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La creación de nuevas neuronas provoca la pérdida de antiguos recuerdos

perro persigue cola - Más Allá de la FormaciónYa hemos comentado muchas veces que desde dentro del bosque no se puede saber qué es el bosque, ni cómo funciona, sólo conocer los árboles; con mucho detalle, eso sí. Y en ese sentido la impresión que le queda a uno después de leer artículos como el que vamos a analizar hoy, es que la mayoría de la investigación neurocientífica la realizan científicos ermitaños como esos soldados nipones encontrados en islas remotas decenios después de finalizada la II Guerra Mundial, empeñados aún en defender las posesiones de su divino emperador, sin enterarse de que el mundo ha cambiado, como dando la razón al desvarío que afirma que aquello de lo que no somos conscientes no es más que un ente matemático irreal (consecuencia de liarse con el Gato de Schrödinger), mientras me como un bocadillo de panceta al otro lado del orbe completamente ajeno a que no soy más que una ensalada de cifras, letras y signos para el Nude de turno.

Quizá les parezca exagerado, pero si echamos un vistazo al estilo de pensamiento prototípico del neurocientífico prototípico podremos comprender cómo uno puede liarse a perseguir su cola y al final creer que efectivamente su apéndice es algo real y ajeno a él mismo. La investigación que se cita, sin embargo, tiene su interés, aunque lamentablemente en este caso sirva para lo mismo que en el de la ilustración, cuando el chucho y su cola dejan por fin de esquivarse y se hacen amigos, encantados de conocerse: se quedan en el guindo a la espera de enterarse de algo. Veamos cómo se lía Paul Frankland, coautor del trabajo:

 

Sabemos que existe una limpieza de memoria ya que, mientras nos acordamos muy bien de lo que hemos hecho en el último par de horas, es muy difícil recordar con el mismo detalle lo que estábamos haciendo hace una semana o un mes. Aunque no todos los recuerdos son olvidados; los más importantes se consolidan en el córtex

 

 

A lo que cabe objetar:

 

Las metáforas las carga el diablo

 

¿Es correcto usar metáforas para explicar el funcionamiento de la mente? Casi todos lo hacemos y yo el primero, eso es cierto, pero uno esperaría un poco de concreción viniendo de un profesional de la ciencia, aunque afortunadamente este tipo de deslices nos permite a quienes no somos científicos de profesión tomarnos la misma licencia para elaborar modelos de funcionamiento de la mente, enfrentando metáforas contra metáforas. Sinceramente dudo de que sea correcta la licencia literaria, sobre todo si lo único que podemos sacar en claro de las conclusiones de una investigación es una metáfora, de esas que carga el diablo.

Porque… ¿por qué se usa esa metáfora de “limpieza” y no otra? Limpiar significa quitar algo, corregir algo eliminándole lo que le sobra, purificar, incluso robar; y no creo que la mente se dedique a “quitarse” nada a sí misma. Más bien estoy seguro de que se dedica a aprehender matices de la realidad sobre la base de los anteriores, a modificar los imputs de la vida y datos genéticos previos añadiéndoles nuevos detalles que sirvan para enriquecer y ajustar a la realidad (o a la fantasía) los conocimientos. El pensamiento original simplemente no existe, todos partimos de conocimientos previos, ergo el concepto limpieza es quizá el contrario a los que convendría utilizar: añadir, enriquecer, completar, mejorar, ampliar

No crean que es trivial elegir limpieza en lugar de ampliación; al contrario, como decíamos más arriba, en términos generales ayuda a consolidar el desconocimiento del funcionamiento de la mente, pero más concretamente supone añadir un cirio encendido al altar devocionario de santa neurona: el neuronacentrismo. Y este culto sesga y dirige la atención del clásico neurocientífico con la misma potencia que los recuerdos relevantes impiden que los irrelevantes anden todo el día haciendo uso de nuestra mente a su antojo como uno de esos impertinentes trolls que abarrotan los comentarios en las redes sociales; pero en este caso al revés, impidiéndoles ver la realidad. Lo que sin embargo no les impide ver publicadas sus sesudas investigaciones en la prestigiosérrima Science, como en este caso que nos ocupa, mientras algunos nos preguntamos por qué no utilizan sus conocimientos para limpiar, o mejor, para ampliar su conocimiento acerca de la mente en lugar de perseguirse el rabo.

 

 

Confundir el tocino con la velocidad

 

Pero si todavía creen que exagero, que los neurocientíficos no son tan malos en general o que el problema es que yo soy cortito de entendederas, no dejen de leer lo que dicen los redactores de Noticiasdelaciencia.com / Amazings.com al respecto. Supongo que lo dicen ellos porque no lo entrecomillan, así que infiero que es de su cosecha:

 

Durante el experimento, los investigadores utilizaron leves descargas eléctricas para provocar que dichos roedores temiesen un determinado entorno. A continuación dejaron que algunos animales usaran la rueda para hacer ejercicio, ya que anteriores investigaciones ya demostraron que el ejercicio físico aumenta de manera natural los niveles de neurogénesis.

Los científicos comprobaron que los ratones que se habían ejercitado con la rueda habían olvidado en gran medida (O sea, no totalmente. (El subrayado y el comentario son míos)) el temor que se les había inducido, mientras que los ratones que no corrieron parecían recordar vivamente las descargas eléctricas con las que habían sido aleccionados.

Para los autores, los resultados revelan claramente que existe una correlación sustancial entre neurogénesis y olvido. La codificación de nuevos recuerdos implica la remodelación de la red sináptica preexistente, lo que implica la perdida de información ya almacenada.

 

Y claro, yo supongo que coincidirán conmigo en que si nos atizan una descarga eléctrica en una suite de hotel e inmediatamente introducen a Mónica Bellucci entregada a nuestros caprichos seguramente vamos a estar acordándonos del dichoso calambrazo. O que será el ejercicio sesuá que se supone en tal circunstancia, y que ‘ya se ha demostrado en anteriores investigaciones que aumenta la neurogénesis’ (lol) es el responsable de que nos olvidemos de mentar a la madre de los graciosos de los cablecitos. Ahora, si después del calambrazo nos cambian a Mónica por Conchita Wurst, probablemente nos acordemos por partida doble de las santas progenitoras de los desgraciaos de los experimentos, incluso de toda su ascendencia hasta Adán y Eva. La neurogénesis a tomar vientos. Una mala noche.

¿No se les ha ocurrido algo tan simple a los investigadores y redactores? ¿Por qué y para qué íbamos a querer acordarnos de la descarga eléctrica ante el impacto de la experiencia de pasar la noche con la più bella? ¿Qué hace uno cuando se da un golpe? ¿Se queda quietecito concentrado en el dolor o se mueve, grita, gesticula… para restarle algo de la atención que ha secuestrado? Los ratones, ilustres señores investigadores, son ratones, pero no tontos.

Confunden la velocidad con el tocino, porque si bien es obvio que cualquier tarea nueva repetida produce neurogénesis con el objetivo adaptativo de automatizarla para aumentar la eficiencia la próxima vez que ocurra, como en el caso de la rueda, lo que consigue el ratón es apartar su atención del dolor, y es esa maniobra de concentrar la atención en otra tarea más gratificante –y evitar sumar al calambre el riesgo de partirse la crisma en la ruedecita– es lo que produce el olvido, no el ejercicio. La neurogénesis no limpia nada, y menos los recuerdos dolorosos.

Les propongo que hagan un experimento para comprobarlo: atícense un buen castañón con el coche contra el pilar de un puente. Recojan los dientes de entre los pliegues del airbag y váyanse a correr a la pata coja por la autopista mientras simultáneamente cuentan los dientes (los varones no intenten contar los dientes a la vez o tendrán que contar alguno más), y cuando salgan del calabozo pasen por el mismo sitio para verificar científicamente si se les ha olvidado algo.

 

 

El caso de los ratones fumadores

 

Por aquello de que las comparaciones ayudan a descubrir similitudes y diferencias, recordaré a propósito que los científicos expertos en deshabituación tabáquica ya habían demostrado algo parecido. Según tales insignes investigadores, si ponemos a un ratón dos compartimentos en su jaula, uno en el que se les suministra agua limpia y otro en el que se les ofrece agua con cierta cantidad de nicotina, los ratones elegirán ésta última opción porque, concluyen orgullosos de su sapiencia… ¡la nicotina es adictiva! ¡Si ya lo habíamos dicho nosotros!

A ninguno se le ocurrió darle media vuelta a la idea para darse cuenta de que si tienes a un ratón de laboratorio toda su desgraciada vida metido en una jaula sometiéndole a todo tipo de perrerías y le ofreces agua, o agua con un antidepresivo como es la nicotina… ¡no van a elegir el agua sola! ¿No pensarán los ratones que los investigadores son tontos de baba, que les podrían haber preguntado directamente y así evitado sufrir una tortura sin fin? Y con toda la razón.

 

Porque ¿es que no han entendido aún que la mente humana tiene varios niveles de memoria como los ordenadores, y que una de ellas, la caché, es muy volátil? Pues no. Y Science tampoco, para ellos la memoria parece que es una y no cincuenta y una, como dicen los antiautonomistas.

 

¡Cosas veredes, amigo Sancho!

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  1. 19/10/2014 en 18:02

    Reblogueó esto en Filosofía de la Mente.

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