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Cómo NO funciona la mente (1): la idolatría de la neurona

Para despedir el 2012, Año de la Neurociencia en España, qué mejor que una entrada clave para entender las causas que impiden su evolución, las que la mantienen en un incomprensible atraso con respecto a otras ciencias y técnicas.

Y el principal lastre que arrastra la neurociencia, paradójicamente, es la propia neurona. Verán, señores, no se puede entender la mente pensando en términos de neurona, ni siquiera de redes neuronales. Así es imposible. Como lo leen. Llevándolo al extremo de una mente conspiranoica parecería que la propia postulación de esta efemérides es la trampa de los poderes ocultos para que todo el mundo siga confundido, para que todo siga como está, pero si los postulantes están tan enmarañados como su propia estructura neural, no creo que la cabeza les dé para tanto.

Pretender que a través del estudio de las neuronas pueda llegar a conocerse el funcionamiento de la mente es tan estéril como pretender entender las enfermedades a través de sus síntomas, sin tener en cuenta sus causas, algo obvio para cualquier persona y más aún para un médico o un científico. En una próxima entrada les ofreceré más ejemplos comparativos.

Las razones de esta confusión que tiene desviada la atención de la mayoría de los investigadores del mundo hacia un callejón sin salida son varias. Además de que la la neurociencia todavía está muy teñida de la psicología más rancia y del movimiento new age claramente triunfadores en el asunto comercial -ya saben, todas esas cosas se venden porque ninguna funciona-, la primera razón consiste en que la vida tiene sus inercias, y la universidad, la investigación y las personas que las conforman no son invulnerables a esa ley; además existen infinidad de dotaciones presupuestarias para mantener el trabajo de muchos especialistas fundamentado en el estudio de las neuronas y sus conexiones, entre fondos privados, subvenciones y ayudas.

Un segundo elemento trascendental que explica este atraso lo constituye la resolución de los actuales sistemas de neuroimagen. En el caso de la neurociencia ocurre lo mismo que antes de inventarse el microscopio. ¿Cómo ver lo más pequeño si no hay métodos para observarlo? Antes del microscopio de efecto túnel (1986) no se podía observar un átomo, aunque la existencia de éste había sido ya propuesta muchos siglos antes, entre 1.200 y 120 años a. C., por Demócrito, Epicuro y Leucipo. En los modernos sistemas de neuroimagen, incluso en los más modernos escáneres: resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones… la resolución no baja del milímetro, luego algo que sea más pequeño que el milímetro no se puede ver. Y si no se puede ver, podemos pasar otros cientos de siglos especulando sin la más mínima base consistente y lo que es peor, sin resultados, manteniendo a la mayoría de la humanidad en un atraso intelectual exasperante.

 

  Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad:

el mundo sólo tendrá una generación de idiotas.

Albert Einstein

 

Y ahí andamos.

La tercera razón, aunque pueda parecer trivial, es la más importante desde mi punto de vista, aunque en realidad funciona en colaboración necesaria con las otras. La neurona -como las dichosas emociones- se ha convertido en un buzzword, o más bien un fuzzword, un término de moda, sonoro, llamativo, que hace sentirse bien -porque lo necesita-al que lo pronuncia: inteligente, listo, a la última… Como sucede con empatía, inteligencia emocional, coaching, facebook, iphone, tablet, whatsapp o android ice cream sandwich… aunque en el caso de la neurona esto ocurre desde hace mucho tiempo, al menos desde mi tocayo Ramón y Cajal. Lo realmente curioso es que un término tan técnico se haya incorporado al mainstream dominante hasta el extremo de encontrarnos sorpresas como oír hablar de ellas hasta en la cola de la pescadería. Quizá a usted estas cosas no le revuelvan el estómago, quizá porque no sea su ámbito, el foco de su atención vital o profesional, y sí se lo revolverán otras cosas que a mí me dejan indiferente, pero en mi caso me provocan tantas ganas de vomitar como ver a Punset, a Rubia o a cualquiera de los neurocharlatanes de moda soltar sus barbaridades.

Fíjense cómo es de sencillo caer en la trampa: ¿Qué nombre ha recibido tradicionalmente el estudio del cerebro y el sistema nervioso? Neurología. ¿Y ahora cómo se denomina genéricamente? Neurociencia ¿Otros? Neuropsicología, neuropsiquiatría, neurobiología, neurocirugía, neuroanatomía… ¿Y enfermedades, trastornos y rarezas? Neurastenia, neurosis, neura, neurótico ¿Y términos? Neurotransmisor, neuromuscular… Y para los más techies, las redes neurales o neuronales.

Seguramente habrán leído alguna vez por ahí el disparate que afirma que los indios de América no podían ver las carabelas de Colón porque no disponían de patrones mentales previos para reconocerlas. Pues dando por válida la sandez, imagínense si en lugar de mirar la superficie estuvieran buscando en el fondo del mar o en las cimas de los árboles el origen de los extraños visitantes.

Sin llegar a esos infantiles extremos, y a efectos de búsqueda, el nombre que designa lo buscado es fundamental, obviamente. Es como jugar a “Veo, veo” en la cocina y que al que le toca proponer la adivinanza pretenda que acertemos que está pensando en una mesa dándonos pistas falsas, como que empieza por la “F” y termina por la “O”, bien porque pretenda engañarnos o simplemente porque crea que la mesa en realidad se llama frigorífico. Imposible.

La inmensa mayoría de los neurocientíficos no son capaces de salir del círculo vicioso, y en lugar de poner el foco en otras dianas, sofistican progresivamente la terminología, como si necesitaran distinguirse con ello de entre el común de los mortales porque se sienten poco útiles o valorados, lo que produce un efecto deslumbramiento de la opinión pública. Por ejemplo, en el último número de la revista Investigación y Ciencia (final de 2012) Christof Koch (1) sobrepasa el concepto grupo de neuronas, quizá porque eso de “grupo” es algo muy común, poco elegante e intelectual, de lo que habla el frutero con el ama de casa, para hablar de coaliciones de neuronas, que mola más. En el mismo artículo, su colega Susan Greenfield (2) se distingue de él con su denominación regiones neuronales. Es decir, que grupos, asociaciones, coaliciones, regiones, constelaciones, o lo que sea; pero de neuronas… o de neuronas.

Para ilustrar más el ejemplo, acabo de leer también una entrevista a Sebastian Seung, profesor de Neurociencia Computacional del MIT que es otro perfecto botón de muestra del extravío neurocientífico. Se atreve a ir más allá que sus colegas cuando dice que somos nuestro conectoma, así, a bocajarro, cerrando la puerta a posibles Galileos que pudieran postular otras explicaciones de cómo funciona la mente y centrando más la atención… ¡en las neuronas!

 

     Tenemos que explicar cómo una red de neuronas tontas

es capaz de producir inteligencia.

 

Pues mucho me temo, Sebastian, como también advierte Carlos Pelta en su blog “Neurociencia Computacional”, que no vas a ser capaz de explicarlo, porque indagar sobre lo que en tu opinión es la clave de la mente, esa red que él llama conectoma -una conexión de… ¡exacto! ¡neuronas!-, no vas a averiguar nada más (y nada menos) que el funcionamiento de las conexiones de… ¡las neuronas!

No esperen entender nada, porque a juzgar por la curiosa vestimenta que gasta, a este asiático -están de moda en la ciencia, miren si no al físico estrella Michio Kaku- jovenzuelo parece que lo único que le interesa es llamar la atención. ¿Será conectoma el próximo fuzzword? Se admiten apuestas, aunque no creo que la estupidez de la empatía se deje robar protagonismo sin presentar batalla.

 

 

 

(1) Christof Koch es profesor de biología cognitiva y conductual en el Instituto de Tecnología de California e investigador del Insituto Allen de Ciencias del Deporte de Seattle.

(2) Susan Greenfield es profesora de farmacología en la Universidad de Oxford, ex directora de la Real Institución de Gran Bretaña y miembro de la Cámara de los Lores.

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  1. 29/12/2012 en 14:13

    .

    Me has puesto a pensar… en estos términos:

    Neurona.
    Conectoma
    Empatía.
    Buzz.
    Fuzz…

    Interesante Santiago. Seguiré los siguientes posts.

    Te cito: “No se puede entender la mente pensando en términos de neurona”

    Gracias. JC.

    .

    • 29/12/2012 en 14:20

      Gracias, José Carlos, estoy seguro de que los siguientes te resultarán cada vez más interesantes.

      Un abrazo y feliz año nuevo!

  2. Luis
    11/01/2013 en 03:28

    Usted dice muchas cosas en este artículo, pero no explica lo más importante: ¿Por qué no se podría entender la mente en términos de neuronas? Saludos, Luis.

    • 11/01/2013 en 09:15

      Poco a poco, Luis, ésta es sólo la primera entrada de la serie. Te agradezco tu comentario en cualquier caso.

  3. 13/01/2013 en 18:06

    Me encanta este blog. Acabo de descubrirlo. No nos dejes sin él!

    • 03/03/2013 en 13:41

      Disculpa la tardanza en agradecer tu amable comentario, Merceditas. A ver si me aplico y sigo con la serie. Gracias otra vez por tu visita y tu amabilidad.

  4. LONAR
    18/02/2013 en 20:42

    Gracias por el Blog.

  1. 06/07/2014 en 22:38

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