La homeostasis

(De homeo- y el gr. στάσις, posición, estabilidad).

1. f. Biol. Conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo.

2. f. Autorregulación de la constancia de las propiedades de otros sistemas influidos por agentes exteriores.

 

Dice Antonio Damasio (¿Que no conoces a Damasio y trabajas en el sector de los RRHH? entonces sería mejor que te dedicaras a la pocería o la horticultura, con perdón de estas dignas profesiones, harías mucho menos daño a la sociedad. Aunque no basta con conocerlo, también hay que entenderlo, y eso no se consigue en un cursito de fin de semana) en su último libro “Y el cerebro creó al hombre”, que la homeostasis es una de las claves fundamentales en el desarrollo del cerebro y la evolución de la humanidad. La homeostasis significa equilibrio, lo normal, el centro ideológico (el eje en el centro de la rueda), el tan poco común sentido común. No confundir con la chifladura del sendero medio de Buda, que veo venir a más de uno.

España ha sido gobernada –lo dicen los propios socialistas, no yo; y ahora, después de las últimas elecciones, es casi un clamor– por un radical, un extremista, una persona de mente demente que nos ha alejado de la sana homeostasis, conduciéndonos, desvaríos mediante, a una situación que sería cataclísmica si España no tuviera recursos suficientes para ir al tran tran, como Bélgica en la actualidad, sin un gobierno constituido. Lo que más o menos quiere decir que el sistema funciona por sí mismo, y que el timonel sólo puede aplicar un pequeño –afortunadamente, una vez alcanzada la homeostasis actual del mundo occidental– sesgo al rumbo imparable de la evolución, pero no interrumpirla, como sí ocurrió apenas hace medio siglo y ocurre aún en el mundo musulmán o hindú, que va emergiendo a medida que va incorporando contra gradiente de concentración, por pura ósmosis, los principios morales judeocristianos coincidentes con la Ley Natural, los cimentos de la civilización, impulsado por el algoritmo invisible creado por el Supremo Programador.

Pero lo realmente grave ha sido la identificación de millones de españoles con un personaje de esas características –no me digan que los políticos italianos, particularmente Berlusconi, no son un reflejo de una mayoría de la sociedad italiana, o viceversa– cuando pensábamos que surcábamos –casi volábamos– los mares del mundo en uno de estos veloces y silenciosos veleros de competición en la etapa del gobierno anterior. De repente, nuestro país, sufrió una sucesión de convulsiones que la desequilibraron cuando pensábamos que las ondas concéntricas que produjo el estallido de la Guerra Civil sobre la superficie de este estanque con forma de piel de toro ya se habían desvanecido para siempre. Pero era una ilusión.

A estas alturas algunos pensarán que me he pasado a la política, o que soy un cobarde que ahora viene a hacer leña del árbol caído, pero si han llegado hasta aquí entenderán qué relación tiene todo esto con el sector de los RRHH y Formación. Porque la labor de zapa contra el sentido común ya había dado sus frutos, y el culpable zapador es seguramente también usted –yo también, ya es la enésima vez que lo reconozco, aunque llevo dándoles a ustedes la matraca hace más de siete años, antes de lo que lleva el desequilibrado desequilibrador en el ego-bierno, advirtiendo a quien ha querido prestarme su oreja, de lo que se estaba cociendo–, querido director de formación o RRHH. Ahí estaban los quiensehallevadomiquesos, Valdanos, Danses, Huetes, Roviras, Punsets y demás coaches, líderes y guruses, ávidos del reconocimiento de su divinidad, verdaderos modelos a seguir por el rebaño de necios y miserables mortales que somos el pueblo, como recomienda el manual del perfecto manipulador, por nuestro propio bien, con el objetivo consciente o límbico de un rango tan variable como notable de personas de destruir la homeostasis en que vivíamos, sesgando la mente de las personas hacia el goce memocional y la fe el triunfo rápido y sin esfuerzo pasando por encima de la moral, hacia el olimpo de –otra vez– la beautiful people, oportunistas charlatanes guapetones y célebres, conducatores, duces, führers y grandes timoneles de los cerebros de la sociedad –financiados por los departamentos de RRHH– hacia la utopía peterpanoide, la misma que había llevado al sociópata vallisoletano josé Luis Rodríguez Zapatero a la convición de haber sido tocado por la mano de la baraka, y que todo consistía, como había aprendido de los nefastos Wayne Dyer, Daniel Goleman, Bandler y Grinder y compañía, en creer que se podía para conseguirlo todo.

Y estas son las consecuencias de la destrucción de la homeostasis: el sector de la formación en la ruina, los departamentos de RRHH reducidos a la mínima expresión, los profesionales –no todos, pero la mayoría– que antiguamente iban por doquier de evento en evento, micrófono en mano, soberbios, tirándose el pisto y haciendo de caballeros de oxidadas armaduras rescatadores de doncellas que no pidieron ser rescatadas, denostados y en precario, las mentes de millones reblandecidas, España quebrada… y todavía hay profesionales que proponen preguntas en Linkedin como ésta, agárrense: ¿Qué opináis sobre la idea de crear un departamento de la felicidad en las empresas? y reciben más de sesenta comentarios, la mayoría entusiastas de la idea.

No quiero ser cruel, que cada cual saque sus propias conclusiones, pero igual que el PSOE necesita una refundación que empiece por sus propias siglas y termine por su centrado ideológico, este sector necesita emprender el rumbo a la cordura urgentemente antes de que el hedor a cadáver termine por apestarlo. La clave para retornar e instalarnos en la homeostasis no está –desde luego– en pensar que todo se arreglaría con más dosis de ideología new age, el futuro está en la neurociencia.

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  1. Alejandro
    05/09/2012 en 15:27

    ¿La chifladura del sendero medio de Buda? Don Santiago es un estúpido irrespetuoso.

  2. Alejandro
    05/09/2012 en 15:59

    “…principios morales judeocristianos coincidentes con la Ley Natural […] creado por el Supremo Programador.” El autor cree que lo natural es una ley machista (apedrear mujeres, que no tenían ningún derecho civil), xenófoba (masacrar pueblos), absolutista (por orden de su dios) de los judíos; y la retrógrada (intolerante) de los cristianos. Pero no le llamamos chifladura, toleramos que haya religiones abrámicas (judía, cristiana y musulmana) de sólo fe y ¿cuánta razón?.

    • 07/09/2012 en 01:23

      Has tenido suerte, Alejandro, me has pillado relajado. Mira, te rasgas las vestiduras porque ofendo -como por otra parte merece- al budismo y a todo el resto de desvaríos que han surgido del hinduísmo entendido en términos globales, que parece ser que es lo que a ti te mola. Te da el arrebato y te atreves a llamarme estúpido porque ofendo a esas creencias tan bonitas que tú debes profesar, como tonto de baba que eres. Tranquilo, no eres el único, y eso seguro que te consuela.

      Sin embargo -seguro que tus escasas luces y tu talante gregario típico del comportamiento animal no te lo han permitido- ¿por qué no te rasgas las vestiduras con idéntica alharaca con los miles de millones de seres humanos, varone, mujeres, niños… condenados a la miseria, a la pobreza, a la enfermedad, a la incultura, al atraso secular, a la muerte prematura, a la sumisión… a causa de los principios que impone una cosmovisión no ya recesiva, sino catastrófica? Y no solo en la propia India, sino en China, en Vietnam, en Camboya… en todo el sudeste asiático. Miles de millones de personas durante generaciones enteras, siglos enteros?

      ¿No ves la televisión, borderline? ¿En qué mundo vives? ¿Has leido o has visto “La ciudad de la alegría”? ¿Te suena a algo Bangla Desh? ¿Calcuta? Eres un ignorante fácilmente manipulable, porque lo que es guay es ser anticristiano, ser budista o lo que sea excepto cristiano, y como normalmente ocurre, ciego. ¿No te duele ver la miseria en la que viven? ¿A las viudas arrojándose a las piras funerarias de sus maridos? ¿Los muertos por las calles? ¿Los cadáveres flotando descompuestos en el Ganges? ¿Los niños harapientos y descalzos? ¿Has oído hablar de Vicente Ferrer? ¿De la madre Teresa de Calcuta?

      Tú no tienes sentimientos, idiota integral, aunque precisamente presumas de ello, sólo los usas cuando te interesa, y cuando no, los dejas guardados en un cajón.

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