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Las patrañas de “cierto” coaching, pura neurocharlatanería

Ya lo advertimos en esta entrada anterior. Uno de los virus mentalesimage que contaminan con más eficacia a las personas y que inducen a estas a seguir diseminando su carga viral en los demás hasta el punto de convertir la enfermedad en generalizada, es la que asegura que:

Si crees que puedes, es verdad.

Si crees que no puedes, también es verdad.

Parece obvio que si crees que puedes es verdad, pero en realidad lo único que parece cierto es que crees que puedes, pero ni siquiera esto tiene por qué serlo:

-    Puede que simplemente uno se esté engañando a sí mismo, entusiasmado por la esperanzadora frase y que se lo crea porque obviamente hay muchas cosas que uno ha deseado y ha logrado a lo largo de su vida, empezando por atarse los cordones de los zapatos, por ejemplo. Y como todos sabemos, lo que funciona para lo fácil, no tiene por qué funcionar para lo difícil. La falacia es la típica “Si esto, luego esto” (Cum hoc ergo propter hoc). Como dijimos en aquella entrada, en ese caso todos seríamos megamillonarios o Magic Alonso.

    Otra cosa muy distinta es que quiera o necesite creerlo, una especie de fe pagana por la que más de uno hubiera ardido en el purificador fuego de la hoguera de la inquisición de cualquier religión del mundo, que no sólo la cristiana la ha tenido o tiene (véase el reciente caso de Asia Bibi), y que sea esa necesidad la que haga agarrarse como a un clavo ardiendo, a la esperanza del cambio deseado.

    Otra cosa también muy distinta es que las personas que creen que pueden conseguir algo y se han preparado para lograrlo tienen más posibilidades de hacerlo que las que no se han preparado lo suficiente o tienen una base suficiente (herencia, dinero, oportunidad, contactos o lo que sea) para lograrlo. Y ahí es donde reside principalmente el problema, que las personas no preparadas quieren lograr los éxitos de las preparadas. Pero ni siquiera las que cuentan con más posibilidades tienen la garantía de éxito asegurada, véase el caso de Mario Conde (@marioconde), una de las mejores cabezas de la historia de España que no logró, por las razones que fueren y que no vienen al caso, hacer realidad gran parte de las cosas que creía poder conseguir. Quizá porque, como a él le gusta repetir: Uno no es grande si no tiene grandes enemigos.

    Los divulgadores de esta frase acostumbran a ser personas que en el momento de expresarla logran por un momento una posición de dominio, de poder sobre los demás: “Yo soy un tío/tía grande y consigo todo lo que me propongo”; o, simplemente, como suele ocurrir en general en esto del coaching y similares, personas en una situación mental muy concreta que se creen todo lo que dicen (de esto hablaremos en el futuro), por más insensato que esto sea.

 

Para ilustrar éste asunto, nada mejor que recurrir a uno de los más grandes pero poco conocidos antivirus que ha conocido el ser humano, James Randi, desenmascarador del gran estafador Uri Geller, uno de los que más insistentemente pregonan la virulenta frase, haciendo el ridículo en un programa de televisión. No se pierdan el vídeo, es cortito y merece mucho la pena.

 

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  1. hinojedo
    01/04/2012 en 18:26

    Hola Santiago , totalmente de acuerdo contigo. Podrías otro día escribir sobre otro tipo de coaching que sobre todo intenta generar pensamiento en el cliente; pensamiento sobre su rol, sobre cómo es visto por los demás; pensamiento sobre cómo lograr empresas más humanas en las que el desempeño aumente a la vez que la confianza; pensamiento sobre cómo entender que a veces el mercado exige situaciones paranoicas , paranoia de rol, pero que no debe alcanzar a la persona; pensamientos sobre tantas otras cosas contradictorias y necesarias…… Y lo hacen con neurociencia o sin ella. Un cordial saludo, Carlos

    • 01/04/2012 en 20:37

      Hola, Carlos. Entiendo perfectamente el sentido de tu comentario. Igual es que crees que yo tengo algo en contra de los buenos profesionales del coaching, que, siendo una abrumadora minoría hacen su trabajo sin necesitar ese chute de opiáceos endógenos que proporciona el estar por encima de los demás simplemente, ni más ni menos, porque no son ellos quienes están en la piel de su cliente, y se dedican a soltar toda una ristra de barbaridades con neurociencia o sin ella, porque así se sienten aún más guays, como si estuvieran por encima del bien y del mal. Tu enemigo es esa inmensa mayoría de coaches existentes, que sólo desprestigian el nombre y la labor de los buenos profesionales, como supongo que tú eres.

      Entiendo el corporativismo, lo entiendo en general y en particular, porque uno tiene que dar de comer a sus hijos, pero para mejorar el coaching lo mejor que puedes hacer, en lugar de hacerte una idea equivocada de mí, es, a cara descubierta o de forma anónima, desvelar, como yo hago (porque no tengo nada que perder), las patrañas y a los charlatanes que ensucian el buen nombre de los que hacen bien su trabajo, de forma absolutamente fiel a la verdad. ¿O es que el coaching está por encima de la verdad?

      ¿Que echo pestes contra el coaching? Pues sí, y lo seguiré haciendo, aún consciente de que generalizo, porque mientras no existan más voces críticas como la mía, tu sector no dejará de ser, salvo honrosísimas excepciones, un contubernio de desnortados, egocéntricos, infantiles, vanidosos, hábiles comerciales sin escrúpulos, bipolares o ciclotímicos y profundamente ignorantes de lo que tienen entre manos y sus consecuencias, cuando no directamente locos de atar. Mientras no se trabaje para poner cordura en tu sector, caiga quien caiga, como he dicho muchas veces, llegará un momento, si es que no ha llegado ya, en que se sea del común consideraros unos chalados como a los psicoanalistas, pnleros, gestálticos, eneagramistas, echadoras de cartas, gurus y demás cantamañanas gravemente perjudiciales para la salud mental individual y colectiva.

      Y lo voy a hacer porque es mi deber, porque no quiero tener que reprocharme algún día no haber dicho lo que pienso para evitar que más gente caiga en manos de una secta destructiva tan irrisoria (¿has visto el post sobre Paul Brown, no te dan pena los pobres idiotas, del primero al último?) como el coaching.

      Finalmente, ¿quieres que hable bien del coaching? Demuéstrame que vale para algo más que para sostener psicológicamente al coachee hasta que se arregla solo (como diría Rolf Degen) o con la ayuda de algún amigo.

      No, para hablar bien del coaching hay miles de sitios, creo que estoy en suficiente inferioridad de condiciones para tomarme el derecho de levantar la voz de vez en cuando y si se presta, dar un puñetazo encima de la mesa. Espero que me comprendas.

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