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Nada Rita, el Nobel no te ha servido de nada

Es bastante evidente que las mujeres, en general, están encantadas con eso llamado inteligencia emocional, y que en los tiempos que corren, los machos, acomplejados y feminizados a la fuerza, o nos asimilamos a la ideología hembrista (toma ya palabro acertado), o cargaremos con el peor de los epítetos posibles: machistas.

Algunas de ellas, demasiadas, sienten que el engendro de la IE les ha dado la razón que vienen reclamando durante siglos, sin darse cuenta de que lo que defienden es el pensamiento único, el suyo; aunque afortunadamente existen especímenes femeninos que, lejos de repetir consignas sin entender de lo que se habla, o dejar que sus vísceras piensen por ellas, se lanzan a pensar como personas más allá de su sexo; no en función de sus ocultos, inconscientes, intereses.

 

Un ejemplo del pensamiento de la persona hembra (porque primero es persona) es la centenaria Premio Nobel de medicina Rita Levi-Montalcini cuando afirma:

No somos más buenos por el componente límbico cerebral que sigue dominando nuestra actividad. Vivimos como en el pasado, como hace 50.000 años, dominados por las pasiones y por impulsos de bajo nivel. No estamos controlados por el componente cognitivo, sino por el componente emotivo, el agresivo en particular. Seguimos siendo animales guiados por la región límbica paleocortical, sustancialmente igual en el hombre y en otros animales. Nuestras opciones de mejora moral pasan por las circunvoluciones neocorticales que afortunadamente tenemos.

 

El componente límbico es la región paleocortical, el asiento de los afectos, de lo que nos afecta, lo sensible, los sentimientos, emociones, pasiones… impulsos de bajo nivel según la buena de Rita, sólo superables por el desarrollo del neocórtex, la razón, los filtros educados o racionalmente desarrollados que se asientan en la parte más externa y evolucionada del encéfalo. Pero de ésto parece que no sabe mucho nuestra siguiente protagonista, en este caso hembra-persona, la psicóloga-psicoterapeuta (luego se quejan de Rolf Degen) Asunta de Hormaechea en su artículo de El Confidencial, en donde nos cuenta, entre otras perlas:

Pero sí podemos trabajar voluntariamente en aumentar nuestra conciencia del Aquí y Ahora, aprender a estar más conscientes  de nuestras percepciones y sensaciones, ir abriendo nuestra percepción, permitirnos ser menos analíticos y más amorosos, permitirnos conectar con el sentimiento de universalidad y de paz.  Neutralizar un poco nuestro diálogo interno y nuestro cerebro izquierdo para permitir que nuestro cerebro derecho nos muestre la posibilidad de la compasión, el altruismo y el amor.

 

O sea, Rita, que el Nobel te ha tocado en una tómbola, que no te enteras de nada, que lo importante no es lo que tú dices; que al neocórtex le han puesto lo de neo porque no saben de qué va la película, pero lo importante son las sensaciones, ser amoroso (claro, que para candidatos al Nobel así, el amor, el altruismo y la compasión son sentimientos; Fromm, tú tampoco te enteras).

 

Cien años perdidos, Rita.

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  1. 18/10/2011 en 18:21

    Rita ganó el Nobel por el descubrimiento de la primera neurotrofina. Eso, desde luego, es un logro y merece el premio, seguramente, pero la frase que citas de ella pone de manifiesto que ignora cómo lo que se llama cerebro racional (localizado fundamentalmente en el lóbulo frontal izquierdo) está en íntima conexión con el cerebro llamado afectivo, emocional, o sistema límbico. Josep Ledoux ha puesto de manifiesto que hay más conexiones de abajo a arriba que de arriba a abajo así que ¿quién inferiremos, así, ingenuamente quizás, que tiene el mando? Los experimentos realizados por Damasio y Bechara con apostadores, ponen de manifiesto que antes de tomar una decisión en la que hay algo en juego, nuestro sistema emocional está activo para ponderar pros y contras (“sus” pros y contras) y decírselo al oído al cerebro supuestamente dominante, racional y consciente. Cuando esta conexión falla, los apostadores tienden a cometer más errores. Sobre esto se puede leer la entrevista a Bechara en mi blog (Damasio no se extendió demasiado, la verdad, aunque luego tomó la cita de Pessoa que había colocado en la intro en el comienzo de su último libro).

    • 19/10/2011 en 13:08

      Montalcini conoce bastante bien su campo, no lo ignora, como he dicho arriba estúpidamente. Me veo obligado a reconocer ese error. Sin embargo creo que las opciones de una mejora moral del hombre no pasan solamente por esas circunvoluciones, sino por un cambio más profundo que también implicaría al cerebro más profundo.

  2. 21/10/2011 en 00:24

    Desconocía el hallazgo de Ledoux, pero me encanta conocerlo. Es un buen apoyo a mi forma cibernética de entender el sistema nervioso y el resto del organismo, aunque también me gusta la teoría del caos aplicada a la neurociencia, a ver si un día de estos hablamos de estos temas apasionantes. Habría que organizar algún tinglao de estas cosas, en plan Café Gijón, pero para la neurociencia. ¿Qué te parece?

    Me gustaría especialmente que me explicases tu punto de vista en lo que respecta a tu último comentario, es un asunto apasionante. Intuyo que coincidiremos otra vez.

  3. 23/10/2011 en 06:59

    Un conocido mío de esta amplia red que formamos en internet tiene un grupo de debate que debe ser muy interesante, al que por desgracia no he podido asistir nunca, ni siquiera una vez que me pidió que hablase de La Nueva Ilustración Evolucionista y su “evolución·. Son las tertulias Unamuno-Prim. Si quieres le paso tu correo para que te envíe la convocatoria a los diversos simposios que celebran -auténticos simposios al estilo griego, donde simposio significaba “beber juntos” y del que hay célebres ejemplos en la obra de Platón. Ha llevado a gente de mucha valía a dar charlas y los participantes creo que en general son profesionales bastante cualificados y personas bastante inteligentes que tienen muchas cosas que aportar a los debates, que abarcan temas no sólo del cerebro, sino de evolución, psicología social, medicina…etc.

    Leí a Ledoux lo de las conexiones recíprocas que decía arriba, y es un hecho científico contrastado, lo que no recuerdo ahora es si fue el mismo el que lo comprobó o se limitaba a hablar, en su disertación sobre el cerebro emocional, del descubrimiento.

    Lo que vengo a sugerir en el último comentario, para matizar la torpeza del anterior en el ataque a una eminencia científica como Montalcini, es que los estudios científicos que se están haciendo ahora en neurociencia, por ejemplo esos de Damasio y Bechara, pero no sólo, prueban que el lóbulo frontal y sus rugosidades, surcos y circunvoluciones, es el lugar dónde reside la toma de decisiones, la planificación, aspectos morales de nuestra conducta, etc, y que todo eso surge no del lóbulo frontal como una unidad independiente, sino de su relación directa con el cerebro subyacente que envía órdenes basadas en recuerdos emocionales, por ejemplo (en el caso de las cartas un procesamiento subconsciente de en que taco estaban las cartas con más varianza en los premios y castigos pero en conjunto más negativos). La prueba se le hizo a personas con sus funciones frontales afectadas por traumatismos, ictus etc. Phineas Gage de nuestro tiempo. Y esas personas apostaban indistintamente en todos los tacos, y se inclinaban finalmente por los que contenían premios (y castigos) más altos y que conducían a la bancarrota. Su toma de decisiones, su autocontrol, estaban seriamente afectados al no ser debidamente supervisados por sus emociones, que a fin de cuentas son las razones del corazón de las que hablaba Unamuno..

    Es decir, el cerebro más profundo, y más difícilmente modificable, por ser menos moldeable por el ambiente, y en la medida en que lo es graba a fuego los aprendizajes (por ejemplo cuando imprudentemente ponemos la mano en el fuego), juega el papel principal en las evaluaciones que hacemos, por lo que la parte llamada “racional” de nuestra naturaleza le debe gran parte de su éxito al mismo. Otra parte se la debe a que existan mecanismos inhibitorios de impulsos primarios hacia el sexo, la comida, las ganas de decirle eso a ese, etc.

    Así que Montalcini hace muy bien al hablar de nuestro pasado y cómo este nos ha hecho como somos, pero no estoy seguro de que tenga razón al sugerir que los cambios necesarios para hacernos mejores humanamente pasen por la materia gris de la neo o iso -corteza, concretamente en sus zonas de asociación, como es el lóbulo pre-frontal.

    Muchas diferencias en los caracteres, rasgos psicológicos básicos, en las personalidades e individualidades, en definitiva, son genéticas. Hay que atender no a genes sueltos, sino al proceso de desarrollo biológico, en particular el desarrollo del sistema nervioso para ir descubriendo poquito a poquito qué neurotransmisor, que hormona, que molécula, y en qué momento del desarrollo, se desborda o bloquea y hace que unas partes del cerebro sean distintas de otras. Pero ¡ojo!, las personalidades podrían bien ser buenas, con sus cargas potenciales, para la variabilidad genética y comportamental en sociedades humanas complejas que quizás requieran de gran variedad de tipos humanos para su correcto funcionamiento, que no es otra cosa que su exitosa adaptación al medio.

  4. 23/10/2011 en 19:15

    Asumo que mi particular cruzada con respecto a la animalidad emocional es propia del momento, un lastre que espero soltar en cuanto este sector en el que me muevo sepa algo de lo que habla, cosa que no ocurre ahora, en cuanto logre aterrizar en el sentido común. Ya estoy algo cansado de este papel, pero la carencia de sentido crítico es tan exasperante en el sector de los RRHH que saca de mí buenas dosis de agresividad verbal que por otra parte merece. Por lo tanto, afirmo que tan pernicioso es defender la inteligencia social como denostarla, porque puede llevar de rebote al extremo opuesto, algo que, conocedor de la física del caos, no deseo en absoluto. Soy partidario de la libertad individual, de que cada uno sea como es o quiera ser, pero no de uniformidades totalitarias, que, como señalas, son absolutamente recesivas.

    Si como tú y yo entendemos el encéfalo, como sistema complejo, entendemos la metáfora de Rita Levi-Montalcini, en cuanto se refiere al filtro moral que supone el neocórtex para toda la información almacenada en el meso y paleocerebro, sin la cual el ser humano tampoco es nada.

    ¿Cómo se consigue? A ver quién le pone el cascabel al gato. Yo tengo mi propuesta, aunque no la voy a hacer pública todavía.

    Me encantará asistir a uno de esos simposios (con cerveza;-) Unamuno-Primm, seguro que son interesantísimos.

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