Inicio > Neurociencia, Psicología, Tecnología > ¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (1)

¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (1)

Resultado de imagen de herUna de las dudas más recurrentes que surgen a partir de la irrupción de esta nueva ola de Inteligencia Artificial (AI) es si, entrenados por los sistemas inteligentes (bots, chatbots, coachbots, opponentbots…), los humanos terminaremos siendo iguales, todos, clones unos de otros.

Imaginemos qué pasa por la cabeza de las personas que albergan esta duda.

Ellos ven una humanidad perfeccionada al límite por medio de la interacción con las máquinas, que para entonces serán –gracias a nosotros, los humanos– excelentes entrenadores, asesores, mejores amigos, incluso parejas (Her); una humanidad en la que nadie tendrá defectos, en la que nadie cometerá errores, en la que, en suma, llegaríamos a ser dioses.

Entonces, si llegáramos a alcanzar la perfección absoluta, superada la tiranía de las (m)emociones-automatismos,  es lógico pensar que todos tendríamos unos pensamientos perfectamente puros alineados con el bien absoluto, unas intenciones perfectamente puras y buenas, y desarrollaríamos unas conductas impecablemente coherentes con ese núcleo cognitivo perfecto. Parece bonito, ¿verdad?. Sin embargo, eso es precisamente lo que nos convertiría en clones.

       (Si tienes nociones sólidas sobre física y Teoría del Caos, no necesitas seguir leyendo, ya conoces la respuesta a la pregunta del título)

Pero, si pensamos un poco más, comprenderemos que ese es un escenario imposible. Cuando los bots y robots vayan a hacer los trabajos que hoy en día realizamos los humanos, entre ellos el entrenarnos a nosotros, se encontrarán exactamente con los mismos problemas que enfrentamos los humanos en cada paso que damos por la vida: la imposibilidad de dicotomizar la realidad. Esto es así porque en sentido estricto no podemos dividir la realidad en términos binarios bueno/malo, frío/calor, adecuado/inadecuado, sólo podemos establecer aproximaciones estadísticas a los valores absolutos. La parte buena es que el cerebro humano es una insuperable máquina estadística.

Tenemos la obligación fisiológica de dicotomizar la realidad, porque dicotomizar es un heurístico, un atajo lógico para no tardar eones en decidir cualquier cosa, por nimia que sea, como salir de casa cinco minutos antes o cinco después, elegir corbata, o el menú de hoy, entre todas las opciones disponibles, aunque sean sólo dos. Obviamente dos opciones similares, porque la duda no es si salir cinco corbatas antes, elegir si ponerse al cuello carne o pescado, o comerse cinco minutos a la plancha.

Esta característica humana, a la vez problemática y salvífica, se observa muy fácilmente gracias al contraste con el funcionamiento de un interruptor de la luz o del código binario de programación. Sabemos que el 1 abre el paso al flujo de electrones, mientras el 0 la cierra, de modo que tendemos a pensar que on/off, encendido/apagado, son absolutos estáticos: o es una cosa, o es otra.

Sin embargo, en la realidad las cosas no funcionan así, salvo para la luz en el vacío. En el no-vacío, cada fotón (luz) interacciona con los átomos que están en su trayectoria, que lo absorben y lo vuelven a emitir, lo que produce una ralentización de la velocidad resultante del fotón al salir por el otro extremo del objeto (un cristal, una gota de agua, el aire…). Su ordenador o smartphone, por más potente que sea, sufre una demora desde el instante en que usted le da una orden hasta que el aparato la ejecuta. Ya veremos qué pasa con los ordenadores cuánticos, en los que teóricamente sí es posible entrelazar partículas subatómicas para que el cambio en una de ellas provoque el cambio de las propiedades de la otra en el mismo instante, pero a priori podemos deducir que también habrá aceleraciones y deceleraciones derivadas de la transmisión eléctrica del resto de componentes.

Casi todo en la naturaleza parece estar sometido a este principio de no-absoluto, y el cerebro de los seres humanos es parte de la naturaleza, derivada de su estructura caótica –abierta– en la que la dependencia de las condiciones iniciales –efecto mariposa– produce, por ejemplo, la bifurcación de la cultura a partir del nacimiento de Jesucristo en la dirección adaptativa que hoy disfrutamos en el mundo civilizado y de la que carecen los que aún están en vías de civilización, o el drama que supusieron y aún hoy suponen para la humanidad las ideas de dos simples humanos: Engels y Marx. Como ideas ha habido incontables a lo largo de la historia, no sabemos hasta qué punto el aleteo de una idea puede desencadenar un suave viento que traiga la paz, progreso y prosperidad al mundo, o por el contrario un huracán que arrase con la libertad individual, cause la guerra, el atraso y la destrucción; pero lo que sí sabemos –o debiéramos saber– con absoluta certeza es qué ideas, qué principios, mueven al mundo hacia un lado o hacia el otro respectivamente.

El algoritmo base de la evolución debiera estar claro para todo el mundo, porque su siempre imperfecta aplicación por parte de la imperfecta suma de las imperfectas mentes humanas nos conduce a ella inevitablemente, y la aplicación de otros algoritmos, al extremo contrario. Porque obviamente no es igual el algoritmo “Todos somos iguales a los ojos de Dios”, que el algoritmo “Todos los varones somos iguales, pero las mujeres, los niños, y los infieles, son inferiores”.

 

 

A pesar de las amenazas y los ataques, afortunadamente, esa misma naturaleza caótica de la realidad blinda su inexorable evolución, su inevitable destino, frente a cualquier amenaza. Incluso en los periodos más oscuros de la humanidad como la Edad Media, un pequeño grupo de personas refugiadas en un recóndito reducto (Cluny) pueden desencadenar la reconstrucción de un fractal divino (Phi) entre la entrópica igualdad, el marasmo animal, la parálisis o el retroceso humanos. Recordemos también que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y su simbólico Muro de Berlín, construido a consecuencia de las ideas (algoritmos recesivos), cayó sólo a consecuencia de las ideas (algoritmos adaptativos), sin disparar un sólo tiro.

 

Escalas de grises

 

Más allá de los algoritmos raíz, y en términos más coloquiales, de lo anterior podemos inferir que no podemos actuar sino sobre escalas de grises de los eventos que vivimos. No podemos asegurar si algo es absolutamente bueno o absolutamente malo, ni siquiera si es absolutamente neutro. En sentido estricto, debiéramos limitarnos a asegurar que tal o cual evento es fundamentalmente bueno o fundamentalmente malo, más cerca del bien o más cerca del mal, o cercano al centro neutral con sesgo hacia un lado u otro, o que tiene mayor probabilidad de generar consecuencias positivas o negativas.

Afortunadamente, aunque sea imposible describir todas las funciones que realizan todas las partículas subatómicas que componen una realidad compleja, aunque sea materialmente imposible hacer conscientes todos los componentes de un evento cualquiera de la vida, y por lo tanto tengamos obligatoriamente que limitarnos a establecer probabilidades de que se manifieste tal realidad, sabemos que la probabilidad de ocurrencia de un evento próxima a 1 implica casi necesidad, lo que no permite deducir resultados de decisiones con bastante probabilidad de acierto.

En el cerebro, el billón (1.000.000.000.000) de indis (glía) que producen su propiedad emergente que llamamos pensamiento, cumplen la misma regla, lo que significa que es imposible saber con exactitud qué participación desarrolla cada uno en la producción de la mente en su interacción con un evento cualquiera de la circunstancia orteguiana que estemos analizando.

 

Imagen relacionada

 

O lo que es lo mismo pero a la inversa, por más que lo pretendan los neurohackers no podemos conjurar a esa miríada de indis (obviamente no todos están participando en ninguna acción, sólo participan los necesarios y en la medida en que son necesarios, pero valga la licencia) para producir un pensamiento exactamente igual a otro. Por más que lo intentemos con la tecnología que sea, hoy o en el futuro, sólo lograremos aproximaciones, nunca absolutos, entre otras razones que iremos viendo, porque como el resto de las cosas de la naturaleza, el sustrato de los indis también es cuántico; y a ese nivel, ya sabemos –siguiendo el Principio de Indeterminación de Heisenberg– que no podemos conocer la velocidad y la posición de una partícula subatómica a la vez: o conocemos una cosa, o conocemos otra, porque los instrumentos de medida influyen en ambas (el fotón de luz que usamos para verla impacta contra ella y modifica su posición y su velocidad, modificando la trayectoria). Esto significa que cualquier aparato que usemos para intentar que el cerebro copie algún pensamiento o acción, sea por medio de la radiación que sea, estará modificando indeterminadamente las estructuras sobre las que está actuando, y de forma impredecible.

No crean que recurro a la hipérbole para afirmar la enorme sensibilidad de los componentes cuánticos del cerebro a cualquier interacción. Existen muchas realidades físicas que podríamos calificar como increíbles, por ejemplo ¿sabía usted que nuestra retina es capaz de reaccionar al impacto de un solo fotón? Es cierto que un software natural reductor de ruido evite que se envíe la señal al córtex visual a cantidades mínimas a 6 fotones, pero percibirlo, lo percibe. Y tenga en cuenta que un fotón es tan pequeño tan pequeño que… ¡¡no tiene ni tamaño!!

Eso sí, si logramos activar un número suficiente de indis, por ejemplo mediante inducción magnética de un área del cerebro (ergo población indial), podemos generar imágenes mentales, movimientos o sensaciones similares a un determinado patrón, pero nunca una copia exacta de la idea matriz, sino una copia borrosa. Hay demasiados indis implicados, cada uno con sus característica individuales concretas, y cada uno de ellos compuesto por demasiadas partículas subatómicas. Por eso no nos conviene flipar con teorías esotéricas: el entrelazamiento cuántico funciona a nivel subatómico, pero no en el supra atómico, por más pequeño que sea el objeto que observemos, tal que un indi (micras), y no se me ocurre ningún método, presente o futuro, para manipular la cantidad suficiente, y en la medida correcta, de partículas subatómicas del cerebro, de forma que reproduzcan exactamente… nada que queramos que reproduzcan. Usted mismo ¿ha tenido en alguna ocasión algún pensamiento exactamente igual a otro?. No. Pues eso.  

Saltando del nivel individual al siguiente, esta imposibilidad de lograr que el cerebro humano conozca en su totalidad las propiedades de ninguna realidad supra atómica, lo que le imposibilita dicotomizar en sentido estricto, se traslada al mundo de lo social (como dicen los esotéricos: Microcosmos = Macrocosmos), impidiendo ponderar todas las realidades que la componen. Usando la frase del físico John Bell: “Ninguna teoría determinista local puede reproducir TODOS los resultados de la Mecánica Cuántica”, lo que podemos traducir para nuestros propósitos como que es imposible, a una escala humana, conocer todos los elementos que componen una circunstancia, de forma que podamos afirmar categóricamente que algo en este mundo es absolutamente bueno, absolutamente malo, o absolutamente neutro. Siempre se nos escapa algún dato, algún elemento a tener en cuenta. Sólo podemos establecer aproximaciones, probabilidades más o menos aproximadas, de que algo desencadene otro algo. A nivel humano no existen las decisiones perfectas, las hay mejores o peores, pero no las que produzcan exactamente el resultado previsto.

 

(Continúa en el siguiente capítulo)

 

 

 

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: