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Confusiones típicas al hablar de Inteligencia (M)emocional y “Empatía”

Sigo alucinando, cada día más. Los virus de la inteligencia (m)emocional y la empatía siguen contagiando a mentes nada mediocres, desde políticos transnacionales pasando por camareras de restaurante hasta llegar a obispos católicos, que han sucumbido al recesivo mainstream dominante hasta el punto de confundir caridad con solidaridad y empatía, los mantras del catecismo buenista que nos rodea, como Mátrix, sin casi posibilidad de escape, visto lo visto.

Al respecto, recientemente, mantuve una agradable y divertida ‘discusión’ en twitter con un mozo (iba a decir joven, pero yo también lo soy, aunque le doble en edad) en la que se manifestaron las frecuentes confusiones que padece la inmensa mayoría de los mortales (a ver si al final el confundido voy a ser yo, jejeje) incluyendo presuntos expertos y cajeras del Mercadona. Con las lógicas limitaciones de twitterworld, mi amigo virtual venía a resaltar las bondades de esta corriente, yo andaba fuera de casa y le contesté por el hootsuite desde el móvil mientras atenuaba los rigores estivales con un té con hielo en una terracita, así que fui breve.

La razón es lo que nos distingue de los animales, es lo que hay que potenciar. –Le dije. Y él, condicionado por la misma limitación del medio, me contestó: –El ser humano (lógicamente me incluyo) es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello.

¿Se han dado cuenta? Si no, sigan leyendo. Por cierto, la imagen de al lado no es una alusión a mi simpático amigo, en absoluto, sólo me pareció graciosa y ad hoc.

El falso dilema

La falacia lógica del falso dilema involucra una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles, cuando en realidad existen una o más opciones alternativas que no han sido consideradas. Las dos alternativas son con frecuencia, aunque no siempre, los puntos de vista más extremos dentro de un espectro de posibilidades. En vez de tales simplificaciones extremistas suele ser más apropiado considerar el rango completo, como en la lógica difusa. El “falso dilema” también es conocido como dilema falsificado, falacia del tercero excluido, falsa dicotomía, falsa oposición, falsa dualidad, falso correlativo o bifurcación. (Wikipedia)

Para ser ecuánimes podríamos decir que el tipo de afirmaciones de mi amigo encaja casi como un guante en la definición, lo que debería ser suficiente para que más de uno comprendiese que si los seres humanos disponemos de razón (se supone que somos seres racionales) y automatismos (eso llamado emociones) de bajo nivel –que diría Rita Levi Montalcini– debe ser porque es adaptativo o compatible con las teorías del Diseño Inteligente –cada día menos en conflicto, más complementarias–, por lo que abominar de la primera para postular la divinidad de la otra parece –al menos– producto de una escasa racionalización al respecto, en términos exasperantemente generales. Sobre todo porque no creo que ningún gugú guru haya establecido de forma universalmente válida la proporción idónea entre uno y otro, así que no sé de dónde ha salido el primer mandamiento de las nuevas tablas de la ley. Bueno, sí, de los santos Dyer, Chopra, Goleman y sus apóstoles.

Pero, más allá de la falacia lógica del falso dilema razón-emoción que se plantea, existe un profundo y desconocimiento sobre estas cuestiones hasta el punto que normalmente lo que se postula es lo contrario de lo que uno cree. Veamos:

El proyecto Gran Simio y la inteligencia (m)emocional

Como nuestro amigo, demasiadas personas atribuyen a la razón cualidades negativas, cuando es obvio para un estudiante de secundaria (de un país civilizado de verdad) que la razón es la cualidad que nos distingue, efectivamente, de los animales. Animales que tienen en general más derechos que muchas personas, y sobre todo que millones de personas que aún no han nacido y que nunca nacerán, síntoma inequívoco de la esquizofrenia globalizadora del mundo civilizado. ¡Toma ya solidaridad, compasión, poesía, belleza! En fin, Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen, son animalitos.

Lo que los que aún no han sido rescatados de Mátrix no saben –no pueden, su índice de libertad de albedrío se aproxima a cero, es Mátrix quien les dice que el irreal filete es bueno y jugoso y por lo tanto funcionan, actúan, viven, en consecuencia, fuera de la realidad, felices ignorantes, ignorantes felices, como Cifra con el trozo de carne–, es que los animales no tienen compasión, tienen empatía.

Compasión se experimenta con respecto a las personas que sufren circunstancias no causadas por ellos mismos, sean quienes sean. Compasión es lo que experimentamos los seres humanos con respecto a las víctimas del Tsunami que recrea la película “Lo imposible”, o los norcoreanos, aunque no les conozcamos y vivamos a miles de kilómetros de ellos. Por el contrario, a los animales, el dolor de especies ajenas les trae al fresco, como mucho es una señal que activa sus mecanismos de supervivencia vía miedo, para salvarse a sí mismos y a sus descendientes. Las batallas entre machos son otro ejemplo. ¿Qué compasión existe con el vencido, al que se niega la posibilidad de reproducirse mediante el recurso a la razón de los torpes? Si los seres humanos fuésemos así –que casi casi–, aquí sólo se habrían reproducido Schwarzenegger y Van Damme, y los demás encima nos habríamos llevado unas buenas ostias (tortas típicas de Ostia, en Italia).

El proyecto Gran Simio, como la inteligencia (m)emocional, persigue la equiparación del ser humano con los animales para así conseguir manipularles más fácilmente, hacerles más dóciles y obedientes, ignorantes no sólo, sino convencidos de que lo positivo es negativo y lo negativo, positivo. Ya no hace falta, como en los tiempos de Pol Pot, ejecutar a los que saben leer o lleven gafas, o de la mahometania que postula la destrucción de todo libro que no sea el corán y el exterminio de los infieles. Ahora los métodos son mucho más sutiles, goebbelesianos, nazis. Elevar a la categoría humana a los simios implica necesariamente equiparar a ambas especies, lo que de facto nos coloca a escasa distancia de la mona Chita y los animales del circo.

Elevar a la altura de categorías o valores superiores la inteligencia (m)emocional y la empatía –citaré de nuevo a la premio Nóbel Levi Montalcini– y el rechazo, aversión, desconfianza, recelo… de la razón es, igualmente, una estrategia de equiparación de las personas con las bestias. Observen si no, de nuevo, el argumento de mi amigo: El ser humano es muy imperfecto, cruel, mediocre, metiroso, pero también solidario, compasivo, poético, bello. Es decir, según la doctrina impuesta por la multinacional global de la destrucción del ser humano, la razón pertenece a la categoría de lo negativo porque produce esas sucias consecuencias: la imperfección, la crueldad, la mediocridad, la mentira… (echo en falta la mención al perverso capitalismo, el dinero, la riqueza… ¡Y hasta al satánico PP!) Mientras que en el lado positivo están las emociones, con sus subcategorías: solidaridad, compasión, poesía, belleza…

No se ha parado a pensar nuestro amigo, como miles de millones de personas, que el ser humano es compasivo porque existen unos valores superiores –superiores significa que no existe nada por encima– el Ama a Dios sobre todas las cosas, que es el que muestra la conveniencia de amar (en el sentido de hacer, que amar no es un sentimiento) a tus semejantes como a ti mismo, para no ser una bestia. Y a fuerza de práctica, resulta que algunos experimentamos compasión respecto a los que sufren inmerecidamente, pero también misericordia con respecto a los que sufren merecidamente, incluso, incluso, si son de otra tendencia ideológica.

No sé si se han dado cuenta, pero les acabo de dejar por aquí la clave para capturar fantasmones memocionales, y quizá, a más de uno, para salir de Mátrix y  vivir por fin en el mundo real. Si no la han pillado y quieren una clase particular, contacten con mi representante, que la cosa no está para regalar nada, por mucho que me compadezca de su ignorancia.

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Todo sobre la “Empatía”, en este enlace: Haga clic aquí.

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  1. Emma
    26/07/2013 en 10:47

    Prueba de lo racionales que somos es, como bien dices, la misericordia, el compadecernos de los malvados que sufren. Compleja y fascinante razón que es la única que puede hacer de nuestras mediocres emociones algo grande.

    • 26/07/2013 en 12:21

      Claro, por eso es interesante darse cuenta de que eso no ocurre con las personas que comparten cosmovisiones diferentes a la nuestra (y las personas antisociales o sociópatas), para los que el sufrimiento de los “malvados infieles” es una experiencia afectiva neutra o incluso positiva. Luego es la razón, fundada en principios racionales, racionalizables, la que genera esos nuevos automatismos -emociones, sentimientos- que nos convierten en personas humanas, sustentadas en la razón, civilizados, y nos alejan de la animalidad.

      Las emociones, por tanto, sin el filtro o control racional, son animales, pulsiones instintivas irrefrenables.

      Me alegra y satisface enormemente que lo entiendas y compartas. No lo digo con condescendencia, quizá lo pensaras así antes de leerme, pero el caso es que me satisface, racional y afectivamente 😉

  2. Héctor
    30/07/2013 en 19:11

    No me acabo de aclarar. ¿Estás en contra entonces del concepto mismo de inteligencia emocional? La idea original de IE se basa precisamente en la gestión racional de las emociones (Salovey y Mayer). Y el modelo de propuesta como inteligencia, se basa en los datos estadísticos y la suposición de que se requiere inteligencia para su desarrollo

    • 30/07/2013 en 19:52

      Buff, me pones en un apuro, Héctor, pero como tu pregunta es franca e inteligente, te contestaré con mucho gusto.

      Concepto, lo que yo entiendo por concepto, es la realidad que describen las palabras, no lo que Humptys Dumptys quieran que signifiquen porque tienen el poder. Y el poder de señalar al machista, lo sea o no, el poder de estigmatizar, hoy en día, lo tienen las mujeres y asimilados, homosexuales y varones ‘normales’ de los que se tienen que hacer perdonar por tener cola y no chichi, o los bobos de baba de siempre. De modo que fuera lo que fueran en su origen, el asunto de la IE se ha convertido en una falacia, una locura, un aberrante mainstream que arrastra a la mayoría de la gente, confusión promovida por un metalobby: el feminismo, que ha conseguido arrimar el ascua a su sardina y de paso a la de la New Age, que también les mola mazo. No sé si Salovey y Mayer eran varones o mujeres, si supieron convencer a las mujeres primero para meter un caballo de Troya en la humanidad, o si fue casual, pero yo no creo en las casualidades.

      Lo que parece claro es que si lo que pretendían era implantar el concepto de control, de autogestión emocional, o lo hicieron rematadamente mal, o iban bien pero les salió el tiro por la culata. Porque lo que significa hoy la IE para el común de los mortales es lo más opuesto posible a la inteligencia, y al control y autogestión. Es la idolatría de las emociones… de las féminas. Hemos pasado del machismo al feminismo sin solución de continuidad, del “Te callas o te pego una ostia”, al “No tienes ni pizca de empatía ni inteligencia emocional”. A ver cuándo le toca el turno a las personas.

      No puedo estar de acuerdo con el concepto de Inteligencia Emocional porque es un oxímoron, la IE no puede existir como no existe el frío caliente ni el estruendo silencioso; eso son metáforas, figuras retóricas. ¿Creadas con qué objetivo?. Si quisieran haber hablado de Autogestión Emocional o de Autocontrol Emocional, lo tenían fácil: era simplemente cuestión de haber utilizado las palabras adecuadas para definir la realidad objeto de estudio. No puedo estar de acuerdo con una denominación que no refleja la realidad que debiera reflejar, que debiera traducir, concretar… conceptualizar en suma.

      Y, a las pruebas me remito, la IE ha dado lugar a monstruos como la idolatría de la empatía, o son todos hijos del mismo padre: el coaching, la PNL, la gestalt, el eneagrama, el rollo del liderazgo… que no han hecho más que desorientar a la gente y arrojarla en brazos de manipuladores de emociones en plena fase maníaca que te prometen que, si crees que puedes, puedes.

      Las emociones no se desarrollan; al contrario, tenemos que atemperarlas con el paso de los años, precisamente con autocontrol, con autogestión. Autocontrol y autogestión basadas en la razón y en la moral cristianas, civilizadas, no en inventos de metalobbys marxistoides para someter a sus caprichos conscientes o subconscientes al “enemigo”; normalmente lo último, porque si de dieran cuenta, si fueran conscientes de las barbaridades que hacen y dicen, seguramente no lo harían; salvo, claro, si uno tienen en cuenta que la pela es la pela y el ego… bufff el ego… qué deleite tener a cientos de personas embobadas escuchándote, ¿eh?. Es como los cantantes y famosetes, las primeras veces que aparecen en público, se ciscan encima de miedo, pero a la segunda, cuando ya se les ha pasado, no hay quien les baje del escenario. Adictivo a tope.

      En resumen:

      Imperare sibi, maximum imperium est

      Si eso fuera la IE, yo sería un defensor de la IE, pero como no sólo no es eso sino que es todo lo contrario, estoy total, completa y absolutamente en contra, como estoy en contra de cualquier irracionalidad perniciosa.

      ¿Cómo lo ves ahora? ¿”Me se entiende” mejor? ¿Estás de acuerdo, en desacuerdo, en qué…?

  3. Héctor
    30/07/2013 en 20:11

    Bueno, lo cierto es que la impresión que tengo es que la mayoría de la gente no sabe muy bien de qué va la IE, estoy contigo en eso. El libro de Goleman triunfó, y se llevó con él por delante la idea original, que solamente sigue vigente en los círculos académicos, y como mucho en la praxis de aquel psicólogo especializado en este tema.
    El concepto de si es o no un tipo de inteligencia es discutible, es algo más teórico. Está claro que para la “gestión racional” de las emociones es muy conveniente un mínimo de inteligencia, y según algunos modelos, empezando por el de Spearman que ya tiene sus años, hay una parte que tiene que ver con el aprendizaje, pero otra parte está relacionada con la inteligencia de base. Se podría considerar como la interacción de una habilidad con una inteligencia de base o dicho de otra forma, lo que se llama una inteligencia específica

    • 30/07/2013 en 20:32

      Pues estamos totalmente de acuerdo. Seguramente el culpable de este desaguisado del raciocinio ha sido el listo de Goleman y la miríada de personas de la calle y profesionales de la psicología y campos “afines”, que se lo han creído.

      Lógico, para autogestionar las emociones tiene que haber un mínimo de inteligencia. Que parece que brilla por su ausencia entre los que manejan el concepto fuera del ámbito académico y clínico que mencionas.

      Si no existe un mínimo de inteligencia, unos filtros racionales mínimos ¿cómo las íbamos a autogestionar?. Los animales inferiores no tienen inteligencia, así que se mueven únicamente a partir de la necesidad que utiliza para satisfacerla esos automatismos (me vale que quieras llamarlo ‘habilidades’) que llamamos emociones, o las pulsiones, los instintos. Nosotros, las personas (teóricamente o en mayor o menor medida según quién) aprendemos, entrenamos, la autogestión de las emociones que son de utilidad de niños, pero no de adultos. Y como bien dices, tal como yo lo veo, algunos filtros son incomprendidos para la mayoría, no se entiende qué sentido tienen o si no son más que residuos del antiguo concepto de “pecado” (tropiezo, etimológicamente), que presuntamente sólo buscan limitar la libertad individual, ignorancia que se conjura con el uso de la razón, de la inteligencia.

      “Uséase”, tal y como yo lo veo, estamos completamente de acuerdo en esta cuestión. ¿No te parece?

  4. Héctor
    30/07/2013 en 20:18

    Una cosa, he estado leyéndote para intentar saber qué quieres decir (sentía curiosidad), una cosa que me ha llamado la atención es el tema de reprimir emociones. Estoy contigo en que hay que ejercer control racional y no trasformar emociones en conducta muchas veces en la vida, lo cual no quiere decir necesariamente y de forma automática que implique reprimir en el sentido de rechazar (muchas veces en psicología de emplea yo creo así, y así lo entiende mucha gente). Sí reprimir con el sentido que aparece en el RAE.

    • 30/07/2013 en 20:37

      Claro, por eso te hablaba antes del “antiguo concepto de pecado”. Yo no entiendo reprimir como lo entiende un meapilas, lo entiendo como dice el DRAE.

      Reprimir es la acción de gestionar, lo cual implica necesariamente dar salida a determinadas “decisiones” e impedir la salida de otras. O sea, reprimir no es un recurso automático generalizado, eso sería una aberración o un voto religioso, sino un recurso gestionado por la razón, por la inteligencia, para favorecer la evolución.

  5. Héctor
    30/07/2013 en 21:13

    Pues parece que sí, después de todo vamos a estar más de acuerdo de lo que pensaba cuando vi el título, no sé si en todo, pero al menos sí en una parte importante.

    • 30/07/2013 en 21:21

      Me alegra saberlo 😉

    • 24/08/2013 en 13:43

      me parece bastante interesante el hilo q habeis iniciado sobre inteligencia emocional, o memocional, aunque resulte ironico entiendo. en parte vuestra indignacion. Por el ano 1997 yo ya estaba al tanto de dicho concepto, era un simple estudiante de psicologia casi me suspenden por introducir ideas del s. goleman y ahora llaves tu hasta psiquiatras de cierto prestigio lo tienen commo libro de cabecera. y ahi muchos falsos gurus, como habeis comentado q van adoctrinando, yo no estoy seguro del calado q tendra esta corriente new age, el tiempo es sabio y lo dira. las cosas tb hay q analizarla en un contexto, aunque las comparaciones son odiosas no vaya a pasar como con freud. cuando surgio emocional, en contexto academico se estaba un poco harto de la supremacia del ci q venia a equipararse con inteligencia en todos sus terminos. lo q hizo el sr goleman, espabilao como el q mas, fue con un lenguaje menos academicos y pragmatico como cualquieer yanki, ilustrarnos con hechos empiricos otra forma de gestionar inteligencia,de ahi q se haya incorporado a las escuelas de negocios,os recuerdo q aparte de psicologo goleman es periodista, perdonen mi expresion pero he escrito esto desde un movil. saludos

      • 25/08/2013 en 04:10

        Hola, Francisco, la diferencia clave es que el CI es el mejor método que existe actualmente para determinar -probabilísticamente- el éxito de una persona, mientras que el CE no predice absolutamente nada, como ya dijimos en otro post (si pinchas en inteligencia (m)emocional en la columna de la derecha podrás verlos todos). Es sencillo, lo que mide el CI son parámetros existentes, mientras que el CE no mide nada porque la inteligencia (m)emocional no existe, ni ha existido, ni existirá nunca. Lo que existe es el conocimiento y gestión de los afectos (en general, no las emociones en particular), que no es lo que Goleman vende, sino todo lo contrario.

        Entiendo esa frustración de la gente, porque el CI se modifica poco (y últimamente parece que baja en general) durante la vida, tiene que ser jodido de aceptar, y claro, como todos queremos ser los mejores, nos inventamos otro cociente para ver si así hay algo en lo que lo seamos, aunque sea más falso que un euro de madera.

        Desde mi punto de vista, el mérito de Goleman es, junto con Marx, haber sido capaz de engañar a miles de millones de personas. Él solito.

        A las escuelas de negocios se incorpora basura, sobre todo si está de moda, pero la gente no va a las escuelas de negocios a aprender inteligencia (m)emocional, puedes tenerlo claro, va a relacionarse y entrenar sus habilidades.

        Saludos cordiales

        • 25/08/2013 en 17:56

          NO quiero parecer cansino, estoy casi de acuerdo en parte, mi unica apostilla: es relativo, a que el ci es un buenpredictor del exito personal, eso necesita ser matizado, si es alto entendiendo algo superior a la media puede ser, como una de multiples condiciones, variables etc. Esta demostrado, q un ci muy alto, incluso puede resultar contraproducente.”excesiva extravagancia social”. Falta de sincronia y una posible fuente de frustracion, por no poder gestionar de forma acorde ese pontencial, hay prueba de fatales consecuencias en personajes de renombre, geniales pero con vidas personales calamitosas.
          Eso por un lado, por otro lease stemberg, antes de goleman, tb se encuentra gadner, inteligencia multiple, como consecuencia, dicen estos autores q si solo prestamos atencion a el resultado de los tests. Se han observado segun ellos, casos de gente muy brillante a nivel de reaultados individuales, pero autenticos desastres a la hora de comunicar, gestionar emociones, trabajo en equipo etc.

          • 25/08/2013 en 18:40

            No pareces cansino en absoluto, tranquilo, esto de los comentarios está para entablar conversaciones y llegar a algo, así que si no estás de acuerdo en algo, como dices, me gustaría mostrarte mi punto de vista.

            No hace falta estudiar a Gartner ni a Stemberg para saber lo que es la inteligencia: es la habilidad o habilidades para resolver satisfactoriamente los problemas en algunos de los ámbitos más importantes de la vida, que es lo que miden los test. Con esta base, se puede entender que a más habilidad o habilidades, uno resolverá mejor los problemas de la vida.

            Claro que es cierto que los excesos tienen sus inconvenientes, estoy de acuerdo, los genios suelen ser inadaptados, la sociedad va demasiado lenta para ellos, y lo sufren desde la escuela. Pero no hablemos de las excepciones, sino de la norma, que es lo útil; y la norma, lo normal, es que la gente con CI más alto funcione mejor que la que lo tiene bajo.

            La habilidad para relacionarse tiene mucho que ver con el papel que desempeña el individuo, porque si a un superdotado le pones a dirigir un equipo, es probable que se exaspere, o que se desespere, por la falta de inteligencia de sus componentes, por la comparación con él mismo. Y ahí entra lo que Gartner llama inteligencia social, concepto pervertido en la inteligencia (m)emocional de Goleman, que es la habilidad para relacionarse adecuadamente con los demás. Es lo que suele pasar con los padres cuando ayudan con los deberes del cole a sus hijos, se desesperan porque no son capaces de hacerles entender lo que quieren, y muchos les dicen que son o parecen tontos, cuando en realidad son ellos, en tanto que adultos, los que son incapaces de hacerse entender, los tontos.

            Pero por mucho que un genio tenga dificultades de relación social, sigue siendo un genio, y lo más probable es que, en el área de su especialidad, sea el mejor o de los mejores.

  6. Toni
    03/08/2013 en 13:13

    Sufres un error de muchos psicólogos, el razonamiento también puede ser automático, no consciente. No sólo son automáticas las emociones. Cuando un científico ha razonado muchas veces sobre algo, los mecanismos se autoamatizan y “ve” directamente la solución.
    La emoción no se contrapone a la razón, puesto que la razón tiene límites intrínsecos, el heurístico que supone la emoción, pondera los caminos de exploración de la razón. Evidentemente las decisiones deben revisarse, no es la emoción el oráculo, pero como nos hizo ver Damasio, las decisiones sin emoción se extravían fácilmente en un mar de ramas poco relevantes.

    • 03/08/2013 en 14:09

      Ya, Toni, te entiendo perfectamente, pero no, no me equivoco. Yo no resto importancia a los automatismos, en absoluto, saberse la tabla de multiplicar es un automatismo, obviamente, y de ahí para arriba.

      El automatismo solicita salida al neocórtex, al filtro, a la torre de control, que es la que, en base a la moral, permite o no la salida de la acción coherente. El problema de las emociones, como impulsos primarios, como las pasiones, los instintos, es que son automatismos que reclutan mucha memoria de trabajo, por lo que casi obligan al neocórtex a permitirle la salida, porque lo saturan incluso a él, se saltan sus filtros morales. Por eso decía Levi-Montalcini “estamos dominados por impulsos de bajo nivel”. Eso lo demostró Damasio con el caso Phineas Gage, brillantemente, además.

      Lamentablemente, Damasio está gagá, su último libro es una demostración de que cada día que pasa, se lía más. Y no por el “Sólo sé que no sé nada”, que sería muy loable, sino porque parte de presupuestos erróneos y acaba enredándose él mismo. No sabe lo que es una emoción, ni de lejos (y es una lástima también para mí porque le admiraba mucho), porque parecía que con los marcadores somáticos lo tenía ahí ahí, pero se ha dejado llevar por el mainstream de la inteligencia (m)emocional y la empatía y la ha cagado. Así, a las claras.

  7. Elena
    04/11/2013 en 16:21

    Para mí sería más agradable leerte sin encontrarme en cada párrafo tanta crítica repetitiva hacia otras opiniones que no sea la tuya. Tus aportaciones me resultan muy interesantes, pero tengo que hacer mucho trabajo para extrer lo que apoyas, antes de cansarme y saturarme con tanta ironía machacona.

    • 04/11/2013 en 17:05

      Pues lo siento de veras, Elena, pero es mi estilo y además hay gente a la que le gusta y así me lo han comunicado. No puedo contentar a todo el mundo a la vez. Ya sé que escribir así tiene consecuencias, y las asumo.

      Este es un blog divulgativo, sin muchas pretensiones, en el que escribo lo que me surge y donde charlo coloquialmente con gente como tú, no es un documento científico sino “periodístico”, por lo que las críticas irónicas encajan. De otro modo no encajarían, claro.

      Mi estilo es, además de muy crítico, muy enrevesado, también lo asumo. Sé que es difícil seguirme, y eso sí que intento corregirlo, porque está bien facilitar la lectura a la gente que se pasa por aquí. Quizá sea eso lo que te incomoda realmente. ¿O quizá no?

      Para terminar, te diré que el asunto es tremendamente trascendental, porque lo que combato son las ideas recesivas que se divulgan e instalan en la mente de las personas, y creo que eso es lo importante, el fondo más allá del estilo. Piensa que los que defienden y difunden ideas perniciosas o recesivas lo hacen con un estilo políticamente correcto, seductor, que es lo que no genera esas incomodidades que tú experimentas al leerme, aunque lo importante sea el fondo de lo que dicen.

      Espero que tengas paciencia y sigas visitándonos.

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