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Google compra DeepMind para construir robots que piensen como personas

Después de Boston Robotics, acaba de surgir la noticia de que Google ha comprado la empresa DeepMind, especializada en Inteligencia Artificial, y lógicamente ya ha empezado a producir reacciones, especulaciones y análisis. En algunos foros de buen nivel como Xataka aparecen comentarios de personas que imaginan ya, a la vuelta de la esquina, un mundo inundado de robots inteligentes, y los temores se han disparado hasta el punto de que alguno sugiere ir comprando escopetas para defenderse de los androides, un miedo que ya tiene nombre: “Valle Inquietante”. Sin embargo, me gustaría tranquilizar a aquellos a quienes surgen dilemas sociales, morales, incluso los directamente relativos a la supervivencia física. Miedos normales, como la entomofobia (fobia a los insectos), o las más controvertidas xenofobia y homofobia… que surgen cuando algo que no es estadísticamente normal irrumpe en nuestra vida diaria en una proporción diferente a lo que estamos acostumbrados. O incluso miedo a que en el futuro un robot nos levante a la novia.

Hay otras interpretaciones, desde luego, por ejemplo a mí me encantaría tener un robot que supiera planchar y limpiar la casa; y a los soldados robots que se jugaran los circuitos en lugar de ellos la piel, pero a pesar de que estas posibilidades inocuas son probables y deseables, parece que la mayor parte de las sensaciones que suscitan noticias así son displacenteras.

Por lo tanto creo que es importante tranquilizar al personal, porque desde mi punto de vista, Google y DeepMind están recorriendo un camino equivocado, precisamente por la ausencia –aún– de referencias diferentes, con planteamientos radicalmente diferentes. Un  camino equivocado que retrasará –seguramente por fortuna– la llegada de estos nuevos pseudohumanos durante mucho tiempo, el suficiente para resolver los dilemas morales que suscita el asunto de la inexorable presencia de robots –tontorrones– en nuestras vidas en el futuro.

Se retrasará porque la IA necesita bases de datos, unas BBDD estructuradas de una forma diferente a como se está haciendo. El proceso de desarrollar IA básica es muy sencillo, y de hecho ya se está haciendo desde hace tiempo, pero imitar la capacidad de razonamiento humano es otro cantar, en este campo el proceso de entrenamiento de las BBDD es muy diferente.

Por poner un ejemplo de lo que digo sin desvelar demasiada información, citaré a la www en general o a la wikipedia en particular: ¿cómo se puede separar el grano de la paja? ¿cómo se puede crear conocimiento humano artificialmente cuando el conocimiento disponible es un marasmo de ideas, estilos cognitivos, personalidades, ideologías, filias, fobias, fantasías, realidades, géneros… Por muy sofisticadas que sean sus bases de datos, por más enormes que sean, ¿cómo averiguar qué datos son los correctos, los ajustados a la realidad, y cuáles son los irreales? ¿Quién tenía razón, Sócrates o Kant? ¿En qué sí y en qué no? ¿Es correcto el marxismo o lo es el liberalismo? ¿El hinduismo, el mahometanismo o el cristianismo? ¿Cómo se llega a un consenso? ¿Qué haría un robot ante un dilema?

Por eso, de momento los chicos de Google no van a poder desarrollar más que máquinas muy tontas. Mucho más hábiles de lo que conocemos, pero tampoco tanto. Para entrenar a una máquina para que piense como una persona primero hay que construir las BBDD, y eso no se puede hacer con un algoritmo, ni con el más sofisticado del mundo, tienen que hacerlo las personas. Incluso con el conocimiento del que dispone Google gracias a todos nuestros correos electrónicos, blogs, portales de noticias, hangouts, categorizaciones, etiquetado de documentos, etc., no se podrá desarrollar un sistema que piense ni por asomo como un humano eficiente, es imposible.

Pongámoslo más fácil aún para entenderlo mejor ¿es posible inocular en un bebé toda la experiencia y conocimientos de un adulto? De ninguna forma, es total y absolutamente imposible y así será hasta el fin de los tiempos. Aunque parta con la ventaja de ser de carne y hueso, un bebé necesita entrenar sus BBDD provistas de un entrenamiento previo forjado por todas las generaciones que le preceden vía ADN y vía congénita durante su gestación, además del resto de experiencias ya extrauterinas, hasta alcanzar ese grado de desarrollo. Es en ese momento y no antes cuando una persona es capaz de hacer algo sofisticado con sus BBDD. Y será una persona diferente de las demás, con sus propias características cognitivas, con su propio conocimiento, sus propias habilidades… diferentes. No hay algoritmo que valga, hay que rellenar a mano cada una de las celdas de las BBDD e ir probando, al más puro estilo prueba-error-mejora-prueba-error, hasta llegar al acierto previsto moralmente adecuado, y eso no ocurrirá en esta década ni en la siguiente. Sólo hay que pensar en la ingente cantidad de datos que nuestro cerebro recibe y discrimina en cada segundo que pasamos con los ojos abiertos para darse cuenta de la magnitud de la tarea. La única forma de lograr que un chisme se asemeje cognitivamente a un humano es hacerle vivir como a un humano, desde el momento de su concepción, de la fusión de dos enciclopedias de ADN distintas.

Así pues, quien piense que la todopoderosa Google tiene la capacidad para lograr construir robots con una inteligencia similar a la de un adulto normal en esta década se equivoca, antes será necesario que diseñemos un sistema en el que miríadas de personas alimenten BBDD, asignando pesos a los datos reales y restándolos a los irreales, hasta que el consenso de entre todos sea suficiente y se pueda así decidir qué información tiene que considerar relevante un sistema de IA, sea autómata programable o simple ordenador.

Y seguirá sin ser fácil, porque hasta en el bien y el mal existen escalas de grises, grados intermedios que pueden considerarse de un polo o del otro en función del contexto, como por ejemplo ocurre en la película I Robot, cuando el artilugio decide salvar a Will Smith en lugar de a la niña. Por cierto, una decisión acertada basada en la razón, no en las emociones que llevarían a tomar la decisión contraria.

Para terminar de tranquilizar al personal, hay que advertir que existe una razón aún más poderosa que las anteriores para negar la posibilidad de que Google tenga éxito en la creación de robots con pensamiento similar al humano: la ciencia aún no conoce el funcionamiento del cerebro, no sabe cómo funciona la mente (algo tan sencillo), ergo, ¿qué modo de funcionamiento se va a intentar replicar?

No, sinceramente no creo que Google busque desarrollar androides inteligentes, al menos inmediatamente, le basta con construir máquinas de guerra más sofisticadas de lo que ya son ahora, o pilotos automáticos para coches, que es donde está el dinero.

Pero si lo buscan, peor para ellos, porque mientras estén entretenidos con la tarea de construir máquinas inteligentes, otros estaremos dedicándonos a desarrollar sistemas para hacer más inteligente al ser humano. Las máquinas siempre estarán muy por debajo de nosotros.

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  1. Jose Ignacio
    31/01/2014 en 12:00

    Gracias Santiago, esperábamos con impaciencia tu nuevo escrito y ha valido la pena

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