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¿Excellent Talks? Los chicos de Esperanza Aguirre sucumben a la #neurocharlatanería

imageMadrid Excelente, entidad perteneciente a la Comunidad de Madrid, dentro de su programa “Excellent Talks” y en colaboración con la farmacéutica Roche, ha organizado recientemente una conferencia impartida por la conferencista australiana  Silvia Damiano.

Supongo que la CAM habrá cedido gustosamente, previo pago de su importe, sus instalaciones –hay que hacer caja, que la pela es la pela también en Madrit en estos tiempos convulsos– a los laboratorios Roche, algo que no deja de resultar curioso, como si estuvieran muy interesados en desarrollar nuevas patentes farmacéuticas de productos para quitarse el dolor de cabeza con cápsulas de empatía sintética o curarse una diarrea aguda a base de gránulos de neurohomeopatía voluntarista; al fin y al cabo, querer es poder. ¿No dicen que es así? Roche, a la vanguardia de la innovación, se mete en el berenjenal de la neurocharlatanería. ¿Alguien lo entiende?

 

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Sólo he podido recuperar del evento unos breves pero significativos párrafos, aunque he encontrado alguno más por la www acerca de lo que piensa la Sra. Damiano, experta internacional en neurociencias del liderazgo. Sí, no se me froten los ojos, que se les raya la córnea, han leído bien: experta internacional en neurociencias del liderazgo. ¿Se están preguntando qué demonios significa eso y en qué universidad del mundo se estudia? Pues yo también me lo pregunto, así que a poco que se enteren, espero que lo compartan conmigo. ¿Se están preguntando también qué significa experta internacional? Digo yo que si uno es experto en algo, es experto, aquí y en la China capuchina, otra cosa es que sea políglota, a no ser que se busque adornar un currículum. ¿Qué pasa por la cabeza de uno para colocarse semejante título? ¿Y qué es el liderazgo? ¿Es algo verificable científicamente con algún instrumento de neuroimagen o así? Después me piensan un rato –si lo tienen a bien– sobre el título de la conferencia: Neurociencias aplicadas al liderazgo, compromiso e inteligencia emocional, y lo mismo. Por el bien del progreso, digo, no vaya a ser que nos estemos perdiendo ustedes y yo algo trascendental y cuando vayamos por la calle la gente nos señale con el dedo murmurando por lo bajini pero para que lo oigamos –Mira: ése no es un neurolíder comprometido e inteligente emocional. Qué horror, ¿cómo puede existir gente así a estas alturas de la vida? ¡Dónde vamos a llegar!.

Al hilo del asunto del liderazgo, afirma la Sra. Damiano que en el futuro la creatividad, La autonomía y la flexibilidad inundarán los ambientes laborales, y los líderes del futuro tendrán que crear ámbitos donde se permita cierto grado de libertad para que las personas puedan tomar sus propias decisiones será la forma de liderar las organizaciones del futuro. Vamos, que los líderes nos dejarán pintarrajetear las paredes de la oficina y comer con las manos, como mamá, y si no queremos hacer un trabajo, nos darán otro que nos guste más, no vaya a ser que nos agarremos la pataleta. Un escenario de futuro que, si no fuese porque es afortunadamente imposible, sería como para largarse a una cueva hasta que nos encontrara, inexorablemente, la policía del pensamiento del Gran Hermano.

Como síntesis de sus teorías, para esta experta (dicen por aquí) las cuatro habilidades más importantes del neurolíder serán la inspiración, la imaginación, la integración y la intuición. El importante esquema, con copyright en prevención de usurpación de la propiedad intelectual de tan trascendental descubrimiento para la humanidad, dice:

Inspiración: “El poder de la autoridad para decirle al otro lo que tiene que hacer imagedesaparece y el líder debe desarrollar más la capacidad de inspirar a los demás para que quieran estar y trabajar con él independientemente de la posición jerárquica”. Es decir, que tendrá que explicárselo por señas, hacerle un powerpoint, jugar con su equipo a un juego de adivinar qué quiere el jefe, o recurrir a un genio salido de la lámpara que transforme sus deseos en realidades con sólo pensarlo, no vaya a ser que a los pobres desvalidos les siente mal que se lo digan directa, tranquila y llanamente, sin miedo a que se vayan a sus casas enfadados. Y ¿cómo dice que funciona eso del compromiso? Pues por aquí lo explica:

En las mejores empresas para trabajar el ratio de empleados comprometidos/no comprometidos es de 8:1 y en las empresas promedio es de 2:1. Conocer a fondo lo que hacen bien las mejores empresas para lograr tal nivel de compromiso es parte de la responsabilidad de los directivos. Dando por válido el argumento, que ya es generosidad, se nos vendrá a la cabeza Google, aunque dicen por aquí que no todo el monte es orégano, pero el resto de empresas del mundo mundial que no son tan guays porque no tienen un parque de atracciones dentro para que se diviertan sus excelentemente pagados trabajadores, ¿cómo lo hacen? En el siguiente párrafo lo aclara:

Implementar buenas ideas que incentiven la implicación requiere de foco y corazón ya que las mejores iniciativas demandan que uno piense en los demás y en como hacerlos sentir a gusto (generosidad más que egoísmo). O sea, que para conseguir implicación hace falta incentivarla. Ah, claro, no habíamos caído. ¿Y cómo se incentiva la implicación? ¿Con la nómina no vale? ¿Con más dinero, parques de atracciones internos, salas para echarse la siesta cuando a cada uno le venga en gana y coca colas y bocatas gratis? ¿Y la empresa que no pueda? ¿Con corazón? Oiga, ¿y por qué no le dice a la presuntuosa Google que deje de generar agravios comparativos con las empresas del mundo –la abrumadora mayoría– que no tienen tanta munición financiera y así resolvemos el problema más fácilmente? Si al final es cuestión de corazón no veo por qué tendría que haber problema. Y en cuanto a la generosidad, ¿si losimage trabajadores  lo que quieren es irse a comer a casa y no volver al trabajo hasta el día siguiente? ¿También tiene que pensar en ellos y acceder para que se sientan a gusto y por miedo a ser tachados de egoístas sin empatía ni inteligencia emocional?  ¿No les suena todo esto a síndrome de Peter Pan y Wendy?

Desde el punto de vista de cada individuo, el proceso de compromiso requiere participación, fuerza de voluntad y dedicación. Amar lo que uno hace y conectarse con la tarea, el jefe, el equipo y la organización es un proceso activo y comienza dentro de uno. El lugar de trabajo puede ser fantástico pero si la actitud del individuo es de querer recibir sin dar nada a cambio tampoco resulta. Cándido de mí, yo pensé que para estar comprometido sólo era necesario cumplir, con la madurez que se le supone a cada adulto que se supone que lo es, la parte del compromiso mutuo que le toca, pero eso sería demasiado simple, sin glamour, y no vende, así que mejor hacer una ensaladilla de recomendaciones abstractas bien picada, revuelta y condimentada con la mayonesa de unos cuantos lugares comunes hasta para adolescentes indignados con el fin de que uno ignore qué se está comiendo concretamente. ¿Qué entenderá la Sra. Damiano por amor y por lugar de trabajo fantástico? Lo mismo pretende que uno se enamore de su ordenador, que haya alguien que, como mamá y papá, le digan a uno que es lo más lindo del mundo, o que los compañeros del sexo opuesto caigan rendidos a sus pies. ¿Y no habíamos quedado en el párrafo anterior en que eso lo tiene que suscitar el neurolíder? ¿En qué quedamos? Me está dando la impresión, no sé si equivocada, que la experta tiene una empanada mental de las mismas proporciones que su ausencia de vergüenza.

Imaginación: “No podemos vivir sin innovación. Debemos estar continuamente reinventándonos y la imaginación es la precursora del pensamiento creativo, que es a su vez, el principal conductor de la innovación”. ¿Y si uno ya hace las cosas bien y se reinventa y empieza a hacerlas mal? ¿Cómo dice la ciencia que se hace el proceso de reinventarse? ¿Y si uno se reinventa mal puede rereinventarse? ¿Y cuántas veces puede reinventarse uno sin estropearse como las memorias flash? ¿Y cómo se reinventa uno? ¿Desaprendiendo lo reinventado o desreinventándose? ¿La imaginación es producto del pensamiento creativo o es al contrario? Tenemos aquí un buen ejemplo de la falacia Cum hoc, ergo propter hoc, buen truco para confundir al personal: si afirmo algo aparentemente cierto como que no podemos vivir sin innovación (vivir sí podemos, otra cosa es cómo vivimos), el resto de la frase parece que también es cierta, aunque no sea más que un discurso hueco. Y ahora dígame ¿cuántas veces al día y cuántos días al año hay que andar con la imaginación a vueltas? ¿de qué le sirve la imaginación en su complejo trabajo a un conductor de metro o autobús o a un cajero de Mercadona? ¿Le diría la Sra. Damiano al comandante que la transportó desde Australia a Madrid que pilotara imaginativamente o los pilotos no tienen derecho?

Integración: “Cuando uno es más flexible y está más integrado, la capacidad de colaboración se incrementa”. Suena muy bien eso de la integración, ¿verdad? ¿Y para saber esto hay que ser experto en neuroliderazgo? ¿Hasta dónde hay que ser flexible? En todo caso, ¿no es suficiente –otra vez– con la madurez que se le supone a cada uno, sea flexible o no, para colaborar? Alguien debería advertirle de que la flexibilidad y la ausencia de criterio no son sinónimos, y que ser más flexible no es ni mejor ni peor para un trabajo, simplemente es ser más flexible. Es curioso que, una vez gastado el concepto autoestima, de tanto usarlo como a Rocío Jurado se le rompió el amor, conferencistas de este tipo reniegan de sus principios anteriores y defienden lo contrario que antes: antes los niños no debían dejar sus juguetes a los demás si no lo deseaban, con el objeto de no vulnerar su individualidad y autoestima, ahora hay que hacerles flexibles para que entiendan que sus juguetes son de todos. ¿En qué quedamos?

Agilidad: “Los tiempos son demasiado rápidos como para no utilizar la intuición y poder así tener la agilidad que toda organización requiere hoy”. ¿Otro ejemplo de la falacia Cum hoc, ergo propter hoc o simple obviedad?. No sé si la Sra. Damiano ha trabajado alguna vez en alguna empresa, porque si lo hubiera hecho se habría dado cuenta de que la agilidad para cambiar la orientación de una empresa depende de la especialización de cada uno de sus miembros, y debido a ello, un cambio no se consigue tan fácilmente como uno se coloca el título de experto internacional de neurociencia aplicada a la inteligencia emocional.

Y ahora, para terminar, me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿Dónde de todo el discurso referido de la Sra. Damiano, aparte de menciones gratuitas explícitas, puede encontrarse alguna investigación neurocientífica, una referencia, una cita?

 

Aprovecho para animar a los amables lectores a colaborar en esta sección de Ghostbusters contra la neurocharlatanería descubriendo a sus neurocharlatanes favoritos. Cuantos más seamos en la tarea, mejor.

 

 

#neurocharlatanería

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