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Visionarios. Previsiones para el año 2050

Acabo de leer un extracto de las entrevistas a varios personajes relevantes. Nos ofrecen interesantes visiones del futuro del ser humano, del cáncer y otras enfermedades, de la tecnología, de la medicina, la genética, la juventud perpetua, y otros asuntos muy interesantes que voy a analizar a continuación por si a alguien le sirve y para mis propias reflexiones, porque al fin y al cabo, esto de escribir un blog es como pensar con la ayuda de la tecnología, algo impensable antes de que Gutenberg inventara la imprenta.

A propósito de pensar con ayuda, hace unos años alguien me contó una cosas sorprendente: que la Confesión había constituido un hito en la evolución de la mente humana, pues había ayudado a las personas a disminuir su entropía cognitiva, a pensar con arreglo a un esquema lógico, de causas-efectos, como el coaching o la psicología de ahora pero en versión antigua. Lo dejaré así, en “antigua”, sin más atributos tampoco para los “modernos” psicología y coaching.

Pero las palabras reveladas en el confesionario se las lleva el viento a no ser que el proceso se entrene adecuadamente y con regularidad, cosa cada día menos frecuente, pero sin embargo lo escrito aquí queda para la posteridad y para que uno pueda revisarlo de vez en cuando, matizarlo, corregirlo, mejorarlo… y obliga a matizar, corregir, mejorar… el pensamiento del que surge lo escrito, porque se puede borrar y reescribir. Bueno, para ser ecuánimes, también puede servir para matizar y empeorar.

También lo vaticinado por estos personajes ha sido fruto de sus reflexiones, matizaciones… y mejoras/empeoramientos; y gracias a la tecnología, lo podemos analizar detalladamente a la búsqueda de aciertos y errores, de lo que puede realmente suceder y lo que no es probable que ocurra. Aunque pronto, muy pronto, las máquinas ayudarán a analizar mejor lo que cualquier persona piense y escriba, mejor que cualquier individuo o grupo humano. Pero como de momento no lo tenemos, vayamos al análisis de las previsiones de los famosos, así, a pelo. El año que viene ya dispondremos de la tecnología necesaria.

 

STEVE WOZNIAC, cofundador de Apple con Steve Jobs

Las empresas con humanos tendrán peores resultados.

Estoy seguro de que esto ocurrirá ciertamente, y de hecho las personas sólo trabajaremos en lo que no puedan hacer las máquinas y en dirigir y supervisar su trabajo, además de otros sorprendentes trabajos que veremos más adelante. Pero nunca todas las tareas humanas podrán ser sustituidas por ellas, y siempre habrá personas que quieran trabajar con sus manos, como ocurre hoy en día en el mundo industrializado e hipertecnologizado. El mundo será diferente, y seguirá evolucionando.

 

Ya hablamos con nuestros ordenadores. ¡Y a veces hasta nos dan una respuesta apropiada! [Ríe]. Todavía no es una inteligencia real, pero llegará. Ya hay compañías, como IBM o Google, investigando la manera de transferir el funcionamiento del cerebro a los ordenadores. Las máquinas pensarán, hablarán, sugerirán cosas.

¡Los ordenadores ya funcionan como el cerebro! De hecho, para comprender el funcionamiento del cerebro no conozco mejor método que observar el de las computadoras. Bueno, para ser más exactos, en el momento en que estamos funcionan como el cerebro a nivel básico en algunas funciones, pero ese funcionamiento sigue siendo similar al del cerebro. Para parecerse más a un sistema nervioso humano les falta lo que a las personas humanas nos convierte en tales: un cerebro biológico con una configuración humana y además moral –el neocortex de los humanos civilizados– que observa el funcionamiento de las bases de datos (las he bautizado como “indis”, apócope de “individuos”) y sus programas, regulándolos, controlándolos, limitándolos conforme a esa moral adaptativa. Es decir, a los ordenadores les faltan aspectos cuantitativos y también ser capaces de observarse a sí mismos y autorregularse, como todavía ocurre a gran parte del mundo civilizado, incapaz de autolimitarse libremente, sino por coerción. Y tener la capacidad de entrenamiento cerebral que supone la experiencia de vivir por medio de nuestros cinco sentidos.

Las máquinas van a empezar a sugerir, a ayudar a optimizar el pensamiento humano en un año aproximadamente, y ya hablan hace tiempo. Algunos llevamos años trabajando en ello y vamos a buen ritmo, aunque no tengamos ni la cienmilmillonésima parte de la potencia de fuego que Google e IBM.

 

En 40 años tendremos ordenadores conscientes, dotados de sentimientos, de su propia personalidad. Tu mejor amigo será un computador. Hablarás con él. Te mirará a la cara y sabrá reconocer tu estado de ánimo. Conocerá tu alma y tu corazón mejor que nada ni nadie.

Seguramente será algo parecido, pero sin sesgos románticos como “dotados de sentimientos” o “te mirará a la cara”, porque seguirán siendo ordenadores. Aunque sean autómatas programables seguirán siendo máquinas. Capaces de observarse a sí mismos, pero tontos –como Rintintín, Lassie, Flipper, la mula Francis, o el más moderno Rex– a causa de esa carencia de entrenamiento humano. Y es que, curiosamente, para ser un ser humano es necesario un requisito sine qua non: que sea un ser humano. Sin la experiencia humana completa, desde el legado genético recibido de toda la historia de nuestros antepasados desde los metafóricos Adán y Eva, a la experiencia de entrenar vicariamente en el vientre de una mujer parte de lo que ella vive, la de nacer, la de las sucesivas etapas de la vida, etc., nada tendrá, nunca, la capacidad de asemejarse a un ser humano. Pongámonos en el caso extremo de los seres humanos cultivados de Matrix: por mucho que se les transfieran experiencias auditivas, olfativas y visuales, y éstas estén vinculadas con las experiencias motrices y somatosensoriales, esos “seres humanos” no serían completos, pues carecerían de la necesaria experiencia motriz y las aferencias procedentes del medio a través de los órganos de los sentidos.

Mucho antes del año 2050 existirán sistemas capaces de ayudarte a comprenderte mejor que tú mismo. Muchísimo mejor. Pero no te comprenderán aunque serán capaces de asesorarte como lo hace un asesor, un psicólogo o un coach. Incluso mejor que un ejército de ellos. ¿Por qué serán mejores? Porque un ordenador posee todas las claves necesarias del área de conocimiento, pero no tiene sesgos, no tiene sentimientos, ni emociones, ni pasiones, y por tanto ni filias ni fobias. Simplemente hace aquello para lo que le han programado. A todos nos vendrá a la cabeza la escena de la película Yo Robot en la que el robot bueno salva a Will Smith en lugar de a la niña. Es una buena muestra de ausencia de… ¡empatía! Venga, vale, sí, lo he dicho; he dicho “empatía”, pero supongo que se habrán dado cuenta de que la elección correcta es la que carece de o relega a una posición secundaria con respecto a la razón esa función hoy convertida en Primer Mandamiento de obligada observancia.

Contaré una anécdota ilustrativa al respecto de este asesoramiento virtual. Hará unos diez años mostré a un alto directivo de e-learning de uno de los Blue Chips españoles un primer prototipo de asesor virtual al estilo de lo que cuenta Wozniac. Escribió lo primero que le vino a la cabeza, y al pinchar el botón y ver el resultado exclamó visiblemente estupefacto: ¡¡Ostrás!! ¡¡Esto es como una confesión!! ¡¡Este chisme sabe más acerca de lo que estoy pensando que yo mismo!!. Lo dicho, está aquí, a la vuelta de la esquina.

Lo siguiente puede dar una idea de que Wozniac a veces también dice tonterías, como todos, porque un ordenador, a no ser que sea el de un cardiólogo, no necesita en absoluto conocer el corazón de nadie, y menos en el sentido que le da Steve. Y del alma ya ni hablamos. Parece que Wozniac ha oído campanas y no sabe dónde, el caso es soltar palabras altisonantes aunque vacías de significado.

Lo que seguramente ocurrirá algún día, dentro de mucho tiempo, cuando toda la humanidad sea perfecta, es que seremos capaces de crear seres humanos como  nosotros. Incluso habremos creado un universo para ellos, con sus leyes físicas, para que evolucionen, como probablemente han hecho con nosotros, como sugiere la Hipótesis Holográfica. Y tendremos que trabajar ocupándonos de ellos como nuestros programadores se ocupan de nosotros. Seremos como Dios y los ángeles para ellos.

 

GEORGE CHUCH, el mago de la genética

Confieso no conocerle, pero  dice cosas que parecen interesantes:

 

Podré estar en la misma habitación que tú, besarte, abrazarte… pero en realidad encontrarme a miles de kilómetros. Si la experiencia es lo bastante realista, funcionará.

¡Pero George! ¡Si quien te hace la entrevista es un caballero! Menos mal que no ha dejado caer detalles más íntimos. En fin, pasemos por alto lo que seguramente será un lapsus del traductor –traduttore traditore– y vayamos al grano: Ese es justo el problema, que jamás, de ninguna forma y por ningún medio podrá tenerse la experiencia de estar con una persona sin estar con esa persona. Tal afirmación sólo puede sustentarse en el desconocimiento del funcionamiento de la mente. Podremos tener la ilusión, lo bastante realista por ser inducida por drogas y modulada por estímulos producidos por un ordenador, de estar con una persona real, pero jamás podrá sustituir la experiencia real. El problema que suele ocurrir cuando el ser humano cuando pierde el sentido de lo real es que se vuelve loco y peligroso, porque cree que lo que imagina es real y normalmente lo quiere para ya y a costa de lo que sea. Realista no es sinónimo de real; un cuadro, por ejemplo, puede ser hiperrealista, pero no es la realidad. La imagen de la derecha no es una fotografía de la Gran Vía madrileña, sino una formidable pintura de la Gran Vía madrileña obra del genio Antonio López. Muy realista, pero no real.

 

Viviremos jóvenes hasta el día de nuestra muerte. Ahora mismo se produce un gran desperdicio desde un punto de vista económico: pasas mucho tiempo formándote y a los 50 años, cuando alcanzas la cima de la experiencia, tu cuerpo empieza a fallar.

Es ciertamente posible que vivamos hasta la muerte en mejores condiciones físicas y mentales que ahora. De hecho nuestros padres gozan por lo general de un mejor estado físico que nuestros abuelos y hace trecientos años la gente moría a los cincuenta. Ahora bien, mantenernos, ¿con qué edad física? durante toda la vida… Quizá es que George no ha pensado en ese matiz o simplemente ha exagerado.

En un futuro muy cercano la metodología POSYTIVE ofrecerá a las personas, además de otros, sistemas que incrementarán la efectividad del descanso, por medio de programas informáticos, pero con la imprescindible colaboración del sujeto entrenando la habilidad, entrenamiento que, como veremos más adelante, es la clave de la cuestión. Gracias a ellos evitaremos el deterioro prematuro que produce la fatiga, el estrés, la falta de sueño, las tensiones, los miedos, los recuerdos improductivos… Nos echaremos siestas exprés, de sólo diez minutos, pero con una recuperación física y mental perfecta para encarar la siguiente parte del día en plenas facultades. El insomnio desaparecerá y el despertador no volverá a sobresaltarnos cortando una fase del sueño con el consiguiente trastorno del descanso y el estado de ánimo. Iremos a trabajar vitales y con buen ánimo, y aunque el trabajo resulte estresante y desagradable podremos aprender a encontrarle gusto mientras encontramos otro que encaje más con nuestra misión en la vida.

Y no será un problema que nos hagamos mayores, porque a diferencia de ahora, época de culto a la juventud en la que cualquier osado imberbe se atreve a dar lecciones de vida a los demás provocando la epidemia de licuado de cerebros actual, se aprovechará la experiencia y conocimiento de los mayores en lugar de apartarlos de la vista de los demás después de haberse dejado la vida construyendo el suelo que pisamos. Y ya sabremos, científicamente, que la muerte, tal y como la concebimos ahora, no existe.

 

EVAN HENSHAW-PLATH, cocreador de Twitter

Cuando puedas instalar una lengua nueva como instalas una aplicación en tu teléfono, lo harás.”

Es posible pensar así habiendo visto Matrix desconociendo el funcionamiento del sistema nervioso humano, que en contra de lo que estamos acostumbrados a pensar, no aprende habilidades, las entrena, y eso incluye la adquisición de conocimientos teóricos. En la película es posible descargarse mediante un pincho en los sesos aplicaciones… para vivir dentro de Matrix, una simulación neural interactiva, o sea, dentro de un juego para la PlayStation, la Xbox, Los Sims o Second Life. Sin embargo, en el mundo real sólo podremos luchar contra los invasores de Zion con máquinas que disparan, no podremos saltar entre tejados de edificios, ni llegar a la estratosfera volando, ni esquivar las balas. Para entender la imposibilidad de este vaticinio podemos utilizar un ejemplo de actividad diferente al aprendizaje clásico: ¿Y podremos descargarnos en nuestro cerebro la aplicación de estar megacachas como Schwarzenegger, de jugar al tenis como Rafa Nadal o de correr como Usain Bolt? No, no podremos descargarnos aplicaciones en el cerebro, a lo sumo algún inhibidor o excitador de algún área pequeña en personas enfermas, pero sí podremos acelerar la adquisición de conceptos y habilidades por dos vías que ya estamos desarrollando:

– Eliminación de limitantes distractores y potenciación de la concentración máxima inducidos por el sistema.

– Personalización absoluta del proceso de entrenamiento de la nueva lengua gracias a un sistema lo suficientemente flexible.

– Abandono de los susceptibles de interpretaciones ideológicas conceptos de pedagogía, educación y formación para ser sustituidos por el de entrenamiento.

 

Y surgirán nuevos problemas: si en el 2050 un gobierno tiene el poder de cambiar la personalidad de su población, será mucho más importante para todos que no tengamos dictaduras ni sistemas políticos parecidos”.

Gracias a los sistemas POSYTIVE y a otros que surgirán inspirados en él, en 2050 las personas habremos alcanzado un nivel de evolución cognitiva formidable comparado con hoy en día, basándonos también en el salto evolutivo en el conocimiento del funcionamiento del cerebro que está cerca de ocurrir. Desaparecerán las ideologías recesivas y todo el mundo estará centrado en mejorar, no en cambiar el modelo social natural según el dictado de sus frustraciones; el voto dejará de ser secreto y será vinculante como ocurre al comprar acciones de una compañía que cotiza en bolsa, lo que significa que no podrán surgir sistemas políticos con un nivel de evolución menor al nivel de evolución de sus ciudadanos. Porque los sistemas políticos son un reflejo de sus sociedades, y sus respectivos niveles de evolución son parejos. Tampoco será posible manipular vía empatía, el método más sencillo y primario para arrastrar masas igual que el flautista de Hamelin arrastraba a los niños o a las ratas, simplemente porque habremos evolucionado lo suficiente para ser refractarios a esa burda estrategia de manipulación de infantiles mayores de edad. Con respecto a los países más atrasados, se les permitirá ir evolucionando hasta un estado civilizado sin interferencias demasiado directas, conduciéndoles a base de incentivos, más o menos como ahora cuando se puede. Porque la evolución no es gratis, hay que ganársela generación tras generación.

Ningún gobierno tendrá ya la posibilidad de modificar la personalidad de sus ciudadanos, las modificaciones las elegirá cada persona, libremente, en un competitivo y libre mercado de optimizadores del pensamiento, igual que ahora preferimos Coca-Cola a Pepsi o viceversa. En los comienzos algunas empresas, como ocurre ahora, ofrecerán productos y servicios recesivos, que perjudicarán el rendimiento mental, pero gracias a la libertad de adquisición y a los resultados probados científicamente de los modelos positivos, desaparecerán.

 

Si llega un momento en que no necesitamos tener al 90 por ciento de la población trabajando, ¿qué hacemos? Habrá que repensar el estado del bienestar

Como decíamos más arriba, no todos los trabajos humanos podrán ser sustituidos por máquinas, entre otras cosas porque seguirán existiendo humanos como Antonio López, que querrán hacer las cosas a mano, y otros que querrán adquirirlas; pero sí que es más que probable que el ser humano ya no tenga que trabajar como ahora. Las cosas seguirán evolucionando a un ritmo natural. El trabajo humano será directivo más que ejecutivo, obviamente, pero habrá que trabajar. Lo bueno es que la mayoría podremos trabajar en cualquier parte, por ejemplo en un descanso mientras disfrutamos de nuestro ocio. Dispondremos de pantallas interactivas al estilo Minority Report, pero holográficas, con las que podremos hacer mucho más de lo que hoy en día permite el moderno teletrabajo. Y trabajaremos menos horas, pero estaremos disponibles todo el día, como los directivos y empresarios. De hecho seguramente todos seremos empresarios, proveedores de las empresas que nos contraten.

 

El problema más grande al que nos enfrentamos es cómo transformaremos la economía si necesitamos a menos gente produciendo. ¿Qué pasará? Quizá se dediquen a un trabajo muy importante que hoy no está recompensado: tener hijos”.

Es muy fácil imaginarlo partiendo de los datos actuales: en el futuro no existirá eso que llamamos “jubilación”. Uno dejará de producir cuando esté enfermo, accidentado, de vacaciones, entrenando nuevas habilidades en periodos intensivos, o moribundo, como insinúa otro de los entrevistados, Manuel Patarroyo. Por otra parte, es algo contradictorio considerar un problema el hecho de que en el futuro necesitemos menos gente produciendo y por otra parte incentivar el liarse a procrear, ¿no?.

Y como decía más arriba, dentro de cientos o miles de años, cuando seamos perfectos, tendremos que ocuparnos del universo que creemos para nuestros Adán y Eva.

 

Manuel Patarroyo, padre de la vacuna sintética contra la malaria

Para el año 2020 el 60 por ciento de los cánceres estarán asociados a enfermedades infecciosas, como virus, bacterias, parásitos, hongos… No sé si habremos vencido el cáncer para entonces, pero sí habremos controlado muchas enfermedades infecciosas asociadas a él”.

Seguramente en esa fecha seguirá la confrontación entre visiones biologicistas y psicologicistas de la enfermedad, pero se habrán hecho avances en ambos campos. Igual que permitirán vivir más sanos durante toda la vida, tecnologías que ya se están definiendo en este momento ayudarán a disminuir el riesgo de enfermedades desencadenadas por tensiones, frustraciones, miedos, traumas…

 

Andy Miah, profesor de tecnologías emergentes

La paternidad será algo muy diferente. Hoy, para adoptar, tienes que pasar toda una serie de exámenes impuestos por la sociedad. Llegará un día en que también habrá una especie de ‘licencia para ser padre’. ¡Y me parecerá bien!

No lo creo; lo que sí creo es que gracias a la tecnología los hijos tendrán mejores padres, y aprenderán de ellos a ser mejores personas. En el futuro habrá más libertad, no menos, lo que incluye la libertad de ser padres aún sabiendo que los hijos heredarán algunas de sus características indeseadas. Se podrán paliar las enfermedades heredadas una vez nacidos, así que no serán necesarias estrategias eugenésicas como las que propone el joven Andy.

 

Javier Sirvent, tecnólogo

“Este experto cree que la tecnología controlará a las personas: «Viviremos conectados: no podrás ir a ninguna parte sin que se sepa. Y esto te obligará a ser buen ciudadano. Cada vez se manejarán más datos, que servirán para predecir atascos, accidentes… Pero también para controlar a las personas. Será inevitable. Yo, hoy mismo, llevo una pulsera que me permite saber si estoy nervioso, midiendo cosas como mis pulsaciones o mi temperatura corporal. Dentro de pocos años, la llevarás tú también. Sí o sí. En unas gafas, en un móvil… Será parte de tu vida cotidiana. Hoy, Facebook te pregunta qué estás pensando. ¡En unos años no le hará falta! Lo sabrá. Ya estamos todos geolocalizados. Hace 15 años, quien más sabía de tu vida era tu madre; hoy son Facebook y Google. En 2050, todos sabremos lo que hacemos todos”.

Javier ve las cosas al revés de como seguramente sucederán, no podremos ir a ninguna parte sin que se sepa, pero ello no obligará a ser buen ciudadano, lo seremos porque querremos serlo, no porque nos obliguen.

Los análisis predictivos de sucesos futuros no serán al estilo Minority Report. La tecnología lo sabrá casi todo de nosotros, pero si el sistema observa una predisposición a la comisión de delitos, el primer notificado será el usuario, que no será detenido por el departamento de PreCrime, sino aconsejado a entrenar alguna habilidad que tiene descuidada para evitar la tentación, que por supuesto será el primer interesado en entrenar. Lo mismo ocurrirá con la predicción de enfermedades de claro origen psicosomático.

 

 

De todo lo expuesto se puede extraer una conclusión brevísima, y es que mientras algunos de estos expertos ven un futuro negativo, otros lo vemos POSYTIVE. Y estamos trabajando para que así sea.

 

 

Fuente: ABC.es

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  1. raul
    09/04/2014 en 08:46

    no creo que sea asi como dicen estos cientificos ,de hecho muchas de las cosas planteadas ya son reales como que ti mejor amigo es una computadora eso ya esta pasando
    mi opinión creo que el 2050 va a hacer mucho e incluso peor de lo que plantean los cientificos ,la tecnología avanza muy rapido que es imposible adivinar lo que va a pasar las cosas se van a empezar a salir de control si no las manejamos
    La evolución tecnológica y científica,si no es ordenada y racionalizada para conseguir el objetivo del bienestar físico y mental , se transforma en un arma de destrucción de la Naturaleza
    No podemos predecir qué va a pasar porque la tecnología lo está cambiando todo muy rápido”.

    • 21/05/2014 en 01:45

      No hombre, cuando dicen que una computadora será tu mejor amigo se están refiriendo a otra cosa: a alguien que te escucha, te comprende, te consuela, te aconseja, te anima…

      En mi medio siglo de vida no he visto sino mejorar las cosas a pesar de baches temporales, así que no veo por qué ahora tendrían que cambiar. Tranquilo, los humanos somos especialistas en crear problemas donde no los hay, pero la otra mitad lo somos en arreglar todo lo que los otros destrozan. Y encima ganamos dinero haciéndolo.

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