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¿Es posible una Inteligencia Artificial igual a la humana?

Pasando por alto que el concepto inteligencia está mal comprendido y por lo tanto mal utilizado (me recuerda con sorna un amigo tuitero que inteligencia es lo que miden los test de inteligencia), podemos hacer un ejercicio de imaginación para darnos cuenta de que el empeño de producir mentes humanas totalmente sintéticas es un imposible, y que la única posibilidad de lograr replicar la mente humana es mediante la concepción y crecimiento a través de procesos caóticos desde lo simple –dos células con su ADN, donde cabe más información que en un camión lleno de ordenadores– a lo complejo, de un nuevo ser humano de carne y hueso.

 Resultado de imagen de coma

 

Empecemos con el ejercicio. Deje que su mente forme la imagen de un ser humano adulto al que, por arte de birlibirloque siliconvallesco, se le sustrajera toda la información contenida en su cerebro y almacenado en un inmenso Big Data. No es cuestión de que el individuo no recuerde nada, de que no tenga acceso a su memoria, sino de que quede solamente la estructura, vacía de contenido. Ya, ya sé que es un escenario radicalmente imposible, se mire por donde se mire, pero trate de imaginarlo.

En su escena mental, el sujeto aparecería inmóvil, completamente inerte, sin ningún tipo de reacción; le podríamos pedir que nos hablara, pero no hablaría, ni pensaría. Nada. De hecho ya hace rato que estaría muerto, pero vamos a suponer que se le ha conservado a propósito la información necesaria para mantener la biología esencial activa, como si estuviera en coma. A efectos prácticos, funcionales, sería igual que si no tuviera cerebro, le podemos someter a cualquier test o batería de preguntas, pero no podrá responder a nada.

Vayamos rapidito al siguiente paso de la historia imaginaria, no vaya a ser que al pobre sujeto experimental le ocurra algo irreparable. Ahora que ya hemos hecho el perfectamente prescindible experimento-tortura de verificar científicamente (porque ya sabemos que en tanto un científico no verifique que una cosa es, ¡no es!. (lol)) que sin información un ser humano no es más que una masa biológica sin propósito (ojo), queremos reintegrar todo el conocimiento personal de ese individuo particular a las diferentes áreas del cerebro, todo bien colocadito, allá donde se suponga que se debería colocar, cada cosa en su sitio. Es indiferente si lo hacemos con el pincho en los sesos estilo Matrix, neuroimplante estilo NeuraLink de Elon Musk o Kernel de Bryan Johnson, estimulación magnética transcraneal, optogenética, o lo que sea, incluyendo el mismo arte sustractor de birlibirloque. Que sí, que ya sé que es imposible, pero haga el esfuerzo de imaginarlo.

Bien, ya tenemos al humano adulto de nuevo con toda su información bien colocada en sus bibliotecas cerebrales. ¿Verdad?. Pues ahora tocaría comprobar si, efectivamente, el sujeto podría interactuar con el contexto adecuadamente. Mientras se despierta del todo, le ponemos, por ejemplo, ante una fotografía de una flor, concretamente una margarita, y le pedimos que nos diga qué ve.

 

Resultado de imagen de margarita

 

Quizá esté usted ahora imaginando que el sujeto contesta: –Una margarita. Sería todo un éxito. No ha dicho “una flor”, sino “una margarita”, así que la cosa parece que ha ido bien. Pero eso ya lo hacen los ordenadores de hoy en día, y de forma muy eficiente, así que no nos sirve. Así que haremos otra prueba para comprobar si el sujeto funciona como un humano normal. No vamos a ponérselo difícil a propósito con preguntas rebuscadas tipo Jeopardy!, simplemente le decimos: –Hala, majo, a vivir, que son dos días. Y le devolvemos a la calle.

¿Podría comportarse normalmente en su propia vida, más allá de los efectos transitorios de la operación? ¿Por qué no? Recuerde que sólo estamos imaginando y que no hemos tocado nada más que la información.

Ahora dejémonos de historias y volvamos a la realidad, porque toca pensar el porqué ha ocurrido esto. Empecemos por recordar que el cerebro humano, efectivamente, tiene una estructura definida con sus diferentes partes igualmente muy bien definidas, lo que nos trae la idea de una biblioteca virtual con su estructura de ficheros, bien organizada. Sin embargo sabemos que no es así. El cerebro humano no es una Wikipedia, no tiene páginas estáticas con hiperenlaces a otras páginas, sino páginas –en realidad billones de microcomputadores biológicos hiperconectados, cada uno en su lugar (si nos quedamos a este nivel sin descender a lo subatómico o subcuántico)– distribuidas por todo el orbe encefálico y vinculadas entre sí dinámicamente, interrelacionando, viviendo en sociedad, igual que vivimos las personas. Caóticamente. Pero aunque sean pequenitísimas, a su nivel, saben pensar (pesar información).

 

Los torbellinos grandes tienen torbellinitos
que se nutren de su velocidad.
Y los torbellinitos tienen torbellinititos.
Y así hasta la viscosidad.

Lewis F. Richardson

Apuesto a que la frase ha conectado a más de uno con la idea del Condensado Bose-Einstein 😉

 

Llevada la idea del cerebro individual al nivel organizativo superior, el de la sociedad humana como holón superior, cuando más de la mitad de los habitantes de una población se van de vacaciones en agosto, como ocurría antaño en Madrid, todo se ralentiza, hay menos interacción, menos movimiento, menos comunicación… a veces parece una ciudad fantasma, sin vida, sin apenas actividad, porque faltaba el elemento humano que necesitabas para cualquier cosa; todavía ocurre, aunque cada año menos. Pero cuando vuelven las personas, todo sigue en su sitio, la estructura está intacta, así que cada uno vuelve con sus mentes, con sus pensamientos, sus ideas, con sus conocimientos, a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo, y se reinicia la interconexión que da lugar –al caótico tran tran, imagine si lo hiciéramos bien– a la evolución de todos. Pruebe a pensarlo así cuando vuelva de las próximas vacaciones o fin de semana.

 

keep calm and adiós vacaciones

 

Bien, pues probemos ahora a imaginar la escena al contrario: volvamos a la ciudad, pero ya en un día cualquiera de un mes no vacacional, lleno a tope de gente y actividad, por ejemplo en octubre y, una vez allí, quitamos toda la estructura material tecnológica y dejemos a las personas en el sitio en el que están, lo que puede significar, además de otras cosas, que entre usted y su familia, especialmente sus hijos, pueden mediar decenas o más de kilómetros de puro erial, que tendrían que recorrer abrasados por el sol o helados de frío y en todo caso asustados, cuando antes les separaban unos tranquilos minutos en coche o avión. Duraríamos vivos dos telediarios –el que los durase–, porque volvería la Ley del Más Fuerte. Y los que sobrevivieran volverían a empezar desde cero. Toda la información, todo el conocimiento acumulado desde Atapuerca se esfumarían, inútiles, porque perderían su valor ante la potencia de los bíceps y las estrategias más rudimentarias de supervivencia. Volvería la esclavitud, por ejemplo, y los premios Nobel y títulos de campeón del mundo de Fórmula 1 no servirían de nada.

 

Resultado de imagen de mad max

 

Igual que la configuración material de los continentes, países, las ciudades, barrios, manzanas, bloques de viviendas y oficinas, vías de comunicación, equipos… son la estructura tecnológica sine qua non que posibilita la circulación de personas, mentes, ideas, capitales, productos… que permiten lograr el progreso material y mental en el orbe humano, y que se ha desarrollado de forma caótica pero siempre hacia el progreso (salvo lo obvio), no es sino la estructura material, no tecnológica sino biológica, cerebral, lo que posibilita la emergencia de la mente humana a partir de la interconexión de sus materiales indi-viduos y de estos con los igualmente materiales neuronas, órganos sensoriales y eferencias varias. Todo ello interactuando con el contexto en el que se desenvuelve el ser humano.

Es precisamente la estructura cerebral, la interconexión de millones de entre esos billones de indis (glía) dotados de estructura, con su micromente particular, y responsables cada uno de pequeñas partes del procesamiento de la aparentemente nimia experiencia de escuchar “¿Qué es eso que ves?”, lo que permite afirmar mediante los mismos recursos materiales esta otra nimiedad: –Es una margarita.

Así que, igual que no es posible alcanzar la civilización colectiva sin infraestructura material, tampoco es posible la civilización humana individual sin su propia infraestructura corpórea concreta. Ergo, o mucho me equivoco, o la única forma de crear nuevos seres –ahora sí vamos a decirlo claro– potencialmente inteligentes como los humanos seguirá por siempre siendo la natural de toda la vida.

 

 universos rebanada

 

A no ser que lleguemos a un nivel de perfeccionamiento tal –que llegaremos– que nos permita construir o actuar sobre otro universo virtual como el nuestro, con sus mismas leyes, en el que sembrar de nuevo la semilla de la vida y dejarla iterarse durante eones sometida a las mismas pocas leyes. Porque, una vez más y como siempre, la dinámica caótica de la realidad que opera en todo universo nos impediría crear seres adultos vacíos, o máquinas, a los que implantar la información que deseáramos usando el Big Data de toda la historia humana y unos algoritmos de birlibirloque.

 

Duerman tranquilos.

 

s.e.u.o.

 

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