,y fue gracias a su desgracia causada por sus padres la que le dio proyeccion y su pensamiento transcendio a su propia existencia.Asi que,mi humilde opinion es que Hagamos lo que hagamos estamos sujetos a la rueda de la vida y no nos podemos escapar.no podemos alcanzar el piso veinte de un salto,debemos ir escalon a escalon sin angustiarnos sin ansiedad a ser posible porque la ansiedad nos impide tener perspectiva. Vamos a intentar ser un poco mas libres cada dia,hagamos un ejercicio de voluntad y pasito a pasito seremos mejores…Me parece.

  2. Gise
    10/09/2012 en 21:58

    Disculpa, pero creo que estás mal informado a lo que le sucedió a Buda, ya que él no decidió ser rico y no sabia que había pobreza, muerte, enfermedad, etc. porque su padre no le permitió ver ese mundo. Luego, se dio cuenta de la realidad oculta y cambió su forma de pensar. Si, acepto que el padre tuvo la culpa, pero no creo que por eso juzguemos tan mal a Suddharta. Él solamente fue una victima que quiso arreglar su vida después del gran descubrimiento. Tal vez deberíamos tomar su ejemplo para empezar a cambiar nuestra forma de vida y te recomiendo que te informes acerca de los preceptos y el camino de la verdad según buda y los compares con los 10 mandamientos.

  3. 11/09/2012 en 00:40

    Hola, Gise, aparentemente es un poco absurdo discutir sobre lo que ocurrió a un mito, pero en realidad no lo es, porque sobre lo que discutimos es sobre la influencia del mito en las sociedades orientales, sobre las religiones a que da lugar y las que le precedieron.

    No se trata de juzgar mal o bien a un personaje, incluso si hubiera existido, sino de entender que el modelo de persona que ensalza es de todo menos adaptativo.

    El camino de Buda es un cóctel de sabiduría y necedad con un sustrato recesivo, pernicioso, empezando por la creencia en la reencarnación que es anterior al mito, una estrategia de los invasors arios para someter a los ignorantes morenos que ha llegado a convencer a millones de ignorantes occidentales. No creo que tengas más información de la que yo he acumulado a lo largo de mi vida, máxime habiendo sido partidario del budismo y sus derivados durante más de una década, cuando era un pobre ignorante influido por esa religión que ha devastado continentes enteros y aún continúa destrozándolos. Un mes completo de inmersión absoluta para recibir un curso de formación de profesores de yoga de la escuela más prestigiosa de España contribuyeron también a que adquiriese conocimientos que no sé si tú posees, aunque por tu discurso, sospecho que no.

    Pero si sigues queriendo aprender sobre religiones, estoy dispuesto a dedicarte tiempo.

    Saludos cordiales

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