Inicio > Psicología, Uncategorized > La regla del 20%. Restaurar el sano equilibrio político en España.

La regla del 20%. Restaurar el sano equilibrio político en España.

Entrada actualizada el 16-09-2013 con una interesante curiosidad que tiene que ver con ese aproximado 20. El enigmático número 23.

Nueva actualización 24-01-2014: Mis plegarias han sido escuchadas y atendidas. Se puede leer al final de esta entrada

Nueva actualización 26-06-2014: El presidente del Banco Sabadell opina algo parecido. El enlace está al final.

Más actualizaciones! 26-02-2015 Resulta que esta regla ya existía y se llama “Principio de Pareto

Se ha dedicado toneladas de tinta y papel a ensalzar ciertos números, dotándolos de un cariz mágico, sobre todo en el ámbito esotérico o new age; que si el 1 porque es el principio, que si el 9 porque es el final, que si el 7 por los siete planetas del sistema solar y los siete días de la semana, que si el 8 porque es el infinito, que si 1,61 porque es la proporción áurea (belleza matemática para los más románticos)… que nos hemos olvidado de algo más cotidiano, algo dentro de lo que vivimos día a día sin darnos cuenta, la regla, aproximada, del 20%. Pero, ¿dónde podemos observar esta regla?

Pues por ejemplo, el 20% de los días de la vida uno no debería levantarse de la cama, son los días en los que nos ocurre alguna desgracia más o menos leve; sólo el 20% de los matrimonios tienen éxito; sólo el 20% de las personas tiran del mundo mientras el 80% restante, como diría Morfeo en Mátrix, no son sino baterías del sistema. Fíjense que, incluso, hasta Baltasar Gracián, ya en el siglo XVII había llegado a la misma conclusión aproximada: Tonto es el que lo parece y la mitad de los que no lo parecen, decía.

Echando números sobre la afirmación de forma ecuánime, podemos inferir que a la mitad del mundo le parece que la otra mitad es tonta de baba, así que estamos en el 50%, y si quitamos la mitad de la otra mitad, nos queda… aproximadamente el 25%.

hormigaEstudios de entomólogos demuestran que si se separa un hormiguero en dos partes, la que corresponde a las hormigas más eficientes y en la que se encuadran las menos eficientes, y se las coloca en hormigueros separados, volverán a generarse dos grupos dentro de cada uno, el de las más eficientes y el de las menos. Esto significa, ni más ni menos, que Gracián tenía más razón que un santo, porque además de existir un grupo de manifiestamente ineficientes —pero que comen igual que las demás— tenemos, dentro del grupo de las eficientes, una mitad que está tanto o más cerca del grupo de las eficientes como del de las ineficientes. O sea, un 25%. Brillante, Gracián.

El 20% también es la ventana de libre albedrío de la que disfrutamos las personas, la parte en la que podemos tomar decisiones sin estar demasiado influidos por nuestro background y nuestras circunstancias —Yo soy yo y mi circunstancia, decía Ortega y Gasset, aunque a la vista de la realidad constatada yo diría mejor Yo soy mi circunstancia y algo yo— Aunque aquí creo que exagero, no creo que lleguemos de media ni al 10%; digo de media, lo que significa que en el mejor de los casos, algunos privilegiados dispondrán de ese 20% de libertad mientras que la mayoría pasa por la vida como el Espíritu Santo por la Virgen: sin tocarla ni mancharla.

Sigamos con los ejemplos. Aproximadamente el 25% de los ciudadanos votan a partidos de ultraizquierda, extrema izquierda, antisistema, anticapitalistas o como quieran llamarles, tipo IU, BNG, ERC, Bildu-Batasuna y otros, y a partidos nacionalistas, separatistas, independentistas, o como quieran llamarles, que  lo mismo da que da lo mismo. (Actualización: Ahora en 2015, a Podemos)

¿Se han dado cuenta ya? ¿Ya ven por dónde quiero llevarles?

Efectivamente, como habrán deducido, la realidad muestra que el espectro parlamentario español está más quebalanza desequilibrada desequilibrado, significativamente desequilibrado, además. Y no es lo mismo que una balanza oscile porque en un platillo hay cincuenta gramos más que en el otro y en otro momento al contrario, que tengamos en un platillo un kilo y en el otro un kilo doscientos gramos. Esa diferencia es suficiente para que la balanza se mantenga estática, siempre inclinada hacia el mismo lado, escorada hacia la izquierda. Y así no vamos a ningún lado, máxime cuando la presuntamente moderada izquierda a secas ha demostrado ya, por activa, pasiva y perifrástica, que los resultados de su gestión son generalmente catastróficos. Dantescos ya, con el paro sobrepasando el 25% de la población activa.

Sin un equilibrio, inestable pero equilibrio, porque un equilibrio absoluto también implica inmovilidad, no se puede avanzar. Ni siquiera ningún átomo tiene más carga de un signo en el núcleo que del contrario en la periferia. Es una regla de la naturaleza. Si tuviéramos en España dos grandes partidos centrados y un 20% extremo repartido a cada lado de los del centro, la balanza se movería, oscilaría de lado a lado según la circunstancia. Pero con un 20% más en el lado de la izquierda, la balanza permanece inmóvil. Y sin movimiento no hay vida a ningún nivel del universo, ni progreso, ni bienestar, ni trabajo, ni se genera confianza inversora, ni futuro. La estabilidad, como diría Escohotado en "Caos y orden", es la muerte térmica. La muerte.

Por eso hace unos años escribí lo que llamé el "Manifiesto por un Renacimiento de la Derecha y la Extrema Derecha Españolas". No porque yo sea partidario de los extremos, sino porque creo que es la única forma de volver a mover el sistema de forma consistente.

Seguramente muchas personas de izquierdas estarán radicalmente en contra de lo que digo, pero seguramente no pensarían lo mismo si el predominio fuese hacia la derecha, por lo que espero que este artículo sirva para suavizar posturas y aportar algo de cordura al panorama político español.

Si tienen un rato, les aconsejo su lectura para entender mejor la realidad.

 

 

MANIFIESTO POR UN RENACIMIENTO DE LA DERECHA Y ULTRADERECHA ESPAÑOLAS (año 2008)

 

File:Universum.jpgEl universo está en un equilibrio permanente, desde nuestro Sistema Solar con el astro rey en el centro, pasando por el resto de la Galaxia Vía Láctea o Camino de Santiago, las galaxias cercanas, las lejanas… todo está en un dinámico orden, en un equilibrio inestable, con todas sus partes influyéndose recíprocamente. De existir grandes desequilibrios, partes del universo se colapsarían bruscamente porque los astros más grandes, cuyas mayores masa y densidad generan mayor atracción gravitatoria, ejercerían de potente imán contra los más pequeños.

La velocidad de expansión del universo está frenada por la atracción de unos astros sobre otros, y viceversa: el colapso está frenado por la expansión. Incluso, en palabras de Michio Kaku, si se hubiese alterado mínimamente uno sólo de los parámetros iniciales, si hubiese existido un equilibrio absoluto entre materia y antimateria, partícula y antipartícula, el universo jamás hubiera nacido, no hubiese existido la vida y menos aún nosotros. Afortunadamente alguien (¿Dios, El Supremo Programador?) decidió poner un poquito más del polo positivo —la diestra— que del negativo —la siniestra— con lo que posibilitó la creación y evolución de todo (Añadido a posteriori: No era tan difícil, pero había que saberlo). De invertirse la tendencia ahora mismo, el universo entero se colapsaría de nuevo en un diminuto acúmulo de materia-energía, destruyéndonos inexorablemente.

Lo mismo ocurre a escala atómica y en el resto de los sistemas inertes o vivos del universo. Eliminar los lobos del Parque Nacional de Yellowstone produjo una superpoblación de herbívoros y una consecuentemente rápida disminución del alimento que terminó por amenazar con su extinción presas de desnutrición y enfermedades, y la propio del parque. La solución fue restaurar la naturaleza tal como ella misma se desarrolla libremente: restituir al lobo a su hábitat para que ejerciese sus funciones de equilibrador natural alimentándose de los más débiles o enfermos. Igual ocurre si se pretende hacer jugar a las categorías alevines con la primera plantilla del Real Madrid: ni fútbol, ni espectáculo, ni espectadores, ni retransmisión, ni nada de nada; el Club Blanco necesita un polo opuesto de su altura para mantener vivo el sistema que posibilita su existencia.

Si seguimos utilizando los ejemplos de similitudes de equilibrio dinámico entre polos opuestos, nos metemos en el polémico asunto de la familia, que necesita —salvo excepciones que en ningún caso pueden erigirse en norma­— el equilibrio positivo/negativo que suponen un padre y una madre; la sociedad un equilibrio entre grupos de todo tipo, poblaciones, partidos políticos… una sana y natural oposición, danza de opuestos, de rupturas de homeostasis y reequilibrios constantes.

La derecha maricomplejines —Federico Jiménez Losantos dixit— española ha conquistado el centro político ni chicha ni limoná, por mucho que los de la izquierda hayan pretendido colgarle el inmerecido sambenito de ultra. Es más, la extrema izquierda se ha nutrido, para conseguir el objetivo común de evitar el acceso del centro rajoyesco al gobierno, de una siniestra aún más extrema, los secesionistas de ERC, IU, PSC y los Sozialista Abertzaleak (Nacional-Socialistas en vasco, telita) con el nombre que sea, por la coherencia con el espíritu y discurso de entrambos: anticristianos, antiespañoles, liberticidas, totalitarios, filoterroristas, salvajes, incultos, aldeanos, sectarios…

¿Cuál ha sido el resultado de la tibieza de un Rajoy a quien la España actual no merece? Que el discurso natural de la extrema izquierda, a fuer de divulgado y multiplicado día a día por los medios de comunicación, se ha visto llevado a la cotidianeidad igual que antaño los asesinatos de la ETA (porque algo habrán hecho los asesinados para merecer su muerte) o los desatinos diarios del bobo solemne y su troupe. Se ha confundido con el paisaje. Intentar agredir a María San Gil, Dolors Nadal o Rosa Díez se ve con más indiferencia que los avatares de los concursantes en la casa de Gran Hermano o en la isla de los Supervivientes.

Por todo esto abogo con este artículo por la resurrección necesaria de una derecha y una ultraderecha democráticas firmes en sus convicciones, orgullosas de sus principios, sin complejines de mostrarse inequívocamente liberales, conservadoras, cristianas, franquistas, joseantonianas o lo que sea… batalladoras en los medios y la sociedad. Una resurrección que necesita verse apoyada por personas individuales, grupos y por el mundo empresarial. Una diestra y una extrema diestra que nos acostumbren a sus discursos y pataletas como nos hemos acostumbrado a los de la extrema izquierda, de los nacionalistas —recordemos que Arzallus aseguró que el PNV siempre había sido un partido de la siniestra, aunque realmente chaquetero y advenedizo como demostró en la Guerra Civil poniéndose en el lado del caballo ganador hasta que empezó a perder uniéndose traidoramente al que le adelantó— y demás fauna progre. Una derecha que lleve la preconstitucional bandera de España con el Águila de San Juan con el mismo orgullo que la izquierda ondea las igualmente preconstitucionales republicana y las secesionistas vasca y catalana. Una diestra que cante el Cara al Sol con el mismo derecho y mayor entusiasmo con el que cantan los siniestros La Internacional, el Eusko Gudariak o Els Segadors. Una diestra con medios de comunicación propios y afines como la izquierda extrema tiene sus púlpitos en Público, Cuatro, TVE, La Sexta, Telecinco, Canal +, Localia, la SER y las autonómicas andaluzas, gallegas, catalanas y vascas para vocear sus arengas.

 

España ya tiene centro. Lo ocupan el tibio PP por el flanco derecho y UPyD por el izquierdo. Ya tiene una mayoritaria izquierda sin complejos y una extrema izquierda desvergonzada agrupadas en el nuevo Frente Popular vestido con la piel de cordero de izquierda moderada de la sonrisa y la ceja. Pero no tiene derecha. Ahora hay que tirar de España hacia la diestra para ocupar el vacío. Y sólo pueden hacerlo ellos. Los muchos jóvenes y no tan jóvenes a los que se ha tenido callados hasta ahora, los miles de chavales que ya se manifiestan abiertamente de derechas en los Tuenti, Facebook, Youtube, MySpace… Aunque no comparta sus principios antiliberales igual que no comparto los de la extrema izquierda, España necesita devolver a los lobos a su hábitat natural para reestablecer el borreguil equilibrio y que mantenga a raya a las hienas más radicales y furibundas, que los relegue al lugar de la extrema izquierda que por derecho les pertenece.

¿Es el mío un discurso radical, utópico y peligroso? No. El Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen ejerció de tensor hacia la derecha en una Francia laicizada, siniestra, en claro retroceso, abocada al cataclismo. Y el resultado fue la asunción por parte de toda la sociedad de sus postulados suavizados pero firmemente y sin complejos, defendidos por Nicolas Sarkozy, lo que ha supuesto a Francia el retorno al liberalismo y a la senda del progreso. (Añadido a posteriori: Y en otros países tanto o más avanzados que nosotros, como Austria, la extrema derecha incluso ha gobernado el país y no ha ocurrido una catástrofe).

 

Segunda parte (año 2008 también, aunque igualmente vigente)

 

La ciencia (Añadido a posteriori: La Nueva Cultura, contra la cultureta) es la luz que brilla para aminorar nuestras cegueras, para atenuar nuestros sectarismos y debilitar nuestras certezas irracionales ayudándonos a comprender la verdad liberándonos de la ignorancia: haciéndonos libres. Poco después del debate anterior sobre este Manifiesto, me llega a través de mis alertas de Google la noticia de un importante y reciente descubrimiento científico de la Universidad de Harvard.

Acostumbro a ver la realidad (cuando me lo permiten las vísceras, que yo también soy humano) desde una perspectiva física, y por tanto aséptica, porque dos y dos son cuatro les guste a los partidarios de las izquierdas, a los de derechas, a mí mismo, o no; y ello me permite albergar cierta certidumbre respecto a las ideas que comparto con vosotros y evitar divagaciones subjetivas. Para quien crea en las casualidades, el hallazgo de esta investigación será una de ellas; para los que creemos en las causalidades, no es casual. El caso es que gracias a esta causalidad puedo ilustrar mejor las ideas que fundamentan el Manifiesto por un Renacimiento de la Derecha y Ultraderecha Españolas.

Parece evidente, excepto para los sectarios más ciegos, que una sociedad no es plenamente democrática si en ella no están representadas todas las opciones. Los ejemplos más evidentes son los regímenes socialistas ateos e islámicos. En ellos existen elecciones, pero la exclusión de al menos la mitad de las opciones las convierten en una farsa, en un paripé de democracia. Las consecuencias de tales desequilibrios energéticos en estos sistemas totalitarios son obvias: falta de libertad, miseria, analfabetismo, subdesarrollo, enfermedad, baja esperanza de vida, enormes desigualdades sociales y de sexo…

Lo que nos ha ocurrido a gran número de españoles en estos últimos cuatro años (2004-2008) es que gran parte de nosotros no nos hemos sentido identificados ni representados por Mariano Rajoy, personaje de altura al que sigo considerando a años luz de lo que la adolescente España actual merece. Su esfuerzo por centrar al PP y con él a la mitad de la sociedad española es un mérito que no puede negársele a él ni a Aznar, pero la orfandad que millones de españoles hemos sentido en algunos momentos en mayor o menor medida tiene ahora una explicación rigurosamente científica.

Porque según se afirma en la citada investigación, cada uno de nosotros reconoce sus ideas sobre sí mismo en un área concreta del cerebro, exactamente la misma que reconoce a nuestros iguales, a nuestras formas de interpretar la realidad: sus ideas, sus opiniones, sus creencias, sus modos de comportamiento. El invierno mediático que propició el mismo PP con el antenicidio, su dejadez para con las culturas alternativas a la dominante cultureta gestada por Felipe González, El País, las lamentables enseñanza pública y universitaria, sumadas a la cancerígena hegemonía de la izquierda en televisión… han consolidado un insano predominio de la cultura progre en la sociedad y una estigmatización de la cultura diestra.

Como consecuencia de ello, millones de jóvenes y no tan jóvenes no experimentan la activación del área prefrontal media de su cerebro ante el cártel televisivo de izquierdas, ni ante los discursos políticos del tibio centro-derecha: no se reconocen en ellos ni los reconocen como propios. Les hemos dejado solos. Sin embargo los siniestros sí se ven a sí mismos representados en sus obisprogres: los Bosé, Almodóvar, Bardem, Ana Belén y demás estómagos agradecidos de la P.A.Z., en los antiglobalización, los nuncamáis, los noalaguerra (Añadido a posteriori: Y ahora el 15M)…

Nuestros compatriotas diestros más intransigentes tienen derecho legítimo a verse representados y no estigmatizados en la sociedad actual, y esa es la tarea a la que deberían dedicarse los partidos de derecha y ultraderecha sin complejos para reconstruir un democráticamente sano equilibrio de fuerzas.

O eso, o España se convertirá como dice (Añadido a posteriori: que en Gloria esté) Vázquez-Rial, en un estado peroniZta, en una repetición de la hegemonía sexagenaria del PRI mexicano que nos arrastre al nivel de una Venezuela cualquiera. Por eso es esencial desde un punto de vista físico y ahora neurocientífico, apoyar el renacimiento de la derecha y la ultraderecha españolas.

Necesitamos una ultraderecha que sirva de balance y contrapeso a la ultraizquierda. Necesitamos que los discursos extremistas de ambos se anulen como se anulan materia y antimateria, que ese 20% de la sociedad se enrede y anule entre ellos eliminando el ruido ensordecedor que impide escuchar con claridad didáctica a los partidos centrados, como las berlinas de lujo emiten sonidos por los altavoces que anulan los ruidos del motor y de la rodadura de los neumáticos permitiendo al mismo tiempo escuchar a Bach con la calidad de sonido de un auditorio musical, o no dejaremos de ser el país de la pandereta.

—————–

Por Antonio Robles.

Hubo un tiempo en el que creímos que la transición política había sido modélica y su consolidación un hecho. Incluso el modelo bipartidista, la mejor solución para cerrar definitivamente las tensiones territoriales.

Hoy sabemos que fue una ilusión. Ni ha servido para calmar a los nacionalistas, ni garantiza la unidad del Estado, ni representa las diferentes sensibilidades de los españoles. De esto último tenemos la mejor prueba en la irrupción de dos partidos ya consolidados: C’s y UPyD, y un tercero que cierra el círculo, Vox.

Es una buena noticia para los españoles y muy mala para los que quieren romper España. Hasta ahora los partidos nacionalistas han opuesto su radicalismo separatista tanto a PP como a PSOE. Como si fueran su revés. Su lenguaje ultranacionalista quiso siempre encontrar en esos dos partidos nacionales su correlato identitario; pero atribuyéndoles lo peor del nacionalismo franquista. Ellos se reservaban la protección de la libertad, la modernidad y la democracia. Pareciere que toda defensa de España fuera casposa, incluyendo símbolos y constitución democráticos. A la derecha del PP no había ni rastro de la ultraderecha que tanto aman para sentirse víctimas y legitimar sus excesos, lo que les facilitaba identificar al PP con ella.

Con la irrupción de C’s y UPyD, el discurso nacional, tan mal defendido por PP y PSOE, perdió buena parte de sus complejos y centró una pizca a los dos partidos nacionales. Aun así, ni uno ni otro se atrevieron nunca a oponer al discurso nacionalista de los separatistas un discurso nacionalista español tan sentimental y radical como el suyo. Vox sí, he ahí su oportunidad y necesidad.

Con el nacimiento de Vox, el patriotismo sentimental de Santi Abascal centra a PP y PSOE, y obliga a los nacionalismos a mirarse en su mismo espejo. El radicalismo de estos tendrá una contestación a su altura; si para unos la senyera, la estelada o la ikurriña son sagradas, para Vox lo es la bandera española; si para los separatistas la patria no se negocia, para los nacionalistas españoles de Santi Abascal ningún sacrificio será suficiente para impedir que se rompa España. Pronto, muy pronto, el radicalismo nacionalista periférico desvelará toda su impostura al tener frente a ellos la imagen de ellos mismos. Eso permitirá al PSOE, pero sobre todo al PP, alejarse de la imagen satanizada de ultraespañoles de la que tanto rédito sacan en sus feudos los separatistas, y centrarse y aparecer como partidos alejados de tal radicalismo.

Mal hueso le ha salido al nacionalismo. Sus tres décadas de imposturas y máscaras han acabado. Habrán de lidiar con su chepa egoísta y reaccionaria. El nacionalismo español también puede ser democrático y épico. Dentro de la ley. Al fin y al cabo, Vox nace para defender la Constitución española, y el separatismo para quebrarla.

Con la llegada de Vox puede que el mosaico de partidos actual permita a la mayoría de españoles encontrar al suyo. Tanto UPyD como C’s sirvieron en buena medida para eso, pero ellos mismos tenían prestados votos de un nacionalismo español traicionado por los dos grandes que ahora encontrarán en Vox su auténtica casa. Si es así, UPyD perderá fuelle y C’s la oportunidad de instalarse en toda España con la fuerza que Movimiento Ciudadano ha desplegado. En unos y otros casos, la irrupción de estos tres partidos ha enriquecido la pluralidad que el bipartidismo impedía e inaugurado un tiempo nuevo. E incierto. De seguro apasionante.

 

Actualización del 26-06-2014. El presidente del Banco de Sabadell opina algo parecido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: