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Estoy hasta los mismísimos del rollo de la empatía

Me van a perdonar por el exabrupto, pero ya no puedo más con tanta memez, estoy harto. Tal es mi hartazgo que disertaré sobre la empatía al más puro estilo Pérez-Reverte, con pocos tapujos o ninguno. Después de que Juan Manuel de Prada cayera en la trampa que nos tiende el mainstream dominante de la recesiva inteligencia (m)emocional generada por los de siempre, de los del pensamiento único… muere triste y prematuramente mi amigo y maestro (A él no le gustaba que le llamaran profesor porque le recordaba a un político italiano, comunista, creo. A mí no me gusta llamar maestro a nadie pero con él hago una excepción) Horacio Vázquez Rial, y todo pichichi se lía a mencionar su empatía entre los rasgos a destacar de su personalidad. Mi admirada Cristina Losada cae también en el mismo cenagal Y para rematar la faena, mi también amiga María Blanco, tuitea que el primer ministro finlandés, Katainen, dice que siente empatía y simpatía por el gobierno español. Menos mal que me aclara que ella no ha dicho nada, que ella simplemente reproduce lo que ha dicho él. Ya estaba yo preparando el cuchillo para cortarme las venas.

 

 

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Voy a intentar por enésima vez aclarar este dichoso asunto que no pretende otra cosa que uniformar personas, convertir al ser humano en masa borreguil, a través de la elevación al rango de valor supremo a la dichosa y debilitante empatía, hasta convertirla en obligatoria.

Veamos: ¿usted siente su vista? ¿O lo que ocurre es que siente lo que ve? ¿Siente dolor cuando ve el dolor de un niño muriéndose de hambre o siente su vista cuando percibe la escena? ¿La vista siente el dolor o la alegría ajenos? No. Y si usted observa una hez, ¿qué es lo que siente? ¿El asco que le produce la escena o su vista? La vista no se siente, señores míos, la vista es nada más y nada menos que un proceso que se genera entre el cerebro y la realidad, órganos de la vista por medio. O sea, como un tubo que conduce la realidad percibida por el órgano correspondiente hacia el cerebro, donde se trata en las áreas correspondientes.

¿Y si usted huele la hez? ¿Siente el olfato? ¿O siente el olor del repugnante objeto? ¿Y si huele una fragante rosa? ¿Qué siente? ¿El proceso olfativo o el perfume de la rosa? El olfato es otro tubo que conecta la realidad experimentada por los sensores del órgano olfativo con la parte del cerebro especializada en procesar esa información concreta, y no otra.

No voy a recurrir al sentido del gusto con el mismo ejemplo por razones obvias –aunque a más de uno me dan ganas de enviarle a probar a ver si siente el sabor o el proceso– porque ya se habrán dado cuenta de qué va la cuestión, ¿verdad? A veces es interesante ser algo escatológico, así se impacta más en la mente de los receptores, con lo que el dato se guarda más firmemente en el cerebro y no se olvida. O al menos es lo que espero antes de que me los imbecilicen a todos, maldita sea!

 

 

LA DICHOSA EMPATÍA ES UN PU** PROCESO FISIOLÓGICO, NO UN ATRIBUTO DE LAS PERSONAS

La empatía es un proceso fisiológico, esto es, natural, del que disponemos todos los seres humanos sanos, por medio del cual –sin recurrir al uso de la razón, que es un proceso más lento, no automático como la empatía– los animales, incluyendo a las personas, percibimos los estados de ánimo ajenos. Igual que la vista sirve para ver cualquier cosa y el gusto para saborear cualquier otra –así, en general–, la empatía, como categoría subordinada a la visión, el gusto, el olfato, el oído, el tacto, la memoria y la razón, sirve para observar, oler, oír o experimentar concretamente circunstancias y expresiones particulares, de placer o dolor, de alegría o tristeza, jovialidad o seriedad, etc., etc. que experimentan los demás y nosotros utilizamos para saber cómo responder o reaccionar frente al contexto en que vivimos.

Y dado que –ínsula mediante– los animales nacemos con información genética al respecto y aprendemos de nuestros padres el significado de una sonrisa o un ceño fruncido desde muy pequeños –en el caso de las personas–, que nos obligan relativamente a sintonizar con esa señal para asegurarnos la supervivencia, podemos actuar con presteza alejándonos de los peligros y acercándonos a los placeres. Un gesto de miedo de nuestra madre hace que sintamos miedo ante una situación similar a la que se lo generó a ella, aunque ella no esté presente. Esto significa que disponemos en nuestro cerebro de datos con los que comparar las nuevas experiencias que vamos viviendo. Obviamente, a lo largo de nuestra vida aprendemos a detectar señales mucho más sutiles, incluso que se contradicen unas a otras en los niveles macro y micro, como por ejemplo cuando una persona sonríe con la boca pero no con la mirada, o cuando sonríe con malas intenciones, o cuando denota necesidad de aprobación…

 

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Hemos visto que la empatía es un proceso necesario, sin el cuál quedaríamos desvalidos ante los peligros y sin capacidad de movilizarnos hacia el progreso. Sin embargo, una persona no es más buena por poseer una empatía que dirige de forma más poderosa su comportamiento que en el caso de los que no la tienen tan desarrollada, no es más buena porque sienta más intensamente el dolor ajeno, porque ello siempre sucede en coherente detrimento de la razón, porque dificulta o paraliza el razonamiento. ¿Cómo lo dificulta? Recuérdese que, como los ordenadores tienen una RAM y un procesador que limitan su rendimiento por más enorme que sea su disco duro y por lo tanto la cantidad información almacenada, el cerebro tiene una limitación de 5 +/- 2 procesos activos simultáneamente; de modo que si en el empático se activan demasiado las áreas correspondientes a recuerdos coherentes con lo experimentado en el momento, se queda sin recursos, o sea, sin pensar; se convierte en un pelele, un esclavo de la expresión con la que el otro quiere sesgar su percepción de la realidad y su conducta resultante. Una natural forma de sesgar la percepción del otro que, si excesiva, nos convierte en fáciles víctimas para los manipuladores emocionales.

La empatía es un automatismo fisiológico, un heurístico, un atajo, del que disponemos igual que disponemos de vista, gusto, olfato, digestión, metabolismo… pero del que no conviene abusar, porque nos hipersensibiliza. Un exceso de empatía nos pone a merced de los demás, nos hace fácilmente manipulables, nos esclaviza, y prueba de ello es que los americanos, el paradigma –con sus defectos– de la libertad y el progreso, desarrollaron su constitución, ejemplo a seguir en todo el mundo, a partir de la cosmovisión protestante, más partidaria del templado estoicismo y la libertad individual, que el sensiblero y el gregario católico que, mal entendido, da lugar al funesto socialismo.

La persona excelente, inteligente, madura, sensata, cabal, no se deja atrapar por el dolor ajeno a la primera de cambio, se pone a devanarse los sesos para evitarlo (ver al final una recopilación de lecciones del genial Baltasar Gracián). Y tampoco se ríe a carcajadas de la primera tontería que se le ocurre al gracioso de turno. Ni se deja seducir por la primera o primer caquivano de turno.

 

 

La empatía se sobrevalora porque se asocia a los estados de ánimo de las personas, a su dolor o a su placer, al amor –mal entendido, como sentimiento– y a todas esas descerebrantes soplagaiteces románticas, pero obsérvese que un analista financiero, o quizá usted mismo, si viera en las noticias un gráfico con el diferencial de la prima de riesgo en setecientos puntos, se ciscaría una hez en los pantalones. Y la prima de riesgo no tiene cara, ni sonrisa, ni lágrimas. Y si usted ve un semáforo en rojo en su camino no se detiene porque la luz roja ponga cara de pánico o de alegría, sino porque ha desarrollado un automatismo para evitar saltárselo porque hacerlo es extremadamente peligroso para usted, porque le puede atropellar un vehículo. Pero a usted no le dicen que es más guay porque se manche los calzones con la prima de riesgo o se la pele, ni porque se detenga en el paso de cebra regulado o se ponga a hacer parcour sobre los coches que cruzan a toda velocidad, sino porque lloriquee más si ve tristes a los demás o ría a carcajadas como un memo si los demás esbozan una sonrisa. Ponga ahora al gremio farandulero, a los medios de comunicación, a los sindicatos, partidos políticos… a teatralizar en televisión y a todo el gremio de psicólogos, coaches, formadores y Recursos Humanos en general a enredar en las cabezas de los demás, y se encontrarán metidos en un gulag de esclavos estilo 1984 o Un Mundo Feliz en cuanto se descuiden. Acuérdense de que se lo avisé.

 

 

LA SIMPATÍA O LA ANTIPATÍA SON ATRIBUTOS DE LAS PERSONAS

Es la simpatía o antipatía, como atributos, características de las personas, lo que es de valorarimage y no por encima de la inteligencia, la honradez, la capacidad de sacrificio, la templanza, la prudencia y toda la lista de virtudes cardinales y teologales, sino en su justa medida. ¿O prefiere que le opere a corazón abierto un cirujano cardiovascular simpático pero torpe que uno serio pero hábil?

La empatía no es más –ni menos– que el proceso fisiológico mediante el cual percibimos, por ejemplo, que el otro es simpático o antipático, gracioso o serio, seguro o inseguro, amistoso o borde, agradable o desagradable, que quiere ligar con nosotros o que le producimos repulsión, que está enfermo o saludable, o lo que sea. Que es lo que valoramos (le damos valor en cada contexto) en las personas. ¿O valoramos más o menos a una persona porque sus procesos excretores funcionan mejor o peor? No debemos caer en el error de convertir en modelos a seguir a personas con un proceso empático más desarrollado, más sensible, o volveremos a tragarnos la pastilla del talante por encima del talento.

Horacio Vázquez-Rial era un tipo simpático, no empático. Era un tipo amable, paciente, generoso, cordial, dispuesto a echar una mano a quien se lo pidiese, humilde, gracioso, con una cultura increíblemente vasta… No ensucien su memoria con el maldito palabro.

Espero que a todos les haya quedado claro, pero para los más pequeños o duros de mollera, recurriré al modelo Barrio Sésamo. Epi y Blas nos enseñan las diferencias entre un proceso fisiológico y un atributo personal.

 

 

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Anexo: La sabiduría de Baltasar Gracián, que ya en el siglo XVII nos alertaba sobre la estúpida y estupidizante corriente que inevitablemente se nos avecinaba. Nótese que lo que él llama impressión, es lo que hoy se entiende como empatía o producto de la misma.

8
Hombre inapassionable, prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad le
redime de la sugeción a peregrinas vulgares impressiones. No ai mayor señorío que el de
sí mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del alvedrío. Y quando la passión ocupare
lo personal, no se atreva al oficio, y menos quanto fuere más: culto modo de aorrar
disgustos, y aun de atajar para la reputación.

69
No rendirse a un vulgar humor. Hombre grande el que nunca se sugeta a peregrinas
impressiones. Es lición de advertencia la reflexión sobre sí: un conocer su disposición
actual y prevenirla, y aun decantarse al otro extremo para hallar, entre el natural y el arte,
el fiel de la sindéresis. Principio es de corregirse el conocerse; que ai monstros de la
impertinencia: siempre están de algún humor y varían afectos con ellos; y arrastrados
eternamente desta destemplança civil, contraditoriamente se empeñan. Y no sólo gasta la
voluntad este excesso, sino que se atreve al juizio, alterando el querer y el entender.

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Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos;
vivimos de fe agena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira.
La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras vezes llega en su
elemento puro, y menos quando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos
por donde passa; tiñe de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira
siempre a impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es
menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia,
conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto y de lo
falso.

227
No ser de primera impressión. Cásanse algunos con la primera información, de suerte
que las demás son concubinas, y como se adelanta siempre la mentira, no queda lugar
después para la verdad. Ni la voluntad con el primer objecto, ni el entendimiento con la
primera proposición se han de llenar, que es cortedad de fondo. Tienen algunos la
capacidad de vasija nueva, que el primer olor la ocupa, tanto del mal licor como del
bueno. Quando esta cortedad llega a conocida, es perniciosa, que da pie a la maliciosa
industria. Previénense los malintencionados a teñir de su color la credulidad. Quede
siempre lugar a la revista: guarde Alexandro la otra oreja para la otra parte. Quede lugar
para la segunda y tercera información. Arguye incapacidad el impresionarse, y está cerca
del apassionarse.

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  1. Fco.Javier
    12/10/2012 en 21:45

    Siempre he entendido la capacidad empática como propia de los seres humanos, un producto evolutivo, posiblemente consecuencia de ser gregarios que nos permite interpretar (proyectando) estados de los demás.
    Este “ponernos en la situación del otro” nos permite “trazar un mapa” de cómo se siente el otro, basado en nuestro conocimiento de experiencias similares. Esta capacidad nos ha permitido sentar las bases del lenguaje,ya que somos capaces de decir mucho mas de lo que realmente decimos con palabras.

    • 12/10/2012 en 23:23

      Es normal que lo hayas pensado así, somos bastante antropocéntricos, pero ten en cuenta que empatía la tienen todos los animales, desde los mamíferos superiores hasta los insectos y organismos de al menos unas pocas células. Obviamente, lo que transmiten al otro es menos rico que lo que transmite un ser humano, pero transmiten, lo que necesitan para sobrevivir. Si no ¿de qué iba a salir corriendo una gacela que aún no ha visto el tigre que se la va a zampar? Ese proceso llamado empatía es lo que permite desarrollar el lenguaje en todos los seres vivos. Por ejemplo, la gacela cuando muge porque la ha trincado el felino, está emitiendo mensajes no verbales (para nosotros) como el tono, el volumen, del mugido, que las demás entienden. Su madre emitirá mensajes que las demás entienden también y todas liarán el concierto. Ni el ser humano es el único animal que se comunica con un lenguaje ni el único que dispone de un proceso llamado empatía, igual que no es el único que copula, hace pis o caca, otros procesos fundamentales, básicos, como aquél.

      Ponerse en la situación de otro (el amigo que da el pésame por la desgracia que ha sufrido la familia del difunto), y sintonizar con lo que otro siente (un familiar directo del mismo difunto) se sirven de un pu** proceso llamado empatía, aunque a lo que se le llama empatizar habitualmente es a sentir lo que el otro siente, aunque en sentido estricto eso es entristecerse (atributo, no proceso) con la desgracia ajena. Craso error. ¿Por qué craso error? Porque normalmente la empatía se entiende como algo positivo, bueno, incluso beneficioso, humano, como en el caso del que va a dar el pésame a la familia, pero ¿y si con lo que sintoniza uno es con la agresividad del otro? Con un maltratador, por ejemplo, o con un violador, un ladrón, un asesino, un nacionalista, un nacionalsocialista… ¿Entonces es igual de chachimegaguaymolatodo la empatía?. Casi se me escapa el “idiotas”.

      La empatía, además, como proceso “tonto” que es, como ir a hacer aguas mayores, menores, digerir, sudar, metabolizar, generar sensación de hambre, sed, o lo que sea, tiene mucho que ver con la intensidad de lo que el otro experimenta, con el riesgo para la supervivencia… o lo contrario, como cuando una abeja encuentra un campo de flores y va a contárselo a sus colegas.

      Pero en el caso de los humanos, además, lo que se transmite a los demás puede ser radicalmente falso. Y eso lo sabrás si juegas al mus o al poker, incluso si recuerdas que antiguamente se pagaba a unas señoras que se llamaban plañideras para que lloraran en los entierros.

      Es decir, uno puede mentir miserablemente y poner cara de estar siendo honesto. Se me viene a la mente el borderline Zp diciendo, en una reunión con empresarios y financieros de USA, que España tenía el mejor sistema financiero del mundo. Y claro, en España hubo once millones de estúpidos, leerdos e infantiles de baba que le creyeron; porque la empatía, como el algodón, no engaña, mola mucho y es de guays, ¿verdad?. Y así, en gran parte gracias a esta inconmensurable obra de suprema ingeniería mental digna de 1984 y Un mundo feliz, estamos como estamos, pagando racionales justos por guays empáticos pecadores. Me cagaría en los muertos de todos, pero es que me estaría ciscando en mis propios abuelos. En fin, la vida es así, qué le vamos a hacer. En la vida tiene que haber la mitad más o menos de listos y la mitad más o menos de imbéciles indignos de estar siquiera a la altura evolutiva de los bonobos.

      ¿Lo entiendes mejor ahora? El rollo que se trae la gente con la pu** moda para merluzos o incautos de la empatía es una bomba silenciosa contra la evolución humana, nos hace más animales y menos humanos.

      Pero si aún te quedan dudas, no te preocupes ni un instante, estoy tan indignado, y se me nota, con esta estrategia de animalización humana que dedicaré el resto de mi vida a luchar contra ella, así que no temas, que no me aburriré.

  2. 11/11/2012 en 19:14

    La única duda que quizá me queda Santiago es, si la empatía es un automatismo social y por tanto más evolucionado que el resto, o es una herramienta de supervivencia tan básica como mear pa lante ( vaya a ser que me manche) Básicamente es decirte a tí mismo: “al fulano le pasó esto y mira como acabado…yo voy a ser más listo oara no acabar igual”. O “mira que jodido está mengano, como no le ayude hoy, mañana no me ayuda él.”

    • 12/11/2012 en 00:10

      Jejejeje, buen ejemplo. Pues está claro, si las emociones, como los sentimientos, los afectos, las pasiones, “se ubican” principalmente en “eso” llamado sistema límbico o cerebro medio, es que es un automatismo medio. Más básico aún es el “cerebro” reptiliano, ya sabes, pero el cerebro medio sigue siendo menos evolucionado que el neocórtex.

      Esos automatismos medios, además de recibirlos en el ADN, los hemos aprendido en casa con papá y mamá y los hermanos, y con el resto del mundo. Igual que los automatismos más sofisticados, porque también son automatismos en sentido estricto, pero supercomplejos, que es La Razón (no el periódico). Sin embargo los automatismos correspondientes al sistema reptiliano “vienen de serie” Están en el ADN te todos porque son más simples y “caben” en un sitio “tan pequeño”. Como tú bien dices, ambos sirven para responder a situaciones, pero igual que sirven para ayudar a alguien o para ponerse las pilas, sirven para coger las de Villadiego si la cosa se pone fea sin pensarlo. Es decir, que es un automatismo casi tan básico como el de “mear p’alante” pero responde a estímulos más complejos de la realidad. El de apuntar bien la cola es menos sofisticado, pero menos aún el de apartarse cuando a uno le viene un balonazo directo a la cara, que es atribución del encéfalo reptiliano. O sea, que parece que la escala está clara, de menos a más evolutivo: Encéfalo reptiliano, sistema límbico y neocórtex.

  3. 26/11/2012 en 02:04

    Te he conocido hoy…
    Me he pasado 2 horas leyendo artículos tuyos. Me gusta tu manera de expresar las cosas…

    • 26/11/2012 en 02:41

      Pues no sabes cómo me alegro y te lo agradezco, especialmente en estos días en que los nacionalistas cabreados con “mi manera de expresar las cosas”, han conseguido que twuitter me bloquee la cuenta. Es muy halagador.

      Como comentas en un post sobre la dichosa empatía, presupongo que estás de acuerdo con lo que digo. ¡Qué alivio encontrarse con gente que no ha sucumbido a la idiotez de la Inteligencia (m)Emocional!

      Y por la imagen de tu perfil veo que te gusta la física, imprescindible como limpiaparabrisas para apartar la tormenta de desvarío que impide ver la ruta.

      Felicidades, gracias por tu visita, y espero ansioso tus aportes, si quieres.

  4. 13/01/2013 en 19:40

    Ya que, según Gracián, no hay que fiarse de las primeras impresiones. Es recomendable acudir a esos eventos denominados “speeddating” donde en 5 minutos decides si te gusta o no el muchacho que se te pone delante? Si me sonríe, yo le sonreiré, si no habla yo tampoco hablaré mucho. Será como ponerse convertirse en mona y ponerse delante de otro mono. No sé, es que me he autoconvencido para acudir a una de esas “soireés” rápidas el próximo Viernes.

    • 14/01/2013 en 12:09

      Yo creo que la cuestión aquí es la relación entre coste y beneficio. El riesgo es alto, pero la necesidad suele ser mayor aún, por lo que podemos inclinar la balanza hacia el lado del riesgo… y que salga el sol por Antequera o por donde quiera.

      Si no hay relación, no hay posibilidad de conocer a nadie, y por tanto, tener la posibilidad de conocer a alguien que te pudiera encajar. Ahora bien, si quieres tener garantías antes de que la enajenación mental transitoria que llamamos enamoramiento anule tus filtros racionales, asegúrate de que entiende que el amor, como decía Jacinto Benavente, no es un sentimiento ni una emoción, sino una ocupación como otra cualquiera.

      Suerte!

  5. 14/01/2013 en 12:16

    jaja
    más quisiera yo que se me anularan los filtros racionales…
    De hecho lo estoy deseando!

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