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Dios y la neurociencia

Dios - Más Allá de la FormaciónDesde el homo sapiens, hace unos ciento y pico mil años, los seres humanos se han sentido (a falta de conocimiento, buenos son sentimientos) abrumados por lo ignoto, empequeñecidos por las misteriosas y caprichosas fuerzas superiores, primero las de la naturaleza porque el seso no les daba para imaginar más, posteriormente antropomorfizadas (considerar a un elefante un dios, como es el caso de Ganesha, parece más bien de críos) en deidades menores normalmente bajo un dios superior, que finalmente acapara todas las fuerzas –omnipotencia– en las grandes religiones monoteístas: hinduismo, judaísmo, cristianismo, mahometanismo (atención a los términos musulmán e islam, con los que se busca hacer creer que se trata de una religión diferente y no una versión –ponga usted aquí el atributo que desee– de una previa). Confieso que no me gusta incluir a todas en la categoría “religión”, prefiero dividirlas en religión y pseudorreligiones atendiendo al significado etimológico de la palabra, pero este no es el debate de hoy, por lo que sólo lo advierto, aunque más adelante se verá (del verbo Ver) nítidamente.

Esa pequeñez humana con respecto a las fuerzas de la naturaleza ha generado una curiosidad inagotable por comprenderlas y ganarse sus favores, hasta el punto de hoy en día, cuando en plena revolución científico-tecnológica que se supone obligatoriamente aconfesional se denomina a los esquivos bosones de Higgs como “La partícula de Dios”. Bosones trascendentales para entender la realidad debido a su potencial encaje en el entramado de la realidad física como los que aportan la masa (estamos hablando de duales ondas-partículas, ojo, como alma-cuerpo) a los objetos y sin la cual la fuerza de la gravedad no existiría, igual que de ser así ocurriría con nosotros. De hecho el universo que existiría sería una masa informe, indiferenciada, homogénea, pura entropía, gurruño sin sentido como una agrupación infinita y caprichosa de ceros y unos uno a continuación del otro. Si esto le evoca a uno lo que algunos ilustres y respetados científicos creyentes en el azar como elefante de compañía llamaron “ADN basura” porque no sabían qué era y qué función tenía hasta que descubrieron el concepto epigenética… ¡Bingo!. Como para otorgarles –fe de meapilas cientifista mediante– el patrimonio exclusivo de determinar absolutamente qué es verdad y qué es mentira.

Nota: para que no les quepan dudas de mis intenciones, de qué es serio y qué es chanza, voy a advertir de mis ironías con las etiquetas (ironía On) e (ironía Off), abreviadas en (on) y (off) por recomendación de algunos de ustedes, que dudan de que todo el mundo comprenda (on) mi agudo sentido del humor (off).

 

Para empezar hay que advertir que el hinduismo no se considera siempre una religión monoteísta debido a que el Dios supremo, Brahma, el creador del universo, carece del arraigo popular de otros dioses menores o semejantes que tienen a tortas a unos hinduistas contra otros en una suerte de A ver quién es más cafre, aunque constituye el elemento protagonista del libro “Bhagavad Gita”, uno de los textos clave de la tradición hindú. Bueno, clave para los que saben leer, que en la India 287 millones son analfabetos, siete veces España poblada de alcornoques solosintientes-nopensantes (empáticos) despojados de conocer otras interpretaciones de la realidad que se encuentren algo más allá de donde les alcanza la vista. Allí, a pie de calle, Buda (que es un simple hombre que ha alcanzado el asamprajnata samadhi) y Shiva (que es un dios) son más populares que Brahma (al que para enredar más el galimatías algunos llaman Krishna) seguramente porque, como en el caso del Dios único judeo-cristiano-mahometano, es incognoscible, y por lo tanto, indescriptible. Innombrable es la madre de todas las cosas, advierte el Tao de Lao Tsé, otra filial  del (on) exitoso (off) hinduismo del que surge el mindfulness –o como dice un amigo: mindundisfulness– y el resto de su descendencia newage. Es cierto que en la tradición cristiana se viene representando a Dios desde los comienzos, pero ya los últimos papas han advertido que, del mismo modo que el infierno no es un lugar sino un estado del alma, no es un señor con barba blanca sentado en una nube, cosa que también es de agradecer a pesar de los que aún sabiendo leer, o leen poco, y/o sólo lo que les confirma lo que (on) piensan (off), y/o no entienden lo que leen, y/o todo lo anterior. Sinceramente nadie parece tener ni pajolera idea, y tampoco es que sea lo más importante, al fin y al cabo cuando vivíamos en el vientre de nuestra madre tampoco teníamos ni repajolera de cómo era a pesar de tenerla por todas partes, como al Dios que nos han explicado desde niños en el mundo civilizado.

Pero en esta entrada vamos a enredarnos lo mínimo con la teología; tampoco analizaremos con detalle –pero dicho queda–  si unos dioses o profetas son más falsos que un procesador de ocho núcleos de mortadela, sino de si su culto conlleva o no el atraso a todos los niveles para las naciones cuyos habitantes les rinden adoración mayoritariamente. También reflexionaremos acerca de si el ateísmo es una opción juiciosa o no, máxime después de los experimentos de ingeniería social que lo definen por la vía de los tozudos hechos. Pero sobre todo, desde la perspectiva de la neurociencia, esbozaremos una explicación de la ubicación del concepto de Dios cristiano en la mente humana y sus consecuencias individuales y sociales: lo que podríamos llamar Neuroteología, pero que no tiene nada que ver con el desvarío de moda con el que a través de nuestros impuestos se subvenciona a ilustres científicos su incontrolable necesidad de tener razón; (on) científica, eso sí (off). Buscar localizar a Dios en el cerebro o pretender que Dios es una idea producto del cerebro, radicada en el cerebro (¿dónde iba a ser? ¿en el peroné?) es de mermaos, aunque sean premios Nobel. En el cerebro se pueden observar experiencias espirituales o religiosas que vive un sujeto, pero no a Dios. Como inteligentemente advierte el sacerdote doctor en Astrofísica Javier Igea (no se pierdan el enlace, que para eso lo he puesto ya dos veces), la infantil –o perversa– pretensión de que mediante la resección de esa parte del cerebro desaparezca Dios es tan ridícula como pretender que desaparezcan los olores extirpando la nariz o las áreas cerebrales responsables del olfato.

Ustedes, amables lectores de este blog, están familiarizados con conceptos neurocientíficos, así que ya saben que el encéfalo (cerebro) está dividido en diferentes áreas con funciones diferentes, aunque interconectadas con las demás y con el cuerpo. Así, existen áreas especializadas en ubicarse en el entorno (el célebre caso de los taxistas londinenses y el del último Premio Nobel de medicina), en producir el lenguaje, en concretarlo motrizmente, en reconocer y proyectar (¿dónde estaban las neuronas espejo, eminencias?) colores, tamaños, formas, olores, en tomar decisiones, saber qué es adaptativo y qué recesivo… Todo encéfalo normal posee estas áreas, y otras más pequeñas, hasta llegar a los indis (astrocitos, glía, incluso para algunos la tríada astrovasculoneural), lo que nos permite ser conscientes hasta de los más ínfimos matices de la realidad que nuestros órganos sensoriales permiten percibir, miríadas de ellos en función de la especialización de cada cual, como los de un vino complejo, un buen puro, o un sofisticado sushi, en el ámbito de las delicatessen. O detalles de la perfección de un gesto en un deporte técnico como la coordinación inter e intramuscular, oculomanual, oculopédica, con respecto a objetos, móviles, otras personas…, o las sensaciones del apoyo del neumático delantero en una curva de un circuito distinguibles entre las de aceleración, velocidad, fuerza centrífuga, inclinación, adherencia del asfalto, reparto y transferencia de pesos, compresión y extensión de las suspensiones, distancia entre la rodilla y el asfalto, presión en la maneta del freno, aerodinámica… ¡Y qué decir de la pintura! Recuerdo haber visitado El Prado de corrido en una visita “profana”, sin enterarme de nada; mientras que en otra ocasión, guiado por una experta, no pasé del primer cuadro en el Tyssen, estudiándolo más de una hora y relacionándolo con la geometría, la historia, otros autores, otros estilos…

Más allá del simple hábito, adquirir cualquier pericia o maestría requiere muchas horas de entrenamiento que en la inmensa mayoría de ocasiones implica muchos años de vida, muchos kilómetros, muchas horas de vuelo. Y como el encéfalo humano adquiere nuevas habilidades en base al legado genético, el entrenamiento intrauterino y el que supone la infancia, una de las primeras –si no la primera– que adquirimos es reconocer y adquirir tanto en el ámbito intra como en el extrauterino el concepto “madre”. El concepto madre no es un concepto plano como un vino tosco o un sushi barato, sino poseedor de infinitos matices, muchos más que los del cuadro del Tyssen. El concepto Madre (el primer término catalogado proto-indoeuropeo) implica todos los matices posibles de la suavidad, seguridad, olor, sabor, sonido, temperatura, expresión, satisfacción a todos los niveles… Experiencias que sesgan  la percepción hacia lo positivo de la vida como lo hace el confort que se experimenta en su regazo. No por casualidad el incomprendido por el 99% de la población mundial concepto de Amar, pervertido en evanescente sentimiento, tosca emoción o hasta el límite del instintivo sexo, deriva del sonido primigenio “ama”, que es más o menos como llamamos a las madres en prácticamente todos los idiomas del mundo, incluso en los no indoeuropeos. Si estamos de acuerdo como yo con Fromm cuando explica que amar es ocuparse activamente de la pervivencia y el desarrollo de aquello que amamos, encontramos que es justo lo que hacen las madres… dignas de tal nombre. Eso es amar y lo demás hacer el animal. Y los padres, por supuesto; pero el padre normalmente tiene otras funciones diferentes y entrena “engramas” diferentes en los hijos.

 

 

María Madre de Cristo - Más Allá de la Formación

 

La madre

Así, un concepto tan primigenio tanto desde el punto de vista ontogénico como del filogénico, tan potente, tan nuclear como el concepto madre en el sistema complejo de la personalidad, está tan grabado en nuestro encéfalo, recogidos todos y cada uno de sus detalles perceptibles por miríadas de indis especializados habitantes de los estratos más profundos del orbe indial y hasta en el ADN. Durante muchos años, hasta la aborrescencia, la madre es, más que lo más importante para la mayoría, vital para un niño en las áreas geográficas a las que no ha llegado el progreso, es quien cubre todas las necesidades, el referente máximo en virtud (¡Qué demonios había fumado el que se inventó eso de “las competencias”!), entrega (que también es una virtud, no un extravío psicopedagógico rusoniano-newage), el ideal de los niños cuando se hacen grandes y buscan pareja, y modelo de las niñas. No puede ser de otra forma, salvo excepciones, pues el entrenamiento mental que supone toda una infancia en interacción con la madre virtuosa conforma hasta el último indi de nuestra sesera, de forma que todo lo bueno, bello y dulce está asociado a la madre. Un chino diría que la madre es el Yin perfecto, pero en esas cuestiones no hay que fiarse mucho de ellos.

Tan poderosa es la idea de la madre, tantos aguerridos indis implicados en el concepto, un enorme ejército que con su conocimiento y pericia (BIOS) posibilita la vida del ordenador en el mainboard, motherboard (¡Ay estos neurocientíficos que andan a verlas venir!), la placa base, placa madre o placa principal… que es imposible borrarlo, por más años que pasen, por más deterioro que el cerebro sufra, incluso en casos de alzheimer severo. Si el concepto-software madre no está es que la placa madre humana se ha roto, los unos y los ceros no interactúan en ningún nivel, luego no funciona ningún programa, luego el ordenador no funciona. Se ha muerto. Igual que las personas.

Quizá con esta información uno puede darse cuenta de la importancia –no en términos religiosos, sino de entrenamiento cognitivo adaptativo constructor del progreso persona a persona– del dogma de la Virgen María como epítome de la inalcanzable perfección femenina y materna, que a pesar de inaccesible es modelo al fin y al cabo. Otro ejemplo a imitar no sería –de hecho no lo es– tan adaptativo para personas y sociedades. Pongamos el ejemplo extremo opuesto de mujer y podremos comprender más fácilmente, incluso siendo ateos furibundos, la importancia del concepto Madre con mayúsculas para la evolución del ser humano y de la humanidad entera.

Volviendo a la motherboard, si has vivido la experiencia de acompañar a una persona en sus últimos días u horas de vida, quizá hayas comprobado que a medida que el encéfalo va muriendo concéntricamente, de fuera-adentro, de córtex a tronco cerebral, aparecen lagunas de razonamiento y memoria, se retorna a un estado infantil recorriendo el camino inverso al del crecimiento encefálico y psicológico –ontogénico– del niño, y llegados a los momentos en los que la muerte parece estar más próxima, perdida la lucidez, lo que brota con previsible asiduidad de las gargantas agonizantes es un desvalido, agónico e implorante de consuelo… ¡Mamá!

No ocurre en todos los casos, por supuesto, pero lo que es importante destacar es que antes de que se apague el último sistema que mantiene con vida a una persona con deterioro cognitivo, esa información sigue estando viva. A mi juicio esta es una prueba irrefutable de su carácter nuclear, no periférico, secundario, ni accesorio, y consiguientemente del poderoso influjo en la mente y en los actos de la persona. La madre es la madre, aunque haya sido un compendio de todos los defectos humanos. Y los que no la han tenido más allá del nacimiento o la han perdido, lo saben.

 

 

 

El padre

No podía ser de otra forma. Como ocurre con la idea de madre, el concepto padre está inscrito en lo más profundo del cerebro humano, como grabado a fuego en sus estratos más recónditos. Otro ejército de invulnerables indis atesora individualmente todos y cada uno de los matices que adornan la figura del padre para un niño: seguridad, fortaleza, decisión, aventura, riesgo, creatividad (la madre estaba satisfecha en ese aspecto), resistencia, valor, norma, disciplina, rigor… Vale que hoy en día, (on) en un mundo superado por la tecnología (off), puede ser causa de excomunión automática defender algo así, pero en términos generales, aunque ambos géneros se han ido desigualmente centrando bajo la presión de lo políticamente correcto y la discriminación positiva, que a más de un cafre masculino le ha venido bien aunque a otros más débiles mal, afortunadamente en términos generales la figura del padre sigue manteniendo algunas de sus características fundamentales. Características que no son exclusivas pero sí destacadas, derivadas en la mayor parte de los casos de las mayores prestaciones físicas del varón con respecto a la mujer debido a su ancestral –filogenética– especialización derivada de un entrenamiento específico de adaptación al medio, unas prioridades diferentes a las de la madre.

Unas prestaciones físicas que permiten la manifestación de una de las características prototípicas de la relación del hijo con el padre: que en contraste con la madre, genera en los vástagos un intenso miedo a las consecuencias de no cumplir sus normas, bien al castigo (en términos de condicionamiento operante) físico, de esa mirada amenazante de rey de la selva que cuando no quiere luchar, ruge; o ya que estamos en tiempos más modernos, del que supone decepcionarle (castigo negativo: te quito lo que quieres) en casos de incumplimiento de sus normas, en los que antaño, en un entorno más precario en cuanto a la supervivencia, uno se llevaba unos soberanos guantazo o paliza (castigo positivo: te doy lo que no quieres) si no salía corriendo lo suficientemente rápido a esconderse en las faldas de la madre, protectora incluso ante el poderoso león enfurecido por el desafío. La madre es el último reducto de protección. En el otro lado, el del refuerzo, el padre allana caminos, advierte de los peligros (refuerzo negativo: te quito lo que no quieres) y anima con su presencia y orgullo (refuerzo positivo: te doy lo que quieres) a seguir entrenando virtudes en el ring de la vida.

Vale, todo esto está muy bien, pero ¿en qué parte del cerebro podemos ubicar esas normas paternas? Pues sin temor a equivocarnos, podemos afirmar, una vez más recurriendo a Damasio y su estudio del caso Phineas Gage y otros posteriores, que Las Tablas de La Ley se ubican en el córtex frontal, la parte del cerebro inmediatamente posterior a la frente. Allí están grabados los mandamientos morales del padre y sus matices, por supuesto con más o menos firmeza en función del entrenamiento cognitivo-conductual al que la persona ha sido sometida a lo largo de su vida interaccionando no sólo con su madre y su padre, sino con todo el entorno con el que comparte costumbres (moral).

Allí, en el córtex frontal, está el primero de estos mandamientos, el amar al Padre sobre todas las cosas en el sentido correcto, ocupándose activamente de que su ley se respete para que su obra se desarrolle; pero hoy en día no porque nos amenace con el guantazo, sino porque tenemos un desarrollo intelectual y un conocimiento suficientes como para comprender que en caso de no hacerlo retrocedemos al nivel animal, a no ser que las leyes civiles coincidan con la norma paterna y ejerzan su capacidad coercitiva, la amenaza del castigo negativo: te quito tu dinero y/o la libertad. También entre las circunvoluciones neocorticales frontales encontramos el segundo mandamiento: amar al prójimo como a uno mismo en el sentido correcto, ocupándose activamente de que el prójimo sea tratado como uno mismo desea ser tratado, aunque en ocasiones implique hacerle llorar. Estas dos sencillas normas básicas constituyen lo que se ha venido en llamar Ley Natural, el algoritmo básico sobre el que se desarrollan las leyes de los países civilizados, que puede ser comprendido racionalmente igual que pueden entenderse racionalmente las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. En el caso contrario, matando a Dios al estilo nietzscheano el córtex frontal no se entrena en las virtudes adaptativas, lo que significa que los filtros, los controles a las conductas primarias, no se establecen, dando lugar al retorno a la barbarie animal individual y colectiva. La razón es obvia: si uno sólo hace lo que le apetece, sin frenos córtico-morales como el desgraciado Gage, volvemos a la ley del más fuerte sin pasar por la del Talión. Y si al más fuerte le peta, tendrá usted que adorar al simpático elefantito, o peor, porque estará sometido a sus caprichos, sin libertad para elegir hacer o no hacer lo que usted considere adecuado, dejará de ser persona pasando a ser animal domesticado, impedido de practicar voluntariamente la virtud o el vicio. Por esta razón la sentencia de Cristo “Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César” se revela fundamental en la evolución humana, es el Principio de Separación Iglesia-Estado que no existe allá donde los temores de Nietzsche se han materializado: la implantación el estado-dios, la religión del partido. Y que el más fuerte física o intelectualmente sea Dios.

De forma que gracias a haber entrenado este temor a las consecuencias de contravenir las normas del padre, no en las del tiranuelo de turno, las personas que creen en Dios, en El Padre con mayúsculas, los que como decían nuestros mayores tienen temor de Dios, muestran una menor tendencia a cometer pecados. Pecado, que etimológicamente significa “tropiezo”, no es una invención de hombres de luto con aviesas intenciones, sino pensamiento, palabra u obra recesivas, u omisión de realizar las adaptativas. De hecho, si recordamos la frase que más de una vez habremos pronunciado: Siembra un pensamiento y cosecharás un acto, siembra un acto y cosecharás un hábito, siembra un hábito y cosecharás un carácter, siembra un carácter y cosecharás un destino, comprenderemos sin esfuerzo el concepto y sus consecuencias: que entrenar tropiezos tropezando varias veces con la misma piedra, una y otra vez, como si ello fuera virtuoso o por carecer de consciencia moral, nos lleva inexorablemente a desarrollar la habilidad, la pericia, la maestría en practicar actos recesivos, dañinos para uno mismo y para los demás. O una tolerancia excesiva con los mismos, una relajada indiferencia… mientras a uno no le tocan lo suyo, momento en que se vuelve ferozmente defensor de lo que hace un momento despreciaba, como en la imagen del final de la entrada. Quizá por ello hay quien dice que el coaching tiene una gran responsabilidad en la reciente crisis global por entrenar a los directivos y trabajadores en general en el logro del éxito (objetivos) a toda costa, incluso pisoteando la moral adaptativa, como buen producto que es de la new age. Como si la vida fuera un partido de fútbol. Pues en el pecado va la penitencia, que dicen también los abuelos, aunque lamentablemente pagamos todos.

Y esto no es una opinión, sino una realidad constatable. A nivel global las consecuencias de creer o no en el Dios cristiano, de seguir las normas del Padre o de jugar a hacer de Nietzsche, son meridianamente claras:

 

 

 

 

 

Nótese que (on) sorprendentemente (off) en el subtítulo del mapamundi de PewForum aparece una declaración de intenciones (“SON el primer grupo…”) que explica en gran medida lo que voy a decir a continuación. “Ateísmo” se denomina eufemísticamente, es decir, muy intencionadamente: “sin religión”. Seguramente querrán que su ateísmo pase desapercibido, (on) no sé yo por qué, si es tan del gusto de los sabios científicos (off). Nótese además que, también (on) curiosamente (off) en color blanco, como países ateos, además de China (cierto en la mayoría del territorio, aunque civilizándose a marchas forzadas), tratan de colarnos el ateísmo de Estonia y la República Checa (cierto en ambos casos, como países recientemente socialistas, aunque moralmente cristianos), Japón (en realidad shintoísmo, budismo, aunque moralmente cristianos), Togo (en realidad no es el “guay ateísmo”, sino animismo: vudú), Corea del Norte (socialista), Cuba (que no aparece, no la busquen) aparecen también los países… ¡¡¡Mar Caspio y Lago Baikal!!! ¿Se sintieron debilitados por la abrumadora inferioridad de sus respaldos o su más que dudosa calidad democrática y decidieron hacer alguna trampita? Pero pequeña. Y siempre en contra de los mismos, mordiendo la mano que les da de comer.

Ahora compárenlo con el interesante mapamundi del año 1980 que verán a continuación, con el Muro de Berlín aún en pie construido no para contener enemigos, sino para que nadie escapara del (on) paraíso (off), y comprueben por sí mismos con qué consecuencias correlaciona sí o sí la cosmovisión atea. Y de paso con qué ideología política correlaciona también o también el ateísmo, o viceversa. Efectivamente, tal y como advertía el genial Chesterton “Lo malo de no creer en Dios no es que uno no crea nada, sino que se cree cualquier cosa”, y esa cualquier cosa que tiende uno a creerse es que uno es dios y que puede cambiar la Ley Natural a su antojo, o al revés, que lo mismo da que da lo mismo. El sociópata cree que puede cambiar la programación milenaria del cerebro tal que hizo el correligionario amigo Adolf Hitler con su religión Ahnenerbe. Porque no nos engañemos, en realidad el ateísmo no existe, es un disfraz de indiferencia para disimular la cristianofobia, es decir, el odio a los que han entrenado su neocorteza frontal con arreglo a unos principios que han demostrado sobradamente su efectividad, y el odio a esos mismos principios, mordiendo la mano que les da de comer. Como previsible paso previo para implantar la propia religión.

Y si no queremos o no podemos recurrir a la evidencia de la visión de los mapas del mundo, podemos volver a Phineas Gage, hombre de moral intachable hasta que sufrió la destrucción de la torre de control de las pulsiones cerebrales primarias, su neocorteza frontal, momento a partir del cual se convirtió en un animal humano únicamente movido por sus intereses más primarios, sus filias y sus fobias, sus emociones y pasiones. Si se le hubiese dejado hacer habría fundado también su propia religión en la que él actuaría de dios; también anticristiana, obviamente, por ser sus normas morales incompatibles.

 

 

 

 

 

En resumen, más allá de las opiniones con las que a todos nos gusta adornarnos para en ocasiones presumir de erudición, existen multitud de estudios, además de la simple observación del mapa de las religiones del mundo si uno anda bien de la vista (verbo Ver, no del Pensar, Creer u Opinar) que muestran una alta correlación entre creer en El Padre y una mejor calidad de vida individual y colectiva. Y si alguno me va a decir que correlación no implica causalidad, le diré que a no ser que la correlación sea cercana a 1 y alejada de –1, lo que indica que donde aparece el cristianismo aparece también aparece el desarrollo humano. Y viceversa. Y tanto más cuanto más se acerca a la perfección de la aplicación de sus códigos de conducta en general.

 

 

 

 

Comunismo derribo iglesiasPara las ideologías recesivas el cristianismo es el principal enemigo, al que derribar y sustituir por la religión estatal, que pretende el control total de las personas, de sus conductas mediante el control de sus pensamientos.

 

 

 

https://santiagofbarrero.files.wordpress.com/2012/04/autobus-ateo.png?w=505&h=589

No me digan que no se habían dado cuenta del truco (el subtítulo es mío, obviamente)

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  1. 11/01/2016 en 19:41

    Dr Me interesaria saber algo mas sobre los neurotransmisores. Se sabe que son los que determinan la conducta y sus actividades como miedo, valentia, heroismo, erotismo, etc.. Al respecto la neurologia que avances ha llegado para determinar si son estos espontaneos o responden a un ordenador central como seria la conciencia, el cerebro, el espiritu etc.
    Los neurotransmisores cumplen siempre las mismas funciones? Pregunto porque personas no responden igual frente a una situacion, asi un asesino en serie, un desalmado o un mitomano no sienten remordimiento alguno como los demas..
    En esta eterna discusion sobre la espiritualidad y la materia no veo como puede ayudar los neurotransmisores a determinar que la espiritualidad no existe porque nuestra actividad humana se rige solo por neurotransmisores. Lo veo como que alguien descubre por donde pasa un canal subterraneo pero la pregunta de fondo es la misma; de donde proviene eso? Saludos Dr un gusto leerlo…

    • 11/01/2016 en 19:53

      Hola, Francisco, no soy doctor, así que no es necesaria la formalidad. Parece que mucha gente desconoce que los neurotransmisores sólo son uno de los elementos que intervinen en cualquier proceso que tiene lugar en el sistema nervioso. La actividad humana no se rige mediante los neurotransmisores, sino que estos desempeñan un papel, imprescindible, en la relación del ser humano consigo mismo y con el entorno. En palabras llanas, confundir los neurotransmisores con la mente es como confundir la composición de la tinta con el mensaje que se ha escrito con ella.

      No debemos confundir el todo con las partes, por más que muchos se empeñen en que las confundamos.

      A las preguntas de “¿Está Dios en el cerebro? ¿Bloqueando esas zonas desaparece Dios? se puede responder fácilmente: ¿desaparece el olor de la rosa si bloqueamos las áreas olfativas del cerebro?

      Saludos

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