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El razonamiento puro

Un equipo internacional de científicos acaba de sacarnos los colores. Según han concluido los investigadores y se publica en la prestigiosa revista Science, los bebés de 12 meses son capaces de prever acontecimientos futuros basándose en un fenómeno poco corriente en una época marcada por las nefastas consecuencias de la empatía y otras derivadas de la inteligencia emocional: el razonamiento puro.

Es cierto que algunos adultos también somos capaces de prever algunos acontecimientos futuros, de hecho muchos lo hacen muy bien y algunos aceptablemente, pero el caso es que los bebés son capaces de anticiparlo incluso sin haber tenido aún experiencias relacionadas con las pruebas a las que fueron sometidos, lo que viene a confirmar la dotación genética, el capital racional con la que nacemos. A los que somos padres no nos extrañará mucho este asunto, pues hemos tenido muchas veces la ocasión de comprobar cómo saben que, mediante otra de las habilidades innatas de que venimos provistos a este mundo, utilizando subterfugios emocionales, fundamentalmente el llanto y la pataleta, pueden modificar nuestro comportamiento y terminar por llevarse el gato al agua gracias a nuestra debilidad de carácter.

Ilustres hombres de negocios, directivos de alto nivel y gentes corrientes hemos sucumbido a una enfermedad cuyas consecuencias sufrimos ahora. Hemos estado alimentando a la bestia del capricho, de la vida fácil y sin problemas, consintiendo los deseos de los ahora jóvenes por miedo a un posible presunto trauma, dándoles todo lo que piden e incluso lo que no piden para así condenarles a la insatisfacción futura.

No hemos sabido, como sí hacen los niños de 12 meses, prever las consecuencias de nuestras conductas con los más pequeños, en lugar de ello hemos optado por la satisfacción inmediata, ceder a sus manipulaciones por incapacidad de responder al reto que nos lanza un crío, síntoma de nuestra ignorancia e inmadurez, y ahora tenemos las empresas y plazas de España repletas de utópicos instalados en la ensoñación de los cuentos de hadas en versión new age, esperando a que les lleven a casa el trabajo de su vida, por supuesto sin horarios, con un salario de broker de Wall Street y jefes-mamá.

 

El origen del problema

El problema surge a causa del desconocimiento del funcionamiento del cerebro, consecuencia lógica del relativo atraso de la neurociencia comparado con otras ramas de la ciencia, lo que nos deja en manos de las ideas y filosofías pretéritas de los guruses de antaño, en épocas de incapacidad de demostrar científicamente los mecanismos de causa-efecto de los diferentes tipos de interrelación humana, particularmente eso llamado “educación” de los hijos. Ese vacío lo llenan hoy en día una cohorte de iluminados compulsivos incapaces de contener la manía de ir repartiendo sus delirantes lecciones de vida por doquier.

Hace ya tiempo, mucho tiempo, desde que Santiago Ramón y Cajal descubrió la plasticidad neural, y sin embargo aún no hemos entendido lo que implica, no hemos entendido que la repetición de un estímulo, sea cual sea, como por ejemplo el de ceder al chantaje emocional, fortalece la tendencia a recurrir a esa habilidad igual que Conan el bárbaro se puso hecho una mula a base de mover la enorme rueda del molino desde pequeño, como vimos en la primera película de la serie. Lo que viene a decir que el cerebro es como un músculo, y que las habilidades neuropsicológicas, ni se educan, ni se enseñan, ni se aprenden, sino que se entrenan. Igual que las físicas.

 

La solución

Parece bien sencilla, ¿no? Simplemente consiste en entender que no debemos tener lástima de nuestros hijos ni de nuestros trabajadores, porque eso les debilita en lugar de fortalecerles, lo que les condena a la insatisfacción personal y profesional; debemos entender que lo mejor que podemos hacer por ellos es hacerles responsables, entrenándoles para ser resistentes ante los desafíos que inevitablemente va a regalarles la vida mientras nosotros estamos y cuando nosotros no estemos.

¿Y en nuestro caso? ¿Podemos nosotros reforzar nuestras habilidades neuropsicológicas? Pues si entendemos que el cerebro es plástico igual que los músculos caeremos fácilmente en la cuenta de que sí podemos entrenarlas, nosotros y cualquiera, con un plan de entrenamiento adecuado. Exige algo de trabajo, bastante menos que hacer press de banca con ciento y pico kilos como Schwarzenegger, pero los beneficios son notables para el bienestar y el rendimiento mental desde la primera semana igual que nos sentimos mejor rápidamente haciendo algo de deporte, la mente aquieta su bullir incesante y todos los recursos de la racionalidad pura se ponen a disposición del propietario del cerebro, manteniéndolo al margen de la manipulación emocional. Así nos beneficiamos todos, cada uno de nosotros, nuestros matrimonios, familias, empresas, y toda la sociedad.

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