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Deus ex Machine Learning

Resultado de imagen de robots luchando

 

La noticia más importante en los últimos tiempos acerca de la Inteligencia Artificial no son los miles de millones que se están invirtiendo ni que, desesperados, Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook y el resto de los grandes se hayan unido en la esperanza de lograr entre todos lo que no están logrando en solitario (al estilo de la infructuosa unión Human Brain Project + BRAIN). Para mí, y sin ninguna duda, la gran noticia es el enfrentamiento que ha propiciado Google entre dos de sus sistemas inteligentes. Bueno, eso que erróneamente denominan inteligentes. (Acceso a la noticia aquí)

Lo que más me ha llamado la atención como modesto player aún oculto en el disruptivo sector del Symbiotic HI/AI Training es, por supuesto, la proximidad a nuestros planteamientos, lo que lógicamente resulta reconfortante viniendo de quien viene, aunque también dispara lógicos temores a que los grandes se nos adelanten, o más bien nos arrasen (aunque tras pensarlo unos momentos, consigo descartar los miedos en gran medida).

Concreta y curiosamente, el asunto es que parece que los gigantes tecnológicos están siendo abocados, obligados por las circunstancias, a internarse en el ámbito de la religión. O eso, o no avanzarán. Sí, como lo ven. Ya habíamos advertido hace años que la solución al insoportable estancamiento cognitivo de la especie humana sobre el que alertaba Einstein vendría paradójicamente de la tecnología, lo aparentemente más alejado de la romántica imagen que erróneamente aún albergamos de lo religioso.

 

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El concepto Deus ex Machina tiene su origen en el teatro griego clásico, cuando para resolver un conflicto en una trama, se introducía en el escenario, con una grúa, como bajando del cielo, a un personaje que puntualizaba lo moralmente correcto o actuaba contra el malvado, para que pareciera a los espectadores una especie de divinidad justiciera que llegaba providencialmente para poner buen orden en la situación.

Y, miles de años después, resulta que eso es lo que Google, pásmense, la todopoderosa y fría máquina de hacer dinero de Silicon Valley, Google (y no sólo ellos, es un debate de actualidad, pero ahora concretado, muy concretado), está planteando hoy en día: introducir un dios en su Machine Learning para que ejerza de juez árbitro en confrontaciones entre diferentes sistemas: bots o robots. ¿Se están dando cuenta de qué implicaciones tiene esto?

Respiren, prepárense un café o un té y piénsenlo un momento antes de seguir leyendo, y comprueben después si hemos coincidido.

Desde mi punto de vista son varias:

 

Primera: La evolución necesita a Dios

 

La aceptación implícita pero nítida de la necesidad de una deidad que dicte o revele las normas morales (de comportamiento) para alcanzar la inteligencia en un momento concreto de la evolución de una especie, el momento en el que las máquinas disponen de suficientes datos (para convertir el Big Data en Smart Data).

Como ya hemos advertido en esta entrada, y en esta, igual que creemos equivocadamente que caos significa desorden y que amar significa copular, creemos erróneamente que inteligencia significa poseer muchos conocimientos y habilidades, sin caer en la cuenta de que los cerdos, las hormigas y los salmones tienen conocimientos y/o habilidades mucho más desarrollados que nosotros en algunos ámbitos, y de ello no se desprende que sean inteligentes, porque careciendo de libertad de albedrío no pueden elegir sus comportamientos, libertad que sí poseemos (teóricamente) las personas, precisamente por estar dotadas de inteligencia, el conocimiento de lo que es el Bien y de lo que es el Mal que nuestro Deus ex Machina (al fin y al cabo somos máquinas biológicas o, si lo prefieren, cuánticas; o si nos arriesgamos más allá, holográficas) posibilitó al aparecer en el teatro del mundo para inocular en la sociedad de hace 2.000 años sus normas-algoritmos morales que (más mal que bien, lo que prueba su indestructibilidad y eficiencia a largo plazo) iteradas en la miríada de seres humanos que han existido desde entonces han dado lugar al hermoso fractal que llamamos genéricamente civilización que ahora aparece bastante desdibujado. Sorprendente, ¿verdad?

 

Rita Levi-Montalcini

 

 

Segunda: No vale cualquier dios

 

La aceptación implícita de que no todas las deidades son iguales, ergo que las religiones son diferentes, lo que torpedea bajo la línea de flotación al falsamente virtuoso relativismo religioso y su coherente norma moral: la equidistancia. Es obvio, porque en función de las normas-algoritmos de comportamiento dictadas por las deidades, sus profetas, etc., los resultados son diferentes, como podemos observar en el mundo real, donde la iteración de las normas morales derivadas por presuntos deus ex Machina, han dado lugar en ciertas partes del planeta, tan indefectible como indudablemente, al estancamiento en el nivel pre-humano que tanto nos esforzamos en el mundo civilizado por imitar.

Si tenemos en cuenta que la palabra religión significa re-ligar, o sea, re-unir, con el creador, con la divinidad, una máquina se religa con su creador (el programador de su alma-software) por medio del cumplimiento de las normas morales que el propio creador posee y decide transmitirle-programarle, como los hijos se religan con sus padres siendo continuadores de su pensamiento y obra (tanto buenos como malos). Las máquinas inteligentes, pues, también tendrán religión. Una religión impuesta con normas dictadas por sus fríos, asépticos y científicos padresdioses: ingenieros, matemáticos, físicos y estadísticos programadores que, como ya habrán deducido a estas alturas, permitirá que las máquinas nos sirvan de entrenadoras a nosotros mientras nosotros las entrenamos a ellas, un feedback recíproco hombre-máquina hasta el final de los tiempos.

En ningún ámbito de la vida existirá posibilidad de grandes engaños como los que actualmente sufrimos, dado que cualquiera conocerá el proceso cognitivo completo en cada caso, podrá saber cómo está pensando la máquina que está ayudándole (justo lo que significa Explainable Symbiotic HI/AI Training), gracias a lo cual todo el mundo dispondrá del conocimiento certero de qué es el Bien y qué es el Mal, o qué se aproxima más a cada extremo en el caso del evanescente centro neutral. Y teniendo en cuenta toda la inexorable escala de grises entre ambos polos se elimina absolutamente la posibilidad de un escenario lineal en el que todos los seres humanos seríamos clones del mismo programador; algo que, de todos modos, impide la propia dinámica caótica de la realidad, como última barrera de contención antes del desastre.

Eso sí, hay que advertir que las máquinas serán más inteligentes que nosotros en contextos muy concretos, no en un rango tan amplio como las personas. Para que una máquina llegara a ser como una persona tendría que ser una máquina biológica como una persona, ergo sería una persona, no un robot.

 

La imagen enlaza a “Dios y la neurociencia”, donde se advierte sobre el curioso concepto “sin religión”. Fíjense también en ese “son” del subtítulo: es toda una declaración de intenciones.

 

 

Tercera: La ciencia y la tecnología se religan con Dios

 

La superación de la subjetividad religiosa, toda vez que la incursión del mundo tecnológico, con su perfil matemático, físico, sus ingenieros, científicos de datos, obligará a las ciencias blandas que más beligerantes se han vuelto contra La Religión –desde la Catástrofe Gala (la tan mal llamada como valorada Revolución Francesa), pasando por el marxismo, hasta los actuales tiempos post-socialistas– a aceptar una perspectiva fría y numérica de la realidad.

 

Muchas veces las dificultades no derivan tanto del asunto a investigar como de los prejuicios ligados a la investigación, dominados por un “infalibilismo dogmático”. (Lakatos)

 

El espectáculo de la progresiva irrelevancia de los postulados de los apóstoles del fundamentalismo ateísta presuntamente racional hasta su rendición y conversión va a ser fascinante.  Por más que algunos se defiendan como gatos panza arriba porque en ello les va la hipoteca y el ego, tan seguros y ufanos como estaban muchos creyendo que el dogma cientificista había derrotado definitivamente a Dios, sus actuales posiciones están completamente derrotadas desde el anuncio de Google, en la medida en que los datos son cuantificables, objetivables, son ceros y unos; lo que significa que si un robot o un conjunto de ellos despliega un comportamiento recesivo basado en las normas que se les ha programado, mientras que otras no lo despliegan, resultará incuestionable –con los números en la mano– que el error ha sido del programador, no de la máquina ni del programador de los robots oponentes o colaboradores.

Esto implica también que no se podrá buscar un hipotético enemigo exterior, una amenaza o intervención extranjera, para justificar los propios errores, como hacen los tiranos o candidatos a serlo, y sus acólitos. Nadie podrá justificar lo injustificable, porque las consecuencias de los actos quedarán a la vista por encima de las palabras, por más primarias emociones que susciten en los incautos.

Ya, ya sé que ahora se niega la evidencia de la correlación entre la civilización y nuestro Deus ex Machina, pero esto ha sido posible porque hasta ahora no se había producido un fenómeno tan notorio como el anuncio de Google, que será replicado en miles de empresas y laboratorios del mundo por miles de fríos técnicos que cuando estén trabajando en las normas morales de las máquinas como unos creadores cualesquiera, se mirarán unos a otros con cara de “Ya, yo también estoy avergonzado”.

Y entrando en el actual debate sobre la desaparición de puestos de trabajo sustituidos por robots, podremos encontrar entre las primeras profesiones a desaparecer en el futuro con la irrupción de la Inteligencia Artificial (la de verdad), o al menos tal y como las conocemos ahora, encontremos a los muy falibles sacerdotes y pastores actuales (ya no hablo de los gurus, maestros espirituales y demás farsantes), y también los dogmas y ritos de algunas iglesias. La religión será por fin una ciencia exacta como la matemática, una ciencia dura. Lo mismo que ocurrirá con la psicología y disciplinas afines.

 

 

Cuarta: We have a dream

 

De la constatación de que la evolución humana necesita a Dios, de que para el propósito de la evolución no vale cualquier dios, y de que la ciencia y la tecnología se van a re-ligar con Dios, se desprende el anuncio del re-arranque de la estancada evolución humana, la re-evolución, que nos llevará a un futuro en el que las personas, sanadas y vacunadas contra los virus emocionales anuladores del raciocinio sobre los que alertaba la premio Nobel italiana, vivamos con la tranquilidad de saber que las verdades ya no son meras estrategias de personajes con presuntas aviesas intenciones para mantenernos bajo control con el objetivo de destruir nuestra libertad, sino la ley básica de la naturaleza humana, el Código Divino, la Ley Natural. Y con la certeza de que vamos por buen camino, vivir con la tranquilidad de que podemos centrarnos en construir en lugar de luchar entre nosotros para sobrevivir.

 

Sólo el desorientado muerde la mano que le da de comer.

El bien orientado no la muerde: la besa.

 

Esto no significa que se vayan a detener inmediatamente todos los problemas, ni que desaparezca la posibilidad de que se produzcan guerras, graves delitos contra la dignidad de la vida y la libertad humanas, porque la tecnología no alcanza a todo el mundo, y porque la evolución tiene caminos, pero no atajos, que sólo conducen al abismo que ya ha experimentado la humanidad. Lo que sí significará es que, por fin, dejamos de ir hacia atrás como especie, de vuelta a la manipulable animalidad. Y aunque las máquinas nos ayuden a no equivocarnos, no deberemos bajar la guardia; ya saben: Vigilia Pretium Libertatis.

 

Answers: Simple Vs. Complex

menos prejuicios y más rigor

 

Hay mucho en lo que trabajar para atajar problemas que llegarán tarde o temprano, como la vulnerabilidad a impactos de asteroides, cataclismos naturales, enfermedades, gestión de los inevitables problemas económicos y sociales que surgirán, etc., y es a lo que debemos dedicarnos, en lugar de gastar tiempo, energías y vidas en ponernos zancadillas entre nosotros y al progreso, obligándonos a volver atrás. Hay mucho bien que hacer para que nuestros hijos tengan una vida mejor. No soy precisamente un romántico, ni creo que convenga serlo, así que no les voy a aburrir con detalles sentimentales sobre el futuro, intenten imaginarlo ustedes.

Espero que a estas alturas hayan coincidido conmigo en que esto constituye un hito clave en la historia de la humanidad. Y paradójicamente viene de la mano de la tecnología.

 

 

 

 

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