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Cómo pensar bien

puzle 1El principal problema del mundo civilizado es la incapacidad de pensar correctamente que manifiesta, a las pruebas de la realidad me remito. Bueno, en realidad del mundo en general, porque si el mundo civilizado está poblado mayoritariamente por débiles mentales, difícilmente podremos ayudar a los incivilizados a civilizarse. Es más, suele suceder lamentablemente al contrario: les impedimos evolucionar, les atamos a la animalidad más primitiva, e incluso, como epítome de la idiocia, les animamos a seguir siendo salvajes evangelizándolos con los dogmas de nuestra locura.

Aplicando el Principio de Pareto podríamos afirmar sin riesgo de equivocarnos que el 80% de la sociedad civilizada carece de la capacidad de elaborar razonamientos lógicos basados en premisas ciertas, que es de lo que va la cosa. Ejemplos de pensamiento disfuncional los hay infinitos, la mayoría provenientes de esquemas mentales pretéritos, cuando el nivel de civilización era aún incipiente, embrionario. No es necesario remontarse a los tiempos de Atapuerca para comprobarlo, porque en el famoso Siglo XX no es que la especie humana se haya caracterizado precisamente por desplegar una capacidad de razonar mucho más desarrollada que los hombres de la Sima de los Huesos. Eso decía también Rita Levi Montalcini.

Si están pensando que exagero o que soy un bocachancla, se equivocan. Una cosa es que el ser humano sea capaz de desarrollar habilidades instrumentales, técnicas, tecnológicas, científicas… incluso que tenga responsabilidades civiles y penales y vote, y otra muy diferente es que sea algo más que mero sujeto paciente de la circunstancia (Ortega), veleta movida por el viento que sople, marioneta cuyos hilos son movidos por otros como ellos pero con poder, ser humano que no sea pensado por las filias y fobias que la circunstancia le ha provisto desde su concepción, aunque posteriormente trate de racionalizarla o justificarla encadenando palabras que les suenen bien aunque no comprendan las realidades que designan (libertad, felicidad, justicia, realidad, amar, verdad, realidad…), como creyendo, ilusos, que la palabra agua quita la sed. Habilidades instrumentales también las desarrollaban en Atapuerca, y en la tribu Dogón de Mali actualmente, así que no estamos como para presumir. También los simios, los perros, delfines y los ratones, son capaces de aprender a hacer cosas. Cosa muy diferente es ser capaces de comprender la realidad y, más allá, llegar a desarrollar eso llamado inteligencia.

Inteligencia, que no es otra cosa (no, no es otra cosa, no se me deje engatusar) que la capacidad de distinguir el Bien del Mal, y sus subcategorías, entre sí; aspecto en el que ninguno somos perfectos ni podemos serlo porque la escala de grises es infinita a ambos lados de la neutralidad neutrónica, no somos invulnerables al influjo de la circunstancia –nada lo es, todo está sometido al menos a las Cuatro Fuerzas Fundamentales, incluso la actividad mental– y ninguno somos omniscientes como Dios, pero que es –la inteligencia– patrimonio exclusivo de ese exiguo 20% del género humano civilizado. Si usted forma parte de ese privilegiado aunque sufriente cuerpo de élite humano que dispone de esa capacidad evaluativa pero no sabe cómo se llega a ella, y está tan desesperado como la mayoría de los pensantes con la situación del mundo, voy a darle algunos trucos para intentar ayudar a alcanzar la inteligencia a las personas que tenga a mano.

 

 

puzle 2

 

Cómo pensar bien (cómo poseer inteligencia)

La única forma de poseer el don de la inteligencia, como hemos visto, es conocer la diferencia entre el Bien y el Mal, ergo lo que es el Bien y coherentemente lo que está bien, el buen pensamiento y buen comportamiento generado por el buen pensamiento; y por la parte opuesta lo que es el Mal, el mal pensamiento y el mal comportamiento generado por el mal pensamiento. Pero esto es demasiado subjetivo y subjetivable, necesitamos más concreción, así que concretemos más.

La mayor parte de la gente que quiere poseer inteligencia, o más inteligencia, o inteligencia acerca de más aspectos de la realidad –porque sin inteligencia es imposible alcanzar esa propiedad emergente de la virtud llamada felicidad– se encuentra en una situación parecida a cuando uno echa encima de la mesa las dos mil piezas de un puzle para empezar a hacerlo. Es difícil empezar, y de hecho si no tuviéramos la fotografía de la caja como referencia, no tendríamos ni idea de qué es lo que podría salir de ahí. Careciendo de referencias no podríamos sino especular subjetivamente sobre la escena oculta en función de nuestra particular circunstancia, y nadie tendría ningún atributo o mérito suficiente que arrogarse para afirmar o imponer a los demás el contenido de su subjetiva imaginación acerca de la imagen oculta.

Llevado esto a la práctica, el –para la inmensa mayoría de la humanidad desconocido– puzle del cerebro, ha dado lugar a delirios como el psicoanálisis, el movimiento New Age heredero del recesivo hinduismo hibridado con paganismos e ideologías asesinas hijas de tal palo, que comparten muchos de los que a su vez comparten con usted territorio en el mundo civilizado, porque como diría Humpty Dumpty, lo que importa no son las realidades que signifiquen las palabras, sino lo que el que manda decide que signifiquen para usted. Y usted a callar y a obedecer. Al fin y al cabo, como nadie tiene la foto del puzle, cualquier cantamañanas con coleta y algo del poderoso caballero don Dinero, puede pretender decirle a usted de qué va la vida y cómo se mejora la de todos. Cosas de la estupidez llamada democracia que nos toca vivir en esta época y que la define. Pero no nos quejemos, que peor han estado nuestros antepasados; ya re-evolucionaremos.

Teniendo en cuenta la dificultad de la empresa a acometer, sólo hay un método –que yo conozca, aparte de la Gracia de Dios, que no está en mis manos– para garantizarse el gustar en alguna medida de las mieles de la inteligencia y el razonamiento adaptativo. Se trata de –volviendo al ejemplo del puzle– tomar como punto de partida las realidades constatadas, las certezas indubitables, que en este caso son las cuatro esquinas. Son fáciles de identificar, porque son las únicas cuatro piezas que tienen dos lados rectos unidos por un ángulo recto. No es la única forma de empezar, pero sí la más eficiente. A partir de esas cuatro esquinas, podemos encadenar esa virtud esencial llamada coherencia, rara avis hoy en día, e ir componiendo la imagen completa, que sólo se forma a base de esa coherencia entre unas piezas y otras. Repito: coherencia. Virtud sine qua non. De nada sirve saber cómo es el puzle porque uno ha visto la fotografía de la caja si no es capaz de actuar de modo coherente con esa imagen, porque sin coherencia entre las diversas piezas de esa realidad que muestra la fotografía, esa realidad no se manifiesta. Algunos idiotas (privados de inteligencia) ven la imagen pero quieren montar la suya; idiotez duplicada, porque es imposible cambiarla con las piezas que tenemos. Pero mientras tanto nos impiden a nosotros montar la real, la única posible.

Eso sí, yo no les voy a decir a ustedes cuáles son las cuatro esquinas que tienen que usar para sembrar la inteligencia en los demás, o en usted mismo si carece de ella, eso es cosa suya. Estrújese el seso hasta la extenuación, y una vez haya encontrado una de ellas por el procedimiento de criticarla insistentemente hasta descubrir que no tiene ni un flanco débil (sólo la Verdad nos hace libres; la falsa apariencia de la verdad, esclavos de esa falsa verdad), empiece a componer a partir de ella la imagen mental de la mayor cantidad de partes de la realidad que pueda. Cuantas más partes de la realidad conozca (más piezas del puzle), más feliz será, si es capaz de ser coherente con ellas, porque verá más claro que va por buen camino.

En caso contrario se autoboicoteará constantemente, pensará una cosa y la contraria dependiendo de dónde sople el viendo, si le conviene o no, y actuará coherentemente con sus incoherencias, los demás lo notarán, y perderá la oportunidad de ser grande en su capacidad de beneficiar a sus semejantes. Además ya saben que aquí se paga todo.

 

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Para que entiendan mejor de lo que les hablo les voy a poner un ejemplo prototípico de personaje con excepcionales capacidades instrumentales y escasas intelectuales: Rafael Yuste. Si no le conocen, busquen en Internet. Rafael Yuste no es un pelagatos cualquiera, es el hombre (español además) que tuvo el cuajo necesario para convencer (engañar) a Barak Obama para montar el multimillonario y absurdo (salvo para generar empleo, que no es moco de pavo y el mal es tan torpe que siempre acaba produciendo el bien) proyecto BRAIN, copiando, eso sí, el modelo del Proyecto Genoma Humano y al Human Brain Project europeo (otro que tal baila) que ni para inventar le da la sesera al pobre frustrado. Es neurocientífico, trabaja en USA, pero eso no le basta para ser feliz, lógicamente, y como pueden suponer, posee el suficiente prestigio profesional y la capacidad comercial, de encantador de serpientes o flautista de Hamelín, que pueden ustedes comprobar si le escuchan en alguna de las entrevistas que se le han hecho, para haber encandilado al individuo con más poder del planeta, que por cierto no ha puesto un duro. Miren a quién sigue en Twitter (sólo sigue a 135 personas en el mundo). Pásmense.

 

Rafa Yuste

la ciencia, hoy

 

 

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Contra la empatía (de Miguel Ángel Quintana Paz)

 

“¡Sed empáticos!”. Podríamos decir que esa frase resume casi toda la ética que según muchos nos basta para campar hoy por la vida. “¡Sé empático!”. Es decir: siente como tuyos (o, bueno, solo un poquito menos que si fueran tuyos) los sufrimientos de toda la gente que veas que lo pasa mal (o incluso de los animalitos que lo pasan mal: bien sea porque los tengamos en granjas para nuestro provecho, bien sea porque los mantengamos encerrados en apartamentos de 40 metros cuadrados, mientras que ellos ansiarían -¡bastaría preguntarles!- corretear por el campo en libertad). “¡Sed empáticos!”: eso es lo que más importa, que ante el dolor dejes claro que a ti también te duele (pon un hashtag apropiado en tu Twitter; quédate sin dormir esa noche y comenta exhaustivamente al insomnio a tus amistades de Facebook; si han inventado un lacito alusivo, corre a la mercería, busca una cinta de ese color y exhíbelo). “¡Sé empático!”. Llora incluso si gracias a Barack Obama o a Pablo Iglesias has aprendido a hacerlo en las circunstancias apropiadas; antes la política consistía en algo tan prosaico como intentar resolver los problemas del país: hoy más te vale (o quizá te vale) con que publicites, como político, lo mucho que te acongojan esos problemas.

 

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Qué esperar del año 2016 en neurociencia

             Conócense infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.

 

Santiago Ramón y Cajal

 

Desde que el gran Ronald Reagan instaurase en 1990 la “Década del Cerebro”, cuando aún no se había impuesto el término “neurociencia”, poco han cambiado las cosas en el intento de comprender el cerebro. Y cuando años –¡¡¡un cuarto de siglo!!!– después surgen los grandes proyectos estrella, cuya orientación es claramente mejorable (por no decir abiertamente que equivocada de raíz), en los que se han invertido montones de millones, se han empleado montones de neurocientíficos, montones de universidades, montones de empresas privadas, asociaciones… uno no puede más que preguntarse por qué demonios los neurocientíficos no saben aún cómo funciona el cerebro, ni qué es la consciencia (o la conciencia, que es lo mismo), ni cómo se produce eso que llamamos la mente.

A veces, en plan de broma, me da por pensar que esta ignorancia es producto de una de esas conspiraciones judeomasónicas que en algún momento de la historia parecían constituir el epítome del mal. Occam seguramente diría que no hay ninguna conspiración oculta que trata de hurtarnos el conocimiento del funcionamiento del cerebro y el surgimiento de la mente y la consciencia; más bien diría que las causas de este desconocimiento son más sencillas de lo que parecen. Realmente lo que ocurre es simple: los árboles no dejan ver el bosque, o dicho de otra forma: ¿cómo sabe un pez si está mojado?.

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Mindfulness, yoga, meditación Vs. Sentido Común

Hace ya varios meses, charlando con un buen amigo, exitoso coach deportivo, surgió el asunto del yoga y estas cosas orientales en las que estuve muy involucrado hace casi veinte años. Se quedó sorprendido cuando le expliqué que practicar yoga como estrategia de eliminación del estrés carecía de lógica.

La cosa es fácil de entender para cualquiera, incluso personas que no están informadas: cuando uno tiene una vida estresante y decide apuntarse a yoga o mindfulness con el objeto de relajarse o cualquiera de esas tan maravillosos como falsos beneficios, no piensa que cuando salga de la clase, muy relajado, aborrecerá aún más el mundo y sus inevitables trajines, lo que inevitablemente le llevará a estresarse aún más en su vida cotidiana, a aborrecerla con toda su alma. Y de ahí a caer en un grupo harekrishnoide hay un paso.

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Bioneuroemoción y Alzheimer

zenman - Más Allá de la FormaciónEl alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por una pérdida progresiva de memoria, asociada a atrofia y muerte neuronal, y donde observamos dos huellas características en los cerebros de los pacientes; las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares. Hasta el momento no se conoce la causa exacta de esta enfermedad neurodegenerativa y tampoco se ha podido encontrar un tratamiento que prevenga o cure el mal de Alzheimer.

O por lo menos eso es lo que pensábamos hasta ahora.

La bioneuroemoción o biodescodificación nos da otra explicación que ni tan siquiera imaginábamos antes de que esta nueva medicina alternativa hubiera emergido. La nueva medicina germánica, como la llaman, ofrece una serie de explicaciones sobre las diferentes causas de las enfermedades humanas. Y el alzhéimer no es una excepción. Resulta que la causa de este trastorno neurodegenerativo no son los depósitos de amiloide, ni los ovillos neurofibrilares, ni la muerte de las neuronas. Atención. El alzhéimer es debido al «deseo de abandonar el planeta» y a la «incapacidad de enfrentar la vida tal como es». Pues eso.

Nos ilustra una tal Mónica Barbagallo en la página web Ciudad virtual de la gran hermandad blanca. Es cierto, el nombre de la web acojona. En una tabla podemos discernir entre las diferentes enfermedades y la causa emocional que las origina. Podemos descubrir el origen de grandes pandemias del siglo XXI, tales como la acidez (debido al «miedo, miedo paralizante», que una vez miedo vale, pero dos asusta), codos (como teórica patología debida a la «incapacidad en la vida de abrirse paso y luchar», lo que a priori parece de lo más obvio, para qué sino sirven los codos), eructos (causa: «agresión contra el exterior, afán por tragarse la vida con demasiada rapidez»), o polio (cuya causa parece deberse a los «celos paralizantes» y al «deseo de retener a alguien», por supuesto sin referencia alguna al virus con el mismo nombre), entre un largo listado de enfermedades reales y de otras presuntamente verdaderas o decididamente fantásticas. La lista es insuperable, no solo en su extensión, sino en su capacidad de sorprender al lector.

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Leo un interesante artículo de Miguel A. Vadillo sobre el “pensamiento inconsciente”. Trata sobre una especie de presunta creencia popular que afirma que las decisiones médicas “inconscientes” parecen ser más eficientes que las tomadas tras una pormenorizada y consciente ponderación de las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) implicadas.

 

¿Demasiado bonito para ser cierto? Posiblemente sí. Muchos de los experimentos que han intentado replicar este efecto han fracasado estrepitosamente. Y se han publicado al menos dos  meta-análisis que sugieren que en los contados casos en los que se ha encontrado este fenómeno, podría no ser más que un falso positivo. A pesar de estas críticas, el entusiasmo por el pensamiento inconsciente no ha perdido un ápice de intensidad en los últimos años.

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El accidente de Fernando Alonso con el McLaren

Fernando Alonso - Más Allá de la Formación¿Qué le pasa a Fernando Alonso? ¿El accidente en Montmeló le ha provocado alguna lesión que vaya a perjudicar su rendimiento futuro? ¿Tenemos que preocuparnos?

A todos nos habrá alarmado saber que ha estado en observación un día más de los dos inicialmente previstos, pero hay que tener en cuenta que Magic no es un ciudadano cualquiera, porque de su rendimiento deportivo dependen presupuestos que dan de comer a miles de personas directamente y a cientos de miles indirectamente, de modo que la prolongación del período de observación en el hospital no es alarmante.

Lo más probable es que se haya optado por la prudencia por la importancia de la estructura corporal implicada en el accidente, pero también lo más probable es que no tenga absolutamente nada. Voy a intentar explicar qué es lo que puede estar pasando.

 

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