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El mindfulness. ¿Solución o problema? (I)

Imagine el lector que un ciudadano de Inglaterra, donde como ya sabe se circula por el lado izquierdo de las calles y carreteras, viene a residir a España o a cualquier otro país en el que se circula por el lado derecho. La tendencia del conductor, ya instalado en un vehículo con el volante a la izquierda, será seguir conduciendo como lo hacía en su país, por lo que tendrá que hacer un intenso y sostenido esfuerzo para entrenar las nuevas habilidades al volante que le mantengan a salvo de sufrir un percance vial.

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Están locos estos ingleses

Por supuesto que empezar por circular en trayectos cortos le será de ayuda para no sobrecargar su cerebro, como lo será pararse a descansar con frecuencia en los desplazamientos largos para que su sistema nervioso vaya asimilando, como durante el sueño, las nuevas normas de circulación.

Pero lo más importante, como es lógico inferir, es tomárselo con calma, conducir sin distracciones, con la máxima concentración en cada instante, y sin dejar que la mente divague hacia elucubraciones del tipo: “Esta gente es tonta, ¡a quién se le ocurre!”, “Esto me pasa a mí por venirme a vivir a un país subdesarrollado”, o “En todo el mundo se debería conducir por el lado izquierdo, como en mi país”, porque este tipo de pensamientos no ayudan en nada, al contrario, le inducirán a entrenar la conducción por el lado derecho de mala gana, enfadado.

Si el lector ha reparado en este últimpo párrafo, ya se habrá dado cuenta del significado oculto en la metáfora; una metáfora del mindfulness.

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Por qué no existe aún Inteligencia Artificial

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¿Por qué no disponemos todavía de una Inteligencia Artificial a la altura de las expectativas? ¿Porque no interesa lograrla o porque no se sabe cómo?

Si la razón es la primera, de acuerdo, podemos aceptar que conviene que muchas mentes, muchos presupuestos, dependen de que se siga trabajando en la IA aunque no se avance demasiado, porque mientras sigan generándose intereses a través del ruido mediático se crean y mantienen puestos de trabajo, inversiones, riqueza. Y así hasta el siguiente buzzword que sea capaz tomar el relevo para mantener en movimiento la economía.

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Cómo pensar bien

puzle 1El principal problema del mundo civilizado es la incapacidad de pensar correctamente que manifiesta, a las pruebas de la realidad me remito. Bueno, en realidad del mundo en general, porque si el mundo civilizado está poblado mayoritariamente por débiles mentales, difícilmente podremos ayudar a los incivilizados a civilizarse. Es más, suele suceder lamentablemente al contrario: les impedimos evolucionar, les atamos a la animalidad más primitiva, e incluso, como epítome de la idiocia, les animamos a seguir siendo salvajes evangelizándolos con los dogmas de nuestra locura.

Aplicando el Principio de Pareto podríamos afirmar sin riesgo de equivocarnos que el 80% de la sociedad civilizada carece de la capacidad de elaborar razonamientos lógicos basados en premisas ciertas, que es de lo que va la cosa. Ejemplos de pensamiento disfuncional los hay infinitos, la mayoría provenientes de esquemas mentales pretéritos, cuando el nivel de civilización era aún incipiente, embrionario. No es necesario remontarse a los tiempos de Atapuerca para comprobarlo, porque en el famoso Siglo XX no es que la especie humana se haya caracterizado precisamente por desplegar una capacidad de razonar mucho más desarrollada que los hombres de la Sima de los Huesos. Eso decía también Rita Levi Montalcini.

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Contra la empatía (de Miguel Ángel Quintana Paz)

 

“¡Sed empáticos!”. Podríamos decir que esa frase resume casi toda la ética que según muchos nos basta para campar hoy por la vida. “¡Sé empático!”. Es decir: siente como tuyos (o, bueno, solo un poquito menos que si fueran tuyos) los sufrimientos de toda la gente que veas que lo pasa mal (o incluso de los animalitos que lo pasan mal: bien sea porque los tengamos en granjas para nuestro provecho, bien sea porque los mantengamos encerrados en apartamentos de 40 metros cuadrados, mientras que ellos ansiarían -¡bastaría preguntarles!- corretear por el campo en libertad). “¡Sed empáticos!”: eso es lo que más importa, que ante el dolor dejes claro que a ti también te duele (pon un hashtag apropiado en tu Twitter; quédate sin dormir esa noche y comenta exhaustivamente al insomnio a tus amistades de Facebook; si han inventado un lacito alusivo, corre a la mercería, busca una cinta de ese color y exhíbelo). “¡Sé empático!”. Llora incluso si gracias a Barack Obama o a Pablo Iglesias has aprendido a hacerlo en las circunstancias apropiadas; antes la política consistía en algo tan prosaico como intentar resolver los problemas del país: hoy más te vale (o quizá te vale) con que publicites, como político, lo mucho que te acongojan esos problemas.

 

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Qué esperar del año 2016 en neurociencia

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             Conócense infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.

Santiago Ramón y Cajal

Desde que el gran Ronald Reagan instaurase en 1990 la “Década del Cerebro”, cuando aún no se había impuesto el término “neurociencia”, poco han cambiado las cosas en el intento de comprender el cerebro. Y cuando años –¡¡¡un cuarto de siglo!!!– después surgen los grandes proyectos estrella, cuya orientación es claramente mejorable (por no decir abiertamente que equivocada de raíz), en los que se han invertido montones de millones, se han empleado montones de neurocientíficos, montones de universidades, montones de empresas privadas, asociaciones… uno no puede más que preguntarse por qué demonios los neurocientíficos no saben aún cómo funciona el cerebro, ni qué es la consciencia (o la conciencia, que es lo mismo), ni cómo se produce eso que llamamos la mente.

A veces, en plan de broma, me da por pensar que esta ignorancia es producto de una de esas conspiraciones judeomasónicas que en algún momento de la historia parecían constituir el epítome del mal. Occam seguramente diría que no hay ninguna conspiración oculta que trata de hurtarnos el conocimiento del funcionamiento del cerebro y el surgimiento de la mente y la consciencia; más bien diría que las causas de este desconocimiento son más sencillas de lo que parecen. Realmente lo que ocurre es simple: los árboles no dejan ver el bosque, o dicho de otra forma: ¿cómo sabe un pez si está mojado?.

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Mindfulness, yoga, meditación Vs. Sentido Común

Hace ya varios meses, charlando con un buen amigo, exitoso coach deportivo, surgió el asunto del yoga y estas cosas orientales en las que estuve muy involucrado hace casi veinte años. Se quedó sorprendido cuando le expliqué que practicar yoga como estrategia de eliminación del estrés carecía de lógica.

La cosa es fácil de entender para cualquiera, incluso personas que no están informadas: cuando uno tiene una vida estresante y decide apuntarse a yoga o mindfulness con el objeto de relajarse o cualquiera de esas tan maravillosos como falsos beneficios, no piensa que cuando salga de la clase, muy relajado, aborrecerá aún más el mundo y sus ineludibles trajines, lo que inevitablemente le llevará a estresarse aún más en su vida cotidiana, a aborrecerla con toda su alma. Y de ahí a caer en un grupo harekrishnoide hay un paso.

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Bioneuroemoción y Alzheimer

zenman - Más Allá de la FormaciónEl alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por una pérdida progresiva de memoria, asociada a atrofia y muerte neuronal, y donde observamos dos huellas características en los cerebros de los pacientes; las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares. Hasta el momento no se conoce la causa exacta de esta enfermedad neurodegenerativa y tampoco se ha podido encontrar un tratamiento que prevenga o cure el mal de Alzheimer.

O por lo menos eso es lo que pensábamos hasta ahora.

La bioneuroemoción o biodescodificación nos da otra explicación que ni tan siquiera imaginábamos antes de que esta nueva medicina alternativa hubiera emergido. La nueva medicina germánica, como la llaman, ofrece una serie de explicaciones sobre las diferentes causas de las enfermedades humanas. Y el alzhéimer no es una excepción. Resulta que la causa de este trastorno neurodegenerativo no son los depósitos de amiloide, ni los ovillos neurofibrilares, ni la muerte de las neuronas. Atención. El alzhéimer es debido al «deseo de abandonar el planeta» y a la «incapacidad de enfrentar la vida tal como es». Pues eso.

Nos ilustra una tal Mónica Barbagallo en la página web Ciudad virtual de la gran hermandad blanca. Es cierto, el nombre de la web acojona. En una tabla podemos discernir entre las diferentes enfermedades y la causa emocional que las origina. Podemos descubrir el origen de grandes pandemias del siglo XXI, tales como la acidez (debido al «miedo, miedo paralizante», que una vez miedo vale, pero dos asusta), codos (como teórica patología debida a la «incapacidad en la vida de abrirse paso y luchar», lo que a priori parece de lo más obvio, para qué sino sirven los codos), eructos (causa: «agresión contra el exterior, afán por tragarse la vida con demasiada rapidez»), o polio (cuya causa parece deberse a los «celos paralizantes» y al «deseo de retener a alguien», por supuesto sin referencia alguna al virus con el mismo nombre), entre un largo listado de enfermedades reales y de otras presuntamente verdaderas o decididamente fantásticas. La lista es insuperable, no solo en su extensión, sino en su capacidad de sorprender al lector.

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