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Silvia Damiano se postula al Nobel: Hombres y mujeres no somos iguales.

En plena moda de la neurociencia, última estrategia ingsoc para intentar someter al ser humano, y van…, Silvia Damiano, una de las neurocharlatanas más insignes –con el permiso de Punset– nos explica las diferencias entre varones (hombres somos tanto varones como mujeres) y mujeres.

 

 

Según esta experta en neurociencias del liderazgo, compromiso e inteligencia emocional (pásmense), los varones y las mujeres tenemos características y funcionamiento diferentes. Lo que le lleva –¿Me da a mí solo la impresión de que arrima el ascua a su sardina?– a concluir que el mundo de la empresa debe regirse por los principios que los expertos en neuroblablabla como ella definen, no por los del libre mercado, y ascender a las féminas al lugar que ella cree merecer, como botón de muestra que se considera a sí misma, precisamente por esas características diferenciales, o sea, por ser mujeres y no varones. Faltaría more, Silvia, que diría seguramente Chiquito de La Calzada, a mandar.

 

 

 

A pesar de un compromiso declarado sinceramente de que se va a apoyar y desarrollar el talento de las mujeres, muchas organizaciones todavía no saben cómo valorar las formas de ver de las mujeres, o no entienden cómo usar los puntos de vista de estas, para su propio beneficio.

Para las empresas, los costes de este fracaso no son fácilmente cuantificables, pero son muy reales. Los costes para las mujeres son más evidentes. Cuando las observaciones de las mujeres no son valoradas, ellas, bien se resignan a suprimir sus mejores contribuciones, o bien deciden llevar sus ideas y talentos a otros lugares.

 

 

Analicemos la estrategia de manipulación emocional de la amiga Silvia: primero hace la rosca al sector, para sesgar su pensamiento hacia lo positivo, para que lo siguiente que diga esté teñido por esa polaridad, para una vez entontecidos pasar al ataque –no saben, no entienden, no valoran, costes, fracaso, resignación, suprimir, llevarse– previsible para cualquier gato escaldado. Viene a decir que si Coca-Cola & Company la presidiera una mujer, como ocurre con la Pepsico, sería aún mejor, la gente la bebería más, y si no se bebe más la Pepsi es por puro machismo, la sociedad patriarcal y todas esas cosas tan feas. ¡Si es que no saben, estos consumidores, hay que enseñarles, que para eso estamos los que sabemos! ¡Qué es eso de beber así, por beber, a tontas y a locas (esto me recuerda a cierta canción de Seguridad Social), sin preguntarse si la que manda tiene vaina o es un tío peludo con colgajo! ¡Inconscientes! ¡No tenéis empatía ni inteligencia emocional! ¡Así va el mundo como va! ¡Trogloditas!

Y por si la amenaza sutil a que le etiqueten a uno de machista recalcitrante no fuera suficiente, resulta que, además, la crisis mundial se ha desencadenado precisamente a causa de la escasez de mujeres en la cúpula empresarial. Las tontas de las empresas se lo pierden, porque si no las ascienden, se irán a otra empresa que valore sus características y Santas Pascuas.

Yo, como padre de fémina única y liberal en lo económico, estoy deseando que las mujeres nos pasen por encima si ello ha de ser y en lo que haya de ser, que Elena Rosell levante las pegatinas a Marc Márquez y Pol Espargaró en plena recta, que los humille con prepotentes caballitos al cruzar primero la línea de meta por méritos propios, pero lo que no haré nunca es pedir a los demás que se dejen adelantar porque si no Elena se enfada y se va. Aquí estamos para avanzar, todos, juntos, cada uno con lo que aporta, cada uno con su especialidad, Silvia, así que déjate de quejas y amenazas y ponte a hacer algo útil por la sociedad en lugar de contagiar tu confusión.

Y no deja de ser curioso, casi paradójico, que en una misma entrada me coincidan Arnold Schwarzenegger y su ex-esposa, María Shriver Kennedy, coordinadora de la investigación que cita Silvia Damiano en la que se pone de manifiesto que:

 

 

El reporte Shriver, que fuera publicado en el año 2009 y que fuera ampliamente difundido a través de entrevistas de televisión, sugiere que la famosa “batalla de los sexos” ha llegado a su fin. Ahora se trata de la “negociación entre los sexos”.  Si bien esta realidad americana puede que todavía no se dé en otros países, hay otras “realidades” que se siguen perpetuando, como por ejemplo la disparidad en los salarios y la asignación de roles entre hombres y mujeres.

 

 

Lo dicho, como en política: ahora me pongo yo, luego te pones tú, ninguno valemos para nada, pero mediante el diálogo y blablablá… como la negociación colectiva: mientras negociamos seguimos cobrando y posponemos afrontar la realidad hasta que implosiona la economía como la de la URSS. Como no podía ser de otra forma, estoy totalmente de acuerdo en la igualdad de salarios para una misma responsabilidad, pero… ¿la asignación de roles no es coherente con esas diferencias entre ambos sexos? ¿Obligamos a asumir roles que no concuerdan con las características propias de cada uno? ¿Lo de la formación por competencias entonces no sirve? ¿No será mejor que gane el mejor en cada especialidad, independientemente de lo que tenga entre las piernas? La batalla entre sexos no ha terminado, sólo que ahora se utilizan armas más sutiles, de derrota en derrota hasta la derrota final. La estabilidad es la muerte térmica, Silvia, y masculinizar a la mujer y feminizar al varón puede ser deseable en culturas recesivas como la mahometana, pero aquí los machos ya somos bastante moñas.

Para rematar la faena de Silvia viene su amigo el Dr. Néstor Braidot, otro neuroexperto en nada útil o beneficioso a juzgar por su exposición, a explicarnos que el hecho de que las mujeres tengan un cuerpo calloso más conectivo implica ciertas ventajas evolutivas. Será para el rol femenino ¿no? Porque si lo fuera para el masculino lo tendríamos también nosotros así, ¿no? ¿O es que estamos tarados?. No soporto a los que quieren ligar haciendo la pelota científicamente a las mujeres sobre sus virtudes comparativas, pobres traidores. Lo que es capaz de hacer un tío por comerse un rosco. 

 

 

Como el sr. Dr. destaca acertadamente, una mayor interconexión hemisférica –como en el caso del cerebro femenino– implica mayor conexión entre áreas cerebrales, mayor conexión entre ideas, incluso estilos de pensamiento (bueno, no es que lo implique, es que es lo mismo una cosa que la otra), pero, como sabemos, –o por lo menos algunos, porque él parece que con halagar al público femenino ya está satisfecho, lo que pone en evidencia su lamentable estrategia de hacerse perdonar por portar pene y no vagina entre su dotación natural– más información implica también más confusión, mayor entropía (desorden) mental.

¿O no es más difícil acceder a la información en un ordenador atestado de archivos que a uno recién sacado de su embalaje? ¿O uno con varios discos duros, cuentas de email y dropbox? ¿O encontrar una prenda concreta en armario de teenager adicta a Zara? ¿O no es más difícil tomar una decisión cuantos más elementos relevantes e irrelevantes hemos de tener en cuenta porque ello incrementa la incertidumbre? ¿No es ése precisamente el problema para la solución de problemas y toma de decisiones? Porque ese plus de interconexión supuestamente beneficioso facilita la mezcla de datos observables con los afectivos, de lo abstracto con la anécdota, de lo general con lo particular, de lo concreto con las cualidades de lo concreto, de un lado al otro, cualidades todas muy típicas del estilo de cognición y comunicación femenino en general, pero no del masculino, más orientado a objetivos simples y concretos desde sus tiempos de cazador.  Entonces ¿qué tipo de mujer es la que llega a la cúpula de las empresas hoy por hoy? ¿La que dispone de un estilo cognitivo-afectivo más masculino o más femenino? Si aceptamos estas neurobobadas ¿quién tiene razón? ¿en términos de quién se discute? ¿quién cede? ¿le concedemos a la empatía el papel de juez árbitro, que es lo que están deseando decir más de dos? ¿O a la inteligencia (m)emocional?

No se aclaran ni con lejía.

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  1. humildeestudiante
    02/06/2012 en 13:43

    Hola, nunca he comentado por estos lares, me gusta leer tus entradas por la capacidad crítica que empleas, el lenguaje políticamente incorrecto, veo honestidad y sinceridad, además leyendo tus entradas intento ver la generalidad, más allá de las críticas puntuales, que seguro que algun@ no pasa de ahí. Aunque si puedo aportar algo, me gustaría decir que, muchas veces me quedo con las ganas de haber leído además de una crítica, una densidad mayor de lo que la cosa es en realidad.

    De lo que dice Néstor ni me va ni me viene, pero estaría bien decir que a pesar de que tod@s tenemos casi las mismas posibilidades, cerebralmente hablando, no todas las personas son capaces de resolver ecuaciones diferenciales, escribir un soneto, colocar ladrillos, reparar coches. Es decir, dedocracia vs meritocracia, he ahí el Qid, porque si me expongo con otra persona a optar a un puesto de trabajo, sea de lo que sea, que cojan al mejor por las capacidades. Aunque la cosa cambia si el puesto no requiere unas capacidades aprendidas o requiere unas capacidades innatas ¿Pero es cierto que son innatas? ¿o están forzando la cosa para que pensemos que son innatas?

    Un saludo

    • 05/06/2012 en 14:12

      Algunas características personales vienen en el código genético, por supuesto, pero no hay que olvidar que el periodo de entrenamiento intrauterino es clave, al fin y al cabo esas experiencias vicarias que experimentamos ocurren justo en el periodo de desarrollo clave del sistema nervioso, y luego está el entrenamiento post-nacimiento, por supuesto.

      Modificar ciertos patrones, con la tecnología de la que disponemos actualmente, es complicado, pero nosotros, por ejemplo, estamos desarrollando sistemas de neuroentrenamiento virtual que cubrirán ese hueco.

      Me alegra que te guste mi estilo, debe ser porque todavía no tienes que vender un producto clásico, luego la gente empieza a defender su propio producto y se vuelve sectaria. No pierdas el espíritu crítico

      saludos cordiales

  1. 04/08/2014 en 00:53

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