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La Mente Humana y la Inteligencia Artificial (3). La Inteligencia

clip_image001Reconozcamos que la neurociencia y la tecnología están logrando fotos muy chulas del cerebro

 

Tras un repaso breve a los niveles anteriores (la SubConsciencia y la Consciencia), llegamos al último escalón evolutivo que puede alcanzar el cerebro humano y que podrá replicarse en las máquinas, aunque con cierta dificultad. Otra cosa muy diferente es que exista algún indicio de que la industria de la Inteligencia Artificial y colaterales estén alcanzando ese objetivo o puedan alcanzarlo por el camino que están siguiendo. Si es que realmente ese es el objetivo, que es una duda legítima.

Pensémoslo bien: tal y como está el mundo en la actualidad, con una gran parte de la humanidad sumida aún en la ininteligencia, ¿cómo iba la industria tecnológica y neurocientífica a lograr desarrollar una cualidad que obviamente nadie, ni la filosofía, ni la psicología, ni la pedagogía… han sabido generalizar en el mundo? En el ámbito motriz se conocen métodos que garantizan que cualquier persona mejore su velocidad en carrera, o su volumen muscular, o su eficiencia en un salto de trampolín a diez metros de altura. Casi cualquier habilidad física y técnica humana pueden mejorarse, sin embargo la inteligencia –como el resto de habilidades psicosociales– parece que no, lo que evidencia el desconocimiento de lo que esta cualidad significa. Entonces, ¿cómo se puede desarrollar lo que se desconoce? Es como pretender que quien apenas domina las operaciones básicas enseñe a otros a resolver ecuaciones diferenciales. O peor: ¿cómo puede alguien desarrollar algo que no es lo que cree que es? Es como pretender ir al norte apuntando la brújula al este o al suroeste.

 

Deben distinguirse la inteligencia para comprender las cosas y la ininteligencia, dos cualidades diferentes que hacen que a unos se llame hombres inteligentes y, a otros, ininteligentes.

Aristóteles. Moral a Nicómaco

 

Las personas, algunas, pueden disfrutar de esa esquiva cualidad llamada inteligencia, aunque también es cierto que nadie es cien por cien inteligente, porque este dominio mental, como los anteriores, tampoco está presente en toda ocasión ni en todo ámbito. Si todos los humanos fuéramos cien por cien inteligentes en todo momento… Sería bonito ¿verdad?.

Llegaremos, es el inexorable destino de la especie humana, y serán las máquinas, un producto de la inteligencia y el resto de habilidades humanas quienes, paradójicamente, lo posibilitarán.

Aunque parezca endiabladamente complicado es mucho más sencillo de lo que la mayoría piensa, como vamos a ver a continuación. Para empezar a comprender la inteligencia es imprescindible primero saber qué es, y después ubicarla en el esquema funcional de la mente, para posteriormente comprender sus funciones concretas y su interacción con el resto de estructuras funcionales, de donde surgirá el momento Eureka: la nítida comprensión de lo que, realmente, es la inteligencia.

 

Qué es la inteligencia

 

Etimológicamente, es decir, realmente, inteligencia es la cualidad del que sabe escoger la buena entre varias opciones, la capacidad para discriminar el Bien del Mal, y su escala de grises, y en base a ello poder orientar el pensamiento y la conducta en la dirección del Bien. Aunque su sistema límbico o reptiliano le impulsen a lo contrario.

Pero aunque es una definición genérica, no se trata de lo que cada uno piense acerca de ambos conceptos, evaluadores de cada circunstancia que vivimos, sino de lo que son. Tampoco se trata de las intenciones, sino de todo el complejo entramado entre la intención y la acción. La mayoría de las personas que vivimos en el mundo civilizado estamos de acuerdo en que ciertos pensamientos y conductas están bien y de que otros están mal, sin embargo discrepamos notablemente en otros. Obviamente no todo el mundo puede estar en lo cierto, y como parece que nadie está dispuesto a dar su brazo a torcer, avanzamos a trompicones y provocamos innecesarios sufrimientos a los demás (y los demás a nosotros).

Aunque existen estudios que afirman (lógicamente) que nacemos con cierta capacidad de distinguir el Bien del Mal, extender la inteligencia a más ámbitos de la vida y a cada una de sus partes requiere un entrenamiento inteligente extendido por parte de los padres, o en su defecto de circunstancias o personas (en vivo o por cualquier otro medio) que se crucen en el camino del predominantemente ininteligente o del que, gozando de inteligencia en muchos ámbitos, sufre de ininteligencia en alguno significativo.

 

clip_image002Esto es un bit: Encendido, Positivo, Uno, Bien Vs. Apagado, Negativo, Cero, Mal.

 

Mi perspectiva para ayudar a los individuos a salir del círculo vicioso es el desarrollo de sistemas de Inteligencia Artificial, que ejercerán de futuros y eficientes entrenadores de la inteligencia humana, relación que será facilitada por varios factores: la amplitud del conocimiento y la ausencia de sesgos humanos y de conflictos de liderazgo entre persona y máquina. Uno de los últimos avances en este campo (Explainable AI o XAI) indica un camino que está aún por recorrer: si la persona comprende el proceso con el que los cerebros artificiales la están entrenando, podrá confiar en ella; en caso contrario, no confiará.

Si hemos dicho (en el capítulo anterior) que la consciencia es el capitán de la nave, podríamos decir que la inteligencia es el superior absoluto, el Jefe del Estado Mayor del Ejército o el Ministro de Defensa de la persona humana. No hay nada natural en la mente humana que posea un rango jerárquicamente superior a la inteligencia en la dirección del pensamiento y las conductas.

Por supuesto, la distinción entre estructuras funcionales que “ven” la realidad y las que la “ven” exclusivamente a través de los ojos de las primeras, tiene como objetivo esquematizar los procesos mentales, pero de ninguna forma pretende afirmar que las estructuras anatómicas de alguno de los sistemas inferiores (EIS, EPS) sean distintas a las de los sistemas superiores (consciencia, inteligencia), aunque lo más probable es que algunas estructuras sean relativamente comunes y otras relativamente independientes, en todo o en parte del proceso. Aún no se sabe lo suficiente del cerebro como para afirmarlo con rotundidad, pero esta distinción de orden funcional permite precisamente comprender su funcionamiento y, sobre todo, descubrir los métodos para mejorarlo, que es lo verdaderamente importante.

Sin embargo, en el caso de la inteligencia sí podemos mojarnos: en el caso del control moral adaptativo, sí que existen sobradas evidencias de que está radicado en el córtex prefrontal humano, como lo ilustra la investigación de Antonio Damasio sobre el cerebro de Phineas Gage. No podía ser de otra forma; dado que el córtex prefrontal es la estructura encefálica filogenéticamente más moderna, la inteligencia tenía, por pura lógica, que radicarse allí.

 

clip_image004Phineas Gage con a barrena que le atravesó el cráneo convirtiéndole en un animal

 

Qué es la InInteligencia (unintelligence)

 

La ininteligencia surge como consecuencia de dos circunstancias diferentes:

La primera es la ausencia de esa estructura funcional llamada inteligencia por razón de ausencia de entrenamiento inteligente humano. Existe un ejemplo, el tan extremo como clarificador de los niños lobo, que poseen la misma estructura funcional de una persona civilizada cualquiera pero no su entrenamiento. En la misma categoría se encuentran los que carecen total o parcialmente de la estructura anatómica de soporte a la funcional, como en el caso de los discapacitados mentales o lesionados como Gage.

La segunda circunstancia generadora de ininteligencia no tiene relación con limitaciones anatómicas ni funcionales, sino que la produce el erróneo entrenamiento de la estructura funcional que permite la inteligencia, que es el caso de algunos psicópatas y sociópatas en diferente grado. En el último caso, el proceso de adquisición de la ininteligencia es el mismo que el de adquisición de la inteligencia, aunque los contenidos del proceso sean radicalmente diferentes, lo que se puede ilustrar con la metáfora del bisturí, que sirve lo mismo para salvar vidas que para destruirlas.

 

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En resumidas cuentas, recurriendo a la imagen de las velas, ininteligencia es tanto como no poder reconocer la vela encendida y la apagada, no poder reconocer sus esenciales diferencias, lo que ocurriría en los dos primeros casos, como en el tercer caso creer que la vela encendida es la apagada y viceversa.

Y como ocurre con la inteligencia, no necesariamente existe una ininteligencia completa y permanente, sino que se puede poseer inteligencia en mayor o menor medida en algunos ámbitos de la vida, mientras que en otros ámbitos se posee ininteligencia en mayor o menor medida. Cuidémonos pues, de la generalización.

 

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Cómo actúa la inteligencia

 

Si, como vimos en el capítulo anterior, consideramos que la consciencia no ve directamente la realidad, sino que, como en el caso de un submarino sumergido la ve a través de dispositivos indirectos, la inteligencia (D) tampoco tiene una percepción directa del contexto externo e interno. En lugar de visión directa, ve a través de la consciencia (C), de la cual recibe los avisos de que su intervención es necesaria.

Como subordinada suya que es, la consciencia pregunta a la inteligencia si una idea o procedimiento son moralmente adaptativos y entonces, si la inteligencia está bien entrenada, evalúa la información y emite el juicio.

Existen excepciones a esta norma, circunstancias en las que no se requiere su participación, por ejemplo cuando se trata simplemente de gustos, como preferir unos alimentos a otros más allá de sus cualidades nutricionales, un diseño de una prenda de vestir en lugar de otros, o ejemplos similares. Pero en las circunstancias no neutras o no trascendentes, la inteligencia es la responsable última de los procesos de toma de decisiones, lo que significa que es la estructura funcional que decide qué se hace, o si se hace una cosa en lugar de otra y, en última instancia, la base sine qua non del Libre Albedrío.

En el extremo opuesto, la ininteligencia impide el Libre Albedrío, pues posibilita que seamos movidos por las pulsiones primarias: el logro del placer o la evitación del displacer, en lugar del Bien y el Mal.

 

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Cuándo actúa la inteligencia

 

Vía 5 – En primer lugar, la consciencia C consulta al área funcional D que además de inteligencia podemos llamar Equipo de Gestión Moral (EGM), cuando tiene dudas para determinar si un pensamiento o acción es adaptativo o recesivo por las dudas que suscita su cercanía al centro neutral, o porque el ruido que la entrada (input) ha generado en la consciencia y sus equipos subordinados la ha bloqueado.

Hay que advertir que el centro neutral, el perfecto equilibrio, no implica perfecto pensamiento o perfecta conducta, porque puede significar equidistancia. También hay que tener en cuenta que el centro neutral es sólo teórico, no es factible porque es lo opuesto al movimiento, a la dinámica de la vida en permanente equilibrio inestable, e implica necesariamente la muerte de los sistemas, de modo que la apelación a la neutralidad siempre esconde un sesgo, que será mayor o menor, pero real. La clave, como siempre, es la elección, el Libre Albedrío, que pone de manifiesto en los momentos difíciles la casta personal sin disimulos: si somos inteligentes o ininteligentes.

 

clip_image009Los malos siempre nos dirán que ellos elegirán por nosotros porque, claro, ellos son los que saben.

 

Vía 6 – La inteligencia emite el juicio a la consciencia y delega en ella la orden puntual, que repetida se convierte en entrenamiento, dando como resultado la automatización en el EIS y EPS, por las mismas rutas 4a y 4b de los pensamientos y acciones inteligentes que ha verificado, lo que dotará a la persona así entrenada de la cualidad de inteligente, y también a la máquina.

La ininteligencia hace lo propio, emite el juicio erróneo a la consciencia, lo que desencadena la orden que, repetida suficientemente, da lugar a la automatización de estructuras morales recesivas en el EIS y EPS en la persona, y también en la máquina.

 

Cómo dotar de inteligencia a los bots y robots

 

Como ya se explicó en el artículo Deus ex Machine Learning, el Dios de la Máquina (que Aprende), el proceso de dotar a los bots de inteligencia requiere primero confirmar los acuerdos morales del mundo civilizado, ya que en caso contrario, el de incorporar a las máquinas las normas morales del mundo que aún no ha alcanzado la civilización causaría los mismos males que tales normas recesivas causan en sus sociedades. Sinceramente, a pesar de signos actuales en sentido contrario motivados no ya por el profundo desconocimiento del funcionamiento de la mente por parte de la Neurociencia, sino también y debido a lo anterior, por los intentos de incorporar a la Inteligencia Artificial cuestiones acientíficas, ideológicas, basadas en este neologismo llamado posverdad (mentira objetiva disfrazada de verdad emocional) nacido de planteamientos new age vástagos precisamente de morales recesivas, seremos capaces de ponernos de acuerdo. ¿Cómo? Paradójicamente, con la ayuda de sistemas inteligentes basados en la neutral ingeniería de procesos que supervisen el pensamiento humano y orienten hacia la reflexión objetiva.

El problema que surge a continuación, una vez solventado el anterior, es generar un Smart Big Data suficiente para poder extrapolar la información que generamos las personas en la interacción con los asistentes virtuales a otras expresiones diferentes de los mismos pensamientos. Lo que esto significa es que, igual que este mismo párrafo podría escribirse de miles de formas diferentes manteniendo el mismo mensaje, se requieren enormes volúmenes de información bien estructurada, que hoy en día no existen, en principio porque es más fácil recopilar en un Watson, Siri, Cortana, etc., millones de páginas de la Wikipedia y miles de otras webs, que hacer acopio de millones de formas de explicar lo que es un pensamiento y un comportamiento moral o inmoral, inteligente o ininteligente, concretos, y sus opuestos. No es necesario más que imaginarse la inconmensurable cantidad de páginas que se han escrito sobre los temas capitales de la humanidad, como el amar, la libertad, la justicia, la pasión, el dinero… con cada uno de sus autores pretendiendo estar en posesión de la razón aún sosteniendo posiciones antitéticas, para constatar la dificultad de la tarea, que sin embargo puede solventarse con facilidad creando ese Smart Big Data que alimente a los asistentes virtuales desde cero con una categorización exhaustiva adecuada.

 

clip_image010A grandes rasgos

 

Aunque esto encierra un enorme problema para los actores actuales, y es poner de acuerdo a millones de personas para que lo generen. Una vez resueltos con relativa facilidad los problemas anteriores, esa es la piedra filosofal de la Inteligencia Artificial que POSYTIVE, el proyecto de Symbiotic Human & Artificial Intelligence Training para el desarrollo de Súper Humanos y Súper Máquinas va a resolver.

 

s.e.u.o.

 

Relacionados:

– La Mente Humana y la Inteligencia Artificial (1)

– La Mente Humana y la Inteligencia Artificial (2)

– Qué es la consciencia y la conciencia (I)

– Qué es la consciencia y la conciencia (II)

– El pensamiento subconsciente

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La Mente Humana y la Inteligencia Artificial (2) La Consciencia

Imagen relacionada

Evolución cefálica que posibilita (pero no obliga) el surgimiento de la consciencia y la inteligencia

 

En este capítulo veremos las características de la consciencia humana con el fin de desarrollar una consciencia sintética. Aclaro otra vez que –a no ser que se especifique lo contrario– lo que viene a continuación es una descripción funcional sin correlatos neuroanatómicos.

 

 

Mente con consciencia sin inteligencia

 

Además de meros mecanismos de acción-reacción, el ser humano y otros animales, y la Inteligencia Artificial emuladora de la humana que se pretende desarrollar, requieren en algunos momentos concretos la participación de un nivel superior que ejerza de mediador entre entrada/input y salida/output/conducta que sigue el esquema animal input –> procesos subconscientes –> output, generando un proceso más lento que el anterior que podemos resumir en el esquema siguiente, en el que puede comprobarse cómo la consciencia supervisa las tareas de los procesadores subconscientes.

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La Mente Humana y la Inteligencia Artificial (1) La SubConsciencia

Resultado de imagen de cómo funciona la mente

 

Comprender qué es la mente parece difícil, pero no lo es. Para lograrlo conviene asumir que no es algo sólido o consistente como el cerebro o las neuronas, sino un ente abstracto, inmaterial. En pocas palabras, la mente humana es una propiedad emergente continua de la interacción constante entre el contexto y el cerebro.

Puede parecer que esta definición es una huida hacia adelante, porque en lugar de explicar el concepto se recurre a añadir una complejidad nueva, por lo que conviene recurrir a la comparación: existen innumerables ejemplos de propiedades emergentes, como la fauna y la flora, que son propiedades emergentes de la interacción entre el cielo y la tierra; o la enfermedad, concretamente la gripe, que es propiedad emergente de la interacción entre virus y animales. El propio universo material es propiedad emergente de la caótica interacción entre las infinitas partículas sometidas a ciertas leyes, instante a instante, y más aún, todo el universo es propiedad emergente de lo que había en el instante primero del Big Bang.

Pero tampoco es imprescindible ir tan lejos, porque también la visión, la audición, el tacto y el olfato son propiedades emergentes de partes del cuerpo, el cerebro y el ambiente, y no es muy frecuente que la gente se interrogue acerca de su sustancia. ¿Cómo definiríamos la visión o el olfato? Pues igualmente como propiedades emergentes de la interacción de la biología con el medio, aunque parciales, mientras que la mente es la categoría superior que los engloba a todos los sentidos y el resto de procesos de comunicación y control.

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¿Es posible una Inteligencia Artificial igual a la humana?

Pasando por alto que el concepto inteligencia está mal comprendido y por lo tanto mal utilizado (me recuerda con sorna un amigo tuitero que inteligencia es lo que miden los test de inteligencia), podemos hacer un ejercicio de imaginación para darnos cuenta de que el empeño de producir mentes humanas totalmente sintéticas es un imposible, y que la única posibilidad de lograr replicar la mente humana es mediante la concepción y crecimiento a través de procesos caóticos desde lo simple –dos células con su ADN, donde cabe más información que en un camión lleno de ordenadores– a lo complejo, de un nuevo ser humano de carne y hueso.

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Cómo pensar bien

puzle 1El principal problema del mundo civilizado es la incapacidad de pensar correctamente que manifiesta, a las pruebas de la realidad me remito. Bueno, en realidad del mundo en general, porque si el mundo civilizado está poblado mayoritariamente por débiles mentales, difícilmente podremos ayudar a los incivilizados a civilizarse. Es más, suele suceder lamentablemente al contrario: les impedimos evolucionar, les atamos a la animalidad más primitiva, e incluso, como epítome de la idiocia, les animamos a seguir siendo salvajes evangelizándolos con los dogmas de nuestra locura.

Aplicando el Principio de Pareto podríamos afirmar sin riesgo de equivocarnos que el 80% de la sociedad civilizada carece de la capacidad de elaborar razonamientos lógicos basados en premisas ciertas, que es de lo que va la cosa. Ejemplos de pensamiento disfuncional los hay infinitos, la mayoría provenientes de esquemas mentales pretéritos, cuando el nivel de civilización era aún incipiente, embrionario. No es necesario remontarse a los tiempos de Atapuerca para comprobarlo, porque en el famoso Siglo XX no es que la especie humana se haya caracterizado precisamente por desplegar una capacidad de razonar mucho más desarrollada que los hombres de la Sima de los Huesos. Eso decía también Rita Levi Montalcini.

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¿Qué es la consciencia? (II)

el yo observador - Más Allá de la Formación

 

Aclarado el significado de los términos, decíamos en la entrada anterior que conciencia y consciencia significan indistintamente conocimiento compartido, y al final advertíamos que seguramente alguien estaría con la mosca detrás de la oreja preguntándose con quién o con qué se compartía. Toca explicarse.

Lo obvio es pensar que el conocimiento se comparte con los demás, y con toda la razón. La historia humana es la historia de la evolución basada en el conocimiento compartido, transmitido en épocas primitivas por medio de sonidos parecidos a los de los animales. Se cree que el primer código era la sílaba “duh”, lo que implica que las variaciones no verbales sobre ella constituían mensajes diferentes, tipo “te quiero”, “te voy a matar” o “sálvese quien pueda”. De aquí al protoindoeuropeo, continuando con el maremágnum llamado indoeuropeo y así hasta más o menos los idiomas que conocemos hoy en día. Salvo el vasco de mi tierra, claro, que como todo el mundo sabe lo inventó el mismísimo Dios, que era del mismo Bilbao.

Desde los orígenes del ser humano, los grandes hitos en la evolución han tenido como desencadenante el conocimiento compartido a través del ejemplo, y a través del lenguaje cuando no se tenía acceso al personaje ejemplar o simplemente se trataba de explicárselo: desde la aparición del lenguaje oral complejo, pasando por el lenguaje gráfico que permitía la transmisión algo más masiva incluso cuando el divulgador había muerto o estaba distante, la escritura, la confesión, la imprenta, el telégrafo, la radio, la TV, hasta el Internet de hoy.

¿La confesión? ¿El tipo éste ha dicho la confesión?

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La creación de nuevas neuronas provoca la pérdida de antiguos recuerdos

perro persigue cola - Más Allá de la FormaciónYa hemos comentado muchas veces que desde dentro del bosque no se puede saber qué es el bosque, ni cómo funciona, sólo conocer los árboles; con mucho detalle, eso sí. Y en ese sentido la impresión que le queda a uno después de leer artículos como el que vamos a analizar hoy, es que la mayoría de la investigación neurocientífica la realizan científicos ermitaños como esos soldados nipones encontrados en islas remotas decenios después de finalizada la II Guerra Mundial, empeñados aún en defender las posesiones de su divino emperador, sin enterarse de que el mundo ha cambiado, como dando la razón al desvarío que afirma que aquello de lo que no somos conscientes no es más que un ente matemático irreal (consecuencia de liarse con el Gato de Schrödinger), mientras me como un bocadillo de panceta al otro lado del orbe completamente ajeno a que no soy más que una ensalada de cifras, letras y signos para el Nude de turno.

Quizá les parezca exagerado, pero si echamos un vistazo al estilo de pensamiento prototípico del neurocientífico prototípico podremos comprender cómo uno puede liarse a perseguir su cola y al final creer que efectivamente su apéndice es algo real y ajeno a él mismo. La investigación que se cita, sin embargo, tiene su interés, aunque lamentablemente en este caso sirva para lo mismo que en el de la ilustración, cuando el chucho y su cola dejan por fin de esquivarse y se hacen amigos, encantados de conocerse: se quedan en el guindo a la espera de enterarse de algo. Veamos cómo se lía Paul Frankland, coautor del trabajo:

 

Sabemos que existe una limpieza de memoria ya que, mientras nos acordamos muy bien de lo que hemos hecho en el último par de horas, es muy difícil recordar con el mismo detalle lo que estábamos haciendo hace una semana o un mes. Aunque no todos los recuerdos son olvidados; los más importantes se consolidan en el córtex

 

 

A lo que cabe objetar:

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