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Las profundidades del cambio

imageDejando quizá el trabajo a las órdenes de alguien y algún otro ejemplo aislado más que desconozco, los actos del ser humano siempre están precedidos, en las profundidades de su encéfalo, por una forma más o menos sofisticada de cognición propia que se basa –siempre– en las adquisiciones previas de cada individuo individual y más allá, del género humano completo. En román paladino esto significa que no existe en realidad libre albedrío sino –en los sistemas complejos, como lo son el ser humano y la sociedad humana– dependencia de las condiciones iniciales, el comúnmente llamado efecto mariposa; condiciones iniciales últimas que nos han traído hasta aquí. Y si existiera, su margen sería tan estrecho que yo no sabría realmente por qué sucede y en qué momento podría alguien utilizarlo; sería una especie de milagro. En realidad no tomamos decisiones, son las decisiones las que nos toman a nosotros. No hay azar, Dios no juega a los dados, diría Einstein.

 

 

En las profundidades de la victoria electoral de Adolfo Suárez existía en España la necesidad de cambiar los valores del autoritarismo por otros equilibrados y centrados, de ahí el éxito de su mensaje y su partido. ¿Y por qué murió la UCD? Quizá porque el cambio real no era de la magnitud que se deseaba, las libertades habían traído consigo nuevos modelos de ver el mundo que sedujeron/condicionaron las decisiones de gran parte de la sociedad, que deseaba aún más. Existía además un cierto riesgo de involución a los valores que se rechazaban dado que el ejército y la propia UCD estaban imagepoblados mayoritariamente por personas del antiguo régimen. Cierto que el resto de los grandes partidos y algunos de los principales medios de comunicación también lo estaban (como el resto de la sociedad, por otra parte), por lo que seguían manifestando algunos de los tics autoritarios anteriores. El 23F llevó en volandas hacia el cambio de valores que representaba Felipe González; la gente no quería volver atrás, hacia algo parecido a aquello, ni para tomar carrerilla, y tal evento sirvió para que se lo recordaran. Nos gustará más o menos, pero la inconsciente masa ciudadana tomó la decisión de votar mayoritariamente al PSOE condicionada por esas circunstancias. La izquierda se erigió, durante trece años, en dominadora de los repartidores de condicionamiento de decisiones: las editoriales, medios de comunicación e industrias afines.

Pero el políticamente moderno valor centro, equilibrio alejado de extremos, ya había calado en el inconsciente colectivo, quedando firmemente anclado en la mente de cada uno de los ciudadanos de este país como algo virtuoso; una virtud muy elevada que supuso –bajo la bandera de la reconciliación nacional– la presión por parte de los que no habían vivido realmente el franquismo, los más jóvenes, a sus mayores. A muchos les hicieron dudar de sus convicciones. A otros literalmente consiguieron condicionarles.  

En las profundidades del cambio que llevó al gobierno a Felipe González existían una serie de factores que se habían imagedesencadenado, un conjunto de valores que se ofrecían a la sociedad y que pocos años atrás se categorizaban en posiciones secundarias: aquello llamado libertad ya era más importante para la mayoría que la reconciliación y la moderación, algo que ya se había consolidado. Ahora algo nuevo, algo desconocido había logrado condicionar a la mayoría mientras España se iba modernizando, limpiándose de los restos industriales de la autarquía a golpe de dolorosa pero necesaria reconversión, aunque quizá pasados de frenada, perdiendo en el camino algunas de nuestras joyas de la corona, como la SEAT.    

Sin embargo, dado que los valores son la semilla que florece dando como fruto la acción, no pasó demasiado tiempo para que aflorasen conductas que traslucían los que verdaderamente inspiraban la acción del gobierno y el partido en que se sustentaba, lo que propició la desafección de gran imageparte de la población hacia el personaje, su grupo, los valores fundamento real de su acción: España no iba por buen camino aunque se empeñaran en condicionarnos con mensajes contrarios. Sin levantar la voz, los nuevos valores, esta vez representados en la persona de José María Aznar, apuntaban hacia otro lado, también ya viejo conocido: la seriedad, el rigor, el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad… Valores hard en contraposición con los soft anteriores, base de la pirámide de necesidades de Maslow en lugar de cúspide, ejemplificados por un señor que hablaba sin variaciones de tono y tan aséptico emocionalmente que tenía la capacidad de mentarte ofensivamente a tu madre sin mover ni un milímetro el labio de arriba.

Durante ese periodo, España se posicionó como uno de los referentes mundiales, participando de las decisiones internacionales con los grandes líderes mundiales, se consiguió también que abandonara el atraso al que ya nos habíamos acostumbrado. La única autopista radial hasta entonces, la A1 que unía Madrid con Francia, perdió la exclusiva con la construcción de las otras cinco, el bienestar se instaló presuntamente para siempre hasta el punto de que la juventud exigía un piso porque yo lo valgo a cargo del dinero público, que como todo el mundo sabe, no es de nadie, y ya que sobra, ¿por qué no socializarlo un poco?. Los repartidores de condicionamiento no se habían movido demasiado de su sitio, y aunque no se había producido un cambio tranquilo como en etapas anteriores, sino que lo que la mayoría deseaba era una continuidad, el cambio se produjo. Por segunda vez de forma violenta, por segunda vez con el mismo beneficiario. image

Los valores que ofrecía un desconocido y sonriente José Luis Rodríguez Zapatero a la sociedad no tenían mucha aceptación a juzgar por las encuestas pre electorales, así que lo que se juzgó en las urnas fueron las supuestas mentiras en relación a la masacre del 11M y circunstancias aledañas. Así, aún no habiendo un deseo de cambio de valores en el electorado, éstos fueron impuestos por el nuevo gobierno: talante, relativismo: nación es un concepto discutido y discutible, el ser humano no es tal hasta que sale del vientre materno o hasta cuando decida quien mande en ese momento, el matrimonio es simplemente la unión entre dos personas independientemente de su sexo y finalidad, paridad obligatoria al menos circunstancialmente, otra vez la Guerra Civil, la violencia ya no es conyugal o familiar sino machista a pesar de que las mujeres acusadas de asesinar a sus cónyuges no son acusadas de violencia feminista… las consecuencias derivadas de esos valores dejaron ver sus consecuencias con cierta lentitud en algunos casos, mientras la hucha iba aguantando. Pareciera que más que un gobierno de una nación, se tratase de un gobierno de las conciencias, y como no se puede estar en misa y repicando, las consecuencias negativas llegaron. España iba abandonando la Champions League de la economía para jugarse los puestos de descenso a segunda división curiosamente con países que enarbolaban banderas de valores similares.    

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Y hete aquí que el 20N, casualmente aniversario de la muerte de Franco, que supuso el inicio del desarrollo de una democracia civilizada en España, supone ahora –esperemos– el cierre del círculo que nunca debió ser y que ojalá nunca se vuelva a producir. Esperemos que a partir de ahora nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos vivamos una ondulada evolución.

En las profundidades del cambio que ha hecho a Mariano Rajoy a ganar las elecciones en 2011, nos encontramos, otra vez, con los valores hard, los valores de la laboriosa hormiga, base necesaria para el progreso. Valorar por encima de otros asuntos la seriedad, el rigor, la constancia, el trabajo, la responsabilidad, la moderación, la concordia, no sacar los pies más allá de donde da la manta… ha sido lo que ha propiciado la adhesión popular mayoritaria a la causa del Partido Popular.

En las profundidades de este sector llamado de los Recursos Humanos seguirá habiendo vendedores de humo, charlatanes de feria, guruses, acomplejados con título de líder, desnortados mesías salvadores y demás hiperautoestimados personajes basados en los valores de la cigarra, mientras en las empresas continuarán existiendo golosos presupuestos para los dinamiteros ya no sólo del progreso, sino de la evolución humana.

Los Punset, Marina, Rovira, Huete, Goleman, Rubia, Hay…, el movimiento del coaching tal y como ahora se entiende generalmente, y todo el ejército new age ahora replegado lamiéndose las heridas de su derrota ideológica y presupuestaria, espoleados por su patológico deseo de notoriedad y riqueza, serán los encargados de intentar seducirnos de nuevo –creando condiciones previas a nuestras decisiones– para que, en cuanto España vuelva a recuperar la senda de la prosperidad, exijamos que se valore nuestro deseo de ser millonarios instantáneos, líderes del mundo mundial, inteligentes emocionales, sonrientes permanentes, tolerantes hasta con los que buscarán otra vez destruir España por uno u otro medio. Siempre habrá alguien guapo y con talante dispuesto a dirigir el cambio. Como hasta ahora, nadie en este sector nos advertirá de los riesgos que se corre poniendo el foco en esos valores cigarra en lugar de los hormiga, aquellos se nos olvidarán… y volveremos a las andadas. Pero eso sí, libres para decidir.

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