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¿Nos convertirá en clones la Inteligencia Artificial? (1)

Resultado de imagen de herUna de las dudas más recurrentes que surgen a partir de la irrupción de esta nueva ola de Inteligencia Artificial (AI) es si, entrenados por los sistemas inteligentes (bots, chatbots, coachbots, opponentbots…), los humanos terminaremos siendo iguales, todos, clones unos de otros.

Imaginemos qué pasa por la cabeza de las personas que albergan esta duda.

Ellos ven una humanidad perfeccionada al límite por medio de la interacción con las máquinas, que para entonces serán –gracias a nosotros, los humanos– excelentes entrenadores, asesores, mejores amigos, incluso parejas (Her); una humanidad en la que nadie tendrá defectos, en la que nadie cometerá errores, en la que, en suma, llegaríamos a ser dioses.

Entonces, si llegáramos a alcanzar la perfección absoluta, superada la tiranía de las (m)emociones-automatismos,  es lógico pensar que todos tendríamos unos pensamientos perfectamente puros alineados con el bien absoluto, unas intenciones perfectamente puras y buenas, y desarrollaríamos unas conductas impecablemente coherentes con ese núcleo cognitivo perfecto. Parece bonito, ¿verdad?. Sin embargo, eso es precisamente lo que nos convertiría en clones.

       (Si tienes nociones sólidas sobre física y Teoría del Caos, no necesitas seguir leyendo, ya conoces la respuesta a la pregunta del título)

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Deus ex Machine Learning

Resultado de imagen de robots luchando

 

La noticia más importante en los últimos tiempos acerca de la Inteligencia Artificial no son los miles de millones que se están invirtiendo ni que, desesperados, Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook y el resto de los grandes se hayan unido en la esperanza de lograr entre todos lo que no están logrando en solitario (al estilo de la infructuosa unión Human Brain Project + BRAIN). Para mí, y sin ninguna duda, la gran noticia es el enfrentamiento que ha propiciado Google entre dos de sus sistemas inteligentes. Bueno, eso que erróneamente denominan inteligentes. (Acceso a la noticia aquí)

Lo que más me ha llamado la atención como modesto player aún oculto en el disruptivo sector del Symbiotic HI/AI Training es, por supuesto, la proximidad a nuestros planteamientos, lo que lógicamente resulta reconfortante viniendo de quien viene, aunque también dispara lógicos temores a que los grandes se nos adelanten, o más bien nos arrasen (aunque tras pensarlo unos momentos, consigo descartar los miedos en gran medida).

Concreta y curiosamente, el asunto es que parece que los gigantes tecnológicos están siendo abocados, obligados por las circunstancias, a internarse en el ámbito de la religión. O eso, o no avanzarán. Sí, como lo ven. Ya habíamos advertido hace años que la solución al insoportable estancamiento cognitivo de la especie humana sobre el que alertaba Einstein vendría paradójicamente de la tecnología, lo aparentemente más alejado de la romántica imagen que erróneamente aún albergamos de lo religioso.

 

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Las neuroprótesis a debate (I)

Implantes cerebrales para conseguir superpoderes

Estos días me ha llamado la atención uno de los campos más prometedores en la I+D mundial: los brain implantable devices o neuroprótesis.

Lo primero de lo que me he dado cuenta es que este campo del neurohacking es un cajón de sastre en el que cabe todo, y por lo tanto, para entenderlo, conviene hacer una categorización mínima basada, como siempre, en similitudes y diferencias:

CATEGORÍA 1- Los implantes desarrollados con la misión de luchar contra enfermedades como el Parkinson, o discapacidades visuales, auditivas, motoras e incluso táctiles. Ya existen y proporcionan buenos resultados. No es sobre este ámbito sobre el que quiero reflexionar.

CATEGORÍA 2- Algo mucho más complejo, tan complejo como pretender la actuación sobre conceptos abstractos, ideas, e incluso la moral. Vamos, como que uno podrá ser un genio sin ningún esfuerzo, enchufándose el cachivache diez minutos al día como con las lógicamente extintas máquinas de gimnasia pasiva te ponían presuntamente en forma sin un instante de esfuerzo o una gota de sudor, o incluso se podrían elegir ideas y personalidad a la carta: ahora quiero ser un triunfador, ahora uno de esos inexistentes imperturbables maestros zen, el más chistoso en los descansos del trabajo, por la noche un pornstar, y los domingos un Rafa Nadal en la pista de pádel. En resumen: se trataría de aparatos electrónicos que se implantarían en el cerebro para (hipotéticamente) lograr ampliar la inteligencia humana (HI) con el objetivo de lograr la superinteligencia.

Sin embargo, existen varias objeciones que ponen en serios aprietos los esfuerzos financieros y humanos de los paladines de esta segunda tendencia. Y son, pienso, de varios órdenes: conceptuales, neurológicas, técnicas, y éticas. (Esto no es un artículo científico, por lo que no pretendo ser exhaustivo)

 

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Qué es la Inteligencia -Artificial-

la palabra agua no quita la sed

 

Lo primero en lo que debemos detenernos al hablar de Inteligencia, es en que existe una confusión generalizada acerca del significado del concepto. Para la mayoría de las personas, incluso para los diccionarios de uso (véalo en la RAE), el concepto Inteligencia es una mezcla de casi todas las cualidades cognitivas positivas, que se sitúa en el desconocido territorio delimitado por el cuerpo material por un lado, y el espíritu inmaterial por el otro. Para la mayoría es un concepto abstracto y, como tal, aporta poco al conocimiento de su significado y comprensión; hasta el punto de que, muy paradójicamente, la palabra Inteligencia se ha convertido en uno de los campeones en la lista de términos de alta entropía, junto con amar, arte, libertad, verdad, realidad… Palabras confusas porque las realidades a las que daban nombre originalmente (en griego o latín procedentes del indoeuropeo) ya no se distinguen con claridad cuando se usan cotidianamente, cada uno cree que es una cosa diferente, y su opinión va a misa. Podríamos decir, a modo de chiste inteligente: Es necesaria mucha inteligencia para comprender el concepto Inteligencia.

Esta indefinición que sufre (porque la sufre, el pobre) el concepto Inteligencia aplicable a los seres humanos se contagia lógicamente a todo, incluyendo la tecnología: si no somos capaces de definir, de hacernos una idea nítida en la cabeza de lo que es la Inteligencia Humana, ¿cómo íbamos a comprender lo que significa la Inteligencia Artificial? Imposible. Es como pretender conocer el color azul verdoso sin conocer el azul. Y así están las cosas actualmente en el mundo tecnológico y en el neurocientífico. Y en la calle, pero la gente normal como nosotros tiene menos culpa, los culpables son los expertos.

Así, como en la típica –por habitual– estrategia humana de huir hacia delante, pasando de puntillas por la superficie conceptual de la realidad, uno mira hacia otro lado para que no se note que no comprende el significado de algo, pero como suena bien a los oídos y hace que uno parezca más culto de lo que es, lo repite con cierta frecuencia y autosatisfacción, saltando al siguiente nivel, que consiste en pasar a explicar híbridos del concepto junto con otros conceptos, embarullándolo más aún, o simplemente renunciando a definirlo: Es lo que yo diga, y punto.

Sin embargo, podemos estar tranquilos, porque el concepto Inteligencia no tiene nada de entrópico, al contrario, es muy claro y sencillo, como le gustaría a Occam. Y es justo esta simplicidad lo que nos permite solucionar algunos de los problemas que derivan de su desconocimiento, como veremos a continuación.

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El mindfulness. ¿Solución o problema? (I)

Imagine el lector que un ciudadano de Inglaterra, donde como ya sabe se circula por el lado izquierdo de las calles y carreteras, viene a residir a España o a cualquier otro país en el que se circula por el lado derecho.

La tendencia del conductor, ya instalado en un vehículo con el volante a la izquierda, será seguir conduciendo como lo hacía en su país, por lo que tendrá que hacer un intenso y sostenido esfuerzo para entrenar las nuevas habilidades al volante que le mantengan a salvo de sufrir un percance vial.

 

a la señorita de la foto le ocurre lo contrarioResultado de imagen de coche volante a la derecha

 

Por supuesto que empezar por circular en trayectos cortos le será de ayuda para no sobrecargar su cerebro, como lo será pararse a descansar con frecuencia en los desplazamientos largos para que su sistema nervioso vaya asimilando, como durante el sueño, las nuevas normas de circulación.

Pero lo más importante, como es lógico inferir, es tomárselo con calma, conducir sin distracciones, con la máxima concentración en cada instante, con la consciencia dominando los automatismos anteriores y sin dejar que la mente divague hacia elucubraciones del tipo: "Esta gente es tonta, ¡a quién se le ocurre!", "Esto me pasa a mí por venirme a vivir a un país subdesarrollado", o "En todo el mundo se debería conducir por el lado izquierdo, como en mi país", porque este tipo de pensamientos no ayudan en nada, al contrario, le inducirán a entrenar la conducción por el lado derecho de mala gana, enfadado.

Si el lector ha reparado en este últimpo párrafo, ya se habrá dado cuenta del significado oculto en la metáfora; una metáfora del mindfulness.

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Por qué no existe aún Inteligencia Artificial

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¿Por qué no disponemos todavía de una Inteligencia Artificial a la altura de las expectativas? ¿Porque no interesa lograrla o porque no se sabe cómo?

Si la razón es la primera, de acuerdo, podemos aceptar que conviene que muchas mentes, muchos presupuestos, dependen de que se siga trabajando en la IA aunque no se avance demasiado, porque mientras sigan generándose intereses a través del ruido mediático se crean y mantienen puestos de trabajo, inversiones, riqueza. Y así hasta el siguiente buzzword que sea capaz tomar el relevo para mantener en movimiento la economía.

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Cómo pensar bien

puzle 1El principal problema del mundo civilizado es la incapacidad de pensar correctamente que manifiesta, a las pruebas de la realidad me remito. Bueno, en realidad del mundo en general, porque si el mundo civilizado está poblado mayoritariamente por débiles mentales, difícilmente podremos ayudar a los incivilizados a civilizarse. Es más, suele suceder lamentablemente al contrario: les impedimos evolucionar, les atamos a la animalidad más primitiva, e incluso, como epítome de la idiocia, les animamos a seguir siendo salvajes evangelizándolos con los dogmas de nuestra locura.

Aplicando el Principio de Pareto podríamos afirmar sin riesgo de equivocarnos que el 80% de la sociedad civilizada carece de la capacidad de elaborar razonamientos lógicos basados en premisas ciertas, que es de lo que va la cosa. Ejemplos de pensamiento disfuncional los hay infinitos, la mayoría provenientes de esquemas mentales pretéritos, cuando el nivel de civilización era aún incipiente, embrionario. No es necesario remontarse a los tiempos de Atapuerca para comprobarlo, porque en el famoso Siglo XX no es que la especie humana se haya caracterizado precisamente por desplegar una capacidad de razonar mucho más desarrollada que los hombres de la Sima de los Huesos. Eso decía también Rita Levi Montalcini.

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