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El mayor problema del mundo

Acabo de leer que el Primer Ministro británico ha decidido poner a prueba la iniciativa privada con un suculento premio: 12,2 millones de euros para quien resuelva "el mayor problema del mundo".

El encargado de elegir los seis temas que se podrán votar en un espacio televisivo que se creará a propósito ha sido el Astrónomo Real Martin Rees, por quien profeso una notable admiración aunque discrepe con algunas de sus ideas. Si hubiesen preguntado a otro insigne Sir, probablemente hubiera elegido otros, lo que invalida en gran medida la elección del verdadero mayor problema del mundo, pero el caso es que es a él a quien se lo han pedido y eso es lo que tenemos. Las opciones que Rees ha seleccionado para competir son:

 

1ª – ¿Cómo podemos viajar sin dañar el medio ambiente?

2ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan alimentos nutritivos sostenibles?

3ª- ¿Cómo podemos prevenir la aparición de resistencia a los antibióticos?

4ª- ¿Cómo podemos recuperar el movimiento de las personas con parálisis?

5ª- ¿Cómo podemos asegurar que todos tengan acceso a agua segura y limpia?

6ª- ¿Cómo podemos ayudar a las personas con demencia para que vivan de forma independiente por más tiempo?

 

Y como cada uno tenemos nuestra atención selectiva particular –afortunadamente– y yo tengo la mía, me he dado cuenta de que todos los problemas que se postulan a erigirse con el premio tienen un elemento común, un problema nuclear compartido cuyo afrontamiento y solución ejercerían irremediablemente un positivo influjo en el resto. Es decir, actuando sobre un sólo factor, podría desencadenarse la caída del resto de piezas del dominó sistémico, el aleteo de la caótica mariposa, solucionándose el resto de problemas sin que las instituciones necesitaran prestarles atención.

 

Porque el mayor problema del mundo no es la superpoblación, ni el calentamiento global, ni la resistencia a los antibióticos, ni la escasez de agua, ni los políticos, ni las izquierdas, ni las derechas, ni los varones, ni las mujeres, ni el cristianismo, ni el mahometanismo, ni el ateísmo, ni el budismo, ni las guerras, ni el hambre, ni el capitalismo, ni el socialismo… No.

 

el mayor problema del mundo - Más Allá de la Formación

 

Sí, tú. Ese es realmente el principal problema de la humanidad: tú.

Y yo. Y él. Y ella. Y nosotros. Y vosotros. Y ellos.

 

El mayor problema del mundo somos TODOS.

La parte buena es que, afortunadamente, también podemos ser la solución. Pero el mismo modelo social que la evolución ha ido configurando a medida que los países y culturas se han ido haciendo más libres, más caóticos desde que hace unos 2.000 años un paradójicamente denostado barbudo eliminó la entrópica división humana en nacionalidades, razas, regiones, religiones, castas, clases sociales… dificulta en gran medida la solución a todos nuestros problemas de una forma rápida y económica por una razón muy sencilla de entre muchas: Si todos estuviésemos mañana mismo de acuerdo en todo, en lo importante, orientados en la dirección y sentido correctos, se suprimirían la mayoría de los puestos de trabajo del mundo, abocándonos casi seguro a la catástrofe. Ya ha ocurrido y continúa ocurriendo en los países socialistas. Por ejemplo, sólo sería necesaria una persona escribiendo libros de historia, o un grupo muy pequeño en comparación con el actual pero suficiente para cubrir toda su complejidad, pero no habría luchas de interpretaciones interesadas que generan motivaciones, vocaciones, acciones, dinero… Del mismo modo, sólo habría una editorial de libros de texto, y los demás, al paro. Un solo medio de comunicación. Un solo partido político. La evolución ha sido y es caótica y nada permite suponer que podría ser entrópica, porque nada evoluciona así. Y si están pensando en los fractales, tengan en cuenta que éstos crecen, pero no evolucionan. Se hacen más grandes pero únicamente son una repetición del modelo original.

print-delete, 1 y 0 el origenOtra cosa es que se genere caos artificialmente, con una competitividad deportiva en un mundo productivo bien orientado que tristemente hoy aún no se da en la medida que nos gustaría a los que defendemos la libertad individual y la responsabilidad, pero obviamente la humanidad no está preparada para algo así, tiene que continuar evolucionando a tortas, con sangre y lágrimas, hasta que la inmensa mayoría haya alcanzado un grado de evolución cognitiva suficiente para que la caótica coincidencia de criterios no pudiera derivar en totalitarismos como los que todavía perviven y que curiosamente defienden algunos habitantes de países globalmente civilizados. Parece que mientras no estemos preparados, la Torre de Babel es el método más seguro para seguir avanzando. Al trantrán, un pasito p’alante María, un pasito p’atrás, poco a poco, en binario 1 y 0 ligeramente desequilibrado hacia el 1 como ocurre desde el Principio de los principios, mientras unos borran todo lo que pueden de lo que otros escriben, destruyen casi todo lo que otros construyen, como lamentablemente ha ocurrido en nuestro país recientemente.

Lo que es sin duda afortunado es que se pueden observar signos positivos de cambio materializados en la atomización de partidos con una potente función delete. Signos que esperemos se consoliden por el bien de todos en un partido que también imprima de vez en cuando, fuerte y orientado a la unión, el progreso y la democracia, quizá una de las grandes esperanzas junto a Ciudadanos, de contar con una alternativa sin la avidez por el borrado del progreso de nuestra actual Atila & The Hunos. Advierto que esto no es propaganda política; de hecho yo no voy a votar a ninguno de ambos, no vaya a ser que alguien piense que aprovecho que el Pisuerga pasa por Valladolid para bajarme a la arena a hacer campaña, sino la constatación de que el caos también terminará por centrar a nuestro (m)emocional y agresivo país como ya ha ocurrido en la parte más avanzada de Europa. Es bueno ver la política así, desde lejos, desapasionadamente, matemáticamente, físicamente, racionalmente… para no caer en los riesgos de los que alertaba Levi-Montalcini: la visceralidad más animal, las emociones y pasiones comandando nuestras decisiones. Porque ese y no otro es el mayor problema de la humanidad.

 

No somos más buenos por el componente límbico cerebral que sigue dominando nuestra actividad.

Vivimos como en el pasado, como hace 50.000 años, dominados por las pasiones y por impulsos de bajo nivel.

No estamos controlados por el componente cognitivo, sino por el componente emotivo, el agresivo en particular.

Seguimos siendo animales guiados por la región límbica paleocortical, sustancialmente igual en el hombre y en otros animales.

Nuestras opciones de mejora moral pasan por las circunvoluciones neocorticales que afortunadamente tenemos.

Rita Levi-Montalcini

 

En estos días he asistido al acto de graduación de bachilleres de un colegio de Madrid, donde una casi jubilada profesora de matemáticas soltó una frase que a muchos les pasaría desapercibida, pero que mi atención selectiva se ocupó de resaltar con la estrellita de “favorito”, como me ocurrió en la graduación de mi hija con Fernando García de Cortázar a propósito del mantra monosináptico: “Todos los políticos son iguales”.

 

Sacar el factor común y después simplificar

Tal es el genial axioma producto de la vasta experiencia de la profesora, a quien muchos necios empresarios arrojarían del mercado laboral por sexagenaria, que deberíamos aplicar constantemente para no liarnos cuando tratamos de comprender cuestiones complicadas, como ésta del mayor problema del mundo. Porque si sacamos el factor común de las opciones que ha seleccionado Rees, nos encontramos indefectiblemente con la reflexión de Levi-Montalcini, a la que un tal Albert, visionario de profesión, puso la guinda:

 

Temo el día en que la tecnología supere a la humanidad.

El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.

 

Albert Einstein

 

El factor común de los grandes problemas de la humanidad es el ser humano, y más concretamente su mente. Y más concretamente aún los principios rectores de su pensamiento y acción. El ser humano actual es básicamente igual que hace 50.000 años, irracional, bipolar, sometido al dictado de sus automatismos más primitivos disparados por la propaganda: sus emociones, sus pasiones. Votamos a un tipo por ser negro y pronunciar seis veces el virus empatía en su discurso, o por sonreír más y pretender cambiar el orden de prioridades entre el talento y el talante, o por llevar coleta y tener un apellido célebre, o a una tipa por ser mujer, o por ser varón y parecer mujer barbuda, o por decir palabras bonitas y esperanzadoras, en lugar de votar a aquél cuya capacidad de gestión haya demostrado estar por encima de los demás, la célebre superioridad intelectual tan denostada hoy en día, aunque sea feo como el demonio o simplemente difícil de mirar.

Para ayudar al ser humano a salir del parón evolutivo en el que está inmerso hay que utilizar la tecnología y la ciencia, pero no para lograr hacer seres más empáticos, sino más racionales, porque a un animal hay que enseñarle con engaños a reaccionar al dolor o la felicidad ajenos, mientras que los seres humanos tenemos la capacidad de comprenderlo racionalmente aunque no veamos los síntomas gestuales de su sufrimiento o alegría. Necesitamos dejar de perder el tiempo, energía y dinero en la pseudocientífica inteligencia (m)emocional y en ideologías recesivas modernizadas, y centrarnos en desarrollar sistemas de entrenamiento de las virtudes humanas, las de la civilización, nada de habilidades y mucho menos de ese engendro moderno llamado competencias que nadie entiende porque no se puede entender, y mucho menos hacer algo positivo con ello aparte de engordar estérilmente los bolsillos de empresas, sindicatos, algún que otro partido político y organizaciones patronales.

Para ayudar al ser humano a seguir evolucionando debemos acostumbrarnos a rechazar conceptos ambiguos, metafóricos, ideologizables, como educación, enseñanza, pedagogía, psicología, formación, coaching… y sustituirlos por el único concepto no manipulable: el entrenamiento. Mediante el aséptico entrenamiento de aquellas virtudes que deseamos adquirir, simplemente mediante repetición de la virtud, gracias a toda la artillería tecnológica y científica de la que disponemos, lograremos no sólo dejar de destruir lo que otros construyen, sino unirnos todos en el mismo propósito para superar esos presuntos mayores problemas del mundo que en realidad no son sino consecuencias del paupérrimo desarrollo racional. Desaparecerá rápidamente la incultura dominante, y con ella el hambre, la contaminación, la susceptibilidad a las enfermedades, el gasto inútil en investigaciones caprichosas, la confrontación política fratricida, y tantos otros grandes males que nos aquejan hoy en día.

Orientación deportiva, Inteligencia de Procesos, Big Data, Realidad Aumentada, redes sociales competitivas anónimas, Inteligencia Artificial, Lingüística Computacional, Neurociencia, Gamificación, Apps móviles y otros grandes avances actuales que pondremos en marcha muy pronto en el despegue del Proyecto POSYTIVE para la evolución humana. Sé que suena pretencioso, pero alguien tenía que hacerlo de una maldita vez en lugar de buscar dominar mercados, figurar en la lista Forbes, tener la empresa más best to work o ser el ejecutivo más guay, porque hay mucho sufrimiento estéril en el mundo a causa del parón evolutivo en el que estamos inmersos.

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  1. hinojedo
    24/05/2014 en 18:59

    Gran pieza de reflexión Santiago que nos debería inducir a la acción. Carlos Herreros

    • 24/05/2014 en 19:29

      Muchas gracias, Carlos. Ya sabes, encantados de contar contigo si te animas a actuar.

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