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La empatía es de bobos (y bobas)

“La verdad es que en España hay siete clases de
españoles… sí, como los siete pecados capitales. A
saber:

Los que no saben
Los que no quieren saber
Los que odian el saber
Los que sufren por no saber
Los que aparentan que saben
Los que triunfan sin saber
Los que viven gracias a que los demás no saben.

Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a
veces hasta “intelectuales”.

                                                                     Pío Baroja

 

Hace ya mucho tiempo quería escribir sobre la empatía, aunque ya lo he hecho otras veces (la empatía es de pobres), pero nunca le he dedicado un monográfico sobre lo que yo opino al respecto como en esta ocasión.

La empatía es uno de los fantasmas más espeluznantes que circulan por ahí, en boca de todo despistado y/o bobo de baba que se precie. No se me ofendan los bobos de baba, es por su bien. Ya verán como alguno de los despistados no lee lo de y/o y se ofende también. Como no podía ser de otra forma, y me comprenderán a lo largo de esta entrada, me importa un pimiento que unos cuantos me odien, no tengo ningún interés en que nadie cometa la estupidez de empatizar conmigo por estas reflexiones ni todo lo contrario, sino desvelar las verdades acerca de la solemne payasada omnipresente ésta, que lo comprendan, no que sientan lo que yo siento. Ya ven que hoy no tengo la más mínima intención de hacer amigos. ¿O sí? Al menos no amigos bobos, eso seguro.

 

Comprendo que –como en las elecciones europeas, cuando había que ratificar no sé qué tratado de la Unión, y Los Del Río dijeron aquello de: “Vamos a votar sí porque lo dicen los que entienden, para qué vamos a pensar nosotros si ellos son los expertos”– como ustedes no entienden lo que es la empatía y ven que se habla de ella casi a diario en los medios de comunicación, simplemente siguen la corriente porque creen no sólo que esa estupidez inconmensurable es importante, sino que además piensan que es algo bueno, que todo el mundo debiera intentar desarrollarla. Pura ingeniería social. Les ayudaré a entenderlo si me prestan unas líneas más de atención.

Si usted ahora mismo está experimentando una sensación de indignación mientras piensa que yo soy un bocazas indocumentado, vanidoso, arrogante, ignorante, maleducado y osado, porque usted es psicólogo o lo que sea y sabe perfectamente lo que es la empatía, tengo que darle un disgusto: usted no tiene ni puñetera idea. Por si no lo sabían, ya saben por qué algunos me llaman el Pérez Reverte del sector, aunque ya quisiera yo. Es más, si usted se ha tragado la píldora destruyecerebros, no es sólo que no tenga ni idea de lo que es tal bodrio, sino que no tiene ni idea de nada importante, está equivocado en casi todo. Y andará, seguramente, dando lecciones por ahí, feliz de la vida. Es usted cómplice del nazismo, de la destrucción de la inteligencia y el sentido común, por lo que sería mejor que se fuese al desierto del Teneré a soltar sus homilías a los cactus. Porque usted no hace bien a la humanidad, le hace mal, así que, como otrora diría el bigotes: “¡Váyase, señor/a (ponga aquí su apellido)!

Señores y sobre todo señoras, que es a las que más mola el contubernio éste, la empatía es simple y llanamente una característica del ser humano normal, como lo es ver, oír, sentir, defecar, sudar, tener miedo, alegrarse, arrancar cuando el semáforo se pone verde o que le entren ganas de dormir por la noche, que es lo que yo debiera estar haciendo a estas horas. Todos los seres humanos normales, en mayor o menor medida, vienen dotados de serie con esa función, y lo son así, en proporción variable porque mal que les pese a los totalitarios que pretenden la dictadura de la empatía y la inteligencia memocional, como la borderline consejera de educación del gobierno vasco Isabel Celáa –¿No te quiere nadie, Isabel?– todos somos diferentes, aunque compartamos rasgos comunes. Pretender imponer un estándar de empatía es tan idiota como tratar de obligarle a uno a ir al excusado dos veces al día o a no sudar más de cuatro gotas en el gimnasio. La idolatría de la empatía es, por lo tanto, tan absurda como idolatrar la visión, la defecación, pararse con el semáforo en rojo, sentarse en la silla y no en la mesa o el sudor cuando hace calor: algo de puro perogrullo, necesaria pero sin estándares deseables, afortunadamente, y que no correlaciona con casi nada… bueno, como en el post “La empatía es de pobres” se explicaba, en román paladino, hay empáticos idiotas y geniales, inempáticos subnormales y magníficos, y personas con empatía del montón monosináptica y formidable. Y más estúpido aún, el epítome de la idiocia, es pretender que sea políticamente de izquierdas, ergo buena, de la que carecen los de derechas, ergo malos. Acabáramos.

¿Cómo funciona la estrategia ingsoc de la imposición de la empatía? ¿Qué lógica tiene? Es muy sencillo, enseguida se darán cuenta. Imagínese que tiene usted que dar una orden a un profesional de su empresa, pero éste se encuentra en esos momentos en los cerros de Úbeda o feliz pensando en el plan de esta noche. La orden es terminar un trabajo complicado, arriesgado y por lo tanto estresante. Usted, directivo, no podrá darle la orden sin embargo, porque turbaría radicalmente el goce que experimenta su subordinado, so pena de ser acusado de terrorismo emocional, de inempático. Y ese, claro está, es el peor de los insultos hoy en día a juicio de la consejera amiga de Gramsci y Lucacs. Si su hijo viene del colegio con más calabazas que el Un, Dos, Tres, pero feliz porque es un pasota y sabe que usted es un cagueta a base de constante asedio feminazi que no se va a atrever a levantarle la voz, ¿empatiza usted con sus sentimientos o le pega un bocinazo y le manda castigado a su habitación sin internet, Ipod, tele ni smartphone de última generación?

¿Cuándo entonces hay que empatizar, señores y sobre todo señoras expertas en empatía? Pues está claro, como el resto de la humanidad somos tan analfabetos como Los del Río tenemos que empatizar con quien habla de la empatía, con quien la ensalza, que para eso son los que saben de estas cosas, sobre todo si son del partido socialista vasco o general. ¿A que sí? ¿Cómo están ustedeeees? ¡Bieeeen! ¡Más fuerte que no les oigo! ¿Cómo están ustedeeeeeees? ¡Bieeeeeeeennn!

Porque, párense a pensar: ¿quién es la referencia con la que todo pichichi tiene que empatizar? ¿Se dan cuenta? ¿Gabi, Fofó y Miliki? ¿Buenafuente? ¿Quién es el que dice: hala, todo el mundo a empatizar con ése, ¡Ar!. Porque si no empatizamos todos con uno aquí terminamos a bofetadas como los críos por repartirse el papel de guardias o ladrones, no empatiza nadie con nadie porque todo el mundo quiere ser el protagonista con el que los demás empaticen, faltaría más. O empatizamos todos o la meretriz al río ¿Y qué pasa si a uno no le da la real gana empatizar? ¿Le mandamos a Siberia? ¿Si está cabreado porque su pía mujer le ha puesto los cuernos tiene también que reírse a mandíbula batiente cuando pase por delante de la máquina de café donde los empáticos se cuentan los últimos chistes. Terrorista emocional, insensible, no tiene empatía ni inteligencia emocional; vamos, ni derecho a la vida tiene.

No, yo, mí, me conmigo, mi ombligo, mi papá es el mejor y el más listo y mi mamá impresionantemente guapa, así que todo el mundo a empatizar conmigo. Todo el mundo a experimentar las mismas sensaciones, sentimientos, emociones y pasiones que yo, que estoy muy feliz, y si se le ha muerto su padre ayer, ¡cambie su pensamiento y su actitud, hombre, sonría que la vida es bella!. ¡A ver, empatice un poco! ¿O me pongo yo también triste? ¿Nos ponemos todos tristes a la vez porque a uno de los mil millones de chinos se le ha muerto el perro? ¿Luto mundial? ¿Eso es lo del caos? ¿Lo del efecto de la mariposa que aletea y provoca un huracán a diez mil kilómetros? Síii, hombre, síii, eso es lo del caos, tranquilo. ¡Por Dios, paciencia hay que tener en este país de analfabetos funcionales!

Y después, una vez ya idiotizados todos, felices cuando la querida líder Isabel Celáa o cualquier otra indocumentada u indocumentado sociópata lo diga y cabreados con quien el querido líder quiera, nos vestimos todos de azul mao y se acabaron los problemas, hasta que la cosa pete, claro. Porque a la naturaleza, a la evolución, no le gusta la uniformidad, prefiere la individualidad.

Señores empáticos, están ustedes de frenopático, sección irrecuperables.

 

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Estoy hasta los cojones del rollo de la empatía

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  1. 27/05/2012 en 18:48

    Sí, impecable. El problema es que hablas de lo que sabes, y sobre todo, pareces saber qué coño quiere decir la Celáa con sus fórmulas mágicas. Porque los ignorantes (aquí uno), leemos sobre sacar de la asignatura contenidos como “el diálogo como fórmula para la resolución de conflictos, la cultura de la paz o la empatía”, y nos quedamos colgados del vértigo. ¿¿¿Mande???

    Nunca hubiera pensado que se trataba de algo distinto que, no sé, por ejemplo una parrafada de Cantinflas. ¿Conoces a Celáa? Me encantaría tomar un gin&tonic con ella, y que me lo explique. Droga dura.

    • 27/05/2012 en 21:30

      Pues no, no tengo el disgusto de conocerla, no me gusta nada hablar con sectarios y sobre todo sectarias feminazis, no sirve más que para agriarse el ánimo, me recuerda a esta entrada antigua sobre los mentirosos y miltantes

      Tómate antes otro para ir algo anestesiado, con uno no creo que te resistan las meninges, y luego me cuentas, si no vuelves, rezaré por ti.

      Hoy he discutido casualmente con mi hermana del asunto, dice que su hijo mayor no tiene empatía porque le han entrado ganas de atizar a uno que le ha manchado de tipex en el cole su camiseta favorita de marca, y que debe ser el blanco de las burlas de todos. Se ha tragado la píldora sin agua ni ná. No entiende que hay una cosa que se llama razón y que, casualmente, la disfrutamos algunos humanos y cada vez menos humanas. Estamos perdidos, el último pilar de la civilización, la mujer, depositaria y transmisora de los valores adaptativos, está a punto de disolverse como un azucarillo en agua. Que Dios nos coja confesados.

  2. david
    30/07/2012 en 07:51

    Estoy de acuerdo con tigo, que objetivamente resultaría mas practico no ser empatico, pero hasta tu lo eres, por eso le explicas a los demas lo que tu piensas, para que te empaticen… ¿No? No verás las noticias verdad? Ni tendras ningun amigo, porque si no los conoces, que mas da que piensen.. O como se sientan.. Lo importante es que tu seas feliz con los demas, pero si los demas son felices no es relevante.. Eso es lo que quieres decir?

    Y si ese chino no fuera chino, fuera tu amigo, no te doleria que se le muriera su padre? Pues tal vez devieras plantearte el porque as llegado al extremo de no importarte que se mueran otras personas, ni de importarte el sufrimiento de un niño que pierde a su padre solo porque no conoces a ese niño..

    Y la tia que te pone los cuernos la empatizas, comprendes que ella, al igual que tu está siendo objetiva y no le importan los sentimientos de los demas, siendo capaz de traicionarte y hacerte daño. El dolor es porque ella no te empatiza a ti, y se va con otro.
    y por ultimo, todos los hombres sentimos y amamos, aunque es cierto que con diferentes medidas.. Pero no es de ser mas hombre el que dice que no siente, es de ser mas cobarde.

    Chao!

    • 02/08/2012 en 01:28

      ¡Coño, Santiago, te ha caído un empatizador! Bien lo pronosticabas: No se me ofendan los bobos de baba, es por su bien.

      David, ¿la empatía desbordante esa que debes llevar te ha robado la capacidad de entender un texto sencillo? ¿Quién ha dicho que esto tenga que ver con lo que resulta “más práctico”? ¿Y quién ha dicho que nadie (normal) carezca de empatía? Acojonante, no has entendido nada. Repitamos, pero desbrozando como para lactantes:

      Todos los seres humanos normales, en mayor o menor medida, vienen dotados de serie con esa función, y lo son así, en proporción variable porque … todos somos diferentes, aunque compartamos rasgos comunes.

      Dibujito infantil:

      – Todos, incluso el autor de la entrada, tenemos empatía.
      – No es ni bueno, ni malo, ni práctico, ni no práctico, ni leches; es como somos.
      – Seguramente fue útil para nuestra supervivencia, y ahí quedó.
      – Muy bien puede ser que aun tenga esa utilidad.

      Pero lo mismo que sería idiota pretender que la gente sea “más bípeda”, es idiota pretender que sea “más empática”. Esto es, aquí el colega anfitrión no tiene nada contra la empatía, ni lo ha dado a entender en el menor de los grados. Tiene mucho contra los empatizadores. Tal vez porque como hay que ser un poco idiota para ser “empatizador”, los fanáticos de asunto tienen tendencia a mostrar la misma disfunción cerebral que acabas de mostrar tú.

      ¿Lo pillas ahora, o hay que desbrozarlo más?

    • Maleni
      03/08/2012 en 20:40

      Como soy mujer, debo de ser práctica (topicazo guay) y planteo alguna situación concreta. Me molesta de la empatía, o mejor dicho, que te acusen de falta de ella, cuando vas contracorriente en un grupo o planteas una visión alternativa al
      “dinamizador” de turno. Ese sentido crítico cuando va acompañado de un razonamiento intachable cae fácilmente en la “no empatía”. Yo casi prefería cuando eso era directamente caer antipático, edulcorarlo es relegar definitivamente el papel tan importante que tiene la mosca cojonera en una sociedad.

      • 03/08/2012 en 21:33

        Bueno, es que los empatizadores, como aquí el amigo David, son fabricantes de rebaños. Talmente como frailes medievales, en una versión posmoderna. Colegueo y buen rollito, y no te vayas a salir un milímetro del papel. La mosca cojonera no le va muy bien al rebaño. Tirando a desastre.

        • 03/08/2012 en 21:35

          Pero no tendrá cojones de venir a intercambiar argumentos, el empático. ¿Teniendo empatía, para qué queremos raciocinio? Ya digo, malditos frailes.

  3. Marco
    20/01/2016 en 10:11

    El problema es que la empatía no consiste en lo que esos giliflautas dicen en un mundo happyflower en el que todos nos entendamos. Es saber lo que siente el otro y dado el caso poder dar una respuesta a la situación. Y eso se entrena, le guste o no. No vamos a idealizar el caminar porque todo el mundo pueda hacerlo, pero si nos tiramos en una poltrona todo el día con una sedentaria del copón vamos a perder facultades para caminar, correr, lo que sea.
    Y mezclas churras con merinas (en la otra entrada de los bobos también pero me la sopla explicarlo aquí). Pones varios ejemplos, por ejemplo el de un jefe: Si un empleado es un cazurro y ensueña trabajando y baja su nivel te la pelan sus sueños y le das una colleja (simbólica) pa que espespabile, y merecidamente. Pero si lo conoces como su mando directo, y algo raro le pasa a nivel emocional, puede que esa información sea util para incluso reconducir la situación y mejorarla (y no hablo de una mejora de una de las partes sino ambas), y quizás darle esas collejas en un mal momento solo va a crear un circulo vicioso a causa de la incapacidad empática de una de las partes.

    Las palabras vacías de estos políticos es lo que tienen, no saben ni cómo utilizarlas, las tergiversan y al final a la sociedad o se la pela o le llega un mensaje moñas sin contenido ni sustancia.
    Total, es lo de siempre, todo en su medida está bien, pero estos moñas nos quieren meter con un embudo sus ideas, como si en ellas mismas se encontrara un bien absoluto.

    • 21/01/2016 en 01:14

      Para saber lo que el otro siente tenemos una cosa que se llama razón. Que lógicamente está mediada por un subsistema del sistema visual. Se llame como se quiera llamar. Pero lo que nos distingue de los animales es precisamente la razón.

      Estás dando por supuesto que alguien sabe qué hacer con un problema de ese tipo. Pero eso no ocurre. Es un sistema de diagnóstico, como el feedback 360 y otros intentos de controlar a los demás efectuados por parte de necios y/o sociópatas.

      Sí, todo en su medida está bien, y en el caso del ser humano, lo que está mal, y por defecto, no por exceso, es el raciocinio.

  1. 28/05/2012 en 09:34

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