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El pensamiento subconsciente

Leo un interesante artículo de Miguel A. Vadillo sobre el “pensamiento inconsciente”. Trata sobre una especie de presunta creencia popular que afirma que las decisiones médicas “inconscientes” parecen ser más eficientes que las tomadas tras una pormenorizada y consciente ponderación de las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) implicadas.

 

¿Demasiado bonito para ser cierto? Posiblemente sí. Muchos de los experimentos que han intentado replicar este efecto han fracasado estrepitosamente. Y se han publicado al menos dos  meta-análisis que sugieren que en los contados casos en los que se ha encontrado este fenómeno, podría no ser más que un falso positivo. A pesar de estas críticas, el entusiasmo por el pensamiento inconsciente no ha perdido un ápice de intensidad en los últimos años.

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El accidente de Fernando Alonso con el McLaren

Fernando Alonso - Más Allá de la Formación¿Qué le pasa a Fernando Alonso? ¿El accidente en Montmeló le ha provocado alguna lesión que vaya a perjudicar su rendimiento futuro? ¿Tenemos que preocuparnos?

A todos nos habrá alarmado saber que ha estado en observación un día más de los dos inicialmente previstos, pero hay que tener en cuenta que Magic no es un ciudadano cualquiera, porque de su rendimiento deportivo dependen presupuestos que dan de comer a miles de personas directamente y a cientos de miles indirectamente, de modo que la prolongación del período de observación en el hospital no es alarmante.

Lo más probable es que se haya optado por la prudencia por la importancia de la estructura corporal implicada en el accidente, pero también lo más probable es que no tenga absolutamente nada. Voy a intentar explicar qué es lo que puede estar pasando.

 

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Por qué decimos educación cuando queremos decir moral (I)

imageIgual que a base de poner la cacatúa goebbelesiana a funcionar el concepto de amar ha terminado pervertido –urbi et orbi– en primaria emoción, o más allá, en el eufemismo favorito de los que gustan de hablar pseudoalegremente –en realidad con lenguaje similar a una monja– de sus intimidades en público, el concepto educar ha acabado convertido en una perfecta muestra de entropía verbal. Porque ¿alguien sabe qué significa “educar”? ¿Y puede hacer que lo entienda su abuela en un sólo tweet?. Seguramente será ella quien tenga que explicárselo.

Como cualquier otro término de alta entropía, el concepto educar es masa informe, indiferenciado, relleno de ideas pintorescas, trufado de opiniones particulares con ínfulas orteguianas, marinado de visceralidades, sazonado de egos más vacíos que el estómago de Carpanta junto con ansias de poder sobre los demás típicas de personajes inadaptados a la realidad que como reacción a su experiencia de náufragos perdidos sin rumbo ni puertos-objetivos sólidos anhelan, en lugar de amar al prójimo como a uno mismo en el sentido correcto, someter a los demás a la irrealizable fantasía endorfínica en la que consuelan su frustración en los escasos momentos en que el desasosiego afloja su tenaza, escudados –argumentum ad verecundiam o falacia de autoridad– en ideologías que utilizan para diseminar sus pandémicos virus en los más vulnerables: los niños y los mentecatos (mentes presas).

Además de los conceptos amar, democracia, libertad… pocos otros como el de educar han sido más manipulados ideológicamente con las peores intenciones, precisamente debido a esa inconcreción, esa ausencia de acuerdo sobre su significado real, original, etimológico. Y si no hay consenso con respecto a su significado, podemos suponer el que puede existir acerca de lo que implica, de sus mecanismos, sus procedimientos óptimos y objetivos, en una sociedad desarrollada –excepto en lo cognitivo– que confunde un diccionario de uso como el DRAE con el María Moliner o el Corominas. Otro tanto ocurre con los conceptos ética y moral, sin embargo la etimología de éste último es mucho más concreta, más asequible al entendimiento más llano.

Derivado de parábola, el término palabra es un puente inmaterial que une una realidad con el conjunto de signos o fonemas que la designan. Igual que existe un puente visual entre un objeto y el cerebro que lo nombra, como entre el objeto mesa y la palabra mesa, existen puentes entre realidades algo más complejas, que no son objetos sino un procesos, como el citado amar, que requieren más de una línea de palabras para ser definidos porque su definición incluye, en red o en racimo, otros componentes menos evidentes pero relevantes. Curiosamente y sin embargo, otros conceptos aparentan gran complejidad pero no la tienen. Es el caso de la palabra moral.

 

 

 

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La batalla de las operadoras de telecomunicaciones contra Google, Facebook y demás

Existen a mi juicio dos formas de enfrentarse a Google para hacerse con parte de sus ingresos y crear empleo y riqueza. La primera y más obvia es competir en el mercado de sistemas operativos móviles, impulsando opciones como Firefox OS, Cyanogen o el nuevo S.O. transversal de Microsoft, para luchar contra Android. Son opciones interesantes, pero la primera no ha dado los frutos esperados, mientras que la segunda queda para minorías cualificadas capaces de rootear su terminal en tanto no se generalice su uso por la apuesta de algún gran fabricante y algún gran operador. Pero incluso logrando este objetivo las verdaderamente beneficiadas serían empresas americanas quitando ingresos a empresas americanas, que crearán empleo y desarrollo allí, no en España.

 

En cuanto al tráfico por redes sociales, el dominio de Facebook y Linkedin tiene una base endeble, sujeta a modas, porque no aportan más que el medio: la plataforma tecnológica. Pese a esta debilidad actual, la competencia no ha conseguido encontrar la clave diferencial, por lo que grandes proyectos como Terra o Tuenti no han obtenido el éxito buscado.

 

La otra forma de dar la batalla es crear un ecosistema atractivo que aporte beneficios tangibles a sus usuarios, más allá de las meras plataformas que ofrecen los Microsoft, Google, Facebook, Linkedin, Whatsapp… por el que los usuarios estén dispuestos a pagar, y que tire de un sector de moda –el científico y tecnológico en general y la neurotecnología en particular–, de forma que se genere un gran ruido en las RRSS que se difunda viralmente aprovechando el mainstream y ejerza de atractor en nuestros jóvenes, que generen una constelación de apps para el ecosistema, y nuevas empresas que compitan por el mismo segmento de mercado, en una carrera por los mejores sistemas de optimización mental y de la salud.

 

Es decir, en lugar –o además– de presionar a las instituciones para cambiar la legislación o tratar de competir en un mercado monopolístico, se trata de aprovechar las tendencias que ellos han creado y otras como la neurotecnología, para generar beneficios económicos, científico-tecnológicos, empleo y relevancia de la Marca España, aparte de los propios del producto. Así es como lo vemos:

 

 

 

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Dios y la neurociencia

Dios - Más Allá de la FormaciónDesde el homo sapiens, hace unos ciento y pico mil años, los seres humanos se han sentido abrumados por lo ignoto, empequeñecidos por las misteriosas y caprichosas fuerzas superiores, primero las de la naturaleza porque el seso no les daba para imaginar más, posteriormente antropomorfizadas (considerar a un elefante un dios, como es el caso de Ganesha, parece más bien de críos) en deidades menores normalmente bajo un dios superior, que finalmente acapara todas las fuerzas –omnipotencia– en las grandes religiones monoteístas: hinduismo, judaísmo, cristianismo, mahometanismo (atención a los términos musulmán e islam, con los que se busca hacer creer que se trata de una religión diferente y no una versión –ponga usted aquí el atributo que desee– de una previa). Confieso que no me gusta incluir a todas en la categoría “religión”, prefiero dividirlas en religión y pseudorreligiones atendiendo al significado etimológico de la palabra, pero este no es el debate de hoy, por lo que sólo lo advierto, aunque más adelante se verá (del verbo Ver) nítidamente.

Esa pequeñez humana con respecto a las fuerzas de la naturaleza ha generado una curiosidad inagotable por comprenderlas y ganarse sus favores, hasta el punto de hoy en día, cuando en plena revolución científico-tecnológica que se supone obligatoriamente aconfesional se denomina a los esquivos bosones de Higgs como “La partícula de Dios”. Bosones trascendentales para entender la realidad debido a su potencial encaje en el entramado de la realidad física como los que aportan la masa (estamos hablando de duales ondas-partículas, ojo, como alma-cuerpo) a los objetos y sin la cual la fuerza de la gravedad no existiría, igual que de ser así ocurriría con nosotros. De hecho el universo que existiría sería una masa informe, indiferenciada, homogénea, pura entropía, gurruño sin sentido como una agrupación infinita y caprichosa de ceros y unos uno a continuación del otro. Si esto le evoca a uno lo que algunos ilustres y respetados científicos creyentes en el azar como elefante de compañía llamaron “ADN basura” porque no sabían qué era y qué función tenía hasta que descubrieron el concepto epigenética… ¡Bingo!. Como para otorgarles –fe de meapilas cientifista mediante– el patrimonio exclusivo de determinar absolutamente qué es verdad y qué es mentira.

Nota: para que no les quepan dudas de mis intenciones, de qué es serio y qué es chanza, voy a advertir de mis ironías con las etiquetas (ironía On) e (ironía Off), abreviadas en (on) y (off) por recomendación de algunos de ustedes, que dudan de que todo el mundo comprenda (on) mi agudo sentido del humor (off).

 

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¿Qué es la consciencia? (II)

el yo observador - Más Allá de la Formación

Aclarado el significado de los términos, decíamos en la entrada anterior que conciencia y consciencia significan indistintamente conocimiento compartido, y al final advertíamos que seguramente alguien estaría con la mosca detrás de la oreja preguntándose coherentemente con quién o con qué se compartía. Toca explicarse.

Lo obvio es pensar que el conocimiento se comparte con los demás, y con toda la razón. La historia humana es la historia de la evolución basada en el conocimiento compartido, transmitido en épocas primitivas por medio de sonidos parecidos a los de los animales. Se cree que el primer código era la sílaba “duh”, lo que implica que las variaciones no verbales sobre ella constituían mensajes diferentes, tipo “te quiero”, “te voy a matar” o “sálvese quien pueda”. De aquí al protoindoeuropeo, continuando con el maremágnum llamado indoeuropeo y así hasta más o menos los idiomas que conocemos hoy en día. Salvo el vasco de mi tierra, claro, que como todo el mundo sabe lo inventó el mismísimo Dios, que era del mismo Bilbao.

Desde los orígenes del ser humano, los grandes hitos en la evolución han tenido como desencadenante el conocimiento compartido a través del ejemplo, y a través del lenguaje cuando no se tenía acceso al personaje ejemplar o simplemente se trataba de explicárselo: desde la aparición del lenguaje oral complejo, pasando por el lenguaje gráfico que permitía la transmisión algo más masiva incluso cuando el divulgador había muerto o estaba distante, la escritura, la confesión, la imprenta, el telégrafo, la radio, la TV, hasta el Internet de hoy.

¿La confesión? ¿El tipo éste ha dicho la confesión?

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¿Qué es la consciencia y la conciencia? (I)

Aunque a veces dudo mucho de sus intenciones reales, legiones de científicos de todo el mundo buscan denodadamente encontrar el santo grial de la consciencia, cuestión a priori difícil de responder toda vez que hasta las figuras más insignes de la neurociencia reconocen que no se sabe siquiera qué es la mente. Sin preguntar ni nada, ellos son los que saben de estas cosas y punto; aunque nunca hayan asomado la patita fuera del bosque en el que han permanecido inmersos desde que empezaron la carrera, porque la historia de esa carrera, como la de todas, es una María.

La asignatura de historia de cada carrera se debería estudiar en el último curso, no en el primero. Antes, lo normal es no quedarse con la perspectiva global que sólo puede conseguirse saliendo del bosque y subiendo a una elevación del terreno cercana para comprobar las similitudes y diferencias con el resto del entorno. Pero volvamos al tema que nos ocupa.

En España e Hispanoamérica es especialmente complicado comprender qué es la consciencia debido a la confusión terminológica. Reconozcámoslo, los hispanohablantes tenemos un buen cacao mental entre los conceptos conciencia y consciencia; aunque como sabemos, no todos los neurocientíficos del mundo son españoles, de modo que el idioma tampoco explica el desconocimiento generalizado. De hecho, la confusión también existe en inglés, donde sin embargo existen dos términos muy diferentes para definir prácticamente la misma realidad: consciousness y awareness.

Así que tenemos montado un buen lío que trataremos de aclarar en las siguientes líneas.

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