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Después de Jobs, otro “genio” se nos ha ido: Daniel Goleman

Es broma, por supuesto, no tengo ninguna noticia de la muerte de Daniel Goleman ni se la deseo, de hecho lo que le deseo es una larga vida para arrepentirse de todo el mal que ha hecho a la humanidad entera con su perversa manipulación de la realidad mientras se llenaba los bolsillos a costa de nosotros, pobres insatisfechos. Pero lo que sí puede darse por muerta es su obra maestra: la famosa Inteligencia Emocional.

Recordarán los que conozcan la historia o sean asiduos a este blog que esta gran mentira se fundamentó en unos supuestos estudios (por supuesto científicos) que demostraron que las personas (cuatro gatos de entre 25 y 30 años en realidad) preferíamos jefes muelle (¡nos ha jorobado mayo con las flores! ¡y si es Julia Roberts mejor!) a personajes severos estilo antiguo régimen. Sin embargo una nueva investigación realizada por el profesor de The Stanford Graduate School of Business Nir Halevy, ha demostrado que los trabajadores preferirían a líderes bondadosos, comprensivos y sacrificados en tiempos de paz, pero en tiempos de crisis, cuando las cosas se ponen difíciles, quieren un líder con poder y dominante. A la vuelta de la esquina algún oportunista escribirá un nuevo best seller: la inteligencia del poder, o la inteligencia del dominio. Ya verán, ya.

Los detalles de la investigación no han sido publicados, o yo no he logrado acceder a ellos, pero conociendo los de Goleman, puedo poner –al menos– en un plano de igualdad ambos; así que o ambos son absolutamente irrelevantes –excepto desde la perspectiva del negocio, por supuesto– o ambos ciertos; con lo que, al menos, podemos asegurar que la Inteligencia Emocional es una verdad a medias. O una medio mentira. Y no es cuestión de ver la botella medio llena o medio vacía, sino más bien del nivel de la pirámide de necesidades de Maslow en que se encuentra la humanidad en cada fase del ciclo recursivo ascendente que nos lleva a evolucionar. Es decir, que la Inteligencia Emocional ha sido producto y causa a la vez, de la ya casi olvidada parte alta del ciclo que hemos vivido hasta hace ocho años.

Tomen nota formadores, coaches, y profesionales varios –notablemente los femeninos– del sector de los RRHH y procuren los que tengan aún una larga vida laboral por delante ser más prudentes en sus juicios acerca de cuestiones tan importantes como hacia dónde conducir la mente de la sociedad, no vaya a ser que en la siguiente curva del ciclo tengan que arrepentirse de lo que defendieron anteriormente. 

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  1. 23/10/2011 en 06:33

    En torno a ciertos temas científicamente ambiguos se reúnen muchas personas que lo que quieren es ganarse la vida con la charlatanería de moda. Hay desde gente bienintencionada que cree en las bondades de lo que vende hasta perfectos cínicos que saben muy bien que “es cosa de negocios” y se forran a costa de la ignorancia y credulidad de la gente, gente que, como es obvio, se vuelve más desconfiada cuando le faltan los medios económicos.

    La idea de inteligencia emocional tiene un lejano precursor (bueno, de una década de lejanía o así, pero eso en ciencia es mucho) en las ideas de Howard Gardner, reciente galardonado del Príncipe de Asturias, sobre las inteligencias múltiples, en particular en las inteligencias intra e interpersonal. Con posterioridad otros científicos propusieron, a finales de los 80, la idea propiamente dicha de IE. Y Goleman la popularizó con un buen arte literario-publicitario. La gente, claro está, oye IE y no sabe o no recuerda los nombres de los que plantearon la idea. Y detrás de Goleman han surgido una ristra de busca-vidas que han terminado por saturar su propio mercado, hasta el punto de que ya no es fácil distinguir un producto medianamente aceptable de una basura pseudocientífica hasta que los has probado pagando por ello un elevado coste.

    En épocas de crisis no sé si la gente necesitará o no líderes más autoritarios, pero la eficacia y eficiencia y el tener claros los objetivos de la organización siempre hacen falta, sea por medio de persuasiones suaves sea en forma de tajantes órdenes. En la República Romana elegían un Dictador por un período de unos años para afrontar tiempos particularmente complicados -sobre todo en la guerra o en alguna revuelta intestina de plebeyos. Esa fórmula hoy, en que la Democracia está sacralizada, aparte de por otras cuestiones de complejidad social, no es factible. Pienso yo que un tipo u otro de liderazgo son necesarios para un tipo u otro de meta grupal, sea una empresa, la conquista de un territorio o la escalada de una montaña. Trabajar en equipo requiere empatía, ciertamente, pero en ocasiones duras pocas concesiones a la comprensión, frente a las prioridades externas que hacen que la unidad interna no requiera, por la propia concienciación de los integrantes del grupo, de tantas zalamerías y acercamientos y ¿Qué tal está tu prima?

    Haces alusión a los coaches femeninos. Probablemente te refieras a quienes sostienen que el estilo femenino de liderazgo tiene mucho que aportar al estilo moderno de organización. El estilo femenino se basa, supuestamente, en esa empatía que comentábamos y que tanta relación tiene con la inteligencia emocional -supuestamente más elevada en las mujeres, por su pasado evolutivo de cuidadoras de la familia y habladoras en reducidos círculos sobre los cotilleos de la tribu (de ahí, también, unas dotes lingüísticas más elevadas). Yo pienso que en la tormenta el barco lo tiene que dirigir alguien decidido y con gran pericia técnica, fruto de una gran experiencia, tenga o no empatía, pero dejándola en cualquier caso para ocasión más propicia, quizás precisamente para los previos de la tormenta. Y durante la calma es bueno saber escuchar a los subordinados, entender sus situaciones, para motivarles, aunque algún free rider se aproveche de esas ventajas (pero la empatía y las capacidades cognoscitivas relacionadas, en las que incide bastante el psicólogo Paul Ekman, también debería ayudarnos a detectar a los tramposos y darles su recompensa en forma de suave pero eficaz patada en el trasero).

    Goleman es un excelente divulgador y, claramente, un hombre de negocios que ha escogido bien el nicho y ha sido favorecido por un tsunami ascendente. Pero los verdaderos científicos permanecen ocultos a la vista de un público demasiado humano para prestar atención a los detalles, y menos a los antecedentes y a los fundamentos.

    Me alegra saber que Goleman sigue vivo.

  2. 23/10/2011 en 18:56

    Seguimos estando de acuerdo, para mi satisfacción, sinceramente. Aunque al principio hablas de la empatía como un rasgo deseable, más adelante aclaras que, ni tiene por qué estar presente con el mismo grado de desarrollo en todas las personas, ni es un valor positivo en sí misma. Es simplemente una característica general del cerebro humano, ni es positiva ni negativa por decreto ley, feminista o del poder político de turno; ni tiene por qué desarrollarse obligatoriamente y hasta los límites que marque el mercado o quien sea.

    Arrastrados por ese tsunami de bonanza que mencionas, y por supuesto por el inefable hombre del talante con su diabólica estrategia de paridad obligatoria y culto a la apariencia, se nos ha hecho creer que es necesario poseer un grado elevado de empatía, cuando ya sabemos (los que lo sabemos) que su desarrollo debe estar tan desigualmente repartido en el género humano como el del sentido del humor, la tenacidad, la inflexibilidad, la tolerancia, etc., etc. La tiranía totalitaria de la inteligencia emocional y su derivada la empatía impulsada por los (y las) que no han entendido absolutamente nada del asunto ha servido para atacar a personas e instituciones poseedoras de otra distribución diferente en el desarrollo de sus diversos tipos de “inteligencia” y llevarnos a la deplorable situación en que se encuentra el sistema complejo llamado occidente, y particularmente el complejo subsistema aún llamado España.

    La Inteligencia Social de Gartner se ha convertido por arte de birlibirloque en Inteligencia Emocional (gracias a la habilidad literaria y comercial de Goleman y sus corifeos), en el culmen de la evolución, y sobre todo en un negocio jugoso y arma letal contra el carácter masculino, asediado por desorientados, fracasados, frustrados, resentidos, homosexuales medio fuera del armario, feminazis y otras subespecies humanas repentinamente convertidos en profetas, mesías de la nueva religión.

    La Inteligencia Emocional es un abominable constructo teórico inexistente, es una actitud de superioridad vana típicamente marxista, un dogma, una religión atea, con los que se confunde la razón humana, convirtiendo a las personas en meros buscadores de satisfacciones como los animales, adolescentes mimados permanentes que esperan que sus jefes sean sus papás y los miembros de sus equipos profesionales amiguitos de la guardería.

    Finalmente, como es lógico si se entiende lo humano como sistema caótico, complejo, la incoherencia salta a la vista: la IE y la empatía no son más que macabra formas de intolerancia a la frustración, intolerancia con respecto al diferente. Pero si puede servir para destruir al enemigo, al que ocupa el lugar que nosotros creemos merecer ¿qué frustrado iba a resistirse a defenderla?.

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