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Las neuroprótesis a debate (I)

Implantes cerebrales para conseguir superpoderes

Estos días me ha llamado la atención uno de los campos más prometedores en la I+D mundial: los brain implantable devices o neuroprótesis.

Lo primero de lo que me he dado cuenta es que este campo del neurohacking es un cajón de sastre en el que cabe todo, y por lo tanto, para entenderlo, conviene hacer una categorización mínima basada, como siempre, en similitudes y diferencias:

CATEGORÍA 1- Los implantes desarrollados con la misión de luchar contra enfermedades como el Parkinson, o discapacidades visuales, auditivas, motoras e incluso táctiles. Ya existen y proporcionan buenos resultados. No es sobre este ámbito sobre el que quiero reflexionar.

CATEGORÍA 2- Algo mucho más complejo, tan complejo como pretender la actuación sobre conceptos abstractos, ideas, e incluso la moral. Vamos, como que uno podrá ser un genio sin ningún esfuerzo, enchufándose el cachivache diez minutos al día como con las lógicamente extintas máquinas de gimnasia pasiva te ponían presuntamente en forma sin un instante de esfuerzo o una gota de sudor, o incluso se podrían elegir ideas y personalidad a la carta: ahora quiero ser un triunfador, ahora uno de esos inexistentes imperturbables maestros zen, el más chistoso en los descansos del trabajo, por la noche un pornstar, y los domingos un Rafa Nadal en la pista de pádel. En resumen: se trataría de aparatos electrónicos que se implantarían en el cerebro para (hipotéticamente) lograr ampliar la inteligencia humana (HI) con el objetivo de lograr la superinteligencia.

Sin embargo, existen varias objeciones que ponen en serios aprietos los esfuerzos financieros y humanos de los paladines de esta segunda tendencia. Y son, pienso, de varios órdenes: conceptuales, neurológicas, técnicas, y éticas. (Esto no es un artículo científico, por lo que no pretendo ser exhaustivo)

 

Aspectos conceptuales

 

Desconocimiento generalizado, incluso entre los expertos, del significado real del concepto Inteligencia, un concepto en discusión permanente a causa de esa curiosa manía humana de teorizar sobre lo sencillo para acabar embarullándolo todo de forma que nadie lo entienda. Pero claro, es que a veces olvido que todas las opiniones son respetables (je). No es algo nuevo, desde luego, pero ha dado lugar a constructos muy cuestionados como las inteligencias múltiples y la inteligencia emocional, descomunales botones de muestra del desconocimiento al que me refiero. En esta entrada anterior abundamos a este respecto, de modo que no me voy a extender más.

Parece razonable pensar que es difícil que, confundiendo el significado del concepto, podamos mejorar esa habilidad llamada inteligencia, igual que no podemos mejorar nuestra habilidad de hacer derivadas si creemos que una derivada es una regla de tres, ni la de hacer pasteles si nos empeñamos en no ver que lo que estamos practicando son recetas de paella o de lacón con grelos. Quizá la providencia obre el milagro, pero desde luego no es muy probable que suceda, ni es, en todo caso, el mejor método para lograrlo.

 

 

Aspectos neurológicos

 

Acostumbramos a olvidar que la mente, propiedad emergente del cerebro y el resto del organismo interactuando entre sí y con el entorno, produce ideas –y las juzga– siempre en base a su estructura material; una estructura que guarda semejanzas con el versátil sistema social humano, que no se limita a una arquitectura en red como la neuronal, sino que las combina todas (sin olvidar la comunicación intrapersonal, claro).

Esta versatilidad de los elementos individuales del cerebro (glía, astrocitos = indis) implica que, excepto funciones muy concretas como la visión o la audición, que se procesan en áreas cerebrales muy bien localizadas, lo que permite la activación mediante impulsos eléctricos, las funciones complejas están ampliamente distribuidas por todo el orbe intracraneal. Por ejemplo, se puede estimular el nervio auditivo con señales eléctricas procedentes de un aparato que traduce los sonidos en esas señales de forma que esa información llegue a las áreas cerebrales responsables de la audición o vista, incluso se puede sesgar el procesamiento cognitivo activando los centros del placer o del displacer, se puede impedir la consolidación como recuerdo de una experiencia reciente, pero no se puede generar una idea.

Porque ninguno, repito, ninguno de los intentos realizados hasta la fecha ha producido una visión o una audición ni remotamente normales (el hombre de la primera foto usa la cámara para oír los colores, no para verlos), pero mucho mejores, obviamente, que la ceguera o sorderas completas, lo que quizá nos puede dar una pista de la complejidad de la tarea.

 

Un dispositivo cerebral 'sin cables' para recuperar el movimiento

 

Se me ocurre un ejemplo de la actualidad para ilustrarlo (link): el macaco con el que se están experimentando neuroprótesis que permitan que vuelva a caminar después de haberle seccionado los nervios motores medulares de una pata. Si observan el vídeo, comprobarán que el desdichado animal, torturado, mutilado innecesariamente por los iluminados científicos camina mal. Vale, pero camina, de modo que podemos pensar que el problema es la relativa juventud de las investigaciones al respecto; pero pensándolo un rato más, podemos darnos cuenta de lo que ocurre en realidad.

Y la realidad es que es relativamente fácil enviar (eferencia) desde el cerebro información eléctrica a los nervios motores para que ejecuten la secuencia del movimiento que el cerebro está procesando, porque existe un área cerebral concreta para tal fin, pero, ¿y qué ocurre con la sensibilidad táctil que informa (aferencia) al cerebro del lugar en el que se encuentra la pata con respecto al suelo? ¿Y qué podemos decir de la coordinación ojo-pata (oculopédica)? ¿Cómo sabe el artilugio implantado dónde se encuentra el cuerpo, el otro pie, las manos, y los posibles obstáculos? Quizá el estudio tenga truco y hayan mantenido la integridad de los nervios sensitivos del pobre animal (los nervios sensitivos y los motores son independientes), cosa que no suele ocurrir en los lesionados medulares y otros accidentados, porque los accidentes suelen ser, precisamente, poco selectivos, poco respetuosos con la integridad física.

Quizá con este ejemplo se vea más claro: cuando una persona quiere cerrar una puerta, conoce en qué momento está cerrada por el sonido del tope, su resistencia, y la visión de la tarea completada. Como sabemos, cada una de estas acciones se procesa en áreas cerebrales diferentes. Si pretendemos cerrar una puerta a ciegas, con tapones en los oídos y no a mano sino mediante un mecanismo que no nos transmita ninguna sensación… ¿cómo demonios sabemos si está cerrada?.

En este caso, el pobre animal es un cuadrúpedo, y el resto de su cuerpo está informando independientemente al cerebro de su posición en el espacio, de forma que un desequilibrio en el tronco hace que el animal reaccione produciendo el movimiento más o menos adecuado mientras se mantiene a tres patas, pero imaginemos el mismo dispositivo en un animal bípedo como una persona. Lo más probable es que, de no usar un bastón o muleta, cayera de bruces cada dos por tres.

Para resumir este apartado, me parece lógico pensar que si esta complejidad es insalvable, si aún tratándose de algo tan sencillo (un niño de dos años puede hacerlo) como caminar en un plano liso el resultado es funcionalmente muy mejorable, ¿qué podemos decir de algo tan complejo como comprender una realidad a partir de la experiencia que recibimos del exterior, pero relacionada con lo que ya está en el interior de nuestro cráneo? ¿Cómo es posible conectar en la secuencia adecuada todas las memorias de diferente plazo y diferente origen sensorial (táctil, auditiva, olfativa, visual, propioceptiva), que se encuentran en diferentes áreas del cerebro (no es la médula, es el interior del cerebro) para generar un pensamiento? ¿Y cómo articular el pensamiento con una acción? No me imagino una neuroprótesis para entender la fórmula e=mc2, o el concepto inteligencia, sinceramente.

Y eso sin tener en cuenta que los propios neurocientíficos admiten no tener ni idea de cómo funciona la mente, o que incluso en cerebros enormemente sofisticados (humanos) aunque limitados, como en el caso del Síndrome de Down, quienes los padecen sufren importantes dificultades cognitivas y motrices.

Lo que sí veo posible es la instalación de neuroprótesis que mejoren la capacidad de aprendizaje por la vía de sesgar positivamente el cerebro activando las áreas del placer, pero, y hay un importante pero: ¿no es más sensato mejorar los instrumentos educativos para que se hagan más atractivos a la mayoría de los alumnos?

 

 

Aspectos técnicos

 

Las limitaciones técnicas derivan de las características neurológicas animales que hemos visto. El cerebro está formado, además de por las vías de transmisión y comunicación (neuronas), por al menos 300.000.000.000 (trescientos mil millones) de indis (foto bajo este párrafo), cada uno de su padre y de su madre, como las personas (link). Cada uno de los indis que participan aporta al pensamiento un matiz que está especializado individualmente en procesar de la experiencia, y no otro. Para el resto de matices está el resto de indis participantes, y es mediante la democrática elección de una activación particular producto del voto (influencia) de cada uno de ellos, cada uno perteneciente a una región cerebral diferente, que se produce una idea concreta u otra, o ninguna, o una secuencia de ellas. Porque si llegan a activárseme los indis relacionados con lo coches, habría escrito un post sobre el Porsche Panamera Turbo, pero no estoy escribiendo sobre aviones rodantes, de modo que aunque ahora lo haya mencionado porque ha surgido en mi mente (por asociación de ideas), la influencia de los indis relacionados con el tema de las neuroprótesis gana las elecciones, por eso puedo reflexionar y escribir acerca de ello. Por ejemplo la secuencia que yo he necesitado para escribir este post (varias horas); o un lector para leerlo, analizarlo e incorporar o descartar entre sus propias ideas esta información. No puedo ni imaginar el número de indis que han participado en su elaboración, o en su lectura.

 

De Neurorocker de Wikipedia en inglés, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7576332

 

Pues bien, considerando estos descomunales números y su micrométrico (una micra es la milésima parte de un milímetro) tamaño, ¿cómo hacemos un sensor (o una miríada de ellos) para colocarlo en la pata que informe por las vías nerviosas aferentes al cerebro de que la pata está apoyada en el suelo conforme a la posición secuencial correcta y teniendo el cuenta el equilibrio corporal? Podemos hacer que detecten presión, desde luego, como para que una mano biónica sepa que ha terminado de sujetar el vaso que queremos llevarnos a la boca, pero el equilibrio corporal durante la deambulación humana es bastante más complejo que eso.

Un implante cerebral es, como se puede ver en la imagen bajo este párrafo, como un pequeño cepillo de púas, finas, pero como se puede apreciar por comparación con la imagen del indi, no lo suficientemente finas como para actuar sobre cada uno de ellos individualmente, lo que significa que obligatoriamente este tipo de sistemas está incapacitado para una acción fina, o lo que es lo mismo: está limitado a acciones gruesas.

 

implante cerebral

 

¿Será posible superar estas limitaciones tecnológicas? La respuesta es un rotundo no. Para actuar sobre un cerebro de forma de hacerlo más hábil de lo que ya es necesitaríamos un implante cerebral que actuara sobre todos y cada uno de los indis relacionados con la habilidad específica que quisiéramos potenciar, y eso son millones. Multiplicados por el número de habilidades que pretendiésemos potenciar, junto con todos los que, directa o indirectamente, y en la correcta secuencia temporal, tienen alguna relación con las habilidades.

La única forma de lograr una visión o audición perfectamente normales es biológica. Es decir, mediante un trasplante de las estructuras afectadas, células madre, indis, etc., pero de ninguna forma será posible generar o perfeccionar los conceptos abstractos que llamamos ideas con ningún aparato implantado en los sesos.

 

 

 

Continuará en la segunda parte.

 

Artículos relacionados: The NeuroScammers – Los NeuroEstafadores

 

 

s.e.u.o.

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