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Cómo funciona el cerebro. Qué es y cómo funciona la mente (II)

En esta continuación de la entrada anterior precisaré algo más mi hipótesis acerca de las áreas y regiones cerebrales, con el objetivo de aclarar el cómo del surgimiento de la mente.

Y para comenzar, qué mejor que la fotografía de un corte de un cerebro para verificar que, efectivamente, existen dos áreas bien diferenciadas a simple vista: lo que conocemos como materia (o substancia) gris, y la materia blanca. Ambas áreas presentan notables diferencias estructurales y funcionales.

En cuanto a lo puramente estructural, la materia blanca está formada por axones de neuronas, que es la parte larga, el cable que une ambos extremos de una neurona. Por su parte, la materia gris está formada básicamente por uno de los dos extremos: los cuerpos neuronales y sus dendritas. Pero además de las archimentadas neuronas, hay en esa área algo más en lo que pocos parecen fijarse. Y cuando digo “algo” me refiero a algo verdaderamente enorme, como veremos.

 

 

Neurona - Más Allá de la Formación

Pero no enorme de tamaño, sino de número. Para situarnos, pensemos que un ser humano normal tiene algo menos de cien mil millones de neuronas (100.000.000.000), una barbaridad que pareciera que por sí sola podría explicar –aunque nadie lo ha hecho, que yo sepa– algo tan complejo como el pensamiento, la mente, las emociones y todo eso tan de moda actual y lamentablemente para la evolución humana. Según la doctrina de la neurona, la propiedad emergente de la interconexión de las neuronas, eso llamado redes neuronales o conectoma (Imagínense esos cien mil millones relacionándose entre sí), sería eso que llamamos mente.

Sin embargo, además de somas, núcleos y dendritas neuronales, en esa área llamada materia gris existe algo llamado genéricamente glía, compuesta por astrocitos o indis (así los he rebautizado, por si cuela, con una intención muy clara), cuyo número según algunos estudios multiplica por 3 al de las neuronas, es decir, trescientos mil millones (300.000.000.000), mientras que otros estudios aumentan el multiplicador a 50, lo que arroja la más impresionante aún cifra de cinco billones de indis (5.000.000.000.000)

Así pues, ese continente llamado materia gris contiene muchísimos más habitantes que el planeta Tierra entero (7.000.000.000, chino arriba, chino abajo). Y si queremos más cifras impactantes, sólo en la corteza cerebral o córtex, existen diez mil millones de neuronas con cerca de cincuenta trillones de sinapsis. Sí, ha leído bien: 50.000.000.000.000.000.000 de sinapsis. ¿Abrumado? Pues ahora imagine, porque yo no tengo datos, la cantidad de sinapsis –conexiones– entre indis, y entre indis y neuronas. Por seguir enredando podemos probar con una simple regla de tres: si diez mil millones de neuronas producen cincuenta trillones de sinapsis, entonces cinco billones de indis más diez mil millones de neuronas, serán X. Así, tenemos que X es igual a: 25.050.000.000.000.000.000.000. ¡¡Veinticinco mil cincuenta trillones de sinapsis!!

Como para no tener la cabeza hecha un lío, ¿eh?.

 

Astrocito (indi) Cajal - Más Allá de la Formación

Astrocito (indi) descubierto por Santiago Ramón y Cajal

Siguiendo con cifras, en Madrid existen 11.500 calles, su metro tiene 16 líneas, unas 300 estaciones y unos 70.000 taxis. En España hay más teléfonos móviles (44.300.000) que habitantes. En México, por irnos un poco más lejos a encontrar datos, hay más de 10.000.000 de televisores conectados a canales de pago. ¿Vale, y qué tienen que ver todas estas cifras con el sistema nervioso?

Veamos. En Madrid hay 11.500 calles (que no sé cuántos kilómetros suman) y 300 estaciones de metro, más otras 200 líneas de autobuses, 70.000 taxis, más nosecuántas líneas ferroviarias y aéreas, para unos seis millones de personas más los visitantes. Es decir, que hay más habitantes que sistemas de comunicación. Pero si pensamos en la monstruosa cifra de cables telefónicos por los que discurre el teléfono e Internet, más las “líneas aéreas” digitales que nos permiten conectarnos a la red con nuestros smartphones, además de los puntos de distribución de información WiFi, las diferencias numéricas entre File:Gutenberg bible Old Testament Epistle of St Jerome.jpgpersonas y cosas comunicantes se aproximan, hasta superar las cosas a las personas, porque si la suma de medios de comunicación y medios de transporte es una cifra muy cercana a la del número de habitantes, si además nos ponemos a pensar en la cantidad de interacciones con otras personas cada día, a través de cualquier medio, incluyendo el boca-oreja, la cosa se pone inconmensurable. ¿O no? Pues súmesele a esas desorbitadas cantidades, el número de libros publicados desde La Biblia, el primero que se imprimió en serie con el invento de Gutemberg. Si son capaces de comprender lo que esto significa, enhorabuena.

Vale, ¿no? Bien, pues ahora quitemos prácticamente todas las calles y todos los cables, las líneas de metro, de tren, las aéreas y hasta los pasillos de las casas. ¿Qué queda? El Madrid de hace mil años. Podríamos pensar que un madrileño de hace mil años tenía una infinitamente menor cantidad de información acerca de cualesquiera aspectos de la vida que un madrileño de hoy, aunque quizá conocía aproximadamente la misma cantidad de información pero centrada en la diversidad de eventos que transcurrían por su vida. Por poner un par de ejemplos, seguramente tenía una mayor capacidad de detectar enfermedades en sus vacas por el color o el brillo de su pelo frente a a nula que tenemos hoy en día, o para detectar intenciones ocultas en la comunicación interpersonal. Así que quizá lo que ha cambiado es el tipo de eventos sobre los que tenemos conocimiento. Ya sabrán, porque dicen por ahí que alguna tribu amazónica reconoce 300 matices del verde con su nombre específico la mayoría, contra un sólo nombre “verde” y seis o siete matices verbalmente adjetivables que reconozco yo (claro, oscuro, oliva, esmeralda, azulado, limón, parchís; así a botepronto); aunque a diferencia de un amazonio, yo puedo comprender qué es la Inteligencia Artificial y discernir la imposibilidad de crear una artificial similar a la del humano medio, mientras el indígena preguntado al respecto no tendría ni idea de qué estamos hablándole, aunque si me dejaran una tarde con él seguramente lo entendería muchísimo mejor que la inmensa mayoría de los que se tiran el pisto de techies y neurocientíficos, entre otras razones porque no tendría murallas egóicas que defender.

Parece obvio que los canales de comunicación y transporte nos ayudan a percibir más realidades, a evolucionar; sin embargo, el sistema nervioso tiene sus límites, bordes hasta los que antiguamente se llenaba con información similar la cabeza de la mayoría. ¿Y con qué ha conseguido superar la humanidad civilizada –para llegar a serlo– la limitación obligatoria del cerebro humano individual? Con la inconmensurable diversidad de intereses y conocimientos de toda la humanidad, individuo a individuo, porque no hay dos individuos iguales. Por eso nos llamamos “individuos”, porque somos individuales, indivisibles (la Complejidad Irreductible del Diseño Inteligente); y por eso he rebautizado a los astrocitos con el apócope “indis”: no hay dos indis iguales. En resumen, no hay demasiada diferencia en términos de bits, de unidades de información, entre un madrileño de hace 1.000 años y uno actual, o entre un indígena del Amazonas y cualquiera de nosotros; la diferencia esencial es el tipo de objetos que se conocen o se creen conocer y cuyo conocimiento o pseudoconocimiento se comparte, no su número. Y no es que lo diga yo y punto pelota, sino que comparto la idea con la célebre Rita Levi-Montalcini, que va más allá aún de mis mil años, afirmando que la inmensa mayoría de la humanidad funciona cognitivamente como hace 50.000 años. Básicamente animalitos humanos movidos por impulsos emocionales, la empatía y esas sustancias tan de moda como lo estuvo la marihuana, la heroína, la cocaína, el crack, todas esas cosas modernas cuyas siglas no recuerdo y que sirven para huir de la realidad a otra más guay, más memocionalmente inteligente, porque la razón, confundida por religiones recesivas e igualmente recesivas ideologías, está desorientada y bloqueada. Se ha perdido el sentido común en el marasmo de ideas en pugna por la victoria.

 

 

El caso es que, a lo tonto, enredados con los descomunales números y divagando sobre la razón y la mente, terminamos encontrando que existen en el mundo dos entes fundamentales, básicos, que sostienen la civilización y la evolución: los seres humanos y los medios de comunicación y transporte. O lo que es lo mismo, una suerte de materia gris formada por la superposición de todos los colores de las vestimentas, pieles, personalidades, ideas… de las personas que transitan por la materia blanca, la célebre calle Preciados de Madrid. Una sola calle y millones de personas caminando por ella. Porque son ustedes capaces de distinguir entre la calle Preciados y la gente que transita por ella ¿verdad?

Impepinablemente, las calles, los medios de comunicación y transporte son el sustento de la evolución humana, pero sin humanos no es posible la evolución humana.

Iba a decir aquello de “El que tenga oídos para oír, que oiga”, pero lo dejaremos en “Continuará en la próxima entrada”. Aunque supongo que la mayoría ya han entendido por dónde van los tiros.

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  1. Carlos
    19/03/2014 en 01:31

    Ya había deducido que eran otras las células que generaban el pensamiento… se conectan en ambos lazos de la sinapsis… Procesan informacion. Su numero como bien indicas… Y encima, no hace mucho, un experimento… Bueno resulta que estas células son mucho más complejas en un ser humano que un raton, mas complejas que en muchos seres vivos. Las neuronas son prácticamente idénticas. Se insertaron estas células de ser humano en unos ratones… ¡Y aumento su inteligencia!: http://a100ciacierta.com/2013/03/15/ratones-con-cerebro-en-parte-humano/

    Saludos (no he querido dar el nombre la célula glia). Espero tu siguiente articulo. Gracias.

    • 22/03/2014 en 16:01

      Muchas gracias por el enlace, Carlos, desconocía la investigación. Ayer justo le decía a un doctor en informática que ellos serán los que mejor entiendan cómo funciona la mente en los próximos años, tanto que seguramente el concepto psicología dejará paso al de psicoingeniería. Ellos están más acostumbrados a pensar en forma de pequeños paquetes llenos de ingentes cantidades de información que forman “núcleos pensantes” o programas, y tienen muy clara la diferencia entre estos núcleos o programas y la conducción de la información a través de los distintos cables y dispositivos, algo que parece que en el ámbito de la neurociencia y la psicología (no digamos ya en el de los advenedizos sin formación) no se acaba de ver.

      Así que el siguiente salto evolutivo vendrá, desde mi punto de vista, por la competitividad que se genere entre ingenieros y neurocientíficos, en la carrera para concluir finalmente el cómo del funcionamiento de la mente.

      Un abrazo y muchas gracias otra vez por el enlace y tu comentario.

  2. 04/04/2014 en 22:58

    Lo de comunicación y transporte llámale más general y formalmente: informática y energía. Saludos.

  3. 05/04/2014 en 00:59

    Hola, Solrac, muchas gracias por tu visita y tu comentario. A ver si es que no me he explicado bien, cuando hablo de medios de comunicación me refiero a todas las formas de comunicación, incluyendo la radio, la tele, los periódicos, las revistas… Y cuando hablo de medios de transporte, me refería a carreteras, vías férreas, rutas aéreas…

    Pero supongo que no es a lo que tú te referías, ¿no?

  1. 04/04/2014 en 05:18
  2. 06/07/2014 en 22:37
  3. 21/01/2016 en 14:04
  4. 12/11/2016 en 00:09
  5. 29/03/2017 en 22:49

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