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Qué queremos decir cuando decimos empatía?

Epi y Blas - Más Allá de la FormaciónSupongo que con la lección de Epi y Blas y el resto de entradas de la sección “Empatía” se entiende bastante bien que en realidad nadie, nunca, en modo alguno, siente empatía, sino afectos a través de ella: sentimientos, emociones, pasiones e instintos. De modo que deberíamos borrar la palabra de nuestro diccionario del perfecto guay o, al menos, utilizarla conscientemente, cuando realmente procede, que es casi nunca.

¿Qué es entonces lo que queremos decir cuando utilizamos el concepto empatía, el verbo empatizar y los adjetivos empático e inempático?

La respuesta es sencilla. Cuando otra persona utiliza en una conversación esos términos, lo que nos está diciendo en primer lugar es que pertenece a una suerte de élite humana que entiende el fuzzword y posee esa habilidad. Es algo muy comùn en el mundo de la formación empresarial, el yoga, el coaching, el mindfulness, el zen, las artes marciales, y en general, cualquier partidario del tribalismo oriental. Lamentablemente también la neurociencia últimamente. Cualquiera se opone a la corriente ¡¡si lo dice hasta Punset, que es el tío que más sabe sobre la mente en el mundo!!

En segundo lugar, lo que nos quieren decir, cuando las conversaciones pasan al nivel de disputas, es que el interpelado sufre alguna carencia que le incapacita para poseer la razón. Y consecuentemente, el primero que dispara la perdigonada es el que gana. Además es tan sencillo que cualquier persona puede usarlo, independientemente de su nivel académico o si ha demostrado o no alguna habilidad especial en la vida, no es necesario que apuntar con miras láser ni nada, como con las armas de destrucción masiva de vidas humanas: se sueltan y listo. Victoria casi segura.

Pero hay más. En el tercer lugar hay algo muy importante.

 

Ya no somos cristianos, sino hinduistas

Ya hablamos de ello en ocasiones anteriores. Si las personas que utilizan estos términos como arma arrojadiza fueran conscientes de las implicaciones de lo que están diciendo, muy probablemente no lo harían, porque en el fondo, lo que intentan es suprimir la libertad ajena bajo amenaza de expulsión del paraíso new age; una estrategia de estandarización humana, de aborregamiento masivo. Una estrategia que, de tener éxito, nos llevaría irremisiblemente a la destrucción de la civilización, una vuelta a un estado pre civilizado, como en la India y China o Corea del Norte.

¿Por qué? ¿Creen que exagero? ¿Que me estoy convirtiendo en un obsesivo?

En la India, existen todavía –sí, hoy mismo– sectas cuyos adeptos van barriendo por delante de sí cuando caminan, por miedo a aplastar algún insecto con sus sandalias. Los animales, las plantas, la pachamama, son más importantes que las personas. Sí, he dicho bien, más importantes. Porque obligan a que las personas vivan sometidas a una serie de limitaciones que les impiden desarrollarse. Al paso de barrido no se puede coger el autobús que se escapa, ni perseguir al ladrón que nos roba, ni apartar a nuestros hijos de los peligros del tráfico. Lo que los pobres ignorantes no saben es que existen seres vivos que no se ven a simple vista, o que cada vez que se lavan los dientes, masacran a millones de microscópicos pobres animalillos que pueblan su cavidad bucal, los muy salvajes.

Todo el que puede, como saben, arroja a sus muertos al “Río Sagrado”, el Ganges, ya saben, ese río que nació de una eyaculación del dios Shiva. Los más pudientes los queman algo antes, pero como la leña está muy cara y no pueden ganar dinero porque tienen que respetar estrictamente preceptos tan contrarios a la Ley Natural, hay hay quien opta por tirarlos enteritos. Y luego se bañan allí, en ese caldo de carne, para purificarse.

De sus derivados, como el moderno mindfulness que pronto infestará los departamentos de formación empresarial (en cuanto salgamos de la crisis y haya dinero para tirar) como ya inunda las librerías, podemos esperar lo mismo. A quién se le ocurre, en una sociedad multitarea, proponer el desarrollo de la consciencia en el momento presente. ¿En qué momento presente? ¿El del paso de la hormiga ante nuestros pies? ¿Que el ser multitarea fatiga y nos hace envejecer? ¡Pues claro que fatiga! Pero para conjurar el cansancio mental los españoles inventamos irnos de cañas o de vinos después de trabajar, charlar un rato, contrar unos chistes y echarnos unas risas. ¿O no hay que aceptar la realidad? Pues se acepta y listo, y no hace falta ni mindfulness ni gaitas. Porque es precisamente la incapacidad de aceptación de la realidad la que produce la insatisfacción –tan obvio– y da a luz al dañino virus del new age, que ahora ha mutado en el virus del mindfulness para seguir engañando a sus defensas cognitivas.

 

La trampa para generar sociedades blanditas y manejables: la sensibilidad

Supongo que a estas alturas muchos lectores habrán caído ya en la cuenta del peligro del asunto de la empatía. Cuando alguien le dispara que usted no tiene empatía, lo que le está diciendo es que no tiene la sensibilidad que él mismo posee acerca de lo que sea: de la personalidad de alguien, de los dichosos gatitos o perros que tan de moda se han puesto en facebook últimamente, o acerca de los suyos. Porque usted y los de usted obviamente importan una higa.

Y si usted posee la rara sensibilidad para admirar la belleza de los Aston Martin, prepárese, porque además de inempático, le acusarán de materialista, capitalista, insensible, elitista y cualquier otro epíteto poco favorecedor que tengan a mano; y digo a mano porque su léxico no abarca más allá de los dedos de las manos, incluyendo el ubicuo comodín “fascista”. Usted se quedará a cuadros, porque no le gustan los gatos y sí los Aston Martin, pero ya sabe que lo importante no es la cantidad de gente que vive literal, directa o indirectamente de la fábrica de coches, sino si el gatito tiene dueño o no. Y, sobre  todo, usted se preguntará por qué demonios quien le acusa de tamaña discapacidad no maneja esa misma empatía con sus gustos automovilísticos. Tranquilo, no se desespere, no hay nada que hacer con ellos.

Como ven, se trata de una sutil maniobra para vencer en cualquier contienda, incluso electoral, sobre todo en países poco favorecidos por las calificaciones del Informe Pisa, como lamentablemente ocurre con el nuestro, en el que el dichoso informe ya ni Pisa, sólo Repta.

 

Observen el maquiavélico mecanismo piramidal. Especifico “maquiavélico” porque no todos los mecanismos piramidales lo son, obviamente:

1º – Alguien le dice a usted que carece de sensibilidad (empatía), o que le irá mejor si desarrolla su sensibilidad hacia lo que esa persona considera que hay que tenerla, y como consecuencia usted se siente –nunca mejor dicho, porque eso de pensar estresa mucho– impulsado a defenderla, divulgarla y desarrollarla.

2º – Usted contagia al siguiente con su virus.

3º – Ese nuevo infectado infecta a otro.

4º – El nuevo contagia a otro.

Ya hay seis participantes en el mecanismo piramidal. A ver quién lo para ahora.

 

estructura piramidal - Más Allá de la Formación

 

Pero fíjese lo que ocurre si el director de formación de su empresa, su coach, su profesor, o quien sea, consigue introducir alguno de estos virus en su empresa, institución o estructura que sea. Decenas o miles de personas contagiadas a la vez. Imagine si el virus se introduce en miles de empresas. Imagine si el virus se divulga a través de las Redes y medios de comunicación de masas. Imagine si eso lo dice un gran líder político. Imagine si de repente el talante se sitúa por encima del talento en la escala de valores del mundo civilizado.

Hoy 22 de septiembre de 2013, hay más fotos de gatitos en facebook que protestas por el asesinato de decenas de personas a causa de sus creencias, en Peshawar, Pakistán. Eso es lo que produce el culto new age, usando su mismo desnortado lenguaje: más empatía con los gatitos que con las personas.

Sí, ha acertado, y el resultado es la España de hoy.

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