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Qué es la mente y cómo funciona (1)

Para saber cómo funciona la mente, en principio necesitamos entender qué es la mente. Muchos psicólogos y expertos de este mundo, han abominado del término mente, como conjurando el riesgo de que este concepto holístico les arrojara en brazos de la charlatanería new age en pleno auge del intrusismo profesional que bien merecían, por su sumisión a dogmas como el psicoanálisis, aunque a renglón seguido caigan, más que sin precaución, encantados, en el de la recesiva inteligencia (m)emocional.

Otros, simplemente prudentes, estudiosos de aspectos concretos de su funcionamiento, no se atrevían a usar el término mente por pura honestidad. Simplemente no sabían qué demonios era porque, francamente, no lo sabían.

Ha tenido que llegar la ciencia dura, de la mano del emergentismo filosófico, hasta llegar a la moda de la Teoría del Caos (complejidad) y su Efecto Mariposa, para que los psicólogos académicos hayan, por fin, podido explicarse que la mente es la propiedad emergente de la interacción del ser humano con su entorno. Es así de sencillo pero igualmente complicado y peligroso, porque empezar a considerar la mente como emergencia –no en el sentido de urgencia, sino de algo que emerge del sistema nervioso y el resto del cuerpo– aboca a muchos a esforzarse en la distinción de los tipos de emergencia, su historia, su evolución, sus tipos… hasta volver a liarse la cabeza para acabar otra vez no entendiendo nada, como si lo que les gustara realmente es tener toda la vida la cabeza hecha cisco. Adictos a los problemas en lugar de a resolverlos. De los que en lugar de ir a la esencia para comprender la totalidad pretenden conocer la esencia observando cada parte, de las infinitas, que la forman. Ya, tiene que haber de todo, no digo que no, sólo digo que entender la mente no es tan difícil, sólo hay que recorrer el camino inverso: partir de lo obvio para entender lo complicado. O sea, que para resolver una complicada ecuación primero uno tiene que entender qué significan sumar, restar, multiplicar y dividir. Digo yo, vamos. Bueno, seguramente también Ockham lo diría.

Para resumir la idea de que la mente es una propiedad emergente de cada uno, se podría decir que lo que soy yo, Santiago, es una emergencia de la interacción de este cuerpo completo con las circunstancias y personas de mi vida, emergencia que se materializa en pensamientos y acciones. Yo soy mi background, mi historia, y mi background se renueva cada segundo. Al terminar este post, ya soy algo diferente a como era antes de empezar a escribirlo. Yo soy toda mi vida. Y no sólo de piel adentro, también lo que he hecho en el mundo, con las cosas y con los demás.

Dicho esto, que espero se haya entendido aunque lo ampliaremos en otra ocasión, vayamos al grano: Grosso modo, hay que entender que la mente tiene varios estratos funcionales (o sea, que pasaremos de largo sobre los estructurales), desde los más impulsivos hasta los que permiten u obligan a una reflexión. Obviamente no es lo mismo la acción de apartarse de un coche que nos va a atropellar, que decidir a qué colegio vamos a llevar a nuestros hijos o qué persona vamos a contratar. Yo distinguiría –sin ánimo de fijar doctrina– cuatro niveles funcionales: el cuasitodopoderoso, el fuerte, el moderado y el tranquilo.

El nivel funcional todopoderoso es el que mencionábamos: apartarse de un coche que nos va a atropellar, quitar la mano del quicio de la puerta que la corriente de aire cierra de golpe. La voluntad libre tiene poco que hacer aquí, así que nos arroja a tres opciones: afrontamiento, parálisis, o huida. Tan rudimentario como potente de cara a modificar nuestro comportamiento. Es lo instintivo. Tan instintivo que muchas veces la orden ni siquiera llega al encéfalo, se queda en la médula, y aunque es posible saltarse el automatismo, es muy difícil, requiere un entrenamiento de élite.

El nivel fuerte es el que nos impulsa casi inevitablemente a una acción, pero sobre la que todavía disponemos de cierto control, por ejemplo, cuando nos dan ganas de abofetear a alguien pero nos contenemos. A mí me pasa unas cuantas veces cada día. Según sea la gravedad de la ofensa, podemos ejercer mayor o menor control; nadie duda a estas alturas de que, en la inmensa mayoría de los casos, es preferible recurrir a la palabra antes que a la mano, es decir, que el castigo positivo no tiene por qué ser un guantazo. Pero si no hay otro remedio, un soplamocos también puede ser un recurso válido, sobre todo si es controlado y sin la tan incomprensible como inaceptable proyección de odio a nuestros propios hijos, a la sangre de nuestra sangre. También manda, cual dictadorzuelo, este nivel cuando odiamos algo, cuando el odio nos nubla el juicio sesgándonos hacia una visión de la realidad. O cuando “la química” con otra persona nos atrapa. Es propio de la juventud, de la inexperiencia, aunque en demasiadas ocasiones nada tiene que ver con la edad. Por aquí andan las emociones y las pasiones.

El nivel moderado es más sutil, menos poderoso de cara a la modificación inmediata de nuestra conducta, pero con un efecto más a largo plazo. Es algo que sesga nuestra vida hacia una dirección y un sentido concretos, pero a nivel general, de vida completa. Un sentido ¿se han dado cuenta de que el concepto sentido en tanto que sentido referido a cada una de las dos posibilidades de movimiento a largo de una línea, también se refiere al sentido de la vida?. Es lo que creemos/sentimos que tenemos que hacer en la vida, nuestra misión, nuestro propósito. Estos son los sentimientos, potentes imanes que cada día tiran suavemente de nosotros desde el futuro.

Y por último tenemos al nivel funcional tranquilo, que aunque también formado por automatismos –fragmentos o líneas de código con una función concreta– es más independiente de las circunstancias que los anteriores, pero también el más débil normalmente, porque se le suelen imponer las anteriores. Prueba de ello es, otra vez, la frase de Levi-Montalcini: “Vivimos como hace 50.000 años, dominados por impulsos de bajo nivel: las emociones”.

Quiero decir que, el ejercicio de la razón, pongamos como ejemplo paradigmático el ajedrez, que puede ser más independiente de la satisfacción de las necesidades de los dos o tres primeros escalones de la Pirámide de Maslow que los otros tres niveles funcionales de la mente. Al revés no ocurre tan fácil: a la razón le es difícil imponerse a los instintos, pasiones, y emociones, por eso el aforismo “Imperare sibi, máximum imperium est”, que podría traducirse como: gobernarse a sí mismo es el mayor de los imperios. Y es esto de lo que va la historia. No sé si me explico.

Para pensar, para racionalizar, someter al arbitrio de la razón cualquier circunstancia, hace falta tiempo, más o menos según sea de compleja la circunstancia. Y justo esa demora, ese lapso reflexivo antes de actuar, ese dominio de nosotros mismos, ese autogobierno, autoliderazgo, autogestión o como le queramos llamar, es lo que nos distingue de los animales. Al menos a algunos.

Sin ese lapso de reflexión estamos abocados a reaccionar en lugar de responder, a saltar como muelles ante cualquier evento que resulte displacentero, a que nuestra cognición sea sesgada por la información que recibimos, mientras nos abrimos de par en par a los que piensan como nosotros, algo que curiosamente muchos consideran un valor adaptativo y a lo que llaman, sin tener ni idea de lo que hablan, empatía.

Algunos que parecen homo, homini lupus sunt, non homo, quom qualis sit non novit.

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  1. 05/08/2013 en 20:43

    Enhorabuena, Santiago. Fantástico blog. Abrazos y buenas vacaciones, Carlos Herreros

  2. Sufián
    06/08/2013 en 19:21

    Como bien dices es difícil definir la mente. ¿Segiría teniendo mente un humano en el vacío del cosmos, (donde no hay entorno)? ¿Seguiría teniendo mente la “niña de Ana Sullivan” si además de ciega, sorda y muda, perdiese también el sentido del tacto?

    Saludos

    • 06/08/2013 en 20:48

      Jo, Sufián, cómo te complicas la vida, no? Para qué te preguntas esas cosas? Sirve para algo?

      Ya sabes, porque además lamentablemente ya se ha demostrado, que el ser humano aislado es inviable. Sin el contexto, muere irremediablemente.

      Recuerdas Mátrix? Hay una escena en la que Neo pregunta a sus liberadores: “Si te matan en Mátrix ¿mueres también aquí (en el mundo real)?” Y uno de ellos responde: “El cuerpo no puede vivir sin la mente”.

      La trampa cognitiva estilo koan zen que te montas a ti mismo es la siguiente: en tu pregunta intentas congelar el tiempo en lugar de ver la vida como un proceso que discurre a lo largo de él. En un lugar aislado como el que describes, no existiría el ser humano, ni su mente, ni sus gónadas, ni Sálvame de Luxe.

      Sin embargo, obviamente, si te mandan ahora, con toda la vida que has vivido, a ese “lugar vacío del cosmos”, seguirías teniendo mente hasta que murieses de aislamiento.

      No sé quién es esa pobre niña, y la verdad, prefiero no saberlo.

      Tienes alguna otra pregunta trampa más?

      • Sufián
        06/08/2013 en 21:26

        La filosofía lleva intrínseco el complicarse la vida con las cuestiones más banales. Por eso a los que nos gusta la filosofía solemos liarnos tanto haciendonos preguntas jaja.

        No niego que el ser humano sin su contexto se muera. Ni tampoco niego que la vida sea un proceso que discurre en el tiempo (más que nada porque tendríamos que discutir también la definición de tiempo). Lo que me cuestiono es la definición de mente. Esa mente que mantiene el cuerpo, que está presente durante la vida. ¿Está supeditada al devenir del tiempo? ¿Mientras duermo sin interaccionar con mi entorno pierdo mi mente?

        Lo de la niña es de una película de los años 50 creo: El milagro de Ana Sullivan.

        Saludos.

        • 06/08/2013 en 23:11

          Acabáramos! No sabía quién eras, perdona. Pensé que eras un memo de la empatía tocando las narices.

          Sí, como yo lo veo, no sólo es que está supeditada al devenir del tiempo, sino que sin tiempo no existe. No es necesario si no hay cuerpo, me refiero a lo que conocemos como ángeles, espíritus, etc., porque habiten una dimensión o realidad diferente, algo así como los avatares de los juegos de ordenador, que están ahí pero no tienen consistencia aparentemente sólida. Me parece obvio, pero seguro que tú estás pensando en algún lío filosófico en el que yo no habré reparado y me pondrás a prueba otra vez.

          No, el sueño no implica pérdida de la mente, de hecho sigue interaccionando con el entorno… pretérito, con el vivido. Bueno, y si hay pulgas en la cama, también con el presente, jejeje. Y la mente consigo misma, como cuando sueñas que te haces pis y realmente te lo haces. Tengo previsto escribir un post en el que explicaré lo que es el sueño desde una perspectiva nada psicoanalítica, o sea, que será científica y actual. Porque en este asunto la gente también está más perdida que un pulpo en un garaje.

          Saludos también para ti

          • Sufián
            07/08/2013 en 01:37

            Veras mi dilema es el siguiente: Si para definir la mente necesito en primer lugar que exista el tiempo, en segundo lugar ser humano, en tercer lugar un entorno, y en cuarto lugar la capacidad de interacionar con dicho entorno; entonces, para mi gusto, la definición se hace tan estricta que puede que puede dejar matices sin recoger y que además plantea más cuestiones de las que resuelve:

            – ¿Qué es el tiempo? ¿Es un paso inexorable y continuo de una magnitud física o es sólo la apreciación de cambios del entorno? Dichos cambios del entorno, ¿se producen en el entorno o son producto de un cambio en la perepción del entorno?

            – ¿Qué significa ser humano? ¿Un homínio no tiene mente? ¿Un chimpancé tiene mente? ¿Un homo erectus tiene mente o sólo los homo sapiens sapiens?

            – ¿Quién interacciona con el entorno, la mente o el cuerpo? Si la mente puede interaccionar consigo misma, ¿para qué incluir el entorno en su definición?

            No pretendo que contestes a todo eso, ni tampoco me tomes por un “pesao”; es sólo que a la hora de definir un concepto me surgen demasiadas dudas.

            • 07/08/2013 en 02:45

              Joooder! Pues sí que te comes el tarro tú también! Tranquilo, me encanta charlar de estas cosas.

              – El tiempo, tal como yo lo veo, es un desarrollo. O sea, imagina que coges un 0 y un 1 un poquitín más grande que el 0, luego otro par, y otro, y así sucesivamente, hasta que construyes un programa, una realidad virtual, y de ahí, en adelante.

              La complejidad en nuestro universo no se puede generar sin tiempo. El tiempo es la medida que utilizamos para trocear y manejar el desarrollo de las cosas, pero también el propio desarrollo de las cosas.

              Hace falta ese tiempo para que la humanidad progrese, se haga más semejante a El Jefe.

              – Ser humano es un animal con facultades cognitivas superiores al resto de animales, particularmente la moral (córtex prefrontal, los dos dedos de frente), la capacidad de discernir entre lo que es el bien y lo que es el mal (así en genérico, como con Adán y Eva)

              Claro, los animales también tienen mente, pero más limitada.

              – En este mundo, en este estado de cosas, no se puede separar el cuerpo de la mente, porque sin cuerpo no hay mente, nada que haya recibido los inputs del entorno para generar una mente.

              Incluso cuando la inteligencia artificial progrese, será una mente relativamente compleja, y su complejidad llegará al cénit cuando se puedan usar materiales biológicos como nuestro cuerpo. Incluso ahora, que tiene una inteligencia de un niño de cuatro años, ya es una mente, con un sustrato, no corporal, sino hardware, pero con sustrato en todo caso.

              Que la mente necesite interaccionar con el entorno significa que se ha alimentado de él (sin contar el ADN, aunque también se ha formado por la interacción con el contexto) para existir. Otra cosa es que, en ausencia de estímulos, como expliqué un día a Mario Conde (https://santiagofbarrero.wordpress.com/2012/04/19/el-espritu/) el sistema nervioso pueda “ir por libre”, pero ese estado sólo puede ser breve.

              Quien interacciona con el entorno es el cuerpo, a través de los sentidos, y de esa interacción emerge la mente.

              ¿Cómo lo ves?

              • Sufián
                08/08/2013 en 02:31

                Creo que voy entendiendo por donde vas. La mente sería una cualidad o propiedad de entes materiales que surge de su interacción en el tiempo con su entorno. Pero a esta definición le quedan aún detalles por pulir: un árbol entraría en la definición o incluso un astro o un planeta. Además resulta un poco pobre definir la mente como una propiedad sin explicar sus caraceterísticas (no me refiero a su arquitectura en niveles, sino a lo que supone la presencia de dicha propiedad).

                Por otro lado, releyendo el post me gustaría preguntarte: ¿Cuál es la diferencia entre considerar la mente una emergencia o una propiedad? y ¿Cómo se puede saber si su origen es uno u otro?

                • 08/08/2013 en 16:07

                  La mente surge de la interacción con el entorno, para interaccionar con el entorno. Por eso, como decíamos el otro día, sin entorno no hay mente.

                  Un árbol y un planeta, y las partículas subatómicas, también tienen sus sistemas de interacción con el entorno, claro, la Tierra es un buen ejemplo. Sin sus características estructurales, no habría vida humana sobre ella. ¿Podríamos llamar a eso “mente”? Es un poco arriesgado, yo no lo diría, porque mente implica pensar, no sólo reaccionar siguiendo un patrón fijo. Aunque visto el escaso margen de libre albedrío del que disponemos de media los seres humanos, también podríamos decir que seguimos patrones fijos que otros piensan.

                  La presencia de la mente es una cuestión de mayor complejidad de procesos; por lo tanto “mente” no sería un fenómeno absoluto, sino que tendría escalas, desde las más primarias a las más evolucionadas. Entonces, “mente humana” podría significar mayor capacidad de modificar el entorno y a sí mismos que el resto de seres. ¿A eso te refieres?

                  Emergencia es propiedad, propiedad de emerger, no veo bien la diferencia entre una cosa y otra, si la hay. Tampoco entiendo bien tu última pregunta.

  3. Carlos
    07/08/2013 en 13:35

    Gracias de nuevo por el blog, Santiago.
    He leído que cuando una persona se somete a un aislamiento sensorial (en una cámara de aislamiento) al principio la cosa es positiva…
    Pero si se persiste en el aislamiento sensorial durante demasiado tiempo “la privación prolongada puede resultar en ansiedad extrema, alucinaciones, pensamientos extravagantes, depresión y comportamiento antisocial” (http://es.wikipedia.org/wiki/Privaci%C3%B3n_sensorial)
    Hasta tal punto es importante la interacción sensorial que cuando esta desaparece, la mente empieza a desaparecer. O como diríamos si nos basamos en las teorías del CAOS, el atractor que surge del fenómeno caótico, desaparece y con el la propiedad emergente: la mente.
    Un saludo.

    • 08/08/2013 en 16:17

      Sí, es cierto lo que dices, supongo que ya sabes que las cámaras de aislamiento sensorial se pusieron de moda hace más de veinte años, pero no tuvieron éxito, porque provocaban más problemas que beneficios. Yo estuve a punto de meterme en el negocio entonces, menos mal que no. Un fraude como la gimnasia pasiva y las plataformas vibratorias actuales.

      Claro, has dado en el clavo: sin atractores, la mente se entropiza, se homogeiniza, se vuelve una masa informe sin finalidad, sin sentido. Y lo que no tiene sentido, desaparece.

      La teoría del Caos y los atractores caóticos son esenciales para comprender el funcionamiento de la mente, porque dirigen el pensamiento y la conducta. La mayor parte de las veces con un sentido determinista, porque nuestro background existía antes de que empezáramos a tomar decisiones por nosotros mismos, pero cuando uno ya posee (si lo posee) cierto margen de libre albedrío, es capaz de instaurar y utilizar sus propios atractores, no completamente fruto de su background y su entorno, sino a partir de un análisis de la realidad.

      Entendiendo bien la teoría del Caos, es fácil entender, por ejemplo, la farsa del movimiento constructivista del liderazgo, sus errores y por dónde debería ir realmente para no convertirse en una ridícula intentona de inseguros para adquirir personalidades mágicas que atraigan a los demás, un poco lo mismo que ocurre con la PNL, el coaching, la gestalt…

      Saludos

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