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Las posibilidades reales de la Inteligencia Artificial

El robot pensador de Rodin

el robot pensador

 

Pensado ya desde todas las perspectivas posibles a mi alcance, y concluyendo coherentemente la imposibilidad de lograr desarrollar sistemas sintéticos dotados de Inteligencia Artificial similares a los humanos tal como prometen ciertos personajes, empresas, y medios de comunicación (hasta DARPA afirma que no existe ningún sistema inteligente), sería propio de un simple crítico no postular, hasta donde aconseja la prudencia, mis ideas de cómo lograr el único tipo de artefacto sintético relativamente pensante que concibo posible.

No vamos a tratar aquí de esa parte de la AI enfocada al reconocimiento o generación de imágenes, sonidos, etc., que es a lo que suelen referirse implícitamente –sin manifestarlo explícitamente, para mantener así creciendo la burbuja, sino de emulación de la interacción de igual a igual entre humanos, que es el máximo rendimiento posible en el reino animal. Las imágenes mentales que tenemos hoy en día son lo que conocemos genéricamente como robot (artefacto autómata programable) o bot (software), que es de lo que vamos a tratar, y que puede dar lugar a diferentes tipos, como ChatBots, CoachBots, SparringBots, etc., en función de las aplicaciones concretas en que se usen, aunque posteriormente sea posible unificarlos.

Nos vamos a referir exactamente al significado real de Inteligencia Artificial: sistema sintético capaz de manejar y pensar información con criterios de eficiencia adaptativa.

Se habrán dado cuenta de que he omitido el atributo de moda: “que sea capaz de aprender”; porque no es tal capacidad la que define la inteligencia, sino el vano sueño de los interesados, que de materializarse aliviaría su carga profesional. También notarán que falta alguna referencia a la dimensión moral de forma explícita –que es una de las mayores e infundadas preocupaciones actuales, de las de poner la venda antes de la herida–, aunque no es necesario, porque va implícita en la definición global. Y sí, una máquina puede pensar.

La clasificación para desarrollar la Inteligencia Artificial que es posible lograr y que viene a continuación no es una taxonomía, porque todos y cada uno de los elementos que se citan son condición sine que non para el éxito en la tarea. Y seguro que se me olvida mencionar alguno más.

 

Inteligencia Artificial:

Sistema sintético capaz de manejar y pensar información

con criterios de eficiencia adaptativa.

 

 

Primero: Participantes en la función   

 

Aunque parezca una obviedad, es importante para lo sucesivo tener en cuenta que lo primero que necesitamos son al menos dos sujetos, uno agente –el que entrena y al que se supone poseedor, al menos en parte, de las habilidades que trata de desarrollar en el otro–, y otro paciente –el entrenado, que carece de tales habilidades o no las posee suficientemente desarrolladas–, o varios de ellos.

Que un bot sea entrenado implica uno o varios entrenadores. Más entrenadores, con más cualificación, y más tiempo de entrenamiento, cuanto mayor sea el número de habilidades y el nivel de perfección se pretende que alcancen. Esto, que parece obvio hasta aquí, es clave, y el tapón que actualmente se están encontrando en el desarrollo de la AI, errores de concepto aparte.

 

rómulo y remo

 

Y del mismo modo que en la naturaleza humana no puede darse el autoentrenamiento (autoaprendizaje) para ser persona, sino que éste debe –necesariamente– ser mediado por otros seres humanos, un bot –al menos el primero– no puede adquirir habilidades mentales humanas sin humanos que las posean y que le entrenen en ellas.

El caso de los Niños Salvajes o Lobo es esclarecedor al respecto. Si la evolución hubiera encontrado, o el diseño inteligente conocido, un medio mejor para llevar al máximo las posibilidades mentales en este universo dotado de leyes naturales, lo hubieran implementado. Esto implica la negación de la posibilidad de generar Inteligencia Artificial a base de Big o Smart Data, Deep Learning, Convolutional Networks, y sus correspondientes algoritmos, o cualquier otro modo que no sea el natural. Sería gracioso que un chisme pudiera aprender por sí mismo a ser inteligente, cuando los humanos somos incapaces.

 

Resumen de este punto:

Un bot no puede aprender solo. Son necesarias muchas personas, muchísimas, y con una buena cualificación, para entrenar un solo bot.

 

 

 

Segundo: Relación Simbiótica

 

Va una adivinanza: ¿Qué hace falta para cerrar una puerta? Si no lo sabe, piense un momento. Que esté abierta. Es la única condición necesaria. (Ahora pase el puntero del ratón, pulsado, sobre el espacio en blanco precedente para descubrir la solución. En el caso de que esté leyendo en móvil o tableta, haga una pulsación sostenida en el hueco como para seleccionar)

Pues igual que en la adivinanza, igual que manejando un instrumento cualquiera es el propio instrumento quien posibilita el dominio humano de su manejo, igual que para realizar la operación de llenado de un vaso de agua éste debe estar necesariamente vacío, vacío que el vaso aporta al agua y al agente de llenado, entre seres humanos el proceso de entrenamiento es siempre simbiótico. Y si no lo es, alguien está dejando de entrenarse.

Esto significa necesariamente que el bot tiene que aportar algo al binomio (un ladrillo, un neumático, o una silla, no aportarían nada útil), igual que las personas aportamos ciertas características y habilidades innatas cuando somos bebés: sentidos para conocer, capacidad de succionar, llorar, reír, prestar atención, movimiento, plasticidad cerebral… En el caso de los bots, lo que aportan son sus mecanismos básicos de adquisición de conocimientos y procesamiento de información que, a diferencia del caso humano, no han sido engendrados, sino creados, han sido previamente desarrollados por los seres humanos, a nuestra imagen y semejanza. (Quizá esto le traiga a la cabeza la metáfora bíblica de la creación en el Génesis y se imagine que vivimos en una especie de SecondLife holográfico).

Sigamos. Los padres e hijos nos entrenamos recíprocamente. Los hijos aportan su estructura de información básica y de gestión de la misma, y nosotros entrenamos nuestras habilidades –o torpezas– paternales ejerciendo de entrenadores de ellos, con el objetivo de que se hagan adultos y, deseablemente, se inserten satisfactoriamente en la vida social adulta aportándose a sí mismos a los demás; aportando aquello en lo que han sido entrenados, sea bueno, malo, o regular. En el caso de los padres poseedores de tal nivel, entrenarles para que sean adultos cultos e inteligentes, conforme a la definición anterior de inteligencia: capaz de manejar y pensar información con criterios de eficiencia adaptativa.

La relación paterno-filial es, pues, un bucle de retroalimentación permanente, que dura muchos años (toda la vida), y en el que incursionan también prójimos como hermanos y resto de familiares, vecinos, amigos, profesores, compañeros… colaboradores necesarios en el desarrollo de habilidades para preservar la vida, la salud, y perfeccionamiento de todos, recíprocamente, a modo de fractal virtuoso. En el panorama no actual, pero deseable, insisto.

 

Resultado de imagen de gif fractal

 

Además, el entrenamiento de un bot que nos entrene recíprocamente tiene que respetar los principios básicos de progresividad de las cargas de entrenamiento: de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complejo, y de poco a mucho. No tanto por saturar el sistema artificial, sino porque un cachivache incansable podría fundir los sesos a algún humano obsesivo. Aquí tiene mucho que decir la ciencia deportiva con sus estrategias de planificación.

En el caso de cualquier otra interacción amistosa poseedor-carecedor ocurre lo mismo, incluso en las conversaciones informales, los intervinientes se entrenan recíprocamente, aportando más quien mayor conocimiento posee de algún tema pero que adquiere, entrenando al otro, una mayor claridad o dominio del tema del que se trate. Las discusiones y conflictos son otra cosa, que habrá que dejar para el siguiente punto.

 

Resumen de este punto:

Sólo puede desarrollarse un sistema sintético inteligente mediante la simbiosis entre éste y las personas. 

 

 

 

Tercero: Código Válido Común

 

Para lograr que ambos miembros del binomio interaccionen con criterio global de eficiencia adaptativa, deben necesariamente compartir código común, algo que tampoco sucede en la actualidad.

 

Ya ves. ¡Te has cubierto de gloria!

No sé qué es lo que quiere decir con eso de «gloria» –observó Alicia.

Humpty Dumpty sonrió despectivamente.

Pues claro que no. Y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».

Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» –objetó Alicia.

Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso –quiere decir lo que yo quiero que diga; ni más ni menos.

La cuestión –insistió Alicia –es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

La cuestión –zanjó Humpty Dumpty –es saber quién es el que manda, eso es todo.

 

Y dado que no sucede en la vida humana, ¿cómo iba el ser humano a desarrollar un sistema sintético que llamara a las cosas por su nombre?. ¿Cómo puede enseñar a hablar quien no sabe hablar? ¿Cómo puede, quien desconoce la realidad, explicarla a otros? ¿Cómo puede, quien carece de una habilidad, entrenarla en otra persona o bot? Y más allá, ¿cómo pueden unos malos padres en un mal entorno social criar buenos hijos?

Tan orgullosos estamos de nuestras democracias en comparación con las tiranías antidemocráticas, que tendemos a pensar que la realidad es democrática, que en ella todo se decide de forma consensuada entre todos sus componentes, mediante libre sufragio universal. Y no, no es así. La naturaleza se rige por unas pocas leyes que nadie ha votado, pero a las que todo está obligatoriamente sometido: las Cuatro Fuerzas Fundamentales y alguna que otra más; o menos, porque los físicos están buscando unificarlas todas en una, y lo mismo dan con ella un día de estos, en cuanto el LHC lo permita.

En el mismo sentido democrático, estamos orgullosos de que en nuestro civilizado mundo se respeten todas las opiniones, sin darnos cuenta del enorme error que supone esta idea. Lo que merece respeto no son las opiniones, sino el derecho a manifestarlas. A no ser que convengamos que deben ser respetadas las opiniones de los muchos Humpty Dumpty que el mundo ha dado. Usted puede perfectamente, y de hecho lo hace constantemente, despreciar completamente una opinión, y está en su legítimo derecho de hacerlo (es cierto que ahora existen algunas excepciones, en casos de discriminación positiva).

Esto significa que, para superar este estado de Torre de Babel, de confusión no sólo de lenguajes, sino también de ideas, es necesario un consenso sobre el significado de cada cosa, incluyendo las Leyes Fundamentales de la evolución humana. Más de uno pensará que eso ya lo hay, porque existen los libros, internet, los colegios, universidades, medios de comunicación… pero como cualquiera ha comprobado en infinidad de ocasiones, en esos entornos existen tantas diferencias conceptuales como en la bíblica Babel, precisamente porque Internet es democrática, lo que significa que las cosas significan lo que cada uno considere. Y así está el mundo. La humanidad sólo evoluciona cuando la mayoría de los partidarios de la civilización estamos unidos; cuando tenga un rato eche un vistazo a gráficos de evolución de países y seguramente comprenderá el significado etimológico –real– de los antónimos símbolo/diábolo.

Hay que tener en cuenta, por supuesto, que estas diferencias conceptuales son adaptativas, porque sin ellas el mundo hubiera podido precipitarse rápidamente a la destrucción a la orden de algún chiflado Humpty Dumpty, y a punto hemos estado, precisamente mediante esa parte de la ingeniería social que se dedica a la prostitución del lenguaje; lo que no implica que esto tenga que ser siempre así, o que sea conveniente que sea así en el futuro si pretendemos seguir evolucionando como especie (potencialmente) inteligente. 

 

Resultado de imagen de torre de babel

Del caos surge espontáneamente, libremente, el orden

 

Teniendo estos argumentos en cuenta, y para evitar seguir atascados en la esterilidad en el desarrollo de la AI, se puede concluir que la única forma posible de lograr bots inteligentes –a relativa imagen y semejanza de los humanos– es el entrenamiento simbiótico entre personas y bots, de forma que entre nosotros y ellos nos entrenemos en este asunto, para lograr converger en llamar a las cosas por su verdadero nombre.

Otra dimensión de este mismo punto es la relativa al juicio, al carácter juicioso o no juicioso, a la cualificación de los entrenadores humanos de los bots, a su eficiencia cognitiva. Siguiendo el Principio de Pareto, al menos el 80% de la población mundial es la parte que destruye lo que el otro 20% construye. Esto significa que, para poder entrenar habilidades mentales adaptativas y no liar un democrático Babel, el bot tendrá que pre-entrenarse con sistemas y ontologías que permitan a sus entrenadores objetivar al máximo sus pensamientos, porque ya sabemos que los pobres (Tay de Microsoft) aprenden democráticamente cualquier cosa, incluso que habría que exterminar a los mexicanos.

Lo contrario, como ya hemos visto en el caso de Tay, significaría inevitablemente que los bot, en lugar de ayudar al ser humano a evolucionar, nos enzarzarían en más disputas o agravarían las actuales. Esta razón es la que exige que, en el desarrollo de los bot, se apliquen criterios de explicabilidad de los procesos, lo que llamaríamos en términos políticos transparencia, y en inglés, en el ámbito en el que estamos, Explainable AI. para poder conocer en todo momento qué demonios está cavilando el aparato y corregirle (feedback) si es necesario, en caso contrario, además de organizarse inacabables batallas de bots en la red, el aparatito podría estarnos llevando directamente al infierno en todos los sentidos del concepto. Bien construido, sin embargo, será como tener un Platón particular a nuestra entera disposición. Y además sin sesgos humanos.

Al respecto, es vital advertir que el bot generado con estos principios debe también respetar la máxima de permitir (a Asimov se le olvidó citarlo entre sus Leyes de la Robótica) el ejercicio del limitado libre albedrío del que dispone en su equipamiento de serie el ser humano –aunque no lo use, o lo use mal, o sólo cuando le interesa–, lo que implica, como en la relación coach-coachee, que quien tome las decisiones sea finalmente el humano, porque es el único responsable de sus actos en el binomio. En caso contrario, nos encontraríamos en el absurdo escenario en que ellos serían la especie culmen de la evolución, en lugar de nosotros; ellos serían los dominadores y nosotros los esclavos.

 

Resumen de este punto:

Los padres del artilugio o sistema virtual deben compartir un código común ajustado a la realidad si se desea que sus hijos posean una buena cualificación.

 

 

Cuarto: comprender cómo surge la mente

 

No podemos replicar una mente humana inteligente en una máquina sin saber qué es la mente humana. Es una obviedad, y otra de las claves del estancamiento actual de la AI. Los esfuerzos actuales están condenados al fracaso en tanto no se embarquen seriamente en dilucidar, sin afanes de protagonismos, ni apoyándose en galones otorgados en el País de las Maravillas o falacias de autoridad, qué demonios es la mente. Preguntar a los neurocientíficos no ha dado resultado, así que tendrán que pensar en otra cosa.

Pero conociendo el funcionamiento del cerebro humano, se puede llegar a la conclusión de que lo conveniente es intentar lo factible y destinar los recursos económicos y el talento de los técnicos a hacer lo que sí es posible. Y lo posible es crear sistemas que, igual que hacen los actuales, nos ayuden a mejorar nuestro rendimiento personal y profesional. Lo demás es una utopía.

 

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Cómo desarrollar un bot inteligente

 

Así es como es posible desarrollar un bot que preste un extraordinario servicio a cada persona y la humanidad entera:

La estructura básica de un sistema sintético inteligente debe nutrirse de ontologías lingüísticas, por supuesto, ya que es por medio del lenguaje como nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás. Las hay de todos los colores y para todos los gustos, así que este problema está resuelto. Otra cosa es que se les saque buen partido. A partir de ahora voy a ser más críptico.

Después son necesarias varias categorizaciones sucesivas adicionales del lenguaje, que son las que entroncan con la realidad, porque como hemos dicho, sin acuerdo sobre este punto, lo que tenemos es un chisme tonto que gana al ajedrez, al go, al Jeopardy!, te aburre mortalmente en el asistente virtual de tu smartphone, o dice barbaridades en Twitter. Esto se está haciendo desde hace tiempo, pero hasta ahora incorrectamente.

Otro elemento imprescindible es diseñar los procesos mentales del bot siguiendo el modelo humano. Esto es relativamente fácil para algunos de los procesos de los que utiliza el ser humano, pero para otros es endemoniadamente difícil hasta que, como suele ocurrir, alguien lo vea y, a toro pasado, diga: –¡Anda, pero si era lógico!. 

Y finalmente, dotar al bot de consciencia. Sí, he dicho consciencia. En serio lo he dicho. Sí. ¿Le parece que fanfarroneo? Pues aún se asombrará más si digo que, además, debe ser dotado de consciencia moral. Sí, deje de frotarse los ojos, lo he dicho, no ve visiones. He dicho consciencia y moral. Y añadiré, para llevar al paroxismo su estupor, que moral adaptativa.

Una consciencia que supervise todo el proceso de interacción humano-bot. Sin ella, los procesos podrían ser perfectamente inútiles o, incluso, peligrosos, porque se podría entrenar a gente para matar, robar, o cometer cualquier otro delito con mayor eficiencia. Ya, ya sé que estarán pensando que voy de farol, pero no.

 

Ahora sólo hace falta que miles y miles, millones de personas, quieran adoptar el bot como si fuera un Tamagochi. Hasta ahora ha sido imposible, porque nadie ha conseguido darles nada suficientemente útil a cambio, incluso garantizándoles mágicos beneficios. Sólo querrán participar si les promete algún beneficio significativo y tangible a corto y medio plazo. Pero lo realmente impresionante será conseguir que quieran pagar por ello.

Creerá que es imposible, pero no lo es.

 

#AdoptaUnBot

 

 

Relacionados:

Qué es inteligencia –Artificial–

 

 

s.e.u.o.

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