Inicio > mindfulness > El mindfulness. ¿Solución o problema? (I)

El mindfulness. ¿Solución o problema? (I)

Imagine el lector que un ciudadano de Inglaterra, donde como ya sabe se circula por el lado izquierdo de las calles y carreteras, viene a residir a España o a cualquier otro país en el que se circula por el lado derecho.

La tendencia del conductor, ya instalado en un vehículo con el volante a la izquierda, será seguir conduciendo como lo hacía en su país, por lo que tendrá que hacer un intenso y sostenido esfuerzo para entrenar las nuevas habilidades al volante que le mantengan a salvo de sufrir un percance vial.

 

a la señorita de la foto le ocurre lo contrarioResultado de imagen de coche volante a la derecha

 

Por supuesto que empezar por circular en trayectos cortos le será de ayuda para no sobrecargar su cerebro, como lo será pararse a descansar con frecuencia en los desplazamientos largos para que su sistema nervioso vaya asimilando, como durante el sueño, las nuevas normas de circulación.

Pero lo más importante, como es lógico inferir, es tomárselo con calma, conducir sin distracciones, con la máxima concentración en cada instante, con la consciencia dominando los automatismos anteriores y sin dejar que la mente divague hacia elucubraciones del tipo: "Esta gente es tonta, ¡a quién se le ocurre!", "Esto me pasa a mí por venirme a vivir a un país subdesarrollado", o "En todo el mundo se debería conducir por el lado izquierdo, como en mi país", porque este tipo de pensamientos no ayudan en nada, al contrario, le inducirán a entrenar la conducción por el lado derecho de mala gana, enfadado.

Si el lector ha reparado en este últimpo párrafo, ya se habrá dado cuenta del significado oculto en la metáfora; una metáfora del mindfulness.

 

El mindfulness como solución

 

La solución que plantean los divulgadores del mindfulness es ingeniosa, aunque poco original: diga que en este moderno método se eliminan todos los adornos filosófico-religiosos de las ancestrales técnicas orientales de entrenamiento de la concentración, focalización de la atención, contemplación… Adhiérase a una forma de anticristianismo disimulado como el que supone el movimiento cientifista, y tendrá en sus manos la píldora de la perfecta felicidad, la productividad, el liderazgo, las damas verán sus senos más turgentes y los caballeros lograrán una transformación semejante a engullir diez toneladas de cebolla sumado a una potencia viril inagotable. Al tiempo.

La estrtegia de marketing es excelente para la descreída (en realidad, como dijera Chesterton, lo malo de no creer en Dios no es que uno no crea nada, sino que se cree cualquier cosa) sociedad occidental, eso es innegable: por una parte se sigue aprovechando la endofóbica moda de despreciar lo propio, los principios morales (costumbres) que nos han traído hasta aquí, mientras se idolatra lo foráneo y exótico que envuelve como una suave e imperceptible bruma al practicante de meditación mindfulness, hasta que se hace manifiesta en forma de adicción a la secta y una enfermiza y enfermante intolerancia a la realidad y la frustración. Algo parecido le ocurre a la rana, que salta poniéndose a salvo si se la arroja a un recipiente con agua hirviendo, pero muere cocida si el agua se calienta poco a poco, porque no se da cuenta del cambio. Criaturitas.

Para evitar mostrarse en sociedad como netamente flipados adhiriéndose a las versiones clásicas del modelo, como los diferentes yogas, meditaciones vipasanas, zen y demás, se blindan de la blasfema crítica de los infieles arrodillándose en el altar de la ciencia, concretamente la poco fiable neurociencia (el 80% de las investigaciones no son replicables), que casi nadie comprende pero que le aporta a uno un halo sci-tech que puede convertirle en el centro de las reuniones y el polo de atracción para el sexo opuesto, máxime si va acompañado de los inevitables accesorios en indumentaria, estilismos capilares, hábitos alimentarios, tatuajes y artilugios varios clavados en las más inverosímiles partes del cuerpo.

Visto así, como combinación de buen marketing que vende un producto que surge de los arrabales de la ciencia blanda para -supuestamente- satisfacer la necesidad de liberación de la angustia, de la frustración vital que genera el imparable movimiento desordenado de una mente desorientada y/o sobrecargada, debería funcionar, ¿no?. Al menos posee todos los ingredientes para lograrlo, porque, fíjense: si el mindfulness hubiera sido parido en Valladolid, lo hubiera propuesto un tal Remigio Gutiérrez Astudillo, surgiese en un monasterio cisterciense o del Opus Dei, la probabilidad de que alguien le hubiera dedicado un minuto de atención se aproximaría a cero.

 

mindfulness Y a los niños los trae la cigüeña

 

 

El mindfulness como problema

Pero no, el combinado ciencia-orientalismo no puede funcionar, y no porque la ciencia -la ciencia dura– no funcione, sino porque lo que no funciona es la cultura oriental. Y aunque llevan cuatro milenios en el empeño de demostrarnos cómo no se deben hacer las cosas para que las sociedades humanas evolucionen, hay occidentales que siguen defendiéndola como modelo de vida ideal frente a la nuestra.

Eso sí, el divulgador del mindfulness se esforzará en advertir con hábiles técnicas comerciales -porque en ello le va la hipoteca y, sobre todo, el ego- que esta práctica nada tiene que ver con el orientalismo aunque haya nacido de allí, se haya inspirado en lo de allí, utilice jerga técnica de allí, y mantenga los mismos principios de allí. Debe ser que no han escuchado el refrán que dice: "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda". Ni el de "El mismo perro con distinto collar". ¿Qué puede nacer de una incoherencia semejante?

Aunque para ser honestos, hay que reconocer que sí, que el mindfulness puede ser útil para mejorar la calidad de vida a todos los niveles si el conductor inglés busca simplemente reducir el exceso de activación (sobrestrés), la saturación o sobrecarga cognitiva, mediante la concentración estricta en la tarea de conducir, aunque si tenemos una mínima noción del significado "plasticidad" del sistema nervioso -en palabras llanas que la cabra tira al monte-, comprenderemos que no estamos ante la panacea, y que la tarea dista mucho de ser tan sencilla como se vende. El cerebro necesita un periodo de tiempo variable para automatizar nuevas habilidades, periodo durante el cual tenderemos a ser movidos por los automatismos anteriores, progresivamente más débiles a medida que entrenamos los nuevos. Y esto puede ser una fuente adicional de frustración, porque uno tiende a creer que esta sí es la solución mágica a sus problemas sin darse cuenta que es la interesada aceptación del nuevo grupo lo que aporta el chute endorfínico que le hace sentirse bien, a la que se suma la esterilidad de los denodados esfuerzos para alcanzar iluminaciones, despertares, equilibrios, satoris y samadhis de toda índole que pueden resumirse en un objetivo oculto: parecer más guays que el resto de los mortales. ¿O no es eso lo que busca lógicamente el infeliz? Por eso mismo triunfa TeleCinco.

Pero si lo que busca el conductor británico es seguir conduciendo por el lado izquierdo en medio de un tráfico que, para su frustración, se empeña en seguir por el derecho, ya puede levitar en posición de loto tras el volante o recitar el mantra "So Ham" (Yo Soy) hasta el final de los tiempos, que no logrará reducir su ansiedad ni en una parte entre un millón, al contrario; ni tampoco evitar estamparse contra otro vehículo. El mundo no se va a detener porque uno quiera que se detenga, ni porque detenga su mente a ver si así se detiene el mundo.

Es decir, que si uno pretende seguir conduciendo por el lado izquierdo en un país en el que se conduce por el derecho, por más horas que meta al mindfulness, no va a conseguir el anhelado objetivo de parar su mente y concentrarse en el aquí y ahora (je). La razón es de una simplicidad infantil: está obligándose a sí mismo, y además de forma innecesaria, a aumentar la atención en los eventos que transcurren instante a instante en las dichosas carreteras invertidas, y sobre todo -¡blasfemia!- a actuar con un nivel de previsión del futuro extraordinaria, muchísimo más que si condujera como debe, porque nada sucede como sus automatismos subconscientes prevén, sino de una forma nueva e imprevisible para ellos.

Si soy demasiado farragoso para que se me entienda, lo diré de forma más clara: si su objetivo al practicar mindfulness es alcanzar el anhelado sosiego vital, no lo va a lograr de ninguna forma estable apoyándose en su ideología. Es tan imposible como que el inglés se encuentre agusto intentando conducir en Gerona por el lado izquierdo. En primer lugar tiene usted que comprender por qué nosotros hemos evolucionado y ellos -allá donde surgen los cimientos del mindfulness- no lo han hecho hasta que han empezado a funcionar como nosotros. ¿O no es obvio?

 

Resumen

  • Si tus problemillas mentales tienen como base la desorientación, el mindfulness no te servirá más que de parche efímero. A la mañana siguiente estarás igual que antes de empezar el entrenamiento, o peor, porque el contraste entre el estado de relajación y el mundo en el que no te encuentras a gusto es enorme. Si te enganchas a su sustrato ideológico oriental, irás de mal en peor.

 

  • Si tus problemillas mentales no tienen como base la desorientación, sino el estrés físico y/o mental, sí te servirá de ayuda, al menos mientras te mantengas férreamente al margen de su fuente oriental. Que es lo que, encarecidamente, te recomiendo.

      Continuará

      Anuncios
      1. Promo Manresa
        24/08/2016 en 08:41

        Fenomenal!!!

      2. Emma
        29/08/2016 en 15:43

        Quizá no te hayas documentado lo suficiente. No sé si sabes inglés pero existen estudios que avalan los beneficios a largo plazo de la meditación. https://www.washingtonpost.com/news/inspired-life/wp/2015/05/26/harvard-neuroscientist-meditation-not-only-reduces-stress-it-literally-changes-your-brain/#comments

        • 30/08/2016 en 17:46

          Sí, como decía, para los varones es como hartarse a comer cebolla, incluso. Yo me voy a apuntar a un intensivo 😉
          No seas ingenua, ya sabes que el 80% de los estudios psicológicos no se pueden replicar, ergo la validez de lo que defiende este artículo es bastante dudosa. No obstante, como es obvio, todo lo que se practica con la suficiente insistencia cambia el cerebro, y eso no lo niego en mi post, no niego que tenga consecuencias positivas, de lo que advierto es de su peligro a medio-largo plazo si uno se impregna de ciertos dogmas. Empecé hace casi 40 años a practicar artes marciales orientales (profesor en tres disciplinas), yoga y meditación (profesor), como para no saber de qué van estos iluminados (salvo honrosas y escasas excepciones).

      3. Emma
        29/08/2016 en 15:48
      1. No trackbacks yet.

      Responder

      Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

      Logo de WordPress.com

      Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

      Imagen de Twitter

      Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

      Foto de Facebook

      Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

      Google+ photo

      Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

      Conectando a %s

      A %d blogueros les gusta esto: