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La mejor estrategia para dejar de fumar es no intentarlo

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Es comprensible que, con el mareo que nos producen los constantes datos estadísticos publicados respecto al número de fumadores, incidencia de cáncer y otras enfermedades en fumadores, el aluvión de cifras, la mezcla –muy propia del método científico– de churras con merinas para terminar por no saber si el consumo sube o si baja, o qué es causa y qué consecuencia, es difícil tener una idea certera del panorama de la pandemia de tabaquismo en el mundo.

Para no hacer el juego a la manipulación –y a la demonización– del tabaco, cuando uno se ha tomado la molestia de estudiar el problema, hay que decir, de acuerdo con la Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo (SEDET), en conversación fuera de micrófono, que no existe ni un solo método en el mundo hasta el momento que supere el 20% de eficacia –si la fuente no fuera de SEDET, el porcentaje se reduciría en una decena al menos– en el propósito de lograr que los fumadores se liberen de la adicción.

Pero tampoco es necesario recurrir a partes interesadas, que negarán hasta el último aliento haber afirmado semejante dato, simplemente echar un vistazo en la web al maremágnum de estadísticas contradictorias entre sí, para darse cuenta de que en este asunto parece que hay gato encerrado.

Lo peor del caso no es la frustración de las expectativas, que pueden comprobarse preguntando a un farmacéutico cuánta gente acude a pedirle ayuda para dejar de fumar que ya no confía en los métodos habituales, lo peor es que el fumador está inerme ante la adicción, y acosado por un puritanismo con tintes cada día más talibanes.

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No, no hay ninguna garantía

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Nadie, ninguna estrategia, puede garantizar que nadie deje de fumar al 100%, y muchísimo menos, para siempre jamás. Y si alguien se encuentra con alguien que lo afirma, que los hay a espuertas en este vasto negocio lleno de conflictos de intereses, que le conste que le está mintiendo para sacarle el dinero y/o someterle a sus desvaríos.

El método más conocido, el famoso Easy Way de Allen Carr, que triunfó con su libro “Dejar de fumar es fácil si sabes cómo” es un buen ejemplo: no existe ninguna estadística mínimamente fiable acerca de su efectividad. Pero no se trata de hacer leña del árbol ya caído, porque tampoco las hay en las innumerables instituciones públicas de ayuda al fumador, y menos si tenemos en cuenta que la mayoría de los que logran dejar de fumar unos meses (¿efecto placebo?) forman parte de las estadísticas de éxito, terminan por recaer y perder el interés en volver a pedir ayuda porque saben lo que les espera: ansiedad, dinero, medicamentos tóxicos y tiempo perdido.

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Asumir la realidad

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Es preciso asumir que nadie, nunca, puede asegurar a nadie que puede conseguir que abandone el hábito –vicio, adicción– de fumar absoluta y definitiva; lo contrario es seguir huyendo hacia adelante a la espera del siguiente medicamento o método milagro que cubra las vergüenzas que la realidad ha dejado al aire. Se impone salir de Matrix, reconocer la realidad para poder modificarla, porque en caso contrario lo único que modificamos son las fantasías e hipótesis, y la cartera –a la baja–, pero sin producir el deseado efecto sobre la realidad.

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Gana poder aceptando la realidad

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El punto de partida correcto es el que refleja la realidad, no lo que quieren vendernos: que el número de fumadores en España se mantiene aproximadamente inamovible desde hace 50 años, descendiendo sólo significativamente el número de cigarrillos per cápita, tal como se cita en este inusualmente políticamente incorrecto artículo. La prueba más palpable es el alarmismo médico sobre el estado actual de la cuestión y de las propuestas de medidas legislativas progresivamente más inquisitoriales contra el fumador de los que supuestamente viven de ayudarle, en un implícito reconocimiento de su impotencia y su talante liberticida. Si las iniciativas hubieran dado fruto no sería necesario, porque el tabaquismo sería un problema residual. Hay que afirmar sin titubeos el estrepitoso fracaso de los expertos en tabaquismo.

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Qué hacer

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Partiendo de la aceptación de la realidad, de la dificultad real de la empresa, lo primero es dejar de hacer promesas vanas, después, y esto especialmente para los torquemadas dedicados profesionalmente a ayudar a la deshabituación, una visita a un buen psicólogo para tratar de superar la frustración profesional y evitar así transferirla agresivamente al supuesto auxiliado, al que se convierte en culpable de su propia adicción y la ineficiencia del profesinal.

Después, desarrollar métodos realistas, conscientes de que la recaída no sólo es posible, sino que es la opción más plausible. Estrujarse la cabeza, salir de la zona de confort, dejar de apoyarse en investigaciones y expertos que llevan decenios demostrando la utilidad de sus quehaceres profesionales, y usar la tecnología para algo más que ridículas apps para contar cigarrillos, el dinero ahorrado, tratar de amedrentar al fumador con fotografías escatológicas, y soltar tips y consejitos de a céntimo el gigabyte.

El primer sistema que se plantea el tabaquismo con pensamiento lateral, out of the box (perdón por los palabros) para desarrollar un sistema con el que es posible dejar de fumar sin tener que hacer ningún esfuerzo por dejarlo, y sin sufrir ni un momento de ansiedad, es DONTRY.coach.

Lo que recomienda este disruptivo método es justo lo contrario: lo que debe hacer el fumador es volatilizar cualquier intento de dejar de fumar, fumar como habitualmente, mientras se entrenan, y por tanto fortalecen, las rutas neuronales con las que antes de convertirse en adicto se afrontaban las circunstancias poco placenteras de la vida. Así puede conseguirse reducir drásticamente el consumo, abandonarlo completamente (sin garantías de eternidad), y poder fumar de vez en cuando, como de vez en cuando nos tomamos una copa, sin por ello recaer en la adicción. Lo que ofrece DONTRY.coach al fumador es justo esto: libertad.

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  1. 07/02/2018 en 19:53

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