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Mens sana in corpore sano. Cómo el ejercicio mejora las capacidades cognitivas.

Ya en el siglo I d. C., sin tanta tecnología, tanta ciencia y tanta gaita, Juvenal tenía una idea clara de la importancia de que el cuerpo, el templo del alma, estuviera en buenas condiciones para permitirnos una vida virtuosa y tranquila.

Además de los innegables efectos positivos que ejerce sobre el organismo, que nos permiten que el cuerpo, en lugar de ser un lastre para la vida, sea un facilitador de ella y nuestro propósito, el ejercicio moderado (depende para quién, obviamente, que cada uno tiene sus posibilidades y su background, y el jubilado de la foto tiene más que la mayoría) ejerce un beneficioso influjo en la mente. Tal como se señala en este estudio, practicar deporte diariamente ayuda a combatir la depresión del ánimo. Depresión del ánimo he dicho, sí, que el matiz es tan importante que dará para una futura entrada completa.

En lo que respecta a las capacidades intelectuales también se ha observado que el ejercicio las mejora, aunque como es habitual parece que los investigadores siguen sin entender cómo funciona la mente humana, lo que les lleva a contradecirse llamativamente. El caso de este artículo que enlazo es paradigmático. En él, se cita un estudio que utiliza tres grupos de personas para demostrar la efectividad del ejercicio físico en la memorización. Veamos:

– Un primer grupo de personas que permanecen sentadas 30 minutos antes de la prueba de memorización.

– Un segundo grupo, que practican ejercicio suave 30 minutos antes de la prueba de memorización.

– El tercer grupo practica ejercicio intenso 30 minutos antes de la prueba.

Para no enrollarnos, avanzaré que el segundo grupo es el que mejores resultados obtuvo.

Sin embargo, otro estudio que se cita en el primer artículo que enlazo hoy, parece que contradice estos resultados. Y digo parece porque en realidad no contradice nada, salvo para quien no entienda nada.

Ya tienen que entender poco los científicos del segundo estudio para ocurrírseles semejante barbaridad de diseño de investigación, ocurrencia que pone a las claras que la inmensa mayoría de los mortales, incluyendo a los superespecialistas en psicología y neurociencia –para que se hagan a la idea de lo que puede saber un coach o un inteligente (m)emocional–, no tiene ni la más remota idea de cómo funciona la mente humana, aunque sí de intríngulis aislados, hoy por hoy con poca utilidad; de hecho, los cachivaches tecnológicos –como decía Einstein– han superado en evolución a nuestro cerebro, y con creces. Afortunadamente, el proyecto POSYTIVE (acrónimo de Psycholinguistic, Ontologic & SYstemic Training In Virtual Environments), reducirá la brecha significativamente en cuanto podamos ponerlo en marcha.

En esta barbaridad de estudio, los lumbreras investigadores que cobran por perder el tiempo propio y el dinero de los demás, hicieron dos grupos:

– En el primero las personas estudiaban sentadas tranquilamente.

– En el segundo, las personas estudiaban haciendo ejercicio enérgico en una máquina elíptica.

Otra vez para ahorrar tiempo, diré que en este caso los mejores resultados los obtuvo el primer grupo.

¿Dónde está la clave de la contradicción? ¿Por qué en la primera investigación parecía existir ventaja para las personas que hacían ejercicio mientras que en este último ocurre lo contrario?

 

Utilicemos la informática para entender la mente

Hace falta recurrir a la informática que hoy en día manejamos con soltura hasta los que convivimos con las plumas y los lápices para entender que el sistema nervioso, igual que un ordenador, tiene una cantidad de memoria de trabajo (operativa o RAM) limitada, y que saturando de carga al cerebro sólo se consigue empeorar los resultados de cualquier tarea. Pongamos por caso un futbolista de élite, que en los entrenamientos es un mago con el balón, pero cuando surge la presión de jugar con un equipo del mismo nivel, reduce su rendimiento. ¿Por qué? Porque el miedo está ocupando gran parte de su memoria RAM, por lo cual no puede acceder a los recursos automáticos de los que ya dispone. Tan sencillo –que no simple– como eso.

De forma que, a poco que pensemos –quizá yo tenga alguna ventaja al no dedicarme a intríngulis biológicos y poseer una vasta experiencia deportiva tanto como deportista como en mi papel de preparador físico y psicológico– nos daremos cuenta de que en el primer estudio, la clave reside en la limpieza de la memoria RAM del cerebro, como cuando pasamos alguna utilidad a nuestro ordenador para borrar cookies, archivos temporales, accesos directos sin uso, etc., etc.

Así, una persona que empieza a estudiar, normalmente a disgusto y por lo tanto con la cabeza predispuesta a irse por los cerros de Úbeda a la menor oportunidad, a buscar chocolate o cualquier otra cosa de comer, a fumar, a morderse las uñas o simplemente a contar musarañas, tiene dos problemas:

– La mente sesgada a lo negativo por el displacer que ocasiona enfrentarse al estudio, lo que lógicamente merma el interés y la determinación (si creen que voy a decir el palabro “motivación”, van listos).

– La memoria RAM saturada por pensamientos negativos y/o irrelevantes, lo que impide abrir otros procesos mentales como ocurre con el ordenador cuando queremos abrir demasiados programas a la vez.

Por lo tanto, si hace ejercicio moderado antes, además de/justo por otras consideraciones fisiológicas, ha ejercido una limpieza de su memoria RAM, porque su mente se ha visto obligada a concentrarse en el ejercicio.

Si se hace ejercicio intenso, dado que se trata de un estrés severo al organismo, puede surgir cansancio, deseo de descansar, por simple dinámica cíclica alta intensidad-relajación.

Supongo que así se ve más claro.

 

¿Y por qué en la segunda investigación los peores resultados los obtuvieron las personas que estudiaban mientras hacían ejercicio intenso? Pues por las mismas razones: la memoria de trabajo, operativa o RAM está ocupada con la agresión que está suponiendo el ejercicio, que es la máxima prioridad en ese momento, lo que resta al cerebro la capacidad para concentrarse en otra cosa. Luego no se rinde adecuadamente en el estudio.

 

Los beneficios que nos aporta el ejercicio físico

El ejercicio moderado –en volumen e intensidad, o sea, una hora intensa al día, pero cuatro horas no– no cansa sino que aporta energía, en primer lugar porque ahorra, el cuerpo resiste mejor los trabajos de la vida y no necesita tanta energía para moverse, se hace más eficiente. Por poner un ejemplo, un motor nuevo de un Porsche Cayenne Turbo tiene 4.086 centímetros cúbicos de cilindrada, ofrece 500 caballos de potencia y consume 14,1 litros cada cien kilómetros dándole vidilla, mientras que un motoraco americano del antiguo Jeep Grand Cherokee, cubica 6.417 c.c., genera ’sólo’ 468 caballos y como se pasen un pelo con el acelerador consume… olvídense, no les llega el sueldo para los plazos y el caldo.

Y sobre todo, el ejercicio ahorra combustible porque detiene el derroche de energía de un cerebro funcionando en todo momento, incluso –generalmente de forma improductiva– en los momentos de descanso. El ejercicio, además de lo obvio, es meditación en movimiento (para los que les gusten las recesivas disciplinas orientales), es meditación en el sentido que detiene el incesante ir y venir de los pensamientos, normalmente negativos, además. El ejercicio detiene la entropía mental, el desorden de ideas, y las enfoca en las necesidades que genera el ejercicio: fuerza, equilibrio, coordinación intermuscular e intersegmentaria, postura…

 

O sea, que tener un corpore sano ayuda a cualquier tarea de la vida, incluso a tener una mens sana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dice Juvenal que:

 

orandum est ut sit mens sana in corpore sano.
fortem posce animum mortis terrore carentem,
qui spatium vitae extremum inter munera ponat
naturae, qui ferre queat quoscumque labores,
nesciat irasci, cupiat nihil et potiores
Herculis aerumnas credat saevosque labores
et venere et cenis et pluma Sardanapalli.
monstro quod ipse tibi possis dare; semita certe
tranquillae per virtutem patet unica vitae.

En español:

 

Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano.
Pedir un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte,
Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza.,
Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos,
Que no sepa de ira, y esté libre de deseos
Y crea que las adversidades y los terribles trabajos de Hércules son mejores que las satisfacciones, la fastuosa cena y la placentera cama de plumas de Sardanápalo (Asurbanipal o Sardanápalo, fue un rey asirio que era representado por los antiguos griegos como un sátrapa disoluto, apegado a los lujos y placeres sensuales al mejor estilo de las cortes orientales),
Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila.

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