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Keyword: ‘programación neuro’

Dios y la neurociencia

Dios - Más Allá de la FormaciónDesde el homo sapiens, hace unos ciento y pico mil años, los seres humanos se han sentido (a falta de conocimiento, buenos son sentimientos) abrumados por lo ignoto, empequeñecidos por las misteriosas y caprichosas fuerzas superiores, primero las de la naturaleza porque el seso no les daba para imaginar más, posteriormente antropomorfizadas (considerar a un elefante un dios, como es el caso de Ganesha, parece más bien de críos) en deidades menores normalmente bajo un dios superior, que finalmente acapara todas las fuerzas –omnipotencia– en las grandes religiones monoteístas: hinduismo, judaísmo, cristianismo, mahometanismo (atención a los términos musulmán e islam, con los que se busca hacer creer que se trata de una religión diferente y no una versión –ponga usted aquí el atributo que desee– de una previa). Confieso que no me gusta incluir a todas en la categoría “religión”, prefiero dividirlas en religión y pseudorreligiones atendiendo al significado etimológico de la palabra, pero este no es el debate de hoy, por lo que sólo lo advierto, aunque más adelante se verá (del verbo Ver) nítidamente.

Esa pequeñez humana con respecto a las fuerzas de la naturaleza ha generado una curiosidad inagotable por comprenderlas y ganarse sus favores, hasta el punto de hoy en día, cuando en plena revolución científico-tecnológica que se supone obligatoriamente aconfesional se denomina a los esquivos bosones de Higgs como “La partícula de Dios”. Bosones trascendentales para entender la realidad debido a su potencial encaje en el entramado de la realidad física como los que aportan la masa (estamos hablando de duales ondas-partículas, ojo, como alma-cuerpo) a los objetos y sin la cual la fuerza de la gravedad no existiría, igual que de ser así ocurriría con nosotros. De hecho el universo que existiría sería una masa informe, indiferenciada, homogénea, pura entropía, gurruño sin sentido como una agrupación infinita y caprichosa de ceros y unos uno a continuación del otro. Si esto le evoca a uno lo que algunos ilustres y respetados científicos creyentes en el azar como elefante de compañía llamaron “ADN basura” porque no sabían qué era y qué función tenía hasta que descubrieron el concepto epigenética… ¡Bingo!. Como para otorgarles –fe de meapilas cientifista mediante– el patrimonio exclusivo de determinar absolutamente qué es verdad y qué es mentira.

Nota: para que no les quepan dudas de mis intenciones, de qué es serio y qué es chanza, voy a advertir de mis ironías con las etiquetas (ironía On) e (ironía Off), abreviadas en (on) y (off) por recomendación de algunos de ustedes, que dudan de que todo el mundo comprenda (on) mi agudo sentido del humor (off).

 

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Neurociencia, Coaching, Neuroliderazgo y Neuromanagement

Dr. Paul Brown - Más Allá de la FormaciónYa sé que alguno de los amables lectores va a decir que soy único en esto de hacer amigos, pero… ¿callarían ustedes algo tan sorprendente, si no mediase fuerza coercitiva? Soy consciente de que el análisis que viene a continuación puede causar perjuicios a alguien, especialmente a los implicados, pero ¿ha pensado alguien, especialmente los implicados, en el efecto en los destinatarios de este tipo de mensajes? ¿O sólo están pensando en términos de negocio?

En este país se han estado haciendo cosas muy feas en el ámbito de la formación psicosocial de adultos: empresas y entidades que fabrican y distribuyen formación-basura confiados en que la venderán a causa de esa fealdad del sistema, empresas y administraciones clientes que compran lo que sea si les caes bien porque tienen que gastar el presupuesto sí o sí… y mientras tanto nuestro sistema educativo, tanto de niños y jóvenes como de adultos, en niveles ínfimos.

 

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Si crees que puedes…

 

             …………………………………………………………….Si crees que puedes, es verdad. Si crees que no puedes, también es verdad.

 

Hermosa frase, ¿verdad? Casi un poema. Durante mucho tiempo, quizá más de un año, estuvo en alguna pared de mi casa impresa bien grande en un folio blanco, insuflándome esperanza en alguno de los inevitables momentos de tribulación con que la vida nos atormenta a todos. La aprendí, cómo no, en uno de mis dos másters en Programación Neurolingüística (PNL), una secta destructiva constructivista muy en la línea del psicoanálisis y gran parte de la psicología, el coaching, la gestalt, eneagrama, inteligencia emocional, empatía y toda suerte de desvaríos orientaloides New Age similares.

Es una frase peligrosa, falsa como la falsa monea, que nos lleva irremediablemente al sopapo monumental, al gran desengaño, al 99’9 % de las personas que nos la hemos creído. Para bien Y para mal, porque los aterrizajes forzosos -si bien necesarios para evitar que seMundo Tripi nos afloje el último tornillo- suelen ir acompañados de dolores y quebrantos, cuando la tozuda realidad termina imponiéndose; aunque a veces sea necesaria una gran crisis como la actual para que la sabia naturaleza reequilibre las cosas hacia el bien, obligándonos a recuperar a la fuerza los Valores Adaptativos que propician el progreso a pesar de demasiados de nosotros empeñados en defender Valores Recesivos, en un bucle recursivo imparable.

No me gusta la poesía. Reconozco que algunas veces que leo algo me toca en lo profundo, pero en general -salvando los haiku naturalistas japoneses- me parece una burda estrategia de manipulación emocional, un intento por parte del autor de darse importancia, de creer que lo que siente es más importante que lo que sentimos los demás por poseer una especial sensibilidad al detalle de sus experiencias, una especie de regocijo en la desgracia, terapéutico para quien lo escribe, por la catarsis que implica la escritura, pero con una carga vírica capaz de provocar las pandemias de licuado mental más terribles. Como la dichosa frasecita que encabeza este post, seguramente parida por algún fracasado o un perdedor positivo adicto a la cosquilloterapia o algo peor, empeñado en convertir el Efecto Pigmalion en Lámpara de Aladino.

No, creyendo que podemos tenemos obviamente mayor probabilidad de lograr lo que queremos, pero nada nos garantiza que se cumplan nuestros principitescos anhelos, y para muestra algo impensable hace nada: la situación actual en la que los otrora grandes del sector arrastran su depresión como espectros en pena. Los grandes directivos, famosos gurus y líderes resonantes, formadores transpersonales, coaches caviar, escritorcillos de libritos de autoayuda… devenidos en directivos o profesores ayudantes de tres al cuarto, olvidados, indiferenciados de la antaño masa de fervientes adeptos uniformados EL MILLONARIO INSTANTANEOcon su vacío conocimiento de lo realmente importante y su oportunista plenitud de palabrería vacía y sonrisa empática a base de Visa Platino y vano ego alabado.

No, no se puede porque se crea en lo que se quiere, aunque parezca en en época de vacas  gordas todo es posible, incluso convertirse en millonario al instante.

El que triunfa ha creído, por supuesto, ¿pero se han puesto ustedes a pensar que el que no lo ha conseguido también creía? ¿O es que todo el mundo consigue aquello que cree poder conseguir? En ese caso todos seríamos guapísimos, anatómicamente perfectos, megamillonarios, megasabios y megaguays, cuando en el fondo, como esta pobre víctima hollywoodiense nos relata, somos bastante limitaditos. Justo por eso somos tan fáciles de captar por las sectas que nos prometen ponernos a la altura de Dios.

 

 

 

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Otro famoso fantasma: la PNL

einstein3 Hoy vamos a descubrir a otro fantasma del que todos habrán oído hablar, sus amigos le llaman PNL (no confundir con PLN o Procesamiento del Lenguaje Natural), acrónimo que esconde su verdadero nombre y apellido: Programación Neurolingüística.

La PNL es un excelente recopilatorio de técnicas provenientes de la psicología y la lingüística cognitiva además de alguna otra genialidad propia derivada de las anteriores, aunque también verdaderas barbaridades. Sin embargo, supongo que sabrán que en algunos países es considerada una secta. Intentaremos comprender por qué.

Los creadores del brillante invento, Bandler y Grinder, debieron pensar que sería más interesante liarse a ganar dinero a espuertas y de paso convertirse en grandes gugús mundiales o viceversa que pelearse con sus mileuristas colegas de la comunidad científica poniendo a prueba sus teorías. ¿Por qué? Al margen de otras cuestiones, porque no habría colado; porque la PNL es para los escépticos poco o nada científica.

La prueba del nueve para entender a los escépticos es leer las primeras páginas de uno de sus libros originales. Si se hace con atención, uno descubrirá que los padres de la criatura aseguran que la PNL no tiene teoría, que simplemente es un conjunto de técnicas y herramientas que funcionan, aunque a renglón seguido le explicarán sin embargo que existe un decálogo llamado Presupuestos Operativos, que son como las Tablas de la Ley que Moisés recibió de manos de Dios en el Monte Sinaí según el Antiguo Testamento, pero convertidas en una moderna versión de la festiva California hasta el extremo de convertirse, según la Wikipedia, en la religión del capitalismo. No sé a cuento de qué viene esta connotación negativa al capitalismo, sobre todo porque sin él ni existiría la wiki ni los ordenadores para leerla, pero me da la impresión de que se refieren al todo vale para conseguir los objetivos, sin importar los principios o valores que se pisoteen, algo que caracteriza más a las sociedades ateas -que como decía Chesterton no es que ya no crean nada, sino que se creen cualquier cosa- o basadas en religiones recesivas, que a las capitalistas, aquellas en la que existe el libre mercado.

Volviendo al asunto y para no alargarnos metiéndonos a analizar pormenorizadamente estos diez  mandamientos, deberíamos pararnos a destripar la Teoría Constructivista de la que parte, que afirma acertadamente -según mi criterio- que el sentido de mafaldala realidad se obtiene a partir de la interrelación del sujeto con su contexto. A partir de aquí, sin embargo, surgen las discrepancias, la primera de las cuales tiñe radicalmente toda disciplina surgida del constructivismo, como la PNL y el coaching; la que coincidiendo con el filósofo de la ciencia Mario Bunge, advierte que niega la realidad objetiva.

Sin ánimo de exhaustividad, afirmar la inexistencia de la realidad objetiva nos conduce irremisiblemente al relativismo, a entender erróneamente que todo es relativo -en parte porque Einstein, aparte de ser un descomunal físico, se creía también una especie de gugú-, y que la vivencia de las consecuencias de nuestros actos en los demás dependen exclusivamente de cómo esos demases las vivan en su subjetividad: o sea, que si le quitas la mujer al vecino el problema es del vecino, no tuyo. Brillante, ¿eh? Hasta que le toca a él, claro.

Para los relativistas la Verdad no existe; existe la verdad de cada uno, sobre todo cuando el relativista busca que sea la suya la que se imponga, momento en el que pasa de ser relativista a ferozmente objetivista -están locos, porque loco es quien ha perdido el sentido de la realidad, pero no tontos- , como reparará cualquiera que piense que la afirmación de que verdaderamente nada es objetivo es también una verdad. Falsa o no, pero verdad al fin y al cabo para el que la defiende.

 

 

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¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (1)

Resultado de imagen de herUna de las dudas más recurrentes que surgen a partir de la irrupción de esta nueva ola de Inteligencia Artificial (AI) es si, entrenados por los sistemas inteligentes (bots, chatbots, coachbots, opponentbots…), los humanos terminaremos siendo iguales, todos, clones unos de otros.

Imaginemos qué pasa por la cabeza de las personas que albergan esta duda.

Ellos ven una humanidad perfeccionada al límite por medio de la interacción con las máquinas, que para entonces serán –gracias a nosotros, los humanos– excelentes entrenadores, asesores, mejores amigos, incluso parejas (Her); una humanidad en la que nadie tendrá defectos, en la que nadie cometerá errores, en la que, en suma, llegaríamos a ser dioses.

Entonces, si llegáramos a alcanzar la perfección absoluta, superada la tiranía de las (m)emociones-automatismos,  es lógico pensar que todos tendríamos unos pensamientos perfectamente puros alineados con el bien absoluto, unas intenciones perfectamente puras y buenas, y desarrollaríamos unas conductas impecablemente coherentes con ese núcleo cognitivo perfecto. Parece bonito, ¿verdad?. Sin embargo, eso es precisamente lo que nos convertiría en clones.

       (Si tienes nociones sólidas sobre física y Teoría del Caos, no necesitas seguir leyendo, ya conoces la respuesta a la pregunta del título)

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Qué es la Inteligencia -Artificial-

la palabra agua no quita la sed

 

Lo primero en lo que debemos detenernos al hablar de Inteligencia, es en que existe una confusión generalizada acerca del significado del concepto. Para la mayoría de las personas, incluso para los diccionarios de uso (véalo en la RAE), el concepto Inteligencia es una mezcla de casi todas las cualidades cognitivas positivas, que se sitúa en el desconocido territorio delimitado por el cuerpo material por un lado, y el espíritu inmaterial por el otro. Para la mayoría es un concepto abstracto y, como tal, aporta poco al conocimiento de su significado y comprensión; hasta el punto de que, muy paradójicamente, la palabra Inteligencia se ha convertido en uno de los campeones en la lista de términos de alta entropía, junto con amar, arte, libertad, verdad, realidad… Palabras confusas porque las realidades a las que daban nombre originalmente (en griego o latín procedentes del indoeuropeo) ya no se distinguen con claridad cuando se usan cotidianamente, cada uno cree que es una cosa diferente, y su opinión va a misa. Podríamos decir, a modo de chiste inteligente: Es necesaria mucha inteligencia para comprender el concepto Inteligencia.

Esta indefinición que sufre (porque la sufre, el pobre) el concepto Inteligencia aplicable a los seres humanos se contagia lógicamente a todo, incluyendo la tecnología: si no somos capaces de definir, de hacernos una idea nítida en la cabeza de lo que es la Inteligencia Humana, ¿cómo íbamos a comprender lo que significa la Inteligencia Artificial? Imposible. Es como pretender conocer el color azul verdoso sin conocer el azul. Y así están las cosas actualmente en el mundo tecnológico y en el neurocientífico. Y en la calle, pero la gente normal como nosotros tiene menos culpa, los culpables son los expertos.

Así, como en la típica –por habitual– estrategia humana de huir hacia delante, pasando de puntillas por la superficie conceptual de la realidad, uno mira hacia otro lado para que no se note que no comprende el significado de algo, pero como suena bien a los oídos y hace que uno parezca más culto de lo que es, lo repite con cierta frecuencia y autosatisfacción, saltando al siguiente nivel, que consiste en pasar a explicar híbridos del concepto junto con otros conceptos, embarullándolo más aún, o simplemente renunciando a definirlo: Es lo que yo diga, y punto.

Sin embargo, podemos estar tranquilos, porque el concepto Inteligencia no tiene nada de entrópico, al contrario, es muy claro y sencillo, como le gustaría a Occam. Y es justo esta simplicidad lo que nos permite solucionar algunos de los problemas que derivan de su desconocimiento, como veremos a continuación.

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Vamos a contar mentiras

image¿Se imaginan que el departamento de programación de una empresa programara de mentira? El software resultante no serviría para lo que se planificó, probablemente para nada, pero en un producto crítico como el caso de un avión, causante seguro de una catástrofe. ¿Y un departamento financiero mentiroso? No, no piensen en el gobierno de España o de Grecia, aunque también han sido una buena demostración del poder destructor de la mentira. Sin embargo existen sectores, grandes sectores productivos en los que su práctica es un hábito. Incluso –como dicen por aquí, aunque también hay quien le enmienda– culturas enteras. Negarlo o mirar para otro lado es una forma de engañarse a sí mismo y las consecuencias de hacerlo son la continuación de la difusión de la mentira, la complicidad con ella. Ya sé que es más fácil hacerlo cuando de ello no dependen las habichuelas de la familia, pero es posible implicarse en el cambio necesario con nuevas propuestas desde dentro. El jefe lo agradecerá porque con la que está cayendo no creo que haya muchas empresas-cliente que se presten a gastar dinero en ponerse palos en las ruedas como hasta ahora, así que toca renovarse o morir. No es un aviso a navegantes, ya embarrancamos hace tiempo, es una lectura bastante poco discutible de la tozuda realidad.

 

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